Este es un blog de vivencias y reflexiones de una chica que busca la manera de plasmar su interior en algo tangible como las letras.

Aquí encontrarás hartas anécdotas y también procesos mentales, de esos enredados pero que buscan explicar lo que sucede en la vida y así encontrar un sentido. Encontrarás ejemplos de cosas que no hay que hacer; confesiones amorosas, de esas que toda chica necesita contarle a su mejor amiga; quejas y lamentos, letanías de alguna época mentalmente negativa; pero también hallarás decisión, actitud, fuerza y valentía (O al menos un sincero intento de ello).

Espero motivarte a seguirme. No sólo en lectura, sino en este trabajo interno, esta búsqueda de bienestar.

Seamos luz en medio de tanta oscuridad.


Mostrando las entradas con la etiqueta Anécdotas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Anécdotas. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de mayo de 2018

Nuevo descubrimiento

Soy una persona con fuertes problemas emocionales.

Siempre me sentí diferente. Pero no sólo porque yo me daba cuenta de que lo era, sino porque habían personas a mi alrededor que me lo hacían notar.

Quizás mi mamá no supo manejar mi sensibilidad. Mi papá estaba demasiado ausente como para hacer algo más que felicitarme. Igual, no pensé que fuera necesario nunca: mis profesores siempre tenían algo bueno que decir de mí. No así mis compañeras.

Fui educada en un colegio de monjas, sólo de mujeres. Dicen que esos colegios son nido de brujas, y aunque creo que la noción es un poco extremista, creo que tiene un punto. Los grupetes conformados sólo por mujeres son tóxicos.

Ya en el jardín de niños sentía que algo iba mal conmigo.

En Kindergarten me costaba hacer amigas, me costaba compartirlas, no tenía la capacidad de mantener una amistad estable, era demasiado susceptible a las reacciones de los demás y no sabía cómo expresarlo. Porque era casi una bebé.

En primer grado empezaron los problemas. Resaltaba, como una estrella, era la mejor en todo. Una vez me contó una chica de mi colegio que se le hacía raro que yo me sintiera sola si ella recordaba que hacían fila para ser mi amiga. Yo recuerdo más que me molestaban por sacarme buenas notas. Era la primera del salón. Encima, acababa de descubrir mi talento para cantar y actuar, y era la mascota favorita del área de música, me ponían de protagonista siempre. Para colmo, mi cabello y mis ojos eran los de una princesa de Disney y algunas chicas me perseguían para "tocarlo" (En serio, no miento. Si no me buscaban en el recreo para que les cante algo, me buscaban para cogerme el cabello). Mientras las mayores me admiraban, mis contemporáneas me miraban feo, me decían "creída", y a mí me costaba mucho integrarme en los grupos para jugar -no me creía bien recibida-. Estoy segura de que mi mamá sabía de esto porque recuerdo conversaciones en las que ella me aconsejaba qué decir. Pero no era suficiente, ellas siempre eran más fuertes.

Segundo grado no fue mejor. Se sumaron las niñas de la movilidad. Bromas pesadas sobre mí, a veces. Una niña me sacó la silla y terminé cayéndome al suelo, recuerdo. Para mi mamá era normal porque "a ella también le tenían envidia y le amarraban su largo cabello rubio a la silla al punto de que no se podía parar, así que lo mío no era nada en comparación con lo que a ella le pasó". Y encima estaba lo que mi mamá hacía: el gran secreto que no podía contarle a nadie, porque no me iban a entender. ¿Qué niña de 7 años iba a comprender sobre ángeles y energía?

En tercer grado, una niña se sacó los mocos y se limpió en mi cabello. Los comentarios agresivos y las miradas de soslayo no habían desaparecido del todo.

En cuarto, una niña pisó mis lentes a propósito, y aunque no se rompieron del todo, sí medio que los malogró. Mi mejor amiga de ese entonces decidió que ya no quería pasar el tiempo conmigo sino con otra chica (una que me miraba feo) y me sentí muy sola.

El siguiente año es el año del que no me quiero acordar, porque sufrí mucho, supongo. Recuerdo que ese verano estuve especialmente triste y fui una vez a ver a una amiga. Cuando volvimos al colegio, ella no quería ser mi amiga. Ese año me la pasé en el limbo. En esa época creo que empecé a pensar que yo era la que espantaba a la gente. Encima, cuando terminó el año escolar, una chica me robó mi cartuchera con todos mis útiles, pero se hacía la que no sabía nada. Vinieron muchos cambios pero no es de lo que quiero hablar esta vez.

En sexto grado me enfermé. Decidí aislarme. Decidí que yo era repugnante y que lo mejor era alejarme de la gente para que la gente no se alejara de mí, después de todo, es más fácil así. Empecé a hacer mis tareas en los recreos, y desarrollé una manera indirecta de llamar la atención. Estaba tan dolida que creí que no funcionaría el acercarme directamente y mostrarme como era. Había aprendido que mientras más me escondiera, mejor opinión iban a tener sobre mí. Así que empecé a negarme todo. Imagínense el hambre que tenía por no sentirme sola: empecé a canalizarlo por hambre real.

Ese año hicieron conjunción muchas cosas. Supongo que el aspecto "amistad" fue uno de ellos. A mis 12 años empecé a dejar de comer, pero en realidad, las cosas empezaron mucho antes.

Secundaria fue un poco mejor, porque aprendí a modularme. Al menos, los comentarios ya no eran sobre mi forma presuntuosa de ser (juro que no recuerdo haber sacado nada en cara de nadie) sino sobre el bicho raro en que me había convertido. Callada, inteligente, que no comía. Al menos no me odiaban, ahora lo veo claro. Era preferible ser tachada de rarita antes que de antipática. Me sentaba regularmente con un grupo grande de chicas pero no participaba mucho en las conversaciones. Nunca tenía nada inteligente que decir.

Primero y segundo fueron una pesadilla emocional. Era un fantasma, no tenía contacto con nadie. En primero desarrollé muchas manías y compulsiones que sólo me hicieron la vida imposible, pero fui lo suficientemente fuerte como para dominarlas poco a poco. No así mis promesas de no comer, que son un tema aparte. Los trastornos de la alimentación era el tema que más despertaba mi interés en el colegio, y se rumoreaban cosas sobre mí, que yo desmentía, y sobre otras chicas, a quienes yo observaba casi maniáticamente para desenmascarar. "La anorexia es mala", pensaba. Pero para mí, era el castigo perfecto. Sin darme cuenta había desarrollado mecanismos para llamar la atención de mis compañeras de manera indirecta, mediante la pena y la diferenciación. Era completamente inconsciente de que, tratando de desaparecer, resaltaba más. Justo lo que no quería. Irónicamente, el mensaje de víctima es uno de los peor recibidos socialmente, y eso hizo que la atención no se centrara en mí sino en las demás. Había una chica en el grupo con el que yo solía sentarme que evidentemente estaba muy flaca y muchas estaban preocupadas por ella. Por mí, al parecer, nadie quería hacer nada. O nadie sabía qué hacer.

