Este es un blog de vivencias y reflexiones de una chica que busca la manera de plasmar su interior en algo tangible como las letras.

Aquí encontrarás hartas anécdotas y también procesos mentales, de esos enredados pero que buscan explicar lo que sucede en la vida y así encontrar un sentido. Encontrarás ejemplos de cosas que no hay que hacer; confesiones amorosas, de esas que toda chica necesita contarle a su mejor amiga; quejas y lamentos, letanías de alguna época mentalmente negativa; pero también hallarás decisión, actitud, fuerza y valentía (O al menos un sincero intento de ello).

Espero motivarte a seguirme. No sólo en lectura, sino en este trabajo interno, esta búsqueda de bienestar.

Seamos luz en medio de tanta oscuridad.


Mostrando las entradas con la etiqueta Recaída. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Recaída. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de febrero de 2018

Viejos caminos

Lamento pasarme por aquí con malas noticias.

Trato, de verdad trato de ser positiva y mantenerme bien, pero a veces "me toca" estar mal. A veces no puedo evitarlo. A veces la vida te lleva por senderos que te hacen recordar lo que pasaste y hasta extrañar la oscuridad. Me ha pasado. Me pasa. Y por eso estoy aquí.

No paso por aquí desde Junio, por lo que veo. Cuando trataba de concentrarme en hacer mi tesis y en ser una persona de éxito, al menos inmediato. Cuando trataba de no zozobrar a la adultez. Cuando trataba de enfocarme en el día a día para no ver la tormenta que se cernía en mi interior.

No he estado bien. Creo que no es necesario ponerlo en palabras para que sea evidente. Pero mi "estar mal" esta vez se me salió de las manos. Suelo querer ser responsable con lo que pongo en este pequeño espacio personal que ya creo que nadie lee, pero necesito desahogarme porque siento mucho "calor" interno. Mi teoría de la fiebre emocional parece ser cierta, yo la hago. Tengo todos los criterios de predisposición y los síntomas y no es la primera vez que me pasa, así que tengo que botar. Necesito botar. De otra manera, me volveré loca de verdad, o peor aún, volveré a hacerme daño.

Viví por inercia los últimos meses del año pasado, hasta que mi bomba explotó. Mejor dicho, implosionó, porque yo no suelo volarle los sesos a la gente de afuera con palabras, no. Yo estallo, y me hago daño en el proceso. Por meses sentía la necesidad de hacerme daño de mil formas, pero me contuve. Pero exploté, y tres meses después aún hay consecuencias, y aún hay dolor, y aún queda para rato.

¡Quisiera tanto ser ese tipo de persona normal, feliz, que vive su vida sin hacerse tantas preguntas y se lanza a la piscina de frente!

Han sido semanas muy duras para mí. A mediados de noviembre hice cosas que no debería haber hecho y de las cuales me arrepiento. ¿Cómo decir en bonito que traté de suicidarme 2 veces en menos de 48 horas? ¿Cómo contarle a alguien que terminé caserita de emergencias del hospital y de las clínicas de rehabilitación? ¿Cómo perdonarme después de todo el daño que he hecho a mi alrededor con las esquirlas de mi corazón y mente hechos añicos?

Creo que esa es la parte que más me está costando ahorita. El autoperdón. Yo, que siempre trato de echar una luz en el camino y que hablo de la importancia de tenerse paciencia, no aguanto estar despierta. No quise hacerle daño a nadie, pero no sólo me lo hice a mí (física, emocional y socialmente hablando), sino también a mi familia y gente cercana. Y lo que más rabia me da es que ya nada puede volver a ser como antes, que hay un "antes" y un "después" desde ese 12 de noviembre, que vuelvo a recorrer la senda del que busca redención, paz interior, una vida plena con los demás.

Volver a estar internada luego de mis 15 meses en Cieneguilla ha sido una experiencia inesperada y surreal. Sólo estuve un mes, pero sigo cautiva del dolor y también, por qué no decirlo, del ojo vigilante de mi familia, que de nuevo, es lo único que tengo.

El día que salí de alta, 21 de diciembre, murió uno de los seres que más he amado y que ha sido mencionado infinidad de veces en mis escritos: Poupée, mi perrita. Quiero pensar que hubo una enfermedad tangible e inesperada de trasfondo, pero no puedo negar que hay indicios que me muestran que se sacrificó por mí. Para que yo no muera, ella lo hizo, absorbiendo lo malo. Así de nobles son los perros. Pero no es la única pérdida con la que vengo tratando de lidiar. Vamos, que la de ella me dolió demasiado, pero pasa, porque es definitiva. Con la muerte no hay nada que hacer.

¿Pero qué haces cuando hay vida? ¿Qué haces cuando aún los caminos se pueden cruzar, pero no deben (o no te dejan)? Es terrible matar la esperanza cuando es, quizás, lo que te puede salvar.

Estoy separada de mi enamorado sin que ninguno de los dos lo hayamos querido. Lo extraño demasiado. Es diferente a cualquier situación vivida antes, porque en este caso, el amor no se acabó por ninguna de las dos partes. Pero no se puede estar juntos, porque teóricamente es dañino, porque supuestamente él tiene problemas mentales hasta peores que los míos, porque no asume la responsabilidad de cosas que para mí no son importantes pero para mi entorno, TODO, es crucial. Yo le perdono por reaccionar como reaccionó cuando exploté, pero nadie más. Mi opinión es la que debería de importar, pero no es así. De hecho, vivo restringida, por más que me la quieran poner bonita, la situación es muy similar a cuando era una niña y no podía salir sola, no tenía amigos, no hablaba con nadie, sólo yo y la casa y mi cuarto y el entretenimiento que menos dinero gasta, las deudas por mi estado de salud y mis gastos aún existentes son grandes y la culpa me acecha.

Culpa. Vergüenza. Nostalgia. Ira. Estoy llena de esas cuatro. No cabe espacio para el amor, ni para la esperanza, mueren intoxicados. Todos los días son una agonía de monotonía y llantos reprimidos, porque cualquier movimiento mío genera tensión.

