Este es un blog de vivencias y reflexiones de una chica que busca la manera de plasmar su interior en algo tangible como las letras.

Aquí encontrarás hartas anécdotas y también procesos mentales, de esos enredados pero que buscan explicar lo que sucede en la vida y así encontrar un sentido. Encontrarás ejemplos de cosas que no hay que hacer; confesiones amorosas, de esas que toda chica necesita contarle a su mejor amiga; quejas y lamentos, letanías de alguna época mentalmente negativa; pero también hallarás decisión, actitud, fuerza y valentía (O al menos un sincero intento de ello).

Espero motivarte a seguirme. No sólo en lectura, sino en este trabajo interno, esta búsqueda de bienestar.

Seamos luz en medio de tanta oscuridad.


Mostrando las entradas con la etiqueta Yo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Yo. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de abril de 2017

Consecuencias a largo plazo de la anorexia y la depresión


¿Alguna vez, queridx lectorx, te has puesto a pensar en qué consecuencias tiene una enfermedad mental/emocional a largo plazo?

Es decir, todos sabemos qué causa tener depresión, y que los trastornos de la alimentación se basan, en parte, en lo mismo.

Y también hemos escuchado muchas historias acerca del desgaste físico que causa la mala alimentación y la tristeza, desde debilidad general y "tendencia a enfermarse", como en mi caso, hasta el desarrollo de cánceres, que si bien no está comprobado al 100% científicamente de que tienen una causa emocional definida, sí hay estudios (y un psicoanalista me dijo hace unos días) que dicen que el estrés causa mutaciones que generan cánceres in novo (Olviden este término, ya no se me da bien hacer de doctora. Ahora mi rubro es otro).

Pues bien, todos sabemos que la mente y emociones influyen en el cuerpo... pero, ¿qué tanto influye una enfermedad de este tipo en el resto de cosas de tu vida? Es decir, vamos, no todo es el físico, y hay muchas áreas que se ven afectadas por estas cosas. Si no lo crees, pregúntate: ¿De qué manera afecta mi "estilo de vida"/enfermedad en los aspectos de mi vida que no son mi salud? Y ahí te darás cuenta de la gran cobertura de estos asuntos y de lo mucho que influye en tu desempeño escolar, laboral, y en tus relaciones, desde el no querer ver a nadie y evitar situaciones sociales para no tener que enfrentar a la comida... hasta hacerle daño a otras personas, sin querer.

Hoy, amigos, les voy a contar una historia. Una historia muy personal, una muestra de cómo te puedes cagar la vida metiéndote en sacos de once varas pensando que "desaparecer" es la solución de todo, y al final terminas cagándole la vida a alguien más. Porque así son estas enfermedades, te afectan en todos los aspectos de tu vida, en diferentes grados, hasta que te lo pueden quitar todo. Incluido el amor de una persona.

Y no lo hago por victimizarme. Lo hago porque recién hoy, 22 de abril del 2017, he sido plenamente consciente de la magnitud de este problema, que no puedo contar a nadie de mi entorno, al menos ahora y así, porque no lo van a comprender del todo, recién tengo cita con el psiquiatra el 1 de junio, y necesito sacarlo para observarlo bien. Sorry, tesis, tendré que avanzar de madrugada.

Yo tengo una hermana menor. Una hermosa y buena hermana menor. Desde pequeñas se empezaron a notar las diferencias entre ambas: mientras yo era callada y sumisa, ella era la alegría andante. Yo cantaba, pero ella hacía bulla. Yo jugaba, pero ella era el juego hecho persona. Tenía un carácter fuerte, si yo hacía algo que a ella no le parecía, me decía "tú, tala", que significa "mala". Eso me hacía sentir mal, vamos, que una niña de 3-4 años no sabe procesar bien que le digan cosas así, no las entiende, y termina creyéndolas. Por mucho tiempo creí que yo tenía algo malo innato en mí, pero ese es otro tema que ya superé. Yo sé que no soy mala. Bueno, el caso es que crecimos siendo las mejores amigas del mundo. Jugábamos a la casita, a las barbies, dormíamos en el mismo cuarto, jugábamos a las princesas, a que teníamos poderes mágicos... Éramos uña y mugre. Hacíamos todo juntas, hasta nos vestíamos parecido. Lo único que nos separaba eran nuestros temperamentos, el mío fácil, nervioso e introvertido, el de ella, un poquito explosivo, extrovertido e independiente. Ella tenía un par de amigas en el barrio y era aguerrida como un niño, no le molestaba ensuciarse y jugar rudo. Era una preciosa de ojos celeste cielo y cabello amarillo fuerte. Hasta me cuidaba en los recreos, cuando las niñas mayores me molestaban. Su personalidad salía por sus poros, mientras yo trataba de agradar a todo el mundo.

Fuimos creciendo, y pasaron muchas cosas, muchas, que nos afectaron a las dos. Es inevitable, es el curso de la vida pasar por situaciones difíciles. No me da pena, ya no. De hecho, pienso que la he tenido más fácil que millones de personas. Sin embargo, nada puede evitar que uno desarrolle depresión, ansiedad o trastornos alimenticios si tiene predisposición a ello y el ambiente lo propicia. Pues bien, yo empecé a dejar de querer jugar a las barbies, pues ya estaba creciendo, mientras ella me pedía que jueguemos. Yo la empecé a rechazar. Simplemente no me provocaba. Prefería encerrarme en mí misma, ver tv, leer, total, "ella tenía otras compañeras de juego y yo no importaba tanto". No me daba cuenta de que yo era irreemplazable.

Esto no es Frozen, amigos, esto es la vida real, y con un final triste, no como el de la película.

Cuando mi depresión empezó a crearme un hoyo en el pecho, y mi primer episodio de anorexia me comía el alma, yo fungí de hermana mayor muy bien. Tenía 12-13 años, y era perfecta. Mi hermana lloraba a veces, en su cama, y yo podía ir y consolarla, haciendo de oídos sordos lo que mi propio corazón me decía. Estábamos pasando por problemas familiares muy complejos y había una gran sensación de soledad en la casa que nos acompañaba a todos. Recuerdo sentarme en la cama de mi hermana, poco menos de dos años menor que yo, y acariciarle la cara hasta que se relajaba y se quedaba dormida. Me sentía bien, útil. No necesitaba nada, ni siquiera ropa, ni siquiera comida, ni siquiera agua. No necesitar equivalía a no merecer. Y conforme ese no merecer creció y yo me acerqué a los 15 años, me convertí en la peor versión adolescente de mí misma. Me cerré por completo. La verdad, no recuerdo muy bien esa época, porque mi mente estaba en otro lado. Sólo sé que no sólo me restringía la comida, sino que me alejaba de las fuentes de cariño, de lo que me humanizaba. Entre ellas, mi hermana. Ella también la pasaba mal, a su manera, y sus reacciones empezaron a ser muy fuertes. Hasta que, de pronto, empecé a desarrollar manías y no toleraba estar cerca de ella.

Así de simple: no la podía tocar. Me daba la sensación de que todo lo que ella tocaba estaba contaminado por su energía. Mi percepción estaba al límite, todo me afectaba, y, en mi cabeza, su temperamento parecía apoderarse de las cosas. Estábamos en una época sumamente difícil, lidiando con cosas muy fuertes, y mientras ella se desesperaba por acercarse a mí, yo luchaba por alejarme de ella. Así de simple: tú tocas eso, yo lo tengo que limpiar o coger con algo de alguien más para no sentir tu energía, que es tan fuerte que no la tolero. Tú te bañas antes que yo, yo no puedo usar la ducha ni 4 horas después porque tu presencia sigue ahí; tú te sentaste en la computadora, yo pongo ropa sucia de nuestro hermano mayor para que aplaque tu sensación en el asiento; te sentabas a mi lado en la movilidad del colegio, me arrimaba lo máximo posible para ni siquiera tocarte y rozaba las partes que tuvieron contacto contigo con objetos como la puerta del carro, o la pared, u otra persona, para limpiarte de mí. Mientras mis otras manías iban cediendo, ésta fue creciendo, al punto de que ya no podía ni escucharla: ni su voz, ni los ruidos que hacía al comer, o al pasar sus dedos por los objetos, o al utilizar objetos como el tenedor sobre su plato, o al respirar, hablar o cantar (Muchos años después me enteré de que eso se llama Misofonía, dale click para aprender un poco más sobre éste trastorno. Esto me sigue pasando, en menor intensidad, y con otras personas). Bueno, pues: ¿Cuál creen que fue mi reacción? CALLARLA. Decirle, primero intolerante pero reprimida, luego a gritos y violentamente, que se callara. Que no hiciera ruido. Que se quedara quieta, que no respirara, que no existiera.


Nadie de la vida real es capaz de recibir la basura de una persona enferma sin terminar afectándose de alguna manera. Nadie. Anna le aguantó a Elsa su lejanía porque es un personaje de dibujo animado, y si fuera de la vida real, porque sus papás le dieron la contención emocional que necesitaba y aprendió desde niña a manejar el rechazo sin mermar su aprecio por su hermana ni su propia autoestima.

¿Se imaginan lo que es que la persona en la que más confiabas, tu referencia, tu hermana mayor, te aleje de esa manera? Ella no era como yo, que se hacía una bolita, lloraba y se autoflagelaba para castigarse: ella me devolvía la agresión con más agresión. "¿Sabes qué?, ¡MÁTATE!", fue lo que desencadenó mi primer corte en las muñecas. En ese momento pensé que tenía razón, y que de verdad quería que me muriera. En ese momento de verdad quería morir, y pensé que era posible haciéndolo así. Muchos años después me di cuenta de que no lo decía en serio, pero el daño estaba hecho. Mi mente se había encargado de recibir e interpretar esas palabras de la manera que le convenía. Ahora comprendo que ella no tenía otra forma de defenderse ante tanta hostilidad. Yo me había convertido en un demonio, era realmente incontrolable, a veces tenían que cogerme entre mi mamá y mi ex-padrastro para prácticamente exorcizarme a punta de limpiezas energéticas tipo Reiki, palo santo y música de Enya en el fondo, mientras yo me retorcía de una rabia y dolor increíbles. 15 años, no tenía idea de nada, no sabía manejar mis emociones, estaba muy enferma, atentaba contra mi vida de mil maneras... entre ellas, rechazando el amor.