En tercero de secundaria empezó la época de los quinceañeros. Y en mi caso, empezó mi época de cortes. No hablaba con nadie, y la gente sólo se me acercaba para preguntarme cosas relacionadas con los cursos del colegio. Necesitaba una amiga, con toda la desesperación que pueda existir, pero nunca lograba expresarme. Me aislé aún más y comencé a pasar los recreos sola, en la biblioteca, para no tener que sufrir del rechazo de las demás. Al final del año 2003, le conté sobre mis problemas a una chica que, al parecer, se los contó a medio mundo. Eso, y que luego de decirle cómo me sentía, se alejó y empezó a andar con otras chicas. De nuevo la historia que se repetía.

Mi madre, preocupada por mi salud mental, recibió el consejo de meterme en alguna actividad, y fue así como llegué a unas clases de guitarra. En ellas pude, por fin, hacer amigos, y hasta empezó a gustarme un chico, al cual solía llamar por teléfono y terminó siendo mi enamorado durante dos inocentes meses. Cuarto de secundaria fue un punto de quiebre respecto a mi forma de ser: me volví hacia afuera y empecé a hablar. La terapia psicológica y la existencia de amigos fuera del colegio me ayudaron a romper mi caparazón y me convertí en una chica que dibujaba corazones en la pizarra y dormía mucho durante las clases. Me sentía irreal por las medicinas que tomaba, como si no sintiera, y eso me fastidiaba, y en mi familia se hacían un poco de problemas para comprarme mis pastillas, así que en algún momento simplemente dejé de tomarlas.

Quinto de secundaria fue, quizás, el mejor año de todos. La guitarra me dio una identidad y los comentarios y miradas de cuando era pequeña ya no eran los mismos, llenos de odio e incomprensión. Sí, hablaban de mí como "la chica rara que siempre duerme" o "el ratón de biblioteca" (porque seguía escondiéndome ahí para evitar socializar mucho), pero ya le daba un poco menos de importancia: comenzaba a entender las relaciones entre las personas y entendía que, en mi colegio, todo era superficial. Aprendí a ser más selectiva en la elección de amistades y pude acercarme un poco más a algunas chicas, de modo que me sentí menos sola. Hubo incluso un malentendido muy grande en el que yo figuraba como responsable al punto de hacer que casi toda mi promoción se pusiera en mi contra, pero el apoyo de las pocas personas que estuvieron de mi lado me ayudó a salir adelante.

Eso, y el teatro. Terminando sexto grado me metí a clases extracurriculares de teatro, y se convirtió en mi mundo, mi escape, mi forma de catarsis. Sin la poca pero significativa interacción que tenía esas dos horas a la semana con otras chicas de otras promociones, y sobre todo, con la intensa interpretación de papeles en los que ponía mi vida y descubría un talento que tenía permitido compartir en ese ambiente sin el menor atisbo de comentarios negativos, simplemente no habría sobrevivido. Por eso es que el teatro se convirtió en mi válvula de escape y método de vida. Y no pude dejarlo hasta muchos años después, e incluso hasta el día de hoy lo pongo en práctica en mi trabajo.

Ayer, por primera vez, hablé sobre algunas de estas experiencias con mi psicólogo. Entrando en detalles y un poco entre risas por mi forma sarcástica de abordar el tema, me hizo ver que durante toda mi infancia había sufrido de bullying psicológico, y que era esperable que, no teniendo soporte en el colegio, y tampoco teniendo soporte en casa, terminara desarrollando trastornos alimenticios. A mis casi 30 años me vengo a dar cuenta, recién, de que mi vida escolar había sido un desastre y que hasta el día de hoy me afecta. Me afecta porque me comparo con las personas de quienes sé gracias a las redes sociales y siempre estoy en desventaja. Y, obviamente, si crecí pensando que había algo malo innato en mí debido al rechazo directo e indirecto de mis congéneres, ¿cómo no creer eso?

A veces me gustaría que aquellas niñas, ahora mujeres, supieran lo que siento. Le doy mucha importancia a lo que ese grupo específico de personas puedan pensar sobre mí. Recién entiendo que es porque me pasé años buscando su aprobación, y las pocas veces que la recibí, estaba lo suficientemente cegada por mi enfermedad como para verla, esto es, en mis últimos años de secundaria. Por eso es que siento envidia cuando veo que se reúnen entre ellas y a mí no me incluyen, y por eso considero sus vidas como brillantes y ejemplares en comparación con la mía, que me da vergüenza. Estoy enterándome de que muchas de ellas se están casando, cumpliendo sus cuentos de hadas, mientras que yo estoy aquí... en una posición indescriptible, de desventaja, de inferioridad, en la que lo he vuelto a perder todo y trato de reconstruirme desde el polvo.

No niego que existen otros factores para que me sienta vulnerable como una chiquilla de 8 años, porque sí los hay. Pero he querido concentrarme en estos episodios porque creo que son un nuevo descubrimiento que puede explicar mi forma de relacionarme con los demás, incluyendo mis relaciones sentimentales, y, espero, curar heridas que hasta ahora no cierran. 

sábado, 3 de mayo de 2014

Presentación

Hoy, luego de 9 años, voy a volver a presentarme como cantante frente a un público.

Es muy distinto cantar siendo una misma que cantar dentro del contexto del teatro musical. Lo segundo es más fácil, porque tengo un personaje y movimientos qué seguir. Aquí, en cambio, me voy a desnudar frente a todos. Desnudar mi alma, claro.

Aún no estoy nerviosa. No taaaaanto. Yo sé que cuando esté ahí recién me va a caer encima la realidad y me voy a poner fría, con dolor de estómago, tendré que ir al baño quinientas veces y temblaré. Pero por ahora es tolerable.

Aún no sé qué voy a vestir. He estado trabajando bastante estos días para terminar de pagar mis cuentas así que no he tenido plata para comprarme ropa nueva :/ De hecho, una de mis tendencias siempre que me he presentado es hacer dieta para estar más flaca, más bonita. Obvio que se me pasó por la cabeza, y de hecho estuve "intentando". Pero la verdad que al final me ha dado igual. El pantalón que quería usar no me queda como esperaba, y la verdad, mejor. Hay que cambiar los estereotipos ;) Aparte hace semanas que no hago ejercicios. El cansancio me vence en las mañanas, y no tengo tiempo para esas cosas. Me mato de hambre durante el día, pero la razón no es el peso, sino el ahorro. Ya caí en cuenta de que me estoy desbalanceando y puede contribuir a comer mal y crear otro círculo vicioso, así que estoy decidida que a partir de la próxima semana (Que con suerte, tendré más dinero), voy a comprarme menú. Aunque sea al peso.

Estos días he estado super full con trabajos del Insti, los ensayos, la chamba y las clases. He vuelto a tener shows, y me he enterado que no me están llamando a propósito porque "no voy a los ensayos". Ese es un tema fastidioso, un poco argollero, ni modo. Así que estos días le he agradecido a la vida que no me ponga un novio en el camino. Si así, soltera, estoy que no doy con mi existencia, ¿Qué sería de mí si tuviera a alguien a mi lado? De hecho que sería un gran apoyo y fuente de cariño (Que necesito), pero requiere tiempo y dedicación, y últimamente no tengo tiempo para nadie más que para mí. Sí, extraño a veces estar con alguien... Pero estoy tranquila así. Me siento bien, lo cual me alegra más.  Y como bien dice una frase que ví por ahí: "Soy soltera, y vas a tener que ser una persona increíble para cambiarlo" ;)

¿Ra? Ahí, dándome vueltas. Estas últimas veces que lo he visto noto cierto interés, pero no voy a decir que pasa algo mientras no haya nada explícito más allá de artimañas para llamar la atención o poner su cabeza en mi hombro. Es lindo, es bueno... pero ahorita sólo tengo tiempo para mí.