Por eso debo escribir. Porque ya no es suficiente llorar, hablar, gritar, quejarme. Ya no es suficiente nada de lo anterior. De nuevo el Cristal se rompió y tengo que reconstruirlo desde cero. No tengo la paciencia que tuve antes, porque no tengo ganas de tenerla, porque quiero que todo termine ya, porque no quiero volver a dejar mi vida atrás, ni a las personas atrás, porque yo ya era adulta y ya sabía manejarme bastante bien y tuve que dejar que la oscuridad creciera. Porque le resté importancia a lo bueno, me empalagó, mi espíritu quizo hacer berrinche y sigo reaccionando como niña de 3 años.

Quisiera volver el tiempo atrás. Haber hablado. Haber dicho "estoy teniendo pensamientos suicidas" hace casi un año. Haber reaccionado diferente, haber decidido diferente, haber pensado a largo plazo en vez de recorrer esos viejos caminos mentales que me llevaron a casi morir. Ahora no sólo debo lidiar con la pena de haberme perdido a mí misma, sino también a la de haber perdido a mis seres queridos (otra vez), y entre ellos, a una muerte y a una separación injusta y dolorosa.

Llevo puesto el anillo que me regaló por los dos años. Cumplimos 3 a la distancia, sólo podíamos escribirnos cartas. Nos vimos 3 veces en 2 meses, 1 hora cada vez. Le terminé por escrito porque no aguanté vivir esperando, pero no sé si es mejor esto o tener una chispa de esperanza manchada del rencor de mi familia, que es lo que había cada vez que recibía una carta suya. Ni siquiera llegaba primero a mis manos, la tenían que revisar. No sólo vigilan que no me mate, sino que no lo contacte. Que no le escriba, ni lo llame, ni mucho menos me escape de mi casa para verlo.

Estoy atrapada en la fase del dolor. No sé cómo salir. No sabe cómo salir. Estoy intolerante, reacciono mal a cualquier cosa. Me afecto con más facilidad que antes y genero caos. Con más ganas viene la culpa, la ira, la vergüenza y la nostalgia por la época en la que estuve mal pero al menos tenía mi vida bajo mi control. Y más caos genero. Estoy en medio de ese círculo vicioso en el cual estuve hace 9 años en el que yo soy la villana y sólo mi autodestrucción y el volver a empezar, como el fénix, es lo que me puede redimir. Sólo que ya no sé cómo hacerlo, porque todo es diferente, estoy desorientada y me siento muy sola. Hasta duermo mal.

Hay chispazos de alegría. Trato de reconocerlos, de disfrutarlos, de hacerlos durar, porque lo que predomina es la muerte interna. El vacío. Leí un par de textos depresivos del 2009 y qué bueno que no son públicos. Me temo que no soy el mejor ejemplo de valentía, ni superación, ni positivismo, ni éxito, ni nada. Un mero ser humano más, banal y promedio, sin amigos ni pareja, con la familia asustada, con el autoestima por los suelos.

Que otra vez fracasó. 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Perdida

Muy bien.

Como, duermo. Me preocupo por mantenerme, por mantener la cabeza a flote, por seguir viva -y sana. Perfecto.

Pero no es suficiente.
Si lo fuera, esta tristeza se habría ido definitivamente.
Y por el contrario, parece querer instalarse.

Estoy convencida de que es algo dentro de mí que está fallando. Algo que yo no estoy haciendo bien.

No puede ser que me sienta tan sola que me deprimo.

Quizás tiene que ver con el tiempo que me dedico a mí misma.
Si no acepto que soy de esas personas "defectuosas" que no pueden tener una vida normal porque necesitan descansos y tiempos libres y bajas dosis de estrés para vivir bien, voy a seguir siendo un alma en pena.

Tengo muy poco tiempo libre, y de pensar que debo invertirlo en tareas me desmotivo más. Me gusta no poder tener tiempo para pensar en que no me invitan a tal o cual lugar y que mi vida social es casi nula, pero por otro lado sigo deseando tener vida social y nada, ni la mejor de las chambas o la clase más divertida, me hace dejar de querer divertirme un poco. No lo digo por drama, lo digo por aburrimiento.

Me han ofrecido una buena chamba, bien remunerada y con suficiente tiempo libre, a cambio de dejar el restaurante. Pero yo soy terca y orgullosa, y no quiero dejarlo porque me da pena. Y porque aprendo cosas bonitas ahí, y porque quiero terminar de hacer amigos ahí.

Y porque es la única manera de lograr que este individuo extraño me visite.

Porque sí, creo que lo que más me motiva a seguir de mesera es que esta persona lo encuentra como excusa para pasar a saludarme dos minutos y luego irse.

El viernes celebró su cumpleaños. Me la pasé ansiosa toda la semana por la anticipación, me enteré de que fue a verme un día que yo no estaba y de hecho se apareció el mismo viernes a la hora de almuerzo. Me preguntó como tres veces si iba a ir, y que le pusiera "going" a su evento en facebook. Ese día no podía tragar comida de lo nerviosa que estaba. Y cuando por fin llegó el momento... nada. El chico se la pasó  de grupo en grupo, riendo, conversando y divirtiéndose con todos, sin mostrar interés especial en mí. Mi ex-jefe (Con quien fui, porque lo conocí gracias a él. Debo ponerle un nombre porque nos hemos hecho bien amigos, le diré Sheldon porque me recuerda a ese personaje) dice que sí le intereso y que me va a invitar a salir, que sólo no se la ponga tan difícil, y que eso es obvio porque si no no estaría invirtiendo tiempo en ir a verme. Yo creo que es un chico demasiado lindo que cultiva sus amistades hasta con quienes no conoce mucho, porque sí, así es él.

Y obvio, eso me tiene triste.

Me llega que mi felicidad dependa de la presencia de alguien más en mi vida.

Creo que es que estoy en ese punto en el que necesito motivación externa, porque estoy tan perdida que solita no logro encontrarme. Ya me siento mejor conmigo misma en el sentido de que tolero tocar mi propia piel, me proveo de comida y descanso y pido abrazos, pero no se me hace suficiente.

¿Será momento de ir al psicólogo nuevamente? ¿O quizás es más simple que eso y sólo debo dejar este trabajo en el restaurante y cortar con esta "relación" insana basada en espejismos?