Recién de adulta me di cuenta de que el amor era lo que no soportaba, porque no tenía ni un poquito en mi corazón, y cada vez que se acercaba alguien a mí con algo de amor, yo me alejaba como espíritu maligno cuando le acercas la cruz. Eso es lo que pasa cuando alguien está en medio de la oscuridad: no aguanta lo positivo. No tolera las muestras de cariño, no es capaz de entender que hay algo más allá de lo que le pasa.

Mis síntomas eran tan fuertes y evidentes que mi mamá aterrizó un poco y decidió que necesitaba ayuda psicológica. Obviamente, yo la rechazaba. Pero terminé escuchando un poco y aplacando mi ira, y así dejé algunas de mis conductas autodestructivas y volví a sonreír y ser "normal". Pero el daño estaba hecho: mi hermana lloraba por todo, gritaba, reaccionaba muy fuerte, ya no brillaba como cuando éramos niñas. No me hablaba, yo tampoco a ella, casi. Yo estaba demasiado ocupada con mi mundo interno como para mirarla.

Pasaron varios años y tantas situaciones como oportunidades para que sucedan cosas. Me gradué del colegio con honores, me pagaron el caro viaje de promoción (creo yo, por miedo a que vuelva a atentar contra mi vida si no iba), me inscribí en la universidad para estudiar medicina, fingiendo aún que yo estaba bien y que mi familia tenía la capacidad de mantenerme, con esfuerzo, ahí, porque me querían, porque lo merecía y porque era la manera de asegurarme un futuro mejor. Lo cierto es que mientras yo empezaba a tener una vida sin casi tener conciencia de lo que significaba, mi hermana, deseosa de vivir, era olvidada por mis papás. No se graduó, porque no había plata, porque me la daban a mí, para que yo esté bien. No pudo inscribirse en una universidad, porque la mía y la de mi hermano mayor eran muy caras (aquí en Perú la educación superior privada es mejor a la estatal, y "hay que ir a la universidad para ser alguien en la vida"). Se pasó un año tirada en el sofá, comiendo y viendo TV, y en vez de mirarla y preguntarle cómo estaba, yo maquinaba mi siguiente ayuno o atracón. Ella tuvo atención psicológica por poco tiempo, nunca estuve segura si lo dejó porque no le ayudaba, o porque creía que la psicóloga era mala, el caso es que se quedó en el aire, y tuvo que agarrarse de lo que podía: la cocina. Mi papá le pagó un curso de un mes de fotografía, luego se puso a trabajar en starbucks, y luego se volvió a tirar al sillón y posteriormente, a su cama, a ver tv, películas, y comer.

Desde pequeñas, yo guardaba lo que pensaba y no lo expresaba, ni siquiera sabía hablar para defenderme. Mi caparazón era blando. En cambio, el de ella estaba lleno de púas, su lengua era un cuchillo bien filudo que daba en la parte más dolorosa. Se defendía con violencia, sarcasmo, echando culpas, sintiendo pena por sí misma.

Volví al hoyo, esta vez más profundo, y me convertí en la peor versión adulta de mí misma. La agredí indirectamente con mi enfermedad. Ver consumirse a alguien que amas no es lo más sano ni divertido que puede haber. Ella callaba, sabía que no podía acercarse mucho, sólo podía mirar, llorar en silencio por mí, y, evidentemente, defenderse como sabía cuando algo pasaba. Con agresividad, con culpas, con sarcasmo. Porque no conocía otra forma. Me internaron. Ella, nuevamente, se tuvo que olvidar de lo que quería para que yo pudiera revivir. Quizás yo cedía en los pleitos para que ella ganara, pero en la vida, ella me cedió la preferencia, para que yo no me muriera por mis propias manos. Toleró lo mejor que pudo que yo me coma su comida para vomitarla al rato, toleró que desperdicie el dinero y cansara a mamá y a mi entorno con mi agujero negro, lo toleró lo mejor que pudo. Fue fuerte, no me imitó, aprendió que yo no era un buen ejemplo a seguir, decidió echarle la culpa de todo a papá, me limpió de polvo y paja. Dejó de pedir cosas para que hubiera dinero para pagar mi comida especial, medicinas y terapias. Y salí airosa. Ella sonreía, esperando que sus esfuerzos hayan valido la pena y hubiera, por fin, recuperado a su hermana, con la que reía, saltaba en la cama, le hacía cosquillas y jugaba.

Pero se equivocó.

Quien salió del internamiento, año y tres meses después, fue una Cristal completamente diferente. Ya no era un agujero negro que absorbía todo, lo convertía en oscuridad y se hacía más grande, era una hoja en blanco en la que se había comenzado a escribir una historia rara que mi hermana no entendía y en la que casi no formaba parte. Y aquí viene mi justificación: empecé a ser consciente de que las cosas estaban tan mal en mi casa, que si yo seguía sus reglas, iba a volver al hoyo. Yo pensaba que cuando saliera, mi familia también iba a estar "recuperada", que mis hermanos y mis papás iban a cambiar, a perdonar, a dejar ir lo malo, que mi tratamiento, de alguna forma mágica, iba a alcanzarles a ellos también. Pero, al igual que mi hermana, me equivoqué. Así que creé mis propias reglas del juego: decidí que, en vez de esperar sentada algo de mis papás, yo iba a conseguir las cosas por mí misma. Decidí crecer, decidí vivir, y para eso, también decidí hacer oídos sordos a los regaños casi diarios porque "no estaban de acuerdo con cómo estaba llevando mi vida", y hacerme la ciega frente a mi hermana, cada vez peor, ahora afectada físicamente por su sobrepeso, y con heridas emocionales profundas de las que nadie, ni mi mamá, se atrevió a curar porque ella es un gato arisco que rechaza toda ayuda con excusas, llantos y puertas más cerradas que las mías.

Si yo estuve mal, al menos fui el "tubo de escape" de mi familia, me prestaron atención y logré recibir y aceptar ayuda. Ella no. Ella siempre estuvo bajo mi sombra, perfil bajo, segundo puesto.
Hoy yo estoy por cumplir 29 años, siento que me falta mucho por lograr y siempre que me comparo me siento menos que el resto, pero sé que teniendo pena de mí misma no logro nada, y desde que estoy con mi novio actual, mi actitud hacia la vida es más positiva, soy más fuerte, estoy más dispuesta a crear un futuro bueno para mí, con MIS reglas del juego, porque sé que seguir las reglas de mi casa significa enfermarme.

Ella no. Ella sigue tirada en su cama, cocinando cosas que le hacen daño, viendo TV y películas todo el día, durmiendo a cualquier hora, sin estudiar, sin trabajar (porque siempre hay una excusa para que no pueda), sin hacer otra cosa que sufrir sin darse cuenta. Sus actividades consisten en ir dos veces por semana a comprar la comida, vivir en torno a lo que decide su novio, salir con él, de vez en cuando ver a sus amigos (en eso me gana, yo sigo prefiriendo la soledad), y regañar. Regañar y criticar mucho. Su agresividad ha mejorado mucho, aprendió a cuidar más sus palabras, pero cuando discutimos (que es algo muy usual) se le sale el resentimiento que me tiene. Por no haberle prestado atención. Por no haberla querido como ella necesitaba.

Mi hermana no tiene las herramientas emocionales y actitudinales que "tiene" Anna. Mi hermana se cansó, hace mucho tiempo, de tocarme la puerta para jugar con la nieve. Yo logré alejarla y convertir mi corazón en hielo para ella.

Van como 3 semanas en las que no me habla. Discutimos a principios de mes, por cosas del día a día en las que discrepamos. Somos como el agua y el aceite, cada quien en su mundo, pero mientras yo me ocupo de mí y trato de no preocuparme por los demás porque sé que me afecta y me puedo sentir tan mal que me puedo enfermar, (esa es la manera en la que aprendí a defenderme y gracias a la cual ahora soy funcional, trabajo, estudio, vivo), ella no se ocupa de sí misma y se preocupa por todos de manera casi excesiva, marcando, siguiendo y corrigiendo como una mamá, porque sabe que mamá y yo somos más vulnerables. Ella se mantiene de pie como un árbol, pero uno de corteza dura, podrida, que sangra. Un árbol al que sigo sin prestar atención.

Ya había notado que ella no me acepta. Que si fuera posible, se iría de la casa, para no tener que aguantar(me)(nos) y todo lo que estar aquí conlleva. Siendo sincera, yo también pienso igual. Mi casa no es un hogar, por eso no paso mucho tiempo aquí. Más allá de las responsabilidades, nadie es capaz de arreglar la situación. La mala comunicación es el pan de cada día, y no hay fuerza hasta ahora que haya logrado mejorarla.

Yo no soy perfecta. Soy muy perfeccionista con mis cosas pero muy descuidada con mis relaciones interpersonales. También vivo un poco en torno a mi novio porque, de alguna forma, prefiero su realidad a la mía. Soy un poco más consciente de mí misma, de lo que hago y para qué, y lucho, sí, la lucho, todos los días, para levantarme, comer, tomar mis antidepresivos y hacer mis actividades. Si por mí fuera haría lo que hace mi hermana, porque es súper cómodo y no tengo que pensar en lo que hay que hacer. Pero no puedo darme ese lujo, no me lo permito, y aquí voy, mal que bien, caminando. Metiendo la pata una y otra vez, pecando de confiada con quienes no debo, y no confiando en quienes debo, ayudando a gente de afuera y haciéndome la ciega con una de las personas que completa mi mundo: mi hermana.

Yo, Cristal, no soy capaz de ayudar a mi hermana menor. De contenerla. De estar con ella, de ser su amiga, bah, su hermana. Quisiera abrazarla cuando me provoca, pero no puedo, porque o estamos peleadas, o no soy capaz de mostrarle mi cariño. Elsa pudo abrirle su corazón a su hermana, yo no.

Mi excusa ha sido que "No puedo darle algo que no tengo", pero lo cierto es que enfrentar sus demonios es recordar a los míos y enfrentarlos de nuevo, y sólo de pensar en el drama, me canso. He simplificado mi vida lo más que he podido, y si detecto novelones, adiós, porque no son buenos para mí, que ya de por sí, soy consciente, tiendo a crear novelas por mi cuenta. Por mucho tiempo responsabilicé la forma de ver la vida y las herramientas que tiene para enfrentarla como la causa de su pesar, de su estancamiento, de su desidia. Incluso la he escuchado quejarse y responsabilizar por su estado a papá, y no la culpo (pero sé que en eso se equivoca, ella podría salir de donde está si se esforzara y aceptara ayuda). Pero hoy, luego del millonésimo enfrentamiento post pelea e intento de reconciliación, me di cuenta de algo más: algo que yo no he querido ver, porque me duele demasiado.