Me encantaría subir una grabación que tengo de las canciones que voy a cantar hoy (Don't speak, Bizarre love triangle y un mix de Disney que OBVIAMENTE incluye Let it go), pero no sé cómo :/

Eso es todo por hoy. ¡¡¡Deséenme mucha mierda!!! :D


********************************************


Actualización al 4 de mayo por la madrugada:
¡Estuvo PAJAZA! El local muy bonito, no llenó pero la gente que fue estuvo chévere, me emocioné porque fue mi ex-jefe, un par de amigos del teatro y ¡¡¡mi abuela!!! (Mi abuela no sale de su casa NUNCA). Me dijeron que canté lindo, pero obvio eso es subjetivo. Y... Un chico de ahí (Que es medio famosillo porque salió en un programa concurso de canto por tv hace poco) me invitó a salir. Fuimos a un bar a tomar una copa y conversamos paja. Y... Me pidió mi teléfono. Y... Pensé en portarme mal, por una vez. Pero nah, no va conmigo, así que lo dejé con las ganas (¡Cuando un hombre quiere besar a una chica es muy obvio!). Así que como todo buen caballero me dejó a las 12 en punto en la puerta de mi casa, y me pidió mi número para salir otro día :P Uyuyuy, ¡a Ra le salió competencia! :P Jajajaja... Nada, estoy contenta. Me siento bien, me siento YO. Cantar para mí es un regalo :)

miércoles, 22 de enero de 2014

Si no es, no es

No mencioné en mi post anterior un tema importante. Quizás un poco por vergüenza: Habría significado dar a conocer un poco más esa parte mía que no me gusta mucho ver, y aceptar que hice daño a alguien que quiero mucho. Pero creo que es importante contarlo para finalizar de una vez con este capítulo, y que quede registro.

Después de las muchas idas y venidas de Brownie, la verdad es que ya estaba bastante curada del asunto de andar de pareja suya. Estuve bastante tranquila este mes que no lo vi... Hasta que me convenció para salir. Que no me había olvidado, que seguía enamorado de mí (Y que no se había dado cuenta de lo mucho que le importaba), entre otras cosas con contenido sexual que prefiero no poner aquí para no mancillar el contenido mental y reflexivo de este espacio, pero que se resume en "Te tengo ganas y quiero volverte a tener". Joseph, mi mejor amigo que estudia en Buenos Aires, es la única persona a la que le he podido contar con todos los detalles todo lo relacionado al tema (Quizás porque como es gay no me molesta tanto), y a pesar de sus consejos de que "ya me ha humillado demasiado", "no sabe cómo acercarse a una mujer", "me ha denigrado al punto más bajo con todo lo de su ex y ahora con el asunto de tener un encuentro", yo le hice caso a mi instinto y salí con Brownie, sólo para darme cuenta de que en mi interior también quedaban más que cenizas.

Y sí, pasaron cosas intensas. Qué puedo decir, he superado ese tabú autoimpuesto, cosa que en parte me da gusto pero por otro me avergüenza... por el hecho de que, de alguna manera, lo utilicé.

Cuando salimos y me di cuenta de que me provocaba abrazarlo y besarlo traté de ser sincera conmigo misma. Suelo bloquearme y negarlo todo. Se lo dije, y acepté volver a intentar a largo plazo, haciendo las cosas bien, el recuperarnos. Ir poco a poco para no perdernos. Sin embargo, y este es u tema que ha estado siempre presente: ya había sido sincera conmigo misma y por ende, tuve que aceptar la otra gran parte de lo que sentía por él.

¿Alguna vez les ha pasado que quieren intentar que les quede un vestido, que les guste un postre hecho por otra persona que quieren, o dicho de una manera más directa, han intentado enamorarse de alguien porque saben que es alguien bueno (A pesar de sus defectos y las miles de cosas horribles que te ha dicho, y lo sabes porque al principio de su relación te entregó todo de sí mismo al punto de no creerte posible tanta maravilla)? Ya, eso me pasaba con Brownie. Y me pasó durante toda la relación. Más allá de que él es intensísimo y tiene reacciones muy fuertes (Lo cual me ha ayudado a aprender a sortear caracteres así y responder), muy en el fondo de mí sabía que él no era para mí. Suena horrible, aceptarlo lo fue y escribirlo peor aún: simplemente no me nacía. Lloré mucho cuando finalmente se lo dije en su cara: te quiero muchísimo, pero no estoy enamorada de tí. Quiero estarlo porque eres lindo, bueno, inteligente, guapísimo, masculino, sexy, cariñoso, generoso, tranquilo, y me engríes, pero desde el principio, sea porque todavía pensaba en mi ex o luego, porque habiéndome enamorado no lograba colmar tus expectativas y después porque las cosas feas que me dijiste e hiciste pudieron más que mi cariño hacia tí, siempre, siempre sentí que algo no cuadraba. Que eras una pieza del rompecabezas de mi vida pero que encajabas mejor en otra parte, y que simplemente por más que me hiciera a la idea no iba a poder amarte como realmente lo mereces: plena y completamente segura de que es contigo con quien quiero estar por el resto de mi vida (Y hablo en esos términos porque desde el principio él ha ido con el asunto del matrimonio, y eso me espantaba). Como bien dijo el Jefe de los Trolls en "Frozen" (Soy un poco fanática de Diseny, de vez en cuándo lanzan sus buenas frases): "El corazón es muy difícil de modificar, pero a la cabeza se le puede persuadir".

¿Qué puedo decir? Lo último que me dijo fue "No quiero que te cruces de nuevo por mi camino". Así, dramático, infantil, con esas palabras. Resulta que a pesar de decirle que siempre lo iba a querer así, tibio, más como un gran amigo y compañero de ratos libres (Y que siempre me iba a parecer el mejor amante), esa noche me dijo que no le importaba, que yo siempre le había dado migajas y que igual quería estar conmigo. Esa noche nos acostamos por última vez, para yo sentirme terriblemente mal al día siguiente y cortarle las alas. Primero, porque me dijo explícitamente que "al menos le diera eso, ya que no podía amarlo", y eso significaba salir herido; ¡ni fregando iba a involucrarme con alguien que yo quiero sabiendo que le puedo hacer daño! Brownie está demasiado acostumbrado a que lo quieran superficialmente y a recibir "aunque sea eso", es decir, cualquier forma de amor, porque simplemente la necesita. Pero eso no está bien. Eso no es quererse, ni respetarme, y mucho menos quererme a mí y respetarme. Segundo: Habría aceptado continuar con este tipo de relación en el caso de que me constara que él ya no tenía sentimientos fuertes hacia mí. Pero me había dicho y demostrado lo contrario una y otra vez. Soy egoísta, pero no tanto. Tercero, pero no por ello menos importante: YO NO QUIERO SER LA AMIGA CON DERECHOS DE NADIE. Así como él, lo merezco todo, o mejor nada.