Yo creo que la clave está en lo segundo. No sólo necesito más tiempo para mí (Tiempo que invertiría en hacer mis tareas bien y en hacer yoga, lo cual sabemos que aumenta el ánimo), sino también alejarme del estrés, del querer complacer a todos y, sobretodo, de no nutrir mi necesidad desesperada de tener un vínculo con cualquier persona sólo porque estoy aburrida y un plus one le daría algo de color a mi vida.

No, creo que no estoy perdida. Creo que sé bien lo que tengo que hacer, el problema es la falta de motivación, mi miedo de tomar decisiones y el miedo al rechazo.

Rechazo, esa emoción con la que he tenido que lidiar desde tan pequeña y que hasta ahora me moviliza a hacer - o dejar de hacer- cosas. Todo se resume a ello.

Es que simplemente no toleraría que me rechacen otra vez.

viernes, 8 de agosto de 2014

Sopa de letras


Este es mi post número 100, coincidiendo con las 17 000 visitas. Gracias a quienes me leen, aunque sea de casualidad, a los que se tragan todo el floro que meto, y a los que me comentan a pesar de la flojera. Para mí significa mucho que le hagan click a este espacio y aunque sea algo quede grabado en quienes me leen, y me alegra tener compañía y recibir comentarios (Sobretodo en esta época), porque me hacen sentir que no le escribo al vacío. Trato siempre de que la flojera no me gane y responda a quienes me escriben, aunque sea agradeciendo. No crean que los paso por alto, no señor.

Bueno. Mi idea para celebrar el post número cien y las casi 20 000 visitas (No digo que me lean de verdad tantas personas, pero sí es un número grande de clicks, al menos) era escribir algo bonito.

Lamento tener que decir que no estoy pasando por un momento que me permita escribir algo lindo que vaya con mi filosofía.

Hoy estoy visitando mi blog a modo de depositario, vertedero, cuaderno de anotaciones, espacio donde anotar mis ideas, ordenarlas, analizarlas y encontrar una estrategia. Es una manera de "hacerme bien a mí misma" y por lo tanto no estoy yendo en contra de mi política constructiva (Aunque seguramente, y me adelanto con las disculpas, voy a sonar a queja o lamento), así que espero que sigan lo que estoy a punto de escribir aquí y sirva de algo. Si me sirve a mí, feliz, pero si le sirve a alguien más, feliz al cuadrado :)

A ver. El título es porque así me siento: una sopa de letras desordenadas y frases enredadas en mi mente. He estado postergando (para variar) el escribir aquí esperando un mejor momento, pero bah, que el momento es ahora, no hay otro. Por higiene voy a tener que sacar lo que hay dentro, porque no quiero verbalizarlo y porque necesito expresarme.

Parto de la premisa del post anterior: me estoy sintiendo sola. Le escribí a mi papá, me respondió, le dije para vernos, pero al final le cancelé la cita escribiéndole lo siguiente:


Hola "Apá" (Acotación: me firmó el mail anterior así. Y yo no suelo decirle papá jamás, así que el hecho de que ponga esta palabra significa bastante):

Se supone que no debería dar explicaciones, pero quiero cerrar este asunto y no me gusta dejar a nadie con los crespos hechos.

El mail que te envié lo hice x un impulso y una necesidad insatisfecha, imaginando y esperando cosas q, en la realidad, desgraciadamente no van a poder darse. Al menos no en la actualidad. Espero que en un futuro, cuando yo sea aún más madura y realmente no espere algo que no puedes darme.

Llamémoslo infantilidad de mi parte, me doy golpes de pecho, pero por mi salud no es conveniente. Espero que lo comprendas.

¿A qué me refiero con lo anterior?
A que lo que mi niña necesitaba era un papá, no un admirador o un chofer. Lo que me diste y lo que me ofreces ahora es una fantasía de relación que en los hechos no existe. Habrás esperado en la puerta y en los ensayos, pero bien pudo hacer eso mi guardaespaldas. Yo no necesitaba eso. Y ahora, podremos salir a tomar algo, pero ser un papá es más que eso. Es algo que ya no me vas a poder dar, xq ya vi que no estás dispuesto a cambiar ni aceptar errores, y eso lo tengo que aceptar de una vez por todas.

Básicamente es eso, y el hecho de q si te das cuenta, no tenemos nada de qué hablar que no sea un tema pesado. Y no me refiero a quién pagó qué, porque el dinero, al menos para mí, es lo de menos. Mis razones van por un lado que ni tú ni mi mamá comprenderán, xq ambos están envenenados de rencor, aunque no quieran aceptarlo. 

Y hablando de dinero y juicios, sólo dos acotaciones: cuando me enteré de que ibas a tener otro hijo, me molesté contigo porque temía que pasara lo que está pasando, que te distanciaras más y te desentendieras xq tenías a alguien más indefenso a tu cargo. Fue tu decisión no hacerte cargo de nosotros o hacerlo tarde, por lo tanto, tu responsabilidad, yo no tengo la culpa de lo que pase con él y tu familia, sino tuya, x li que no asumiste en su momento. Te expresas como si pagar los colegios y universidades fuera un extra, no una necesidad innata y una responsabilidad que viene con la paternidad y que es siquiera digna de discusion. Y te digo, y lo sabes: te comprometiste a eso y más. Y es ese "eso y más" que se te reclama. Yo soy conciente de que tú pagaste muchas cosas, la incertidumbre horrorosa que pasé por esperarte me lo recuerda. Pero no fue todo lo que te correspondía. Te agradezco x el viaje de promoción y las deudas contraídas, pero no fue suficiente. Y no me puedes negar que hubo negligencia y desinterés. Sabes por qué? Porque no eres el único caso de padres divorciados que conozco, y soy testigo de qur cuando realmente se quiere, la plata aparece del aire. Y tú no eres ningún incapaz.