Yo también tengo responsabilidad de su estado.

Me advirtieron en mi tratamiento que iba a haber resistencia por parte de mi familia a mi cambio, que iba a ser difícil; me enseñaron que pensar en una misma y su bienestar no es ser egoísta, sino inteligente y una muestra de amor propio; me dijeron que mi familia iba a pensar que soy una egocéntrica... lo sé, lo experimento todo el tiempo, sé que no les gusta del todo las decisiones que tomo o las cosas que hago o digo. Mi mamá me comprende más, porque me ve bien. Mi hermano no vive con nosotras desde hace años, así que no la sufre tanto. Mi hermana, en cambio, me ve como un ser sumamente desconsiderado, irresponsable y aprovechado. Evidentemente, lo soy, porque ella se preocupa demasiado por los demás y comprendo su punto de vista porque también pensaba así del resto (y sufría porque no me trataban como yo quería que me traten). Pero no me había dado cuenta de que actuar como lo hago ahora también iba a afectar negativamente a mi hermana. Porque no estuve, y cuando estuve, no fui suficiente. Porque, sin querer pues estaba enferma, la anulé, la alejé; porque contadas veces la agredí verbal o físicamente, pero innumerables veces mis acciones y actitudes le atravesaron el corazón. Y ahora, que soy funcional y no estoy sintomática, no soy capaz de ayudarla, y lo que hago por mi bien le hace daño a ella.

Mi hermana está mal por mi culpa. No sólo porque mi papá la dejó a la deriva y mamá no fue capaz de enfrentarla, ponerle límites y darle órdenes. También porque yo no fui capaz de estar ahí para ella, la expuse a mi violencia hacia mí misma, la defraudé como hermana mayor al punto de que ella tomó ese rol, le hice experimentar el rechazo al máximo, como si ella tuviera lepra o hubiera algo malo innato dentro de sí, hice que vea las cosas más terribles que puede ver alguien que ama a otro, y ahora, cuando intento estar con ella o acercarme, no puedo. No lo hago. No he aprendido. No soy capaz de pedir disculpas por protegerme a mí misma de su negatividad, eso sería echarle la culpa de algo en lo que no la tiene. Ella no tiene la culpa de ser como es. Ella no conoce otra manera de enfrentar la vida, ella hace lo mejor que puede, y yo no he ayudado en nada para que mejore. Al contrario.

Mi amor propio, mi mecanismo de defensa, hace que no pueda pasar mucho tiempo con ella, en parte porque es muy intensa para mí, y en parte porque estoy ocupada o prefiero dormir, estar sola o ver a mi novio que conversar con ella. Soy parecida con mi mamá, pero se me hace más fácil acercarme, y estoy trabajando el comunicarme mejor con ella y demostrarle que me importa. Pero con mi hermana, se me hace muy difícil. No le tengo confianza para contarle mis cosas, porque le afectan demasiado y reacciona mal, pero esta forma de "protegerla" le molesta y le refuerza su creencia de que no me importa. Mi hermana tiene serias dificultades para perdonar, dejar ir, pasar la página. ¡Ella puede ser a veces tan drástica! Por ejemplo: si alguien me hace daño, ella se molesta con esa persona al extremo. Es tan radical que es capaz de no dirigir la palabra, eso ha pasado con mi ex, que era su amigo, hasta que se decepcionó de él por algunas actitudes suyas hacia mí. ¿Cómo, entonces, le puedo confiar cuando me molesto con mi novio actual? ¿Para que lo trate feo, así esté yo en el medio? ¿O para andar recordándome eventos tristes luego de que pasaron meses y yo ya había pasado la página? No, gracias. Prefiero que no se entere. Sin embargo, ocultándole información termino haciendo que se resienta conmigo, y que no me cuente sus cosas. "Porque yo no le cuento las mías". Y así se ha creado un círculo vicioso de desconfianza, agresión pasiva, y soledad tan fuerte que la mantiene encerrada en su cuarto.

¿Cómo haces para acercarte a alguien a quien amas mucho pero no quiere saber de tí? Con mi papá y con ex fue mucho más fácil: simplemente reaprender a vivir sin ellos. No hablar, no vernos, el tiempo hace lo suyo, ya está. En cambio, mi hermana duerme en el cuarto contiguo, compartimos el baño, algunas responsabilidades, y escucho sus movimientos.

Ahora no sé qué hacer, porque ocupándome de mí y autoconvenciéndome de que yo no tengo responsabilidad ha aumentado sus síntomas. Podría, de nuevo, deprimirme y hacerme daño por la culpa, porque no conozco otra manera de enfrentar las cosas. Y es que mi mente maquiavélica me hace pensar que, tal vez, si yo me pongo mal, es decir, si me esfuerzo por llamar su atención, pueda usar mi salud y bienestar como herramienta de chantaje para obligarla a hacer terapia. "Porque ella me hace daño".

Esta es una de las cosas más enfermizas que he pensado. Estar mal para conseguir algo es una táctica que ya utilicé, inconscientemente, y casi me mata. Estoy molesta conmigo misma, pero debo ser razonable. No lo niego, aún me pasan por la cabeza cosas así cuando mis emociones están desbocadas, pero mi sentido común, felizmente aprendido, y los benditos antidepresivos que contienen mis impulsos autodestructivos, me mantienen cuerda. No lo voy a hacer. Manejarla con la culpa... bien inteligente de mi parte hacerle sentirse peor, y encima, usar los mismos recursos que ella usa. Me estabiliza saber que si me pongo mal, no será porque quiero que ella me note y haga algo, sino porque REALMENTE me afecta que sufra, me afecta que no disfrute de la vida, me afecta tener esta relación tan mala con ella, me afecta no poder acercarme, me afecta ser una completa extraña, y me afecta que no puedo hacer nada.

Bueno, no es verdad, sólo hay una cosa que puedo hacer: esperar a que ocurra un milagro y la vida se encargue de enseñarle. Como me pasó a mí, que ella tuvo que observar cómo me hacía daño hasta que algo desencadenó mi redención. Sólo que yo no aguanto. Como hermana mayor, no quiero que tenga que sufrir más para aprender, porque ya no quiero verla mal, ya no quiero discutir con ella... ya no quiero tener que pasarla por alto para no sufrir y así hacerla sufrir más.

Me he pasado 3 horas escribiendo y corrigiendo esto, en vez de leer para mi tesis. Por eso ya no escribo, porque gasto demasiado tiempo en expresar cosas que me va mejor diciendo en persona, porque me ayuda más el soporte presencial que el feedback del aire. Porque, lo peor es, nadie se va a tirar media hora leyendo esto.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Sobre la debilidad

Y bueno. Como es Diciembre, fin de año y esas cosas, he decidido que voy a empezar con el análisis del año.

Soy de las mayores en mi trabajo. Sobre mí están las dueñas y algunos coordinadores, padres de familia; mi jefa, que casi no duerme de todo el tiempo que trabaja ahí, y una chica de mi edad que se acaba de casar. Me siguen chicos de menos de 23 años, y niñas de 15.

Creo que está de más explicar el contenido de las conversaciones.

Se han armado un par de parejitas en el elenco además de las ya existentes. Además del tema "trabajo" o "estudios", el tema "amor" es el favorito en las conversaciones grupales. Usualmente no participo porque no tengo mucho qué decir. No me gusta gastar mi voz gritando para que me escuchen en el carro, o aconsejar a chicas que, por lo que puedo ver, terminan dos veces por semana con el enamorado pero se juran amor eterno. Me gusta ser observadora (Quizás peco de pasiva, pero usualmente es mi rol), pero el otro día no pude evitar participar.

Y es que escuché, entre otros muchos comentarios, un "sí, estoy volviendo con la chica con la que había terminado hace un mes, pero se la estoy haciendo larga porque no quiero mostrar debilidad".

¿Debilidad?

Esto es lo que creo, es lo que me ha pasado a mí y lo que les dije a estos chicos: Mostrar tus emociones en ningún contexto significa debilidad. Al contrario, hay que ser valiente para dejarse al descubierto. Ser débil no es cosa de emociones o sentimientos: ser débil es la actitud de dejarse vencer.

Tener la capacidad de sentir y tener preferencia por alguna persona y lo que nos pide no es ser débil. En cambio, dejarse llevar por emociones destructivas y pisotear por alguien a quien queremos, sólo porque lo queremos, eso es ser débil. Este chico, que mencionó lo de la debilidad, estaba siendo molestado por ser un pisado, que hacía lo que ella le pedía, aún así no le gustara. "Bueno, lo hago para evitar problemas con ella, porque sino se molesta y me hace roches. Prefiero llevar la fiesta en paz".

Conozco esa postura. Conozco personas que la tienen o tuvieron. Yo misma la he tenido. Y no es agradable, no, sobre todo cuando ese "llevar la fiesta en paz" incluye dentro de un paréntesis un "a costa mía". Aquí hay dos temas, en realidad: Hasta qué punto se es capaz de soportar cosas de otra persona "por mantener la armonía", y el tema que planteé en un principio. ¿En qué momento hay que tener vergüenza de lo que sentimos, y cuándo lo que sentimos por un ex es real, simple costumbre, o necesidad de estar acompañados?

Sobre la primera cuestión:
Soy experta en mantener la fiesta en paz. De buena manera, porque así es mi carácter y porque muchas veces no me molesta ceder con tal de ver a la otra persona feliz, o esforzarme por lo mismo. De la mala manera también, permitiendo que tomen decisiones por mí y jueguen con mis emociones. No quiero pecar diciendo "yo nunca", pero puedo decir que este año he crecido en ese aspecto porque he descubierto lo que quiero, lo que no, lo que soy capaz de tolerar y perdonar y lo que otra persona debería ser capaz de hacer por mí. Y no es que pida mucho.

Ser pisado no es malo siempre y cuando uno no sólo sea feliz con ello, sino que no se trate de cosas que lo degraden a uno. Por ejemplo, está el hecho de dejar de ver a personas sólo porque la pareja no quiere. Pienso que el simple hecho de que esa situación se presente ya habla de una persona algo conflictiva, celosa/posesiva y, por ende, negativa. El amor no posee, no manda. Uno es libre, y con esa libertad regresa al lado del ser amado. Temer perder a alguien porque ve a una chica bonita (o sale de juerga con los amigos sin parejas) le quita aire a la relación y al final termina cansando.