Así que nada, como no le pude dar "eso" se molestó conmigo. Un par de días después fui a dejarle unos libros que me había prestado, me encontré con él dentro de su carro y sus amigos alrededor; ellos me saludaron super contentos, pero él me volteó la cara, ni me miró, y luego me mandó una foto de una carta que le escribí, rota, y la última línea de toda nuestra relación: "No quiero que te vuelvas a cruzar en mi camino".

MC tenía razón (¿Comenté que me estuve mensajeando con su ex, la chica por la que estaba confundido, y que nos hicimos amigas? ***He editado el contenido de este paréntesis por respeto. Siempre se lo he dicho: no me gusta recriminar ni sacar en cara acciones pasadas. Sólo aclaro que me trató horrible y pasaron cosas muy feas, al parecer justificadas por mí: yo creo que nada justifica las conductas inmaduras e hirientes***): merezco que me amen por quien soy (Así mi vida y mi familia sea algo parecido a un pantano), por las cosas que hago o mi potencial, y respetando cada uno de los aspectos que me componen.

Así que nada: Si bien quise muchisimo a Brownie y estuve enamorada un tiempo de él, más pudieron las cosas negativas de ambos. La relación llegó a ser tóxica, y me enterqué y aferré a la idea de que tenía que estar con él porque me convenía alguien tan virtuoso como compañero de vida. Obvié la parte del amor, eso de derretirme con mirarlo, pensar en él y sentir mariposas en el estómago, que no exista nadie más en el mundo cuando nos besamos, que una canción me haga pensar en él, que no me importe nada con tal de estar a su lado y sentirlo cerca, visualizarme de viejita juntos y tomados de la mano así alguien tiemble o no recuerde nada y soportemos pedos, cacas y peleas porque sabemos que nos pertenecemos, en fin... Eso. SI no es la persona, uno simplemente lo va a sentir y ya. Toca dar un paso al costado para que, si de verdad se le quiere, encuentre a alguien mejor.

Me da mucha pena que haya terminado, y más que haya terminado así. Me he sentido super mal, super culpable y hasta, de nuevo, desmerecedora de que me quieran, por todo lo que ha pasado y siendo esta vez "la que no lo quiso", porque en mi caso normalmente soy a la que le dicen "ya no". Pero me está ayudando a entender este rol, y poco a poco se me está pasando. El amor no es pasión, tampoco es pena. El amor no se fuerza, simplemente se da y permanece a pesar de todos los obstáculos; no es racional, no tiene razones ni condiciones, ni justifica malos tratos, insultos, berrinches y manipulaciones. Amar no significa poseer a la otra persona, sino dejarla ser libre para decidir y ser feliz, y acompañarlo si es posible en ese proceso, porque estar en su vida es lo que da felicidad. El respeto se demuestra en cada una de las cosas que se dicen y se hacen. Y en mi historia con Brownie, creo que fallamos en todos estos aspectos xD.

Ojo que hay diferencia entre amar y estar enamorado, ¿eh? Para amar no hay razones, para estar enamorado sí, y son necesarias para mantener una relación con alguien. Todos empezamos con que nos gusta alguien y luego nos enamoramos por las cosas lindas que vemos y experimentamos, pero para que se convierta en amor tiene que pasar por pruebas y evolucionar, y si aún a pesar de lo malo se quiere seguir con la persona porque lo bueno lo supera todo con creces, entonces vale la pena.

Me toca estar sola, tratar de estar tranquila, concentrarme en mi trabajo (Que por cierto ME ENCANTA) y buscar la forma de ponerme a estudiar pronto.

Lo único bueno que rescato de toda esta experiencia es lo mucho que he aprendido y madurado. Pero bueno, no sirve de nada escribirlo si no lo demuestro ;)

viernes, 9 de agosto de 2013

Azúcar


Hace un rato que entré a mi turno, vinieron un par de señoras que suelen venir seguido. Estarán en sus sesentas, lo cual es una buena explicación para lo que viene a continuación. Una de ellas, la más parlanchina, que siempre está hablando de la vida, de la Energía, de cosas espirituales, me vio con cara de extrañeza ("¿Habrá sido porque no estaba con mi uniforme puesto porque lo puse a lavar?", me imaginé), y me dijo:

"Cris, eres la única persona en esta escuela de Yoga que llega temprano, a su hora. Nunca he visto a nadie más puntual que tú, eres bien responsable, te felicito".

Me quedé O.O y xD y también n_n' . ¡Cómo se nota que no le ha tocado venir los días en que las sábanas se me han quedado pegadas por alguna razón! Me dio risa y no pude hacer más que agradecerle el cumplido. Pero ahí no quedó. Como toda señora mayor curiosa, empezó a hacerme preguntas del tipo personal. "Ah, o sea ¿vienes en bicicleta?", "Sí, esa morada es la mía", "Qué bien... y ¿por dónde vives?", "Como a un kilómetro de aquí", "Ah, ya... ¿Y no te da miedo manejar también de noche cuando terminas tu turno?", "No, no, lo que pasa es que yo no suelo quedarme hasta la noche, somos part-time, aunque a veces sí lo he hecho". "Ah, qué bien. ¿Entonces estudias?" (Bajo la mirada. Empezó la explicadera) "No, por el momento no", "Ah, pero ¿Qué estudias?", "Medicina", "O.O ¡¡¡Wow!!! ¡Medicina! ¡Te felicito! ¿Y en qué ciclo estás?", "Me quedé entrando a 4to año, pero mis amigos ya se graduaron", "Ah, ya... ¿Y en qué piensas especializarte?", "Psiquiatría", ":O qué bonito...", "Sí, es que aquí falta mucho en ese campo", "Sï, pues, como somos un país tercermundista... ¿Y qué más haces?", "Tengo otro trabajo en las tardes. Estoy juntando plata". "¡Ah, para irte de viaje! :) ", "No... para pagar mi deuda con la universidad".

- "..."

- "Es que si no la cancelo no puedo seguir estudiando o cambiarme de universidad ni nada, así que en las tardes doy clases particulares-"
- "¿De qué?"
- "De todos los cursos, casi. Y también hago shows y actúo"
- "Ah, ¿Shows infantiles?"
- "Sí, me llaman para hacer de Princesa" (Momento del cherry de la empresa que me llama, le dí sus tarjetitas"
- "Ay, gracias, sí, porque justo tengo unos nietos... ¡De repente hasta te he visto actuar! Voy a buscarte en las fotos ;) "
- " (Mirada baja) n_n' "
- "Oye, pero qué versatilidad, ¡eres una chica multifacética!... te felicito, Cristal, porque no cualquiera hace esas cosas". (Yo que pensaba que ya me había halagado suficiente al principio, me dijo lo siguiente). "Tú pensarás que las personas que lo tienen todo pagado están bien y pueden desarrollarse, pero en realidad, te equivocas" (Me quedé mirándola) "En realidad, lo que estás haciendo es la mejor forma de crecer, porque lo duro de la vida que te está tocando vivir es para que puedas desarrollarte y demostrar quién eres y esa fuerza que tienes, y eso te va a hacer una gran persona, porque vas a poder habido desarrollar tus capacidades, no como otras personas que lo tienen todo fácil porque tienen más dinero. Ellos son flojos, no se esfuerzan y no crecen. Acuérdate de mí, tómalo así porque así es".