Esto va a ser lo último que voy a decir sobre el tema, xq es todo lo que tengo guardado y por reclamar. No tebgo interés, como te dije en el mail anterior, de sacarte trapitos en la cara, xq no terminaría nunca. No soy como Valeria que apunta cada na de tus fallas y las reclama cuando encuentra oportunidad. Yo sé de lo que hablo, aunque a veces no tenga palabras para ello y no me pueda explicar ni defender, y sé que por encima de cualquier pleito necesito tranquilidad y mirar hacia adelante, no hacia atrás como pareciera que todos hacen. Y por ese mirar hacia adelante es que te he perdonado hace tiempo pero me cuido de exponerme a veneno.

Eso no quita que más adelante, si las cosas adquieren una mejor forma, yo no quiera "retomar" lo que sea que teníamos o "encontrarme" contigo de vez en cuando para conversar y quizás compartir algo. Porque, repito, no te guardo más rencor que cariño. Pero simplemente ni existes en mi vida, y cuando sí, causa malestar de cualquier manera. Entonces, no tiene sentido buscarte. 

Gracias igual por la disposición, que sepas que de todo es lo que más he valorado. Quiero pensar que no ha sido tu intención encontrarnos para manipularme a tu favor (como con tu mail) sino porque querías saber de mí.

Que sepas que estoy bien, trabajando en un restaurante y pagándome mis estudios, para independizarme y más adelante retomar medicina x mi cuenta. Sin tener que pedirte nada ni a tí ni a mi mamá. Que sepas que estás lejos de ser abuelo biológico, de momento, que me gustaría viajar y alejarme de todo pero la plata no me lo permite, que no me la paso a dieta pero sí me cuido un montón y a veces me salgo de la raya, que trato de hacer yoga, sigo haciendo shows y tratando de actuar y estoy un poco obsesionada con Frozen. Una psicóloga y psiquiatra diferentes me diagnosticaron déficit de atención, lo cual explica muchas cosas de mis conductas, aislamiento, mi raro sentido del humor (no, eso no es genético), y mi despistadez. Hace unas semanas me compré mis pastillas en inkafarma y me fui sin recogerlas, y hoy en vez de botar la pasta de dientes de la boca, me la tragué. Como para que te hagas una idea de dónde ando.

Que sepas, de nuevo, que te quiero de alguna forma, pero eres una persona complicada con la que al menos hoy no me conviene relacionarme. No necesito más drama en mi vida, y, seamos honestos, vernos no va a traer alivio sino más drama. Y que no pretendo volver a abrirme ni repetirte todo esto.

Vive tranquilo, has las cosas bien y mírate de vez en cuando para que no repitas errores. Y si puedes, resarce los que tuviste. La vida aún no se acaba. Te lo dice mi parte esperanzada, la que debo olvidar porque me cuesta aceptar que no vas a cambiar ni vas a ser lo que espero.

Eso es todo.
Un... apretón de manos? Algo.

Cris*

No he tenido respuesta hasta el momento y ya ha pasado una semana. Entiendo lo que significa el silencio de su parte y creo que está bien.

Bueno. Este pequeño evento fue un impulso subconciente de llenar ese vacío/esa necesidad insatisfecha que tengo. Y lo profundizo con la siguiente comparación: toda la semana pasada me la pasé leyendo la trilogía "50 sombras (De Gey, más oscuras y liberadas)"


¡SPOILER ALERT!


y aunque efectivamente se trata de pornografía escrita, fue una historia que me tocó mucho. Me explico, las conversaciones entre los personajes, el tipo de cosas que se decían los protagonistas, esas cotidianeidad y encanto de lo novedoso a la vez me hizo acordarme mucho de cuando estuve con pareja. Nostalgia y alegría, emociones encontradas. Pero a la vez, la parte del contenido psicológico que explica la supuesta fijación de Christian Grey con el sadomasoquismo (Sus carencias en la primera infancia) fue lo que más me hizo pensar. Estoy lejos de ser Grey, pero creo que, así como él, yo también busco llenar esa necesidad insatisfecha; en contraposición con él, no me la paso pegándole a la gente porque no he conocido golpes ni maltrato; pero sí rehúyo de contacto físico con la mayoría de personas porque estoy acostumbrada a no sentir el roce de otra persona. No canalicé mi rabia mediante el daño a otros, sino hacía el daño a mí misma. No me la paso tratando de controlar y proteger a mis parejas porque es mi manera de compensar el hecho de que de niña me sentí impotente por no poder evitar que mi madre muriera, pero sí busco que me acepten, me reconozcan, me quieran, me acompañen y se preocupen por mí. No busco parejas que se asemejen físicamente a mi papá, y de hecho, sí acepto que lo quise y que hasta ahora siento algo por él, pero muchas veces me encuentro fantaseando con que se aparece, o que tengo a alguien conmigo que me engríe y protege. No soy hipersexual, pero sí necesito atención y mimos. Y gracias a esta lectura he descubierto que me afecta estar sola justamente por todo esto.

Cuando yo estaba empezando la secundaria, podía pasarme días sin hablar y sin tocar a nadie, y sin que nadie se percatara. Fue una época dura, sumamente oscura, y actualmente me siento "en descontrol" porque estoy en una situación similar de poca interacción con otros. Sí, hay diferencia en que ahora yo me expreso, bromeo, canto y río (Bendita habilidad aprendida de autorregular mi estado de ánimo), pero no intimo con nadie, no comparto en un nivel más profundo. Y ya sabemos que en mis padres no puedo contar, y que mis hermanos están metidos cada uno en su vida como para pedir simpatía por ahí. Negar que tengo una necesidad de ser querida, notada, apreciada, tocada, sería seguir mintiéndome, y ya terminé con esa etapa. Mi intención es "hacerme el bien" para poder ser feliz, y para ello necesito ser honesta. Entonces ok, tengo una necesidad grande de sentirme querida.

(Ojo: no estoy diciendo que no me quieran y que estoy sola, no. Estoy diciendo que "me siento" así. Que mi percepción, fundamentada con sucesos, hacen que piense así. No me siento una persona infeliz, más bien creo que me falta arreglar ese aspecto para que mi vida sea perfecta. Y sé que eso es verdad porque si no estuviera convencida de que las cosas me están yendo mejor y tengo mucha suerte y muchas bendiciones en mi vida no podría mantener el buen humor y la motivación que tengo para hacer mis cosas cuando no le doy vueltas al asunto).