Las chicas del show pecan de celosas. Son lindas, son talentosas, pero no se valoran, y están detrás del susodicho, lloriqueando cada dos semanas porque hizo tal o cual cosa. Ahora: hablar de relaciones es complicado porque se trata de dos mundos complejos y distintos e implica cierto grado de madurez de ambas partes y bueno, no se puede generalizar en nada; pero creo que hay un patrón, y es que "si sufres en una relación, entonces no es una buena relación". Y no necesariamente por la otra persona, sino porque uno mismo no está preparado y hay cosas en las cuales crecer. Quizás hace falta fortalecer el autoestima y la independencia para lograr apreciar la presencia de otra persona que le sume a tu vida, que apoye, que acepte (no necesariamente que comprenda) y que a pesar de todo decida estar al lado de una. Esa es una de las cosas sobre el amor que creo haber aprendido en este tiempo, porque he estado sola y , justamente, fortaleciendo mi identidad. Estar con alguien no sólo es cuestión de sentimiento, también es una decisión que conlleva ciertas actitudes de respeto, pero siempre respetando la dignidad propia. Porque antes de ser una pareja son dos individuos y hay que quererse. Sino, ¿Qué amor se le va a dar al otro?

Y esto me remonta a algo que aprendí en Cieneguilla: El amor verdadero no te hace sufrir. Quien piensa que parte de estar enamorada implica soportar infidelidades, celos enfermizos, desplantes y desconsideraciones o manipulaciones está recooooooontra mal. El amor por definición excluye todo eso, y aceptarlo evidencia la falta de afecto que uno puede tener y que busca llenar a cualquier costa; es el apego, la necesidad de la compañía de cierta persona y sólo esa persona, la que trae dolor.

Yo soy celosa, pero cero posesiva. Me puede costar dejar ir a largo plazo, pero soy consciente de cuándo hay que cortar algo porque no es adecuado. Me cansé de responsabilizar de mi crecimiento personal a terceros, pero es evidente que con varias situaciones de por medio aprendí a cortar con relaciones insanas que me quitaban energía (mental, emocional, física) y no me aportaban (mental y emocionalmente) nada de valor. ¡Punto para mí!

Por la segunda cuestión: Yo no sé si este chico realmente ama a su ex o lo que sean. Pero lo que dijo me hizo pensar en este asunto: me da pena ver cómo la gente que me rodea aún confunde el hecho de "amar a alguien" con "ser débil". Y es que eso hemos aprendido en esta sociedad machista, materialista, progresista, utilitarista y vacía: "lo que importan son los resultados, da igual cómo lo logres". Una de las enseñanzas más grandes que me dejó Cieneguilla y que es la que estoy teniendo presente últimamente (Porque es algo que a mí también me cuesta) es "disfrutar del camino", hasta que llegue a mi meta. Esa es la razón de mi buen humor: disfrutar el camino es vivir el presente, pero no sólo vivir, sino sentir. Si no se siente no se experimenta plenamente, y por ende, no se aprende. Y yo estoy viva porque quiero aprender, perfeccionarme y dejar algo bueno para los demás, sean mis hijos o mi comunidad. Por eso escribo, porque me gusta dejar huella de mi paso por aquí, y sobre todo, procurar que sea una huella positiva.

Creo que no hay que tenerle miedo a lo que sentimos y mostrarnos tal como somos. Si alguien nos quiere es porque nos conoce, y nos conoce tal como somos, sin máscaras. Cuando uno está en una relación, se supone, está con alguien con quien puede mostrarse tal como es y con la confianza de que va a aceptarlo así sus emociones sean negativas, piense distorsionado y se equivoque, pero siempre con la consigna de acompañarlo a que se corrija y mejore como persona. Esa unión espiritual es la más fuerte de todas y la que yo aspiro volver a tener.

Creo que demostrar "debilidad" por cierta persona no nos hace débiles. Nos hace auténticos con los demás, y honestos con nosotros mismos.

Creo que decir "te quiero", "me gustas", "te extraño" o "eres importante para mí" no deberían ser herramientas para elevar el autoestima de otro, sino para mostrarnos vulnerables, humanos, imperfectos, y aún así, tan dignos de respeto y amor como nuestro objeto de deseo. Debería ser una manera de validarnos a nosotros mismos, de mostrarnos respeto y amor a nuestra propia esencia y naturaleza sensible, no sólo a la existencia de otro.

Estoy en una guerra declarada en contra de las cosas de esta sociedad que creo que están mal, y esta es una de ellas (Aparte de la del acoso callejero, en palabras de mi hermana "ahora soy una piraña y le respondo a quien se meta conmigo"), y pienso batallar por este otro ideal que tengo: el de una sociedad libre de emociones calladas, que siempre terminan pudriéndose y trastornádolo todo, y lo que es peor, generando enfermedades tabúes y malos entendidos que serían fácilmente evitables siendo honestos con uno y transparentes con los demás (por eso me autodenomino Cristal).

¿Por qué me dejé convencer de que era mejor construir un muro a mi alrededor para que nadie se me acerque? ¿En qué momento empecé a tener vergüenza de lo que sentía? ¿Cuándo pensé que querer a alguien que no estaba conmigo era malo? Creo que eso, en parte, es lo que me entristeció tanto todo este tiempo: pensar que era inadecuado. Nop, sentir algo nunca va a ser inadecuado: son las acciones que deriven de esa emoción las que pueden ser inadecuadas. En cierta forma, tener tantas ganas de darle cariño a alguien y no poder hacerlo nos puede desorientar y hasta desesperar. Pero lo mejor no es transformarlo en odio o rencor, o algo mucho peor: orgullo. No. Lo mejor es, como dice mi amada Elsa: dejarlo ir. Decirlo. Dejarlo ser. Seguir amando. Guardarlo intacto en un lugar especial del alma., pero no tratar de eliminarlo. Porque simplemente no se puede. Cansa, pero cansa mucho mas luchar en contra de la corriente. Lo bueno de dejarlo ser es que el amor NUNCA puede traer de regreso rencor ;)

Y es que sentir es estar viva, y estar viva implica felicidad :)

El domingo fue el cumpleaños de Laro, y me invitó a recibirlo con él y sus amigos en un bar. No salté de alegría porque estaba en la movilidad regresando de un evento. ¿Cómo la pasé? Alucinantemente bien. Me reí mucho con la gran amiga que me acompañó, pero me hubiera encantado hablar más con él. Me daba miedo, vergüenza: conozco lo habladores que son sus amigos y no tengo ganas de complicarme con nada que me quite energía como aparentar cosas y eso. Esta situación de retomar contacto con alguien es rara para mí, así que en cada oportunidad estoy con los sentidos bien despiertos, captando información como una maquinita. Estoy un poco ávida de acontecimientos, pero a la vez no tengo nada de prisa (Sobre todo porque vivo para los shows y con las justas como y descanso). Hubo, si, un momento que para mí fue clave: yo estaba volviendo del baño y de casualidad me encontré con él en un pasillo. Ahora lo puedo decir porque ya lo analicé: me reprimí un impulso gigante de abrazarlo. Por poco me abalanzo sobre él de la felicidad. "Felizmente" me contuve, creo, porque no sé cómo lo habría interpretado. A veces hay que comportarse, por consideración con la mente de la otra persona que probablemente no entienda lo que pasa.

Y he aquí el kit de asunto: Nunca me han gustado las cosas sin nombre. Pero empiezo a comprender que hay algunas que requieren, efectivamente, cierta libertad hasta que tomen forma.

Si hay algo que he descubierto en estas semanas es que quiero mucho aún a mi ex. Mucho. No sé de qué manera, pero no puedo evitar sentir algo bonito por él. Creo que en parte es normal porque vamos, ¡es mi ex! ¡Siempre va a haber algo entre él y yo! (Creo que es en parte ese algo lo que hace que mis amigos del show estén terminando y volviendo con sus parejas cada dos por tres). Por otro lado, es algo que me sorprende, porque lo había dado por muerto (O enterrado vivo, que en aras de este asunto es lo mismo), y porque es algo en lo que simplemente no quiero pensar para no complicarme. YO NO QUERIENDO COMPLICARME. Ja.

¡Wait, no, Ja no! ¡Punto para mí!

Bueno. Eso era. No sé qué es, aún no tiene nombre. Lo único que sé es que a mí me hace bien, me trae alegría sentir esto. Fui demasiado feliz a su lado y hoy por hoy no veo la situación con la tristeza de que ya no es así, sino con la alegría de que sucedió. Probablemente él no siente lo mismo y bueno, en realidad, me da igual, porque me basta con que a mí me haga sentir bien. Por eso no se lo digo directamente y más bien permito que lo sepa cuando lea este post ;)

Y ojo, me sorprende que igual puedo querer de una manera similar a otras personas (Como Mr. Red, que está guardadito hasta que sea momento de darle forma también). El corazón no tiene que ser exclusivo de nadie. Mientras más grande, mejor. Eso nos hace fuertes. Y creo que, con todos mis errores y locuras, soy una mujer fuerte. ¡Un punto más para mí! :D

Finalmente: estoy convencida de que hay que dar el ejemplo para poder lograr cambios en esta sociedad. Por eso escribo aquí lo que pienso y siento. Y no tengo vergüenza de que lo sepan los implicados.