No sabía qué pensar. Bastante azúcar en sus comentarios. Me sentí super extraña, entre incómoda, halagada y orgullosa. Pero más que nada incómoda. ¡Qué vergüenza!

Y es que yo no lo tomo como algo "grandioso" o "admirable". Creo que la mayor parte de la población mundial hace eso, trabajar para pagarse sus estudios. Y en cuanto a mis actividades extra... bueno, siempre he sido así, siempre he estado metida en mil cosas. Si no me aburro. Pero me da risa y nervios ese tipo de conversaciones, porque es ahí donde desnudo algunos de mis problemas a gente que no me conoce. En fin, que ya mucha azúcar para el día de hoy. No quiero concentrarme en palabras ajenas.

Bueno, en realidad, el tema de este post no era este exactamente. Lo conté porque acababa de pasar y no sé, me sentía incómoda.

Cuando me refería a "azúcar" era por lo siguiente: ayer cumplí 2 mesecitos con Brownie. Saliendo de mi trabajo me encontré nada más y nada menos que con Bruno, el amigo éste que me gustaba tanto hace años, del que hablé en mi blog de la época hasta el cansancio y la saciedad, por el que reforcé el sentirme como una basura inmerecedora e insuficiente. Ese tipo. Estuvimos hablando un buen rato, también estaba su enamorada. Lo curioso es que no le guardo rencor. No siento envidia de la mala porque él esté con ella, ni curiosidad si siente algo por mí (Cosa que sí me pasó en los años posteriores a nuestra "relación"... O sea, cuando estaba internada y quizás un poquito después). De hecho, me dio alegría poder verlo con su chica y conversar con él. En fin, me fui por la rama. Le pedí consejo para saber qué podía regalarle a Brownie, y tal como me lo imaginé, me dijo "boxers. A los hombres nos encantan". Ok, pensé. Será algo barato. Pero en la tienda no sólo no habían baratos, sino que no me provocó regalarle eso porque tb me había dicho que es algo que le gustaría. No, escogí otra cosa. Al final le compré dos chompas, y me salí de mi presupuesto, pero ¿Por qué escatimar gastos? Después de todo, él gasta en mí siempre. Además, no se lo espera. Y por último. SIEMPRE, en todos los regalos que hago, gasto más de lo que había presupuestado. Me encanta regalar. Además le hice una tarjeta con caricaturas. Fue lindo darle la tarjeta porque se enterneció un montón, y se sintió mal porque "habíamos quedado en que no nos íbamos a dar regalos todos los meses", pero como él siempre me da cosas, sentí que me tocaba a mí. Así que cuando saqué el paquete con las chompas puso los ojos como platos (Literalmente), y se puso alegre como un niño. Esperaba una reacción de agradecimiento, no algo tan feliz. Casi muere. Y FELIZMENTE le gustaron las chompas. Es que él se viste un poco serio, como mayor, y pensé que algo más juvenil no le caería mal. Curiosamente, esa chompa le gustó mñas xD

Bueno. Al grano. Luego de ir al cine fuimos a comer... Y de nuevo se me bajó la glucosa.

O sea, la única forma que tengo para comprobarlo son los síntomas y el hecho de que se me pasa cuando como. Y de nuevo, NO ENTIENDO por qué me pasa eso, si me he pasado ya antes días sin comer, o vomitando la vida, o evitando fuentes de energía inmediata, y no me ha pasado eso. Ahora, con esta última recaída y este nuevo "mantenimiento", me está pasando mucho más seguido. Y lo que pienso al respecto me preocupa un poquito.

Anteanoche Brownie me preparó una cena: Fettuccini con salsa blanca, pollo y champignones. Lo máximo. Moría de hambre... Porque no había almorzado y tuve show, y estaba exhausta. Así que en contra de lo que me imaginaba, me comí todo el plato. Como era de esperarse, desperté ayer con algo de pesadez, con esa sensación como si "el estómago o el cuerpo estuviera sucio", y después de la batalla de todos los días, ganó el desayuno. En la chamba también comí, más de lo que había planificado, y eso me dio culpa porque sabía que íbamos a cenar en el Chilli's. Así que tampoco almorcé. Pero tenía mucho frío y algo de hambre, así que me comí una manzana y un poco de torta de chocolate. Antes de salir incluso le di un bocado a esa torta, y en el cine me comí un churro. Creo que ahí estuvo el error: al darme un "shot" de glucosa como ese, mi páncreas secretó demasiada insulina para meterla toda a mis células... al punto de que me quedé sin glucosa de reserva y me empecé a sentir mal. Estábamos ya en el restaurante y yo quería vomitar de las náuseas y el malestar que tenía (Y había nada en mi estómago qué devolver). Como era de esperarse, se me pasó luego de comer un poco. Tuve incluso que obligarme a comer, porque me daba asco, y comí lento y de a pocos

 (Es irónico: náuseas por falta de comida). Pero al final se me pasó. Lo que no se me pasa son las preguntas que rondan mi cabeza, que hacen un circuito de preguntas berrinchudas y respuestas con fundamento médico que va más o menos así:

-¿Por qué antes podía dejar de comer y no me pasaba esto?

- Porque seguramente ahora estás acostumbrada a un nivel alto de glucosa. Recuerda que en tus malas épocas una vez te tomaron un hemograma y test de glucosa y se alarmaron porque estaba en 36, cuando lo mínimo para estar consciente es 70. Pensaban que estabas convulsionando en alguna esquina y se asombraron al verte caminando. Tienes tendencia a la hipoglicemia, Cris. Acéptalo. Deja de jugar con tu cuerpo. Ahora tu cuerpo nota los cambios de glucosa más rápidamente porque está habituado a que no le falte, por eso reacciona de esa forma con un cambio tan corto.

- ¡Pero si comí puro carbohidrato y grasa durante el día!

- ¡Pero tu páncreas secretó mucha insulina porque calculó mal!

- Doctora Crif, ¿eso significa que mi páncreas está fallando?

- ... Temo decirte que es posible. Sucede que en las personas con alta ingesta de carbohidratos, obesidad y vida sedentaria, el páncreas se acostumbra a secretar mucha insulina para poder quitar esa azúcar de la sangre y meterla a las células, ya sea como energía o como producto de almacenamiento; pues bien, llega un momento en que ese páncreas "colapsa", se cansa y ya no produce las cantidades necesarias de insulina. A eso se le llama Diabetes tipo II. Y con los síntomas que tienes, los desajustes de glucosa que te has hecho en todos estos años, tus hábitos alimenticios irregulares, el comer un día tallarines y luego nada, el mantenerte conciente con caramelos y el matar a las células beta de tu páncreas y el resto de tu cuerpo con desnutrición severa varias veces, pues lo lógico sería que desarrolles diabetes.