Sin embargo, el problema no es tener un problema afectivo, una necesidad insatisfecha; el problema es qué hago para compensarlo.

Y he aquí, señores, el meollo del asunto: citando a la psicóloga, con quien me entrevisté hace una semana, "con tal de no sentirte sola te estás metiendo en relaciones nada saludables".Y es verdad: percibo tanta "inactividad interpersonal" que me engancho con cualquier persona que pase por mi vida, sea positiva o negativa. Ejemplo: Brownie me ha escrito varias veces haciéndome preguntas sobre si había salido con alguien, si había besado a alguien y esas cosas, y en vez de simplemente no responderle o cortar la situación en seco (Porque qué le importa lo que haga con mi vida, especialmente a él, que es un controlador), le he dado largas y por ahí que le he soltado información y seguido la corriente. Así, el que mi ex me hable se convierte en el suceso interesante de la semana. O el hecho de haberme creado una cuenta en Tinder, a pesar de saber que hay mejores maneras de conocer gente (Que realmente esté interesada en intimar, no en pasar el rato). O en el hecho de que, sin querer, me ponga a llamar la atención de la gente que me rodea.

Ah, ese siempre ha sido mi último recurso para que me tomen en cuenta.

De niña he sido enfermiza, pero no sé si mis dolencias justificaban mis síntomas. Me explico: empiezo a pensar que soy hipocondriaca o somatizadora. A veces creo que tengo demasiada conciencia de mis propias sensaciones. No sé si es que me siento mal o per se, o si es que como me doy cuenta de que me siento mal, me siento peor. No sé qué tan reales son mis mareos y bajadas de azúcar, y qué tanto tienen de componente psicológico. Porque justo ahora me está dando seguido en la chamba, y me tengo que detener, sentar, y obvio que por ahí la gente se da cuenta. ¿Realmente estoy teniendo desbalances con el azúcar últimamente o se ha convertido en mi nueva arma de manipulación inconsciente, para dar pena y por ende que "se preocupen por mí"?

¿Y saben qué es lo peor de todo? Que cuando he tenido esos síntomas raros, han empeorado de pensar que posiblemente son una manera inconsciente de llamar la atención de mi entorno. Me da demasiada rabia y me disgusta que esto se convierta en una excusa para verme débil, indefensa y necesitada, porque no es la imagen que quiero dar. Quiero que confíen en mí y ser una buena trabajadora, no una debilucha. ¡Pero claro, estar enferma tiene muchas ventajas! No por nada casi me mato de hambre y estuve tan débil que lograba que otros hicieran las cosas por mí, por pena.

No, pena no. Ya me dejaron por pena. No quiero volver a despertar ese sentimiento en absolutamente nadie más.

Sin embargo, y esto es lo que me da rabia, esa necesidad sigue ahí y poco a poco toma las riendas de mis acciones. Y ahí se pone incontrolable.

¿Y cómo sé eso?

Porque como último de los últimos recursos se manifiesta mediante la comida. Y es ahí por donde está empezando a manifestarse.

Oh, sí, estos últimos días dejar de comer está siendo bien fácil, vomitar se hace tentador, y volver a los huesos casi un sueño.

Claro, si ha sido por tanto tiempo mi escudo frente a la realidad que me dolía, mi manera de llamar la atención y mi identidad.

Pero como SÉ que esto es así, hay una diferencia. Estoy en batalla. En lucha constante, otra vez. En la disyuntiva de seguir viviendo, para lo cual hay que estar fuerte, para lo cual hay que alimentarse y sentirse feliz, para la cual hay que hacer cosas que me gustan y que me hacen bien; y por otro lado, la oscuridad, la falta de preocupaciones más fuertes que cuánto comí.

Pensamientos persistentes:
- No merezco.
- Nadie me puede querer así (Así = con este cuerpo, con esta celulitis horrible, con este carácter espantoso y este complejo de víctima, con mi falta de estudios y trabajo bien remunerado, con mi historia).
- Cómo quisiera que Mr. Red me haya hecho caso, que las cosas con él hayan funcionado, que vuelva a buscarme (Letanías amorosas).
- ¿Por qué no sucede lo que quiero que suceda? (Carajo, soy una niña mimada y majadera).

Conclusiones:
- Estoy cagada (Y nadie me va a querer así).
- No sé qué hacer, porque me está costando respetarme y alimentarme responsablemente (Mejor dicho, me está costando alimentarme y sentirme contenta por hacerlo, como a regañadientes y eso se siente mal). No me está naciendo abrazarme/acariciarme/arreglarme/cuidarme, por un lado se siente bien porque conozco esa sensación pero por otro lado sé que está mal y que indica problemas.
- Como no estoy con muchas ganas de comer y siento que podría bajar un poco de peso, estoy comiendo menos, y quizás eso hace que cuando tengo turnos me maree y sienta débil.
- Sentirme mal físicamente, si es que realmente es eso y no una invención mía, hace que me sienta peor emocionalmente porque me pone en una posición de víctima que no quiero aparentar... al menos conscientemente.
- No quiero despertar pena, ni volver a perder todo lo que ya conquisté. No quiero sentirme mal, no quiero ser incapaz de hacer mis cosas, no quiero sentirme desgraciada, no quiero ser infeliz.
- Pero no quiero sentirme sola, no consigo que las actividades me distraigan del todo, no soy la persona más simpática del mundo, no sé cómo hacer amigos, no tengo dinero suficiente para gastar en salir a tomar, o al cine, o al teatro, o siquiera ir en taxi, y tengo mucho miedo. ¿De qué? De todo esto.

Posibles acciones a tomar:
- Seguir yendo al yoga.
- Procurar comer saludable (Bueno, me ha dado por hacerme jugos de frutas con chía para tolerar mis turnos en el restaurante y me va bien con eso, pero ¡ESO NO DEBERÍA SUPLANTAR EL ALMUERZO!).
Pensamientos:
- "Es mejor estar sola y aburrida que distraída con cualquier cosa que ayude a no ver la realidad"
- "¡Prontito vas a tener una distracción más porque ya empieza el nuevo ciclo del instituto! Piensa en eso, concéntrate en el día a día, en el momento, deja ir lo que no te sirve y lo que no te ayuda a estar bien y

argh, que no tengo ganas de escuchar el mismo floro que me repito todos los días para seguir adelante y que hasta ahora me ha servido tanto.



martes, 23 de octubre de 2012

... Y es así cómo se pierde la costumbre

Creo que van como 3 meses sin postear.