Así que los reto a todos ustedes a decir lo que sienten a sus seres queridos (Y no tan queridos) de una manera asertiva, sobre todo ahora que se acerca Navidad y Fin de Año y hay que cerrar capítulos o limar asperezas para empezar bien el próximo año. Se los aseguro: no se van a arrepentir. No lo hagan para conseguir una respuesta o lograr un cambio de actitud de manera inmediata o visible (Como, creo, yo lo estoy haciendo). Tampoco lo hagan para quedar bien con alguien. Háganlo por ustedes, porque no sólo ellos se van a sentir bien: ustedes mismos, aceptando y validando sus propias emociones, van a sentirse más plenos, en paz con el universo, fuertes y agradecidos. Y no por nada dicen que el agradecimiento es la emoción más bonita de todas :)

Yo, por mi parte, estoy agradecida de poder estar viva para poder sentir esta alegría y este amor hacia otras personas :)

lunes, 1 de diciembre de 2014

Todos vuelven y gracias

(No estoy con vena escritora hoy así que perdonen la simplicidad)


Estos días han sido super agitados: preparar mis trabajos finales, y a la vez el inicio de la Campaña Navideña en mi chamba (Para que se hagan una idea: Lunes y martes me la pasñe tirada en mi cama resfriada y adolorida; el miércoles grabé de 4pm hasta las 5am, el jueves me pasé toda la mañana y tarde caminando por todo Lima buscando materiales y casi no dormí en la noche, el viernes estuve haciendo trabajos y terminando detalles para el sábado; no dormí en la madrugada y me paré a las 7 para el primer show de la Campaña Navideña, luego me fui al instituto a dar dos exámenes finales y luego volé a animar un cumpleaños. Pero como bien dicen, "sarna con gusto, no pica" ;) ) Y todo esto unido a una mal ganada tendinitis en ambas muñecas. ¿Se acuerdan que el año pasado estuve con férulas en ambas manos? Bueno, por andar de payasa cargando cosas y mil horas en la computadora jugando, me volvió de nuevo el dolorcito y he estado con analgésicos, frío y férulas las dos semanas pasadas. Felizmente ya estoy mejor así que ya puedo escribir contando lo que hace días quería contar:

Hablé con Laro. 

Nos encontramos una semana después de que me habló. Para hacerla corta (porque aún tengo exámenes finales que preparar y no interesa transcribir aquí lo que me dijo), la conversación fluyó mejor de lo que yo misma me había imaginado. Yo me imaginaba que se me iba a salir el resentimiento y todo lo que había guardado todos estos meses, y que iba a venir con una actitud diferente y pidiéndome cosas... Pero nop. Para mi "pesar", esta vez yo no tenía la razón y mi imagen de él (la cual construí todo este tiempo) estaba bastante equivocada.

Hablar con él me ayudó a terminar de sanar esa herida grandota que he tenido todo este tiempo. Aclarar las cosas, conocer su perspectiva y lo que pasó por su cabeza y su corazón todo este tiempo que no he cruzado palabra con él me ha ayudado mucho a dejar ir el pasado. Cerrar el capítulo. Me siento libre y contenta de saber que está ahí, accesible, y que no me va a chotear si lo busco para simplemente saludarlo, desearle que le vaya bien, bromear o quién sabe, más adelante ir al cine con amigos mutuos :)

Sin embargo, más allá de todo lo que pueda haber pasado entre nosotros y las cosas que me pueda haber dicho (Que sólo el tiempo dirá si son verdad o no, aún me niego a creerle al 100% pero me hace bien considerar cierto lo que me dijo en un 70%), quiero rescatar uno de sus comentarios (Parafraseando): 

"Cris, siempre leo tu blog y encuentro mi nombre, y eso me hace sentir halagado; pero también me preocupa, porque veo que arrastras una lista de personas a las cuales piensas que has perdido. Y no es exactamente así. Estás amarrada a tu pasado y es obvio que no vas a poder avanzar si sigues con esa carga".

El que me diga eso, la verdad, me molestó un poco. ¿Qué miércoles hace opinando acerca de mí luego de tanto tiempo de que ni me habla y hasta me ha evitado? ¿Qué le hace creer que leyendo mi blog va a conocer por completo a la persona en la que me he convertido? Aquí no está todo lo que pienso acerca de todo lo que sucede, sólo lo que considero que debo escribir. Y hay otro punto, que es que este blog está "pintado de un color" para darle un sentido, pero mi vida tiene muchos matices y colores distintos. Yo no vivo lamentándome como antes, como parece que él (Y otras personas) piensan.

Sin embargo, y esto es lo que le agradecí, tiene razón en algo: si bien no vivo lamentándome, aún me lamento. Aún me tengo pena, aún vuelvo en este espacio mis tristezas, aún escribo sobre gente que ya no está. Es evidente que no he terminado de dejar ir muchas cosas, y ese es uno de mis más grandes defectos: el apego. El día anterior a encontrarme con él mi mamá también me habló de lo mismo: "el hecho de que haya gente que se aleja físicamente no implica que ya no existan, ni que no te hayan querido o no te sigan queriendo, ni que ya no estén contigo. Tus 'pérdidas' son momentáneas: estás ganando amigos, y eso es más importante que una pareja". 

Así que, señores, ya vislumbro una de mis resoluciones de Año Nuevo: trabajar en esa sensación de abandono tan fuerte que tengo cada vez que alguien querido se aleja. La vida no ha acabado ni acabará porque una relación termina o se convierte en algo distinto. Yo quedo enriquecida con cada persona que pasa por mi vida. Claro, el punto está en convencerme totalmente de ello.

Mi relación con Laro decayó no sólo por mi "culpa". Llegó un momento en que él no supo qué hacer conmigo, y adoptó un papel paternal que simplemente yo no quería ni necesitaba, y eso lo cansó. No fui yo, fue él mismo. Luego de que se fue y estuve con Brownie yo pude pararme solita, construir mi carácter y fortalecer mi actitud (Sobre todo teniendo en cuenta que esta vez era yo la sana y él el enfermo), y todo este año sola me ha servido para continuar conociéndome y construyendo a la verdadera Cristal. Y no creo estar terminada, me falta mucho, pero creo que he avanzado muy bien.


Es verdad que sigo teniendo pensamientos negativos que me minan y me aferro a experiencias negativas por pura costumbre, porque se me hace más fácil vivir con una razón para estar triste, porque la depresión es cómoda. Pero lo cierto es que cuando tengo la oportunidad, y en contra de lo que muchos saben, sé ser feliz. Y lo disfruto un montón :)

Es verdad que últimamente he estado bajoneada, sobre todo porque me sentía sola y aburrida, y luego Mr. Red volvió con fuerza y me contó que se queda allá, lejos... Pero la vida sigue. Y adoptando el consejo de Laro, y todo lo aprendido en este trayecto, dejando de mirar atrás y concentrándome en el presente es lo que me ha ayudado a que el día de hoy, 1ro de Diciembre, me sienta plena. Y sin necesidad de estar acompañada de nadie. Fácil es el bueno humor que tengo porque estoy más libre y empieza Diciembre, que es mi mes favorito del año, pero creo que soy una persona feliz desde hace mucho tiempo. Sólo que a veces me olvido de ello porque me enfoco en lo que me falta y en lo que está mal.

He hecho antes listas de las cosas por las que me siento afortunada, pero creo que hasta ahora no han sido tan sinceras como el día de hoy. En primer lugar, me siento agradecida con la vida por seguir estando de mi lado. Pienso (No, estoy convencida) de que, a pesar de las dificultades que siempre hay, tengo demasiada suerte y soy bendecida en muchísimos aspectos.

Nosotras, las personas con TCA, tenemos un graaaaaaaaan defecto que se llama "perfeccionismo y visión del detalle", que consiste en darle demasiada importancias a las cosas que no nos gustan. Eso, aplicado en el cuerpo, se lee como: "mis caderas miden dos cms más de lo que me gustaría, ergo estoy gorda, y mi imagen mental de mí misma es la de una pera". Fijándonos en los detalles físicos que no nos gustan es que los magnificamos de manera que se crea una imagen completamente distintas de cómo somos. Una técnica que me enseñaron fue tocar mi cuerpo y dibujarme cómo pensaba que me veía. Y eso, creo, se puede aplicar también en el aspecto interno. Tengo hartos defectos (Basta leer este blog para darse cuenta de ellos), pero no son todo de mí, ni siquiera la mayoría. Estoy contenta con ser quien soy la mayoría del tiempo, y eso no sólo es un logro sino una bendición, porque realmente creo que soy genial en muchos aspectos (Me siento orgullosa de mi CI, mi capacidad creativa y crítica, y mi inteligencia emocional). Sólo mirándome de manera objetiva puedo encontrar que soy un ser humano imperfecto, pero con la ventaja de ser consciente de ellos y trabajar por mejorar a cada segundo de mi vida. Mi problema es esa lupa enfocada en lo negativo.

Si me guío por la lista de cosas buenas, encuentro que en segundo lugar está mi familia. Será todo lo disfuncional que se quiera, pero es mi familia, y la adoro. Me estoy llevando cincuenta veces mejor con mi hermana: me he dado cuenta de que sólo era cuestión de esforzarme por escucharla más y darle más cariño. Con saludarla y despedirme de ella he logrado cambios increíbles en nuestra relación que pretendo mantener y mejorar. El problema es que soy mucho como Elsa, acostumbrada a vivir en mi cabeza y sin saber qué hacer cuando tengo alguien a mi costado que quiere ser parte de mi vida. Mi mamá es un caso aparte, está un poquito loca y tiene cosas raras, pero todos los valores que tengo y mucho de mi forma de pensar son gracias a ella. Y los imito porque considero que son cosas buenas que ella me ha enseñado porque son parte de ella. La fe en la gente, la fuerza de lucha (Y también el desorden) son heredados. Mi hermano es un poco lejano, pero por ello más querido cada vez que lo veo. Es un chico muy bueno, inteligente, juguetón y divertido. Mis perros, una fuente de cariño inagotable. Tengo muy grandes amigos, poquitos, pero fieles, que siempre se preocupan por mí, no sólo para pasar un buen rato, sino para ayudarme a crecer. Resalto a Annie chan, que está conmigo para hacer travesuras y para secarme mis lágrimas (literalmente).

Vivo en un departamento bonito, en una zona de la ciudad céntrica, que me encanta. Tengo todo a la mano: mi trabajo a 10 cuadras, el instituto a 5, tiendas y centros comerciales a minutos, y un parque grande donde mirar el mar y el cielo acompañada de mis conchudines. Trabajo en lo que me gusta, y me gusta mi trabajo; estudio una carrera que me gusta, que es lo suficientemente demandante como para ponerle empeño sin sacrificar mi salud ni mi tiempo libre, en la que me va muy bien y en lo que soy muy buena, en un lugar bien implementado y donde respetan mi integridad. 

Problemas y defectos siempre hay, en todos lados. Depende de mí fijarme en ellos o no.

La gente siempre va a estar de pasada. Con la única persona con la que tengo que estar en paz es conmigo misma. 

Y me esfuerzo en mirar lo pequeño, lo positivo. Ese es mi verdadero yo, el que se alegra por un día de sol y un pajarito cantando en mi ventana y no se amarga por cualquier cosa. La que no necesita de alguien más para que apruebe sus actos y la haga sentir especial y querida. 