Diabetes.

Diabetes.

- Espera, no te adelantes. La otra opción es que tengas tendencia a producir la hormona contraria a la insulina, el glucagon. 

¿Será esta pre-diabetes o lo que sea que me pase una consecuencia de mi TCA?

La respuesta me parece obvia.

Y mientras tanto, yo sigo jugando con la comida... Hoy por poco no desayuno, y no está en mis planes almorzar. Y así de conchuda lo cuento.

Pautas a seguir recomendadas por Dr. Crif:
- ¡¡¡¡DEJA DE EXPERIMENTAR CON TU CUERPO!!!! Ya sabes que puedes pasarte tiempo sin comer, que adelgazas si lo haces, que te desnivelas en cuanto a nutrientes, ¡todo eso ya lo pasaste!
- Test de insulina NOW.
- Mantener mis niveles de glucosa estables.
- Llevar conmigo siempre caramelos de emergencia y ¡Evitar comérmelos si no estoy una, pues!
- Reemplazar postres con sacarosa por frutas.

Ya les voy contando a ver si dejo de jugar con mi glucosa, porque ganas de dejar de comer no me faltan. Cada tarde es un "¡Pero si no como, nadie se va a dar cuenta! ¿Cómo sería dejar de comer un día ahora?". Lo chistoso es que estoy como al principio, me llega engordar o no, la idea es jugar con la comida y con mis sensaciones, y cuando como lo disfruto. No parece TCA.



Esta batalla diaria a veces se pone fastidiosa.

Apuesto lo que quieran a que termino comiendo en el almuerzo. Simplemente por costumbre, o hábito, o sentido común. Es lo que más me impulsa a seguir con esto del mantenimiento.

Ah, obvio que no he logrado vencer mi récord de "más tiempo sin TCA".


viernes, 15 de junio de 2012

D.P.C.

La Depresión Pre Cumpleaños, también conocida como S.D.J. (Síndrome de Junio), es un conjunto de signos y síntomas que suelen aparecer en los primeros días del sexto mes del año. Algunos de ellos son:

  • Somnolencia.
  • Aburrimiento.
  • Aumento o disminución del apetito.
  • Sensación de desamparo, tristeza y desesperanza.
  • Pensamientos mágicos.
  • Culpa.
  • Aparición de muchos recuerdos.
  • Falta de concentración.
  • Falta de eficacia en los quehaceres (Desgano)
  • Irritabilidad, vulnerabilidad.
  • Entre otros...

Yo sé que todos los días son diferentes. Que cada año las cosas cambian. Pero no puedo evitar tener esa sensación tan arraigada en mí, a pesar de que estoy haciendo cosas contra ella y mi pesimismo.

Estoy acostumbrada a que mi cumpleaños sea una de las fechas más decepcionantes del año. De mi vida. Desde que era niña. No me voy a poner a victimizar y contar acerca de los tristes cumpleaños que tuve, porque no todos fueron así. La he pasado bien, como también la he pasado mal. El problema es que me he empeñado siempre en esperar demasiado de los demás. En llenarme de regalos, en hacer fiestas fastuosas cuando era niña (Al menos tan fastuosas como las de mis hermanos... Ellos organizaban su cumpleaños, por decir, en parques de diversiones o restaurantes con juegos, yo no era capaz de pedir eso, porque "no merecía, lo mejor es para ellos y para mí no, a mí no me quieren"). Sí celebré mi cumple en un Pizza Hut y tengo fotos de cómo me divertí, y un par de veces fui al cine con mis amigas del colegio y luego a comer algún dulce, pero siempre con la sensación de que algo andaba mal. De que era mucho para mí, pero que sin embargo yo quería más. Y ahora que animo fiestas infantiles me encantaría estar en el lugar de las agasajadas, rodeada de regalos y una mesa llena de bocaditos que no me importaría comer porque total, "soy niña y nunca engordo". Al menos así era yo, y el resto de cosas no me importa. Me siento mal por ser tan materialista a mis casi 24 años, pero mi lado infantil se me escapa en estas fechas, y por eso me siento mal. 

No puedo quejarme de las fiestas que tuve. Me quejaría de mí misma, de mi poca inteligencia para resolver mis problemas internos y mi afán de hacerme sentir mal pensando cosas tristes hasta que realmente me las creí. Lo peor es que aún son un problema, porque renacen, salen a la luz, cada vez que el calendario se va a cercando al 16 de Junio.

Plus, tengo un reforzador muy fuerte que se ha mantenido durante los años de mi enfermedad: Por alguna casualidad de la vida, en los días anteriores a mi cumpleaños o el mismo día SIEMPRE pasaba algo que me hacía llorar. Que la ausencia de mi padre, que no hay plata para hacer nada, que mis "amigas" del colegio no me hacen caso (Mis relaciones de infancia son todo un tema aparte, pero lo puedo redondear en "Me convencí de que no me querían y lo sigo creyendo"), que la depresión, que mi papá llamó a hacerme lío, que es el día del padre y todos se acuerdan de eso y no de mí y es más, exigen que salude y agasaje a esa persona que tanto daño me ha hecho. Nunca lo celebré, mi hermana o mamá tenían que invitar a mi casa a mis amigos por mí, "me hacían el trabajo", y yo tranquila porque no moví un dedo, sintiendo culpa de la nada porque "no debieron, seguro no quieren estar aqui, no me quieren, no merezco", y teniendo pena de la vida.

Cuando estuve internada lo pasé increíble. Soy sincera, fue un día perfecto. Porque yo lo pude hacer perfecto. Porque a pesar de que mi abuelo estaba moribundo y yo, obviamente, estaba lejos de casa, mi actitud era otra, y estaba por primera vez celebrando espiritual y emocionalmente mi vida. Algo de lo que no tengo recuerdo, porque mi existencia no era para celebrar. El año pasado también lo pasé bien, porque me duraba el efecto Cieneguilla y me empeñé en pasarlo bonito. De la mejor manera posible. Tranquila. No soy y no me gusta mezclar grupos de gente, pero terminé haciendo eso, para hacer algo distinto, y porque sentía que debía celebrarme.

Ahora me pasa algo distinto. No quiero creer que no valgo la pena y no quiero deprimirme (Por más que ya lo estoy un poco). Me he empeñado en organizarme yo misma mi cumpleaños en un karaoke (Con la ayuda de Annie, mi mejor amiga, claro; ella buscó los datos), como una manera de combatir mi costumbre de boicotearme ese día, sentirme no querida y luchar contra esas creencias. Sé que en otras circunstancias yo jamás me habría organizado una celebración tan grande. Yo la veo grande. Demasiado grande para mí. ¿Ven? Ahí están mis creencias: "es demasiado para mí", "no merezco" (Ergo, no como), "Soy mala" (Porque mando invitación a mucha gente, pido regalos y gasto plata en una fiesta para mí, ¿Cómo me atrevo? ¿Quién soy yo para hacer semejante locura?), y "encima viene el día del padre".