Ya ni pediré perdón. No creo ser la única que lo hace. Además, creo que está bien invertir mi tiempo en la vida verdadera que pensar, tramar y soñar en un mundo virtual que casi no me favorece. A menos que se trate de escribir y desfogarme.

Ok, sí vivo medio pegada a la computadora por el trabajo. El trabajo y facebook, mis nuevos amigos. Bueno, no tan nuevos. Pero creo que es en parte que he encontrado soporte externo y físico la razón por la que ya no me paso por aquí. Ok, sí me paso, voy recolectando comments y me digo "ya escribiré cuando me den ganas".


Muy bien, ahorita me entró el impulso, así que aquí estoy, salúdenme.Hola a todos de neuvo, he estado semi desaparecida. La vida absorbe. Y tristemente, vuelvo, al parecer, cuando mis obsesiones me vuelven a dar vueltas por la cabeza. En parte por eso creo que es bueno estar lejos, es síntoma de estar bien. Creo. No sé.

Nada, dejé mi blog desactualizado en (más o menos) la mitad del año. En resumen, DECIDÍ ESTAR BIEN, así que me esforcé. Esta recaída fue fea, fue completa, y de nuevo estuve a punto de perderlo todo, y sobretodo, lo que más amo: Laro. Y es que es así: me cuesta creer que la anorexia no es afín al paquete del amor, el éxito, el trabajo, los estudios, los amigos, la diversión, y el largo et cétera del paquete de la vida. Me cuesta mucho no escoger el premio menor sólo porque me gustan mucho pocas de las cosas que vienen dentro, y pensar a largo plazo. Pero así estoy, trabajando. Y lo bueno es que me doy cuenta, de una forma mucho más consciente. Consciente, eso que significa saber, entender y aplicar. Coherencia.

Primero fue un "Ok, soy pésima en lo que estoy haciendo". Luego fue un "Ok, están a punto de botarme del taller de teatro donde estoy porque me la paso durmiendo, cansada, no me aprendo los libretos, no practico, etc". "Ok, mi familia está de nuevo preocupada". "Ok, mi relación con Laro, si bien siempre es buena, está teniendo demasiados picos de discusión por mi transtorno". "Ok, de nuevo me estoy comportando compulsivamente, arriesgándome a peligros por quemar calorías, no estoy siendo congruente".  ¿Deducción? Mi TCA está afectando de nuevo mi vida. Ergo: TENGO QUE HACER ALGO AL RESPECTO, osea, CAMBIAR.

Aj, el cambio.

Ni modo. Cito una escena de la famosa película "El rey León":

Rafiki: ¿Qué fue eso? ¡El clima! ¡Muy peculiar! ¿No crees?
Simba: Sí... parece que los vientos cambian.
Rafiki: Ah, el cambio es bueno.
Simba: Sí, pero no es fácil (pausa) Se lo que tengo que hacer, pero si regreso tendré que enfrentarme a mi pasado... y he estado huyéndole desde hace tanto... (Rafiki le pega con su baston) ¡Ay! ¿¡Porqué hiciste eso!?
Rafiki: ¡No importa! ¡Está en el pasado! (se ríe)
Simba(Sobándose la cabeza) Sí, pero me dolió.
Rafiki: Oh, sí... el pasado puede doler, pero como yo lo veo puedes o huir de él o, aprender (Rafiki trata de pegarle de nuevo a Simba, pero este esquiva el golpe) 
 Además, no sólo se trata de cambiar, sino de mantener el cambio. Porque el cambio no se da de golpe, sino de a poquitos.

Así que nada, primero empecé por darme mis gustitos (Me ha dado por comer cierta marca de helados y gracias a eso me he enfermado 3 veces este invierno, síntoma de que mis defensas están bajas :S ), y luego fui aceptando a lo que normalmente diría que no. Suena fácil, pero no lo es para nada, porque implica muchas cosas a las que le temía. Hasta que me di cuenta de que no había tanto efecto a corto plazo. Que no me volvía una vaca por cenar un plato de comida. Que estaba alimentándome por debajo de lo que necesitaba, y por eso me sentía débil, de nuevo usaba la ropa de hace 4 años cuando estuve esquelética (Aunque esta vez no llegué tan al extremo, pero quién sabe qué consecuencias en mi salud me ha dejado este lindo resbalonzazo... si antes tenía osteopenia, no quiero pensar cómo están mis huesos hoy. Ni qué decir la fertilidad: tengo miedo de no poder tener hijos. ¡Y mi capacidad mental! He de haber quemado demasiadas neuronas, definitivamente. Como esta cosa es crónica, ya se han establecido circuitos en mi cerebro y eliminado materia gris por culpa de eso). Y volviendo al tema,que, efectivamente, si uno está bien, el resto de cosas mejoran.


Empecé a mejorar en el trabajo. Se redujeron y finalmente desaparecieron las discusiones horribles con Laro (Obvio que nadie quiere estar con una enferma, y yo estaba comportándome como tal). Me está yendo mucho mejor en el teatro, hasta creo que ya le caigo bien al profe (Y eso que igual no le dedico mucho tiempo :P ). Duermo más, mi familia no me persigue tanto para comer, no me arriesgo a cosas feas sólo por quemar calorías, estoy más despierta, más optimista... me siento mejor :)