Me da pena, sí, y me cuesta el cambio de tener a alguien versus que esa persona se vaya. Pero queda conmigo el resto de cosas que he enumerado.

Gracias, Laro, por recordarme que aún tengo cosas en las que trabajar. Por hacerme notar que de nuevo he estado cayendo en la autoconmiseración y autoindulgencia, y que puedo cambiar eso. Gracias por enseñarme que, de verdad, la gente se puede alejar un rato, pero nada es eterno. Ni las relaciones, ni los finales. Gracias por preocuparte por mí y por ser sincero en tus consejos, esas son las críticas que realmente valoro. Yo también te guardo mucho cariño,y aunque no se muy bien quién eres el día de hoy, si veo que estás flaqueando en algo, te lo diré.

Por mi parte voy a seguir trabajando por no bajar la guardia hasta controlar mi detallismo, y concentrarme en las cosas positivas y estables de mi vida. Dejar ir a mis afectos es parte de crecer, y es necesario para poder dejar venir cosas mejores.

Además, y aquí cito un cliché que creo que se aplica: "Déjalo ir. Si de verdad es para tí, regresará".

;)






sábado, 8 de noviembre de 2014

Alienación y reputación

Me provoca contar algo que me pasó anoche, por lo inusual, y porque es algo que (para variar) me ha puesto a reflexionar sobre mí misma. Probablemente voy a parecer una vez más una quinceañera por contar lo que voy a contar. Pero ni modo, pues, ¡¡¡así me pasa!!!


Luego de tener show en la tarde, me fui a casa de un amigo a un mini torneo de Beer-pong. Ahí se apareció Sheldon con un amigo al que llamaré "el Tocayo", a quien conozco de antes por ser amigo de mi ex, Laro. Decidí irme con ellos porque iban a un lugar cerca de mi casa y podían jalarme, pero en el camino decidí quedarme con ellos y seguir a Sheldon en sus "movimientos por la Lima nocturna". Luego de una conversación muy paja en la puerta del primer local y debido a que no logramos entrar, Sheldon decidió ir a su siguiente destino: una fiesta rave.

Nunca había ido a un Rave, que al final no era tan rave porque la música era más bien tranqui. Al parecer es un evento que siempre se hace, y esta ocasión se hizo en un local que recién están terminando de construir, por lo que había polvo de construcción en las paredes y ningún adorno colgado. Pagué mi entrada (SÍ, GASTÉ DINERO EN PAGAR MI ENTRADA) y ya desde la puerta me fui dando cuenta de cómo iba a ser la cosa por dentro: gente drogada y hipster.

Yo no me considero hipster, pero sé que lo parezco, y probablemente lo soy, y me da igual. Muchas veces cuando camino por la calle me han hablado en otros idiomas pensando que soy extranjera y mis amigos siempre me dicen que me visto medio hippie. Con lo tímida que soy en grupos grandes, la vergüenza no me permite moverme mucho, así que mis movimientos de baile son más bien robóticos, semi catatónicos; sumando el cansancio de haber estado casi casi modelando el vestido de Elsa en la fiesta de cumpleaños (Y el hecho de que mis juergas básicamente tienen música infantil y hay chocolates y sanguchitos en vez de alcohol), pues como se entenderá, además de sentirme como un pez fuera del agua, sin maquillaje y vestida como para salir y volver a mi casa sin parar en ninguna parte (Jean, botas marrones, cafarena fucsia, chompa beige de brillos tejida, una casaca de cuerina marrón, cero maquillaje y una trenza en el pelo), me veía RARA.

Lo cual, para fines de esa fiesta, era perfecto, porque por alguna razón, la gente parecía haberse empeñado en vestirse raro xD

Bueno. Estaba parada en un pasillo conversando con mis pocos amigos y varios conocidos, por ahí que saludé a mi prima, siempre hermosa y bien vestida, o a un amigo con el que actué hace años que también conocía a la gente de ahí, o a los amigos de mis amigos, que hay que saludar porque hay que ser educada y vamos, estoy entrenando mis habilidades sociales, no se aprende a ser una socialitè de la noche a la mañana y no lograré sentirme en mi salsa si no interactúo con otros seres humanos cara a cara... Y en eso me presentan a un chico. No era nada feo, pero yo no estaba interesada en gilearme a nadie, sino más bien divertirme y hacer amigos. Por ahí que miraba a ver si había alguien interesante, pero este individuo no calificó como tal. Uno más, de los tantos conocidos que estaban pululando por ahí, que saludan y te miran de reojo mientras conversas con tu gente. Yo, la verdad, estaba más concentrada en parecer relajada, moverme al ritmo de la música como a quien le gusta y evitar autistear, mi especialidad. Tarea un poco difícil si sientes que todos los chicos no gays de la fiesta te miran, sea porque te ves bien o porque te ves mal.

En fin. Estaba sentada en un muro mirando a la gente cuando este chico se sentó a mi costado y luego de preguntarme que hacía por la vida me invito a bailar.

Alerta amarilla.

Le dije que más tarde. Me di cuenta de que me interesaba más conversar con él que bailar, a lo mejor me hubiera gustado que me saque a bailar otro chico que me atrajera más. Pero a los dos minutos me volvió a invitar, y esta vez me pareció muy rochoso decirle que no, así que acepté.

Alerta naranja.

Le advertí que no sabía bailar música electrónica, me relajó el saber que podía hacer lo que me diera la gana y no iba a parecer fuera de lugar (Lo cual me pareció perfecto, creo que si pudiera pertenecer a algún grupo debería ser ese en el que mientras más raro bailas, te mueves, te vistes o hablas, más normal eres), y nada, bajamos a la pista de baile.

No era un lugar abarrotado, por lo que el chico me jaló hacia la mitad de la pista, pero se me pegó como si tuviera personas a su alrededor que lo empujaban hacia mí. No se pegaba como uno se pega sin querer a otra persona, incómodo, mirando a otro lado que no sea la cara de una, no: se me pegaba con toda la conchudez que (espero) el alcohol y la seguridad en uno mismo te permite.

Alerta roja.

Me dio un poco de envidia su seguridad en sí mismo.

El caso es que estaba incómoda (Y a la vez expectante, eso no me suele pasar seguido), por lo que me alejaba lo más que podía (No funcionaba) y redireccionaba sus manos cuando por ahí bajaban más de lo que mis amigos suelen tocar. Hasta ahí, siempre trato de pensar, puede ser simplemente su estilo de baile, una costumbre inconsciente más que un movimiento de seducción, por lo que si bien cuidé de mi espacio personal, no fui clara. Pero cuando empezó a buscar mi cara, ahhh no, ahí, brother, estamos hablando de otra cosa.

Parecerá chistoso que lo cuente, pero muy pocas veces me ha pasado eso de que estoy bailando con alguien y me quiere besar. Una vez fue en mi viaje de promoción. Las chicas con las que fui hacían concurso para ver quién besaba más chicos. Alguna vez en alguna otra discoteca, no recuerdo bien. Pero la mayoría de las veces, como he salido con mi pareja o simplemente no voy a discotecas, no he tenido que anunciar que no estoy interesada con mi lenguaje corporal ni he tenido que defenderme. Así que, en mi ignorancia y apelando a mi sentido común, le alejé las manos y le dije bien clarito: "Discúlpame, pero en serio, no soy de hacer esas cosas. Lo siento": El chico rió, me dijo que no importaba, que igual seguir bailando era divertido, pero como a los 5 minutos y a pesar de distraerlo con un poco de conversación tonta como "qué pajas las luces" o "espero que este paso no se vea muy extraño" volvió a insistir. Así que le dije para volver con mis amigos, porque El Tocayo tenía mi casaca.

No había nadie donde habían estado todos, así que nos pusimos a conversar un poco sobre Halloween. A los pocos minutos me dijo que quería volver al baño y me hizo una seña de que lo espere donde estaba. Felizmente apareció El Tocayo y Sheldon, y aunque les dije que el chico éste me había dicho que lo espere, me dijeron que fuera con ellos a la pista de baile, que daba igual, que no tenía por qué quedarme ahí. Medio culpable me fui con ellos. Al rato nos lo encontramos en otro lado, conversando con otras personas.

No pasó mucho tiempo y decidí irme a mi casa. Eran más de las 2 de la mañana y hoy tenía clases (Y ya no puedo seguir faltando por flojera), así que le pedí al Tocayo que me pasara mis cosas para irme. En el camino a su carro para recoger mi mochila le conté lo sucedido y que me sentía mal por eso, porque "soy una nerd" por no haber besado a este chiquito. Me dijo que aunque ahora la gente se agarra a cualquiera porque le provoca, no tenía por qué aceptar al primero que se me acercara, y que fuera viendo si realmente quiero o no quiero probar alguna vez besar a un desconocido. Después de todo, también soy humana, tengo impulsos y necesidades, y esas cosas que siempre te dicen para tranquilizarte y decirte que si bien no eres rara, siempre es bueno seguirle la corriente al resto aunque sea un poquito.




Pero no. El problema, si es que existe alguno, es que a mí no me gusta seguirle la corriente a las personas en este tipo de cosas. No es culpa de mi educación en colegio de monjas, porque la mayoría es normal y se va a una discoteca bien rica y apretadita a chapar con el que se le plante en frente. Debe ser algo de mi familia, de lo que me enseñó mi mamá. Pensaba que iba a ser lo mismo que con mis parejas, con quienes me suelto relativamente rápido (Tan rápido como me voy encariñando). Pero veo que no.

¿Se puede aprender a ser más mandada? ¿Debería aceptar un beso de un chico que me saque a bailar la próxima vez que alguien se me insinúe, simplemente porque es normal? ¿Soy una cucufata por miedo o porque realmente pienso que ese tipo de cosas no van conmigo?