Uyyyy, eso es lo que más me fastidia, creo. La cercanía de ambas fechas. Los recuerdos de cuando mi cumple también fue el día del padre y toda mi familia regalaba cosas a mi papá y tíos y abuelos y a mí con las justas me saludaban porque "alguien me saludó de una manera un poco más efusiva de lo normal y eso les llamó la atención". Nada de torta, o regalos, o atención, que es lo que yo quería (Y como una niña, ahora también espero). Y actualmente, el saber que mi papá me va a llamar seguramente a saludarme, y que va a intentar aparecerse en la puerta de mi casa con su expresión de cordero degollado diciéndome "te quiero muchisisisísimo angelito", y quizás trayéndome una torta hecha por mi abuela, con un mensaje que diga "no te olvides que mañana van a hacer un almuerzo-lonche por el día del padre". Él nunca da una puntada sin hilo. Nunca nos da nada si no es porque le conviene. Nunca nos llama si no es para averiguar cosas o quejarse del bendito juicio de alimentos que tiene encima hace mil años y que como es abogado y tiene mil influencias, siempre paraliza. Ay, todo eso me revienta.

Por eso me entristece mi cumple. Porque me recuerda cosas tristes y me da miedo a pesar de que ya entendí de que "las cosas malas pueden pasar no porque sea mi cumpleaños cerca, sino porque suceden en cualquier momento". Porque me estreso, espero demasiado y luego me decepciono (Y como mecanismo de defensa, aprendo a no desear ni pedir para no decepcionarme luego).

Este año tengo clase en la mañana, pretendo almorzar con mi familia (Ojalá que no pongan caras largas ni hagan líos por la plata), luego acepté animar un show de Barbie (Sí, el cumple de otra persona), y luego al karaoke. Sin contar que en la noche de hoy 15 voy a Cieneguilla a una fogata y vuelvo a mi casa en la madrugada. Voy a estar cansada, llena de cosas, y quizás eso también sea un mecanismo de defensa para pensar que es un día normal, pero a la vez para engreírme porque "es bueno", tratar de salir de la rutina, demostrarle al mundo que me quiero y bloquear mi culpa y mis sensaciones de minusvalía.

Y me ayuda, por más que tengo culpa y hasta vergüenza por tener algo para mí. Yo, que no merezco nada.

Lo siento. Quería desahogarme, lo necesitaba.

Voy a estar bien, voy a pasarla bonito, y voy a reafirmar que yo soy la que hace de sus días uno bueno o malo, no el destino.


viernes, 10 de junio de 2011

Mis amores



Para seguir un poco con la historia de mi vida, como base para este blog:

Mi vida amorosa no ha sido muy exitosa hasta hace unos pocos meses.

Por mi enfermedad, comencé tarde a tener amigos hombres. Estaba en un colegio de monjas, netamente femenino. Mientras mis compañeras podían ir a academias de inglés o clubs de veraneo, o quizás de viaje, ni qué decir a casa de amigas, yo me conformaba con la tv. Pero bueno. Como parte del tratamiento medio fallido contra mi depresión a mis 15 años, me “recetaron” asistir a alguna clase de algo que me interesara. Como en esa época no me interesaba nada, y mucho menos estaba entre mis planes interactuar, me empujaron a ir a unas clases de guitarra en un parque de la municipalidad muy cerca de mi casa, ya que la música y el canto estaba entre una de las cosas que me gustaban y por las cuales perdí interés. Ahí conocí a quienes fueran mi primera amiga fuera del colegio, un gran amigo y socio en la música, y mi primer amor.

No duramos mucho, fue un amor muy inocente. Ambos teníamos 16. Me habló el día de la graduación del curso, que fue a finales de febrero, y nos vimos dos o tres veces hasta noviembre. Yo lo llamaba por teléfono seguido, en esa época me atrevía :P También me atreví a invitarlo a mi fiesta de Pre-prom, y ahí me dijo para estar. Duramos menos de dos meses, en realidad luego de cumplir el mes me dejó de hablar por 3 semanas (Yo paciente y tontamente esperé a que él me hablara), y luego nos citamos para que él me diga “ya no siento lo mismo”. Me rompió el corazón, que felizmente en esa época tenía un poco de pegamento de repuesto. Lo volví a ver poco después porque conformamos una banda de música junto con otro amigo que mencioné, pero poco después, con las universidades, cada quién tomó su propio rumbo y la cosa terminó. Hasta ahora lo recuerdo con ternura, de hecho es uno de los mejores recuerdos de personas que tengo, pero no puedo negar que pensé seriamente que él había terminado conmigo porque había algo mal en mí. Me ha costado mucho dejar de creer que yo soy mala o repugnante /desagradable, y que por eso la gente no quiere estar conmigo. Es como si yo tuviera algún defecto congénito que repeliera a los demás.

Poco después me gustó mucho un chico del teatro con quien compartía todas mis escenas. Lo invité a mi fiesta de promoción, bailamos toda la noche y me divertí a montones. Nunca pasó nada, pero sí me ilusioné más con él. Sólo para poco tiempo después darme contra el piso porque “tenía enamorada”, y más tarde enterarme de la cruda verdad: era gay -_-‘

El primer ciclo que estuve en la universidad  coincidió con mi primer protagónico importante en un musical. Había un chico del que me hice muy amiga. No era nada guapo, pero tenía una voz increíble, un corazón muy bueno y una personalidad desbordante. Era muy cariñoso y jugábamos a que estábamos, andábamos de la mano y un par de veces me dio piquitos. Al término de la temporada y habiendo jalado un curso, me deprimí y recaí en las restricciones y el aislamiento, así q lo dejé de ver hasta el año siguiente, en que me atreví a buscarlo, y darle un beso, y darme cuenta de que él no quería nada conmigo. De hecho, estaba enamorado de la madre de su hija. A raíz de eso y la partida de mi 2do papá empecé a comer compulsivamente.


Pero poco después me empecé a fijar en un compañero de otra obra de teatro, quien se convertiría en mi Némesis. He hablado de él hasta por las puras, así que no daré demasiados detalles porque la historia es demasiado complicada. Mis antiguas lectoras lo conocen como ”Bruno”, así que lo seguiré llamando así. Bruno era como mi amigo anterior: nada guapo, pero de una personalidad increíble y demasiado divertido. ¡Me encantaba estar con él porque se le ocurría cada cosa...! Hablábamos por horas sin cansarnos. Solía acompañarme a mi casa, y me hablaba de sus sueños como actor, y de sus problemas personales. Un día nos besamos. Pensé q no había significado nada para mí, y me costó aceptar que no era verdad…  De hecho, es la persona que más he querido (Bueno, la segunda). Y que más daño me ha hecho. ¿Por qué? Porque si bien yo no tenía el título de enamorada (novia), él buscaba excusas para verme y pasear luego de las funciones, y me abrazaba y caray, era más que obvio que me quería. Porque estaba conmigo en vez de estar con su verdadera enamorada.