Sí, me daba pena yo misma. Sí, me creí el libreto de que "soy incapaz y no valgo nada y por ende debo desaparecer del universo de la peor forma, total, no viene nada bueno para mí". Sí, estaba en mi zona de confort por miedo a enfrentar los benditos cambios. Ok, ya entendí: ya sé cómo es enfrentarse a la vida de modo saludable, cosa recién aprendida en el internamiento. Ok, estoy viendo que tengo más posibilidades de seguir adelante que las que pensaba. Y sí, el futuro se ve prometedor... PERO SIEMPRE Y CUANDO YO ME LO CONSTRUYA DE ESA MANERA. Dejar de creer en todas las cosas alrededor de las cuales hice mi vida es lo más difícil de todo. ¡Pero de que se puede, se puede! Es cosa de dejar a un lado el drama, dejar de llorar por lo que hice mal o no hice y corregir mis errores. ¡Ya, basta de lamentarme, basta de cuestionar los "por qués" y los "y si...", basta de echarle la culpa a mis papás o a la mala suerte que me tocó vivir por las puertas que tengo cerradas, cuando tengo tantas ventanas abiertas! La vida es así y punto. Puedo hacer maravillas con lo poco que tengo o seguir inmóvil esperando a que las cosas me caigan del cielo. VIVIR, he ahí la cuestión Justo estamos haciendo Hamlet en el teatro :P )


El único problema es el siguiente: ¿Cuánto tiempo durará esta bonanza? Después de todo, ya volvieron las letanías de "Caray, he subido de peso, tengo que hacer dieta, se viene el verano, la ropa me ajusta, me veo mal". Y si bien vienen acompañadas de "A Laro le gusta cómo estoy, todavía no llego a mi peso normal, obvio que me ajusta la ropa de cuando estoy en bajo peso pues, si hago dieta en verano no podré ir a la playa y no por gorda sino por huesuda, voy a tener tanta vergüenza de mostrarme que ni nadar podré", ya estoy planificando y haciendo algunas cosas. (No) me gusta esta situación. Veo, noto y sé que he subido de peso, y "como no estoy tan flaca como antes significa que estoy gorda" y por ende... No sé en qué terminará. ¿Otra recaída, cuando estoy saliendo de esta? ¿Reafirmación de lo que he aprendido? Ni idea.

Así que nada. Lo único que me queda es seguir haciendo las cosas. Cuando se presenten los problemas, veré. Por lo pronto, mi salud y mi bienestar es lo primero. Procuraré (Dentro de la medida de mis capacidades mentales) hacer las cosas que me hacen bien, que sé cuáles son pero me cuestan. Me han subido la dosis de pastillas, de hecho me han recetado una nueva para mis mini-psicosis y yo feliz.

Y nada, eso es todo lo que tenía que decir. A ver qué pasa.






martes, 17 de abril de 2012

Perfección y aprobación

Estos días han sido de abrir un poquito los ojos antes los problemas que tengo y tomar conciencia de ellos. Mi gran problema es que me quedo en ese punto: Ok, los diferencio, ¿Pero luego qué hacer con ellos? Laro siempre dice que "Con saber cuál es el problema tengo el 50% de la batalla ganada". Yo no sé qué tan certero sea ese porcentaje, él que siempre habla de números, estadísticas, procedimientos y programación Web. Es un cráneo, lo admiro un montón. Pero a veces pienso que no comprende bien la situación de las personas que simplemente carecemos de ese tipo de inteligencia que nos permite seguir adelante cuando nos sentimos mal (Resiliencia).

El sábado me pasó eso: falté a mi clase de teatro y me siento tan mal por eso que no me daban ganas de salir de mi cama. Por eso escribo, porque de verdad quiero conseguir continuidad en lo que escribo, no saltarme tantas cosas que me pasan así suenen banales, porque es muy terapéutico para mí y voy a poder ordenarme. Como cuando escribía mi diario de pensamientos y emociones. Y es eso: Siento miedo, me siento molesta conmigo misma, y obviamente me castigo recortando mi comida.

Con Nelly, mi terapeuta, me di cuenta de varias cosas: Primero, que siento miedo porque percibo muy grandes las responsabilidades que tengo en este momento respecto al trabajo (Porque es un trabajo nada parecido con los que he tenido antes). He de rescatar que a pesar de mi miedo lo estoy haciendo, pero no me convence mucho ese lado positivo porque por el mismo miedo lo retraso, lo hago mal, me equivoco, en fin, mi perfeccionismo está al mando. "Nunca está suficientemente bien".

Segundo, y este es un punto determinante en mi semana, estoy volviendo a tener actitudes de niña. De enferma. De ese, mi rol preferido en mi círculo. Es un círculo vicioso que se retroalimenta de las cosas que suceden (Como me dijeron las chicas en la terapia de grupo, "Mi enfermedad ya está sintomática").

Verán, y esto es común en las personas con Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA): Por carencias de la niñez, necesitamos aceptación de las demás personas, y creo que más aún de la gente significativa para nosotras. Por eso nos afecta tanto lo que nos dicen de nuestro aspecto y eficacia. Creemos lo que nos dicen porque prácticamente somos lo que dicen que somos. Y si aquella persona que tenemos en tan alta estima no nos "quiere" o "valora" o "tiene en cuenta" tanto como nosotras quisiéramos, nos vamos al fondo. Y lo manifestamos tratando de querer llamar la atención.


La necesidad de aceptación, de sentirse querida o perteneciente a un grupo, y por ende el llamar la atención como medio para conseguirlo son COMPLETAMENTE NATURALES en el ser humano. Es un mecanismo de supervivencia. El macho expone sus músculos o atributos masculinos para atraer a la hembra, la hembra se viste de forma llamativa para atraer la mirada de los machos y así procrear. Cada quien expone lo que conoce como su "fuerte", su mejor atributo. Algunos exponen su inteligencia y se sienten recontra bien cuando es reconocida. Otros, su bondad. Otros, su habilidad manual o física. Inconsciente, pero natural. El problema viene cuando las formas de llamar la atención no son adecuadas, saludables. Como en nuestro caso. ¿Quiero que me vean, que me aprecien, que me tomen en cuenta? Perfecto, me lastimo, dejo de comer, vomito. Pero OJO: no lo publico a los cuatro vientos, sino que lo escondo. Me encojo. Me convierto en un ente cuyas emociones están herméticamente cerradas. A ver si alguien se da cuenta de lo encogida, callada, rara, enferma que estoy. Llamo la atención de forma INDIRECTA, no pidiendo ni dando cariño sino haciéndome daño para conseguirlo. Quien dice que no quiere llamarla, miente: en el fondo, inconscientemente, su comportamiento y forma de actuar desinteresada de sí misma, enfocada hacia los demás, siempre perfil bajo y a escondidas de las miradas, está llamando la atención. A mí me pasaba eso. Y mientras más perfil bajo se es, más atención se llama, pero menos querida una se siente, y por eso trata más de pasar desapercibida. Ser "la persona diferente", "especial", "única". A ver si alguien lo nota. Al final no estamos siendo diferentes del resto, que también trata de resaltar de los demás. Incluso de la gente que busca sentir que pertenece a algo y se define por su forma de vestir o la música que oye; llenan su vacío gracias al sentir que son parte de un grupo, pero este grupo se diferencia del resto por ciertos detalles únicos. Al final es lo mismo: llaman la atención.