Ya he hablado de este tema antes, cuando en mayo me bajé la aplicación esta de Tinder y sopesé la posibilidad de probar conocer gente por la vía fácil. El punto es que yo no busco algo superficial, y sé que en una discoteca no voy a entablar amistad con alguien churro que se me acerca a bailar (Si es que tengo suerte, porque usualmente no me interesa la gente que se me acerca). No me gusta esta sociedad vana en la que el amor es cosa de un beso y a la vez un beso no significa nada. Simplemente no me parece divertido andar compartiendo saliva y bacterias con gente que no conozco sólo porque "tengo necesidades y esa persona me parece atractiva", en mi opinión es una manera de justificar la falta de sentido. A mí se me hace mucho más fácil besar a alguien en una reunión que en una discoteca, y que ese alguien sea alguien que no sólo me atraiga físicamente. Será quizás por las veces que he besado a compañeros en escena, pero no me gusta besar a alguien sin sentir nada más que hormonas efervesciendo. Yo quiero algo real, no me gusta la imitación. Pero, lamentablemente, al parecer es necesario que tenga que adentrarme en la aventura de dejar de ser un poco yo para sentirme mejor conmigo misma por al menos intentarlo y no quedar mal. Lo digo porque me siento presionada por un grupo social en el que es normal hacer eso y si no lo hago no seré aceptada ni querida. Qué tonto, qué fútil... qué contradictoriamente necesario para poder encajar.

Hoy en la mañana estuve dándole vueltas al tema y he llegado a la conclusión de que podría, sí, aceptar el consejo del Tocayo y quizás más adelante, poco a poco y conforme vaya cogiendo más soltura en situaciones sociales, aceptar que un chico desconocido (QUE ME GUSTE) me bese. ¡Pero no el primero que se me para en frente después de años, pues! ¡Y menos si simplemente no me atrae, si no lo conozco, y si encima me ha hecho sentir como un objeto!

Porque si hay algo que detesto de esta sociedad tan machista es eso, que las mujeres se conviertan en una perra si besa a un chico pero el chico sea un ganador si besa a una chica; que no pueda caminar tranquila en la calle (menos en un bar) sin sentir que estoy en una especie de mostrador, a la vista de los compradores. Además: si ellos pueden, ¿Por qué yo no? Si las personas que me interesan o me han interesado probablemente han hecho eso (O lo están haciendo en este momento), ¿Por qué pensar que me voy a mancillar por eso? No digo que voy a ponerme ropa dos tallas menos, mostrar mis pocos atributos y encamarme con el mejor postor, pero, Dios, algo tengo que vivir, ¿no?


Sí. Pero a mi manera, con dignidad, haciéndome respetar, y piña si es que parezco una monse por no hacer lo que todos hacen. No quiero sacrificar mis principios por parecer algo que no soy.

No sé. Supongo que con los días me iré ordenando internamente. No tengo por qué sentirme mal por ser yo misma.

Creo que más importante que parecer o encajar sería trabajar en esa autoestima que hace que me sienta tan insignificante. Mejor me concentro en eso y en mejorar socialmente con la gente que se me acerca simplemente a conversar (Y que probablemente, en contra de lo que pienso, no busca nada más que eso), no en situaciones como la de anoche.

Me siento mal porque creo que estoy cagada. Pero no me voy a rendir, y voy a seguir luchando por mejorar, sobretodo esa inseguridad. Después de todo, a veces puedo ser el alma de la fiesta y tener conversaciones súper interesantes y profundas, que, finalmente, es lo que a mí me interesa.


Sí, tan mal no estoy.

¡Si tan sólo a alguien le gustara yo por ser así, tal cual como soy, con mis ganas e intentos de cambiar lo malo que hay en mí pero con mis locuras, incluidas las de este blog...!

viernes, 8 de agosto de 2014

Sopa de letras


Este es mi post número 100, coincidiendo con las 17 000 visitas. Gracias a quienes me leen, aunque sea de casualidad, a los que se tragan todo el floro que meto, y a los que me comentan a pesar de la flojera. Para mí significa mucho que le hagan click a este espacio y aunque sea algo quede grabado en quienes me leen, y me alegra tener compañía y recibir comentarios (Sobretodo en esta época), porque me hacen sentir que no le escribo al vacío. Trato siempre de que la flojera no me gane y responda a quienes me escriben, aunque sea agradeciendo. No crean que los paso por alto, no señor.

Bueno. Mi idea para celebrar el post número cien y las casi 20 000 visitas (No digo que me lean de verdad tantas personas, pero sí es un número grande de clicks, al menos) era escribir algo bonito.

Lamento tener que decir que no estoy pasando por un momento que me permita escribir algo lindo que vaya con mi filosofía.

Hoy estoy visitando mi blog a modo de depositario, vertedero, cuaderno de anotaciones, espacio donde anotar mis ideas, ordenarlas, analizarlas y encontrar una estrategia. Es una manera de "hacerme bien a mí misma" y por lo tanto no estoy yendo en contra de mi política constructiva (Aunque seguramente, y me adelanto con las disculpas, voy a sonar a queja o lamento), así que espero que sigan lo que estoy a punto de escribir aquí y sirva de algo. Si me sirve a mí, feliz, pero si le sirve a alguien más, feliz al cuadrado :)

A ver. El título es porque así me siento: una sopa de letras desordenadas y frases enredadas en mi mente. He estado postergando (para variar) el escribir aquí esperando un mejor momento, pero bah, que el momento es ahora, no hay otro. Por higiene voy a tener que sacar lo que hay dentro, porque no quiero verbalizarlo y porque necesito expresarme.

Parto de la premisa del post anterior: me estoy sintiendo sola. Le escribí a mi papá, me respondió, le dije para vernos, pero al final le cancelé la cita escribiéndole lo siguiente:


Hola "Apá" (Acotación: me firmó el mail anterior así. Y yo no suelo decirle papá jamás, así que el hecho de que ponga esta palabra significa bastante):

Se supone que no debería dar explicaciones, pero quiero cerrar este asunto y no me gusta dejar a nadie con los crespos hechos.

El mail que te envié lo hice x un impulso y una necesidad insatisfecha, imaginando y esperando cosas q, en la realidad, desgraciadamente no van a poder darse. Al menos no en la actualidad. Espero que en un futuro, cuando yo sea aún más madura y realmente no espere algo que no puedes darme.

Llamémoslo infantilidad de mi parte, me doy golpes de pecho, pero por mi salud no es conveniente. Espero que lo comprendas.

¿A qué me refiero con lo anterior?
A que lo que mi niña necesitaba era un papá, no un admirador o un chofer. Lo que me diste y lo que me ofreces ahora es una fantasía de relación que en los hechos no existe. Habrás esperado en la puerta y en los ensayos, pero bien pudo hacer eso mi guardaespaldas. Yo no necesitaba eso. Y ahora, podremos salir a tomar algo, pero ser un papá es más que eso. Es algo que ya no me vas a poder dar, xq ya vi que no estás dispuesto a cambiar ni aceptar errores, y eso lo tengo que aceptar de una vez por todas.

Básicamente es eso, y el hecho de q si te das cuenta, no tenemos nada de qué hablar que no sea un tema pesado. Y no me refiero a quién pagó qué, porque el dinero, al menos para mí, es lo de menos. Mis razones van por un lado que ni tú ni mi mamá comprenderán, xq ambos están envenenados de rencor, aunque no quieran aceptarlo. 

Y hablando de dinero y juicios, sólo dos acotaciones: cuando me enteré de que ibas a tener otro hijo, me molesté contigo porque temía que pasara lo que está pasando, que te distanciaras más y te desentendieras xq tenías a alguien más indefenso a tu cargo. Fue tu decisión no hacerte cargo de nosotros o hacerlo tarde, por lo tanto, tu responsabilidad, yo no tengo la culpa de lo que pase con él y tu familia, sino tuya, x li que no asumiste en su momento. Te expresas como si pagar los colegios y universidades fuera un extra, no una necesidad innata y una responsabilidad que viene con la paternidad y que es siquiera digna de discusion. Y te digo, y lo sabes: te comprometiste a eso y más. Y es ese "eso y más" que se te reclama. Yo soy conciente de que tú pagaste muchas cosas, la incertidumbre horrorosa que pasé por esperarte me lo recuerda. Pero no fue todo lo que te correspondía. Te agradezco x el viaje de promoción y las deudas contraídas, pero no fue suficiente. Y no me puedes negar que hubo negligencia y desinterés. Sabes por qué? Porque no eres el único caso de padres divorciados que conozco, y soy testigo de qur cuando realmente se quiere, la plata aparece del aire. Y tú no eres ningún incapaz.

Esto va a ser lo último que voy a decir sobre el tema, xq es todo lo que tengo guardado y por reclamar. No tebgo interés, como te dije en el mail anterior, de sacarte trapitos en la cara, xq no terminaría nunca. No soy como Valeria que apunta cada na de tus fallas y las reclama cuando encuentra oportunidad. Yo sé de lo que hablo, aunque a veces no tenga palabras para ello y no me pueda explicar ni defender, y sé que por encima de cualquier pleito necesito tranquilidad y mirar hacia adelante, no hacia atrás como pareciera que todos hacen. Y por ese mirar hacia adelante es que te he perdonado hace tiempo pero me cuido de exponerme a veneno.

Eso no quita que más adelante, si las cosas adquieren una mejor forma, yo no quiera "retomar" lo que sea que teníamos o "encontrarme" contigo de vez en cuando para conversar y quizás compartir algo. Porque, repito, no te guardo más rencor que cariño. Pero simplemente ni existes en mi vida, y cuando sí, causa malestar de cualquier manera. Entonces, no tiene sentido buscarte. 

Gracias igual por la disposición, que sepas que de todo es lo que más he valorado. Quiero pensar que no ha sido tu intención encontrarnos para manipularme a tu favor (como con tu mail) sino porque querías saber de mí.

Que sepas que estoy bien, trabajando en un restaurante y pagándome mis estudios, para independizarme y más adelante retomar medicina x mi cuenta. Sin tener que pedirte nada ni a tí ni a mi mamá. Que sepas que estás lejos de ser abuelo biológico, de momento, que me gustaría viajar y alejarme de todo pero la plata no me lo permite, que no me la paso a dieta pero sí me cuido un montón y a veces me salgo de la raya, que trato de hacer yoga, sigo haciendo shows y tratando de actuar y estoy un poco obsesionada con Frozen. Una psicóloga y psiquiatra diferentes me diagnosticaron déficit de atención, lo cual explica muchas cosas de mis conductas, aislamiento, mi raro sentido del humor (no, eso no es genético), y mi despistadez. Hace unas semanas me compré mis pastillas en inkafarma y me fui sin recogerlas, y hoy en vez de botar la pasta de dientes de la boca, me la tragué. Como para que te hagas una idea de dónde ando.