Esa época fue terrible. Yo me sentía demasiado culpable, y la situación ayudaba a confirmar mi creencia de que soy mala. Muchas veces traté de alejarme de él, pero la cercanía no me lo permitía, y terminaba cayendo en el juego de nuevo. A veces, deprimida, me abucheaba en voz alta y él lo escuchaba, y a veces parecía no importarle cuando yo estaba mal y eso me hundía más. Claro, quería llamar su atención, que volviera a estar pendiente de cada paso que daba en el teatro, como antes. Pero no fue así. Luego de unos meses nos encontramos un día, nos sinceramos, me dijo que sí me quería pero que estaba confundido y hasta me besó, y quedamos en hablar en unos días para concretar la situación, pero me di cuenta de que no iba a dejar lo seguro por lo incierto, así que lo cité y le dije “Yo te quiero, por eso te dejo ir”. “Se fue” medio año, en que yo no lo olvidé y al parecer él tampoco porque cuando nos volvimos a encontrar de nuevo salió con lo mismo (La diferencia es que él estaba soltero), y yo sonsonaza seguí con el juego. Un día me emborraché (Fue la primera y última vez) y le dije todo lo que creía, desde que lo quería hasta que había jugado conmigo, y a partir de ese momento él dejó de hablarme, con las justas me saludaba. Yo me deprimí aún más y caí en la bulimia dos meses después. Él fue la única persona que me vio desmayarme en el teatro, él sabía de mi condición y jamás se me acercó a preguntar qué me pasaba o ayudarme. Yo lo odiaba porque me ignoraba, pero también lo seguía queriendo.

En ese medio año que dejé de verlo, conocí a un chico de mi universidad con quién empecé a conversar mucho e interesarme (También tenía enamorada. ¿Se notan los patrones?). Me di cuenta de que él no se llevaba para nada bien con ella, y al igual que Bruno, me contaba sus problemas, pero en este caso yo no toleraba mucho. Es más, no me agradaba. Cuando lo fui conociendo me di cuenta de eso, que no me gustaba para nada. Pero él empezó a mandarme mensajes y letras de canciones, y de no ser porque dejé de contestarle y hasta lo evadía, me habría dedicado una serenata. Era demasiado intenso para mí, que no estaba a gusto con las muestras de cariño, ni siquiera las de amistad. Yo no merezco. Por cierto, luego de una semana sin hablarle lo saludé, y me contó que estaba saliendo con una chica que acababa de conocer y que estaba muy ilusionado ¬¬. ¿Quién los entiende?

En el tiempo en que ya estuba mal con los vómitos, es decir, en diciembre del 2008, conocí a un chico. Al día siguiente teníamos que actuar juntos, (irónicamente) yo era la princesa y él el príncipe. Ese mismo día me invitó a salir, y empezó con una serie de muestras de cariño y de interés que empezó apabullarme pues iba demasiado rápido para una novata como yo y hasta me convenció de que sí iba en serio. Inclusive le dije explícitamente que yo no estaba para juegos, y él me prometió que iba en serio. A la semana de conocerme me presionó a besarnos, al día siguiente me dijo que "tenía ganas de un chifita", y a los dos días me dijo “tenías razón, estamos yendo muy rápido”. Hace pocos meses me enteré de que "chifita" alude a un plato de comida chino-peruana, pero en jerga significa "sexo". Dejó de hablarme, y yo decidí que nadie se me acercaría nunca más. 

Dicen los especialistas que la anorexia más que la bulimia, en parte, tienen como propósito inconsciente esconderse, pasar desapercibida, desaparecer, evitar la madurez y las responsabilidad, y en este caso, eliminar la figura femenina, impedir que los hombres sean atraídos. Paradójicamente unas empieza queriendo verse bien, algunas con la intención de que los chicos se fijen en ella, pero en mi caso fue al revés (Y está registrado que también se da). Durante mucho tiempo mi intención fue que nadie se me acercara, para que nadie me hiciera sentir, y así no me hicieran daño. Así que no sólo perdí mi figura femenina y me convertí en un ente indefinido, sino que casi casi me muero.

Y cómo es la vida, cuando una hace algo bueno por sí misma y empieza a quererse, se convierte en un imán de cosas buenas. Yo pensaba que eso no era cierto, pero me tuvo que pasar para entenderlo. Cuando peor estuve, cuando más compañía necesité, más sola me sentía. Y aunque tenía amigos, no me interesaba verlos. Sólo me interesaba seguir matándome. Tuve que aprender a recibir el calor de un abrazo y a cómo expresar mi amor y pedir atención directamente en vez de andarme por caminos escabrosos como los cortes y la inanición para que se fijen en mí, y cuando lo hice realmente comprendí que “sólo se puede querer a alguien cuando se quiere a uno mismo”. Es la verdad: si no me quiero a mí misma, ¿De dónde voy a sacar amor para los demás? Si estoy vacía, ¿Qué le voy a dar al mundo?

Es así como, durante el tiempo que estuve de permisos para salir del internado pues estaba participando en una obra de teatro con mis amigos, conocí a este chico con quien ahora llevo 6 meses de relación. Recién entendí a lo que se refiere la gente con lo de sentir realmente amor por otra persona a pesar de sus defectos; la entrega, la confianza y la honestidad son claves. El ponerse en el lugar del otro y comprender, y sobretodo perdonar, me ayudan muchísimo. No soy de molestarme fácilmente, pero sí soy resentida y acumulo razones para deprimirme, y creo que ahora que pienso las cosas de una manera más objetiva y quitando el “no me quiere”, “me tiene pena”, “juega conmigo” o “no valgo y por eso no hace tal cosa por mí”, puedo ver la realidad tal cual es y seguir adelante. Definitivamente, mi relación con Laro no habría funcionado de seguir pensando igual que cuando estaba mal, porque una chica que no se quiere sólo puede ahuyentar a las personas que la rodean.

¿Una prueba?

Hace como un mes volví a encontrarme con Bruno. Fui a ver al elenco con el que actué por mucho tiempo (Donde él también estaba), y para variar me acompañó hasta mi casa. La conversación fue la más amical y tranquila que he tenido con él desde que todo empezó, y él solito tocó el tema de “nosotros”. Entre otras cosas, pude comprender su forma de actuar: si no es su problema, prefiere no meterse. Y en cuanto a mí, me aceptó que sí estábamos por cómo nos relacionábamos, que sí que me quería, pero a veces se desanimaba de estar conmigo porque no le gustaba cuando yo estaba deprimida y me trataba mal, me insultaba o me desalentaba. Eso, literalmente, lo espantó. Comprender que no era que yo tenía algo desagradable en mí, sino que me comportaba de una forma poco constructiva y desalentadora por mi depresión y TCA, me ayudó a entender muchísimas de las cosas que habían pasado. Le pude decir todo lo que tenía guardado, que fue un idiota y que esa situación de incertidumbre en la que estábamos influyó en mi bulimia. Esa conversación con él fue de lo más liberadora, me sanó una gran cicatriz. Pude perdonar. Y me quité una gran espinita de mi corazón.

Quién diría, ¿No? 

Actualmente estoy muy feliz con Laro. De la mayoría de mis antiguos “amores” no sé nada. Sólo me queda la experiencia y los aprendizajes que he podido sacar de todo esto: yo valgo, y mucho, y no porque alguien me quiera. Es distinto: yo puedo quererme, y porque me quiero y me valoro, puedo arriesgarme a sentir, a equivocarme, y a vivir, y así encontra a otra persona, complementarme con él y ser todavía más feliz.