Que sepas, de nuevo, que te quiero de alguna forma, pero eres una persona complicada con la que al menos hoy no me conviene relacionarme. No necesito más drama en mi vida, y, seamos honestos, vernos no va a traer alivio sino más drama. Y que no pretendo volver a abrirme ni repetirte todo esto.

Vive tranquilo, has las cosas bien y mírate de vez en cuando para que no repitas errores. Y si puedes, resarce los que tuviste. La vida aún no se acaba. Te lo dice mi parte esperanzada, la que debo olvidar porque me cuesta aceptar que no vas a cambiar ni vas a ser lo que espero.

Eso es todo.
Un... apretón de manos? Algo.

Cris*

No he tenido respuesta hasta el momento y ya ha pasado una semana. Entiendo lo que significa el silencio de su parte y creo que está bien.

Bueno. Este pequeño evento fue un impulso subconciente de llenar ese vacío/esa necesidad insatisfecha que tengo. Y lo profundizo con la siguiente comparación: toda la semana pasada me la pasé leyendo la trilogía "50 sombras (De Gey, más oscuras y liberadas)"


¡SPOILER ALERT!


y aunque efectivamente se trata de pornografía escrita, fue una historia que me tocó mucho. Me explico, las conversaciones entre los personajes, el tipo de cosas que se decían los protagonistas, esas cotidianeidad y encanto de lo novedoso a la vez me hizo acordarme mucho de cuando estuve con pareja. Nostalgia y alegría, emociones encontradas. Pero a la vez, la parte del contenido psicológico que explica la supuesta fijación de Christian Grey con el sadomasoquismo (Sus carencias en la primera infancia) fue lo que más me hizo pensar. Estoy lejos de ser Grey, pero creo que, así como él, yo también busco llenar esa necesidad insatisfecha; en contraposición con él, no me la paso pegándole a la gente porque no he conocido golpes ni maltrato; pero sí rehúyo de contacto físico con la mayoría de personas porque estoy acostumbrada a no sentir el roce de otra persona. No canalicé mi rabia mediante el daño a otros, sino hacía el daño a mí misma. No me la paso tratando de controlar y proteger a mis parejas porque es mi manera de compensar el hecho de que de niña me sentí impotente por no poder evitar que mi madre muriera, pero sí busco que me acepten, me reconozcan, me quieran, me acompañen y se preocupen por mí. No busco parejas que se asemejen físicamente a mi papá, y de hecho, sí acepto que lo quise y que hasta ahora siento algo por él, pero muchas veces me encuentro fantaseando con que se aparece, o que tengo a alguien conmigo que me engríe y protege. No soy hipersexual, pero sí necesito atención y mimos. Y gracias a esta lectura he descubierto que me afecta estar sola justamente por todo esto.

Cuando yo estaba empezando la secundaria, podía pasarme días sin hablar y sin tocar a nadie, y sin que nadie se percatara. Fue una época dura, sumamente oscura, y actualmente me siento "en descontrol" porque estoy en una situación similar de poca interacción con otros. Sí, hay diferencia en que ahora yo me expreso, bromeo, canto y río (Bendita habilidad aprendida de autorregular mi estado de ánimo), pero no intimo con nadie, no comparto en un nivel más profundo. Y ya sabemos que en mis padres no puedo contar, y que mis hermanos están metidos cada uno en su vida como para pedir simpatía por ahí. Negar que tengo una necesidad de ser querida, notada, apreciada, tocada, sería seguir mintiéndome, y ya terminé con esa etapa. Mi intención es "hacerme el bien" para poder ser feliz, y para ello necesito ser honesta. Entonces ok, tengo una necesidad grande de sentirme querida.

(Ojo: no estoy diciendo que no me quieran y que estoy sola, no. Estoy diciendo que "me siento" así. Que mi percepción, fundamentada con sucesos, hacen que piense así. No me siento una persona infeliz, más bien creo que me falta arreglar ese aspecto para que mi vida sea perfecta. Y sé que eso es verdad porque si no estuviera convencida de que las cosas me están yendo mejor y tengo mucha suerte y muchas bendiciones en mi vida no podría mantener el buen humor y la motivación que tengo para hacer mis cosas cuando no le doy vueltas al asunto).

Sin embargo, el problema no es tener un problema afectivo, una necesidad insatisfecha; el problema es qué hago para compensarlo.

Y he aquí, señores, el meollo del asunto: citando a la psicóloga, con quien me entrevisté hace una semana, "con tal de no sentirte sola te estás metiendo en relaciones nada saludables".Y es verdad: percibo tanta "inactividad interpersonal" que me engancho con cualquier persona que pase por mi vida, sea positiva o negativa. Ejemplo: Brownie me ha escrito varias veces haciéndome preguntas sobre si había salido con alguien, si había besado a alguien y esas cosas, y en vez de simplemente no responderle o cortar la situación en seco (Porque qué le importa lo que haga con mi vida, especialmente a él, que es un controlador), le he dado largas y por ahí que le he soltado información y seguido la corriente. Así, el que mi ex me hable se convierte en el suceso interesante de la semana. O el hecho de haberme creado una cuenta en Tinder, a pesar de saber que hay mejores maneras de conocer gente (Que realmente esté interesada en intimar, no en pasar el rato). O en el hecho de que, sin querer, me ponga a llamar la atención de la gente que me rodea.

Ah, ese siempre ha sido mi último recurso para que me tomen en cuenta.

De niña he sido enfermiza, pero no sé si mis dolencias justificaban mis síntomas. Me explico: empiezo a pensar que soy hipocondriaca o somatizadora. A veces creo que tengo demasiada conciencia de mis propias sensaciones. No sé si es que me siento mal o per se, o si es que como me doy cuenta de que me siento mal, me siento peor. No sé qué tan reales son mis mareos y bajadas de azúcar, y qué tanto tienen de componente psicológico. Porque justo ahora me está dando seguido en la chamba, y me tengo que detener, sentar, y obvio que por ahí la gente se da cuenta. ¿Realmente estoy teniendo desbalances con el azúcar últimamente o se ha convertido en mi nueva arma de manipulación inconsciente, para dar pena y por ende que "se preocupen por mí"?

¿Y saben qué es lo peor de todo? Que cuando he tenido esos síntomas raros, han empeorado de pensar que posiblemente son una manera inconsciente de llamar la atención de mi entorno. Me da demasiada rabia y me disgusta que esto se convierta en una excusa para verme débil, indefensa y necesitada, porque no es la imagen que quiero dar. Quiero que confíen en mí y ser una buena trabajadora, no una debilucha. ¡Pero claro, estar enferma tiene muchas ventajas! No por nada casi me mato de hambre y estuve tan débil que lograba que otros hicieran las cosas por mí, por pena.

No, pena no. Ya me dejaron por pena. No quiero volver a despertar ese sentimiento en absolutamente nadie más.

Sin embargo, y esto es lo que me da rabia, esa necesidad sigue ahí y poco a poco toma las riendas de mis acciones. Y ahí se pone incontrolable.

¿Y cómo sé eso?

Porque como último de los últimos recursos se manifiesta mediante la comida. Y es ahí por donde está empezando a manifestarse.

Oh, sí, estos últimos días dejar de comer está siendo bien fácil, vomitar se hace tentador, y volver a los huesos casi un sueño.

Claro, si ha sido por tanto tiempo mi escudo frente a la realidad que me dolía, mi manera de llamar la atención y mi identidad.

Pero como SÉ que esto es así, hay una diferencia. Estoy en batalla. En lucha constante, otra vez. En la disyuntiva de seguir viviendo, para lo cual hay que estar fuerte, para lo cual hay que alimentarse y sentirse feliz, para la cual hay que hacer cosas que me gustan y que me hacen bien; y por otro lado, la oscuridad, la falta de preocupaciones más fuertes que cuánto comí.

Pensamientos persistentes:
- No merezco.
- Nadie me puede querer así (Así = con este cuerpo, con esta celulitis horrible, con este carácter espantoso y este complejo de víctima, con mi falta de estudios y trabajo bien remunerado, con mi historia).
- Cómo quisiera que Mr. Red me haya hecho caso, que las cosas con él hayan funcionado, que vuelva a buscarme (Letanías amorosas).
- ¿Por qué no sucede lo que quiero que suceda? (Carajo, soy una niña mimada y majadera).

Conclusiones:
- Estoy cagada (Y nadie me va a querer así).
- No sé qué hacer, porque me está costando respetarme y alimentarme responsablemente (Mejor dicho, me está costando alimentarme y sentirme contenta por hacerlo, como a regañadientes y eso se siente mal). No me está naciendo abrazarme/acariciarme/arreglarme/cuidarme, por un lado se siente bien porque conozco esa sensación pero por otro lado sé que está mal y que indica problemas.
- Como no estoy con muchas ganas de comer y siento que podría bajar un poco de peso, estoy comiendo menos, y quizás eso hace que cuando tengo turnos me maree y sienta débil.
- Sentirme mal físicamente, si es que realmente es eso y no una invención mía, hace que me sienta peor emocionalmente porque me pone en una posición de víctima que no quiero aparentar... al menos conscientemente.
- No quiero despertar pena, ni volver a perder todo lo que ya conquisté. No quiero sentirme mal, no quiero ser incapaz de hacer mis cosas, no quiero sentirme desgraciada, no quiero ser infeliz.
- Pero no quiero sentirme sola, no consigo que las actividades me distraigan del todo, no soy la persona más simpática del mundo, no sé cómo hacer amigos, no tengo dinero suficiente para gastar en salir a tomar, o al cine, o al teatro, o siquiera ir en taxi, y tengo mucho miedo. ¿De qué? De todo esto.

Posibles acciones a tomar:
- Seguir yendo al yoga.
- Procurar comer saludable (Bueno, me ha dado por hacerme jugos de frutas con chía para tolerar mis turnos en el restaurante y me va bien con eso, pero ¡ESO NO DEBERÍA SUPLANTAR EL ALMUERZO!).
Pensamientos:
- "Es mejor estar sola y aburrida que distraída con cualquier cosa que ayude a no ver la realidad"
- "¡Prontito vas a tener una distracción más porque ya empieza el nuevo ciclo del instituto! Piensa en eso, concéntrate en el día a día, en el momento, deja ir lo que no te sirve y lo que no te ayuda a estar bien y

argh, que no tengo ganas de escuchar el mismo floro que me repito todos los días para seguir adelante y que hasta ahora me ha servido tanto.