OJO: no tengo nada en contra de los Punks, Emo, Literatos, actores, bailarines, gays, club de fans ni nada. Es una visión psicológica de este fenómeno de la agrupación. Obviamente, se da porque el ser humano es un ser social que necesita interactuar con otros. Pero no se define por lo que parece, sin por la persona que es.

Duele mucho aceptarlo, es verdad, pero sí, tratamos de llamar la atención, y no porque somos unas engreídas acaparadoras que nos gusta ser el centro del mundo, sino porque tuvimos carencias de afecto. Algún trauma, algún problema, alguna necesidad, y tratamos de llenar ese vacío. Eso no nos hace malas, ni débiles, ni egocéntricas, sino que simplemente es un rasgo humano más. Y aceptarlo es parte del proceso para estar bien, comprendernos y perdonarnos.


Ok, yo llamo la atención. Y en mi caso (TCA) lo hago mediante el cuerpo y la actitud inmadura/infantil/autosuficiente/lo que sea. Yo tengo un poco de todo, pero en la parte más honda de mi enfermedad, como estaba muy débil y no podía sola, me tenían que ayudar. Me convertí en una niña. Y más que nada, en la niña de mamá. Desde siempre me caractericé por ser "la hija buena, bien portada, inteligente, talentosa, y un largo etc". Perfecta, por supuesto. Mantener esa "reputación" ha sido lo difícil para mí, y lo hice tratando de complacer a los demás. Mediante su aprobación. Las personas perfeccionistas buscamos la aprobación de los demás mediante nuestros méritos, habilidades, aptitudes. Manteniéndome niña a pesar de mis veintitantos años, además, me convertía en alguien manipuladoramente dócil, cuya compañía agradaba a "todos", simplemente perfecta. Y eso me convenía, porque al meternos a la gente al bolsillo obtenemos lo que queremos: cariño, atención, inclusive cosas materiales. En mi caso, retuve a mi lado a mi mamá. Me llevaba muy bien con ella, porque en esa época ella necesitaba cuidar de alguien para sentir control sobre mí y mi enfermedad y que las cosas no se le escaparan de las manos, al igual que yo, que sentía control sobre la comida y a la vez me sentía protegida con tan sólo un abrazo suyo.

Y esto, señoras y señores, una vez recuperada y obtenida mi independencia respecto a mi madre, es lo que he ido trasladando hacia Laro. Es como si siempre tuviera que haber una persona alrededor de la cual girar, alguien que me quiera salvar para yo sentirme segura. Es como si tuviera que enfermarme para recién sentir que me quieren. De nuevo, esa forma indirecta de pedir atención, mimos, amor.

Yo no creía que soy perfeccionista hasta hace poco, cuando comprendí que el perfeccionismo no se basa en hacerlo todo perfecto (De eso estoy muy lejos). La persona perfeccionista está siempre en la búsqueda de la autosuperación, "nada es lo suficientemente bueno, siempre se puede mejorar", es increíblemente autocrítica, y sobretodo tiene como máxima personal el "no puedo/debo fallar". Simplemente no es posible. Es tan grande el miedo que muchos dejan(mos) de hacer cosas de las que tenemos miedo para no correr el riesgo de frustrarnos por haber fallado. ¡Y lo peor es que al no hacerlas, se refuerza el círculo, la postergación, y encima nos sentimos peor porque fallamos al no hacerlo!

Y estas son las dos cosas que me han estado pasando últimamente y de las que me he dado cuenta, que me hacen ponerme mal. Tengo mucho miedo de fallar en el trabajo, porque sería faltar a mis estándares de excelencia, y también porque (quizás, en parte) sería como fallarle a mi Laro. Y he ahí la conexión con el otro punto: A lo mejor las cosas nos van tan bien porque yo me esfuerzo en complacerlo. En que me apruebe. Tengo tanto miedo a la separación que me obligo a ser perfecta para él, "hecha a la medida de sus necesidades", incapaz de decirle No o de expresarle lo que me molesta sin sentir culpa y pensar que se va a molestar conmigo. ¡Siquiera eso, que se va a molestar conmigo! ¡Como si eso fuera lo peor que me puede pasar en la vida!

Y entonces me pregunto: ¿Está bien seguir con esta relación tan bonita?, ¿Es en verdad amor lo que siento, o es necesidad?, ¿Él me ama por quien soy o por cómo soy? ¿Seré capaz de seguir adelante si es que terminamos?


Hace un par de días tuvimos una discusión fuerte. Simple: me tomaron fotos tipo modelo en un studio, estaba feliz porque según yo me veía bonita ("Aunque en algunas partes se veía carne"), y fui contenta y orgullosa de mi trabajo a enseñárselas. Esperaba una felicitación y piropos. Ese día me sentía bonita. ¿Qué me dijo? "Lo siento, no puedo seguir viendo esas fotos, sales demasiado mal, estás demasiado flaca y no me gusta cómo te ves".

¿Eso es un cumplido o es una ofensa?

En un momento me vino la típica victimización de "no soy nadie, no deberías estar conmigo porque soy una enferma y te voy a hacer daño y tú te mereces alguien mejor, alguien con quien puedas salir a la calle sin sentir vergüenza o a comer sin preocuparte por los precios o lo que come". Él me dijo algo que sí me dolió: "Efectivamente, ya no está eso de ti que tanto me gustaba: tu fortaleza. Te estás dando por vencida. Antes eras muy ordenada con tus horarios, seguías tu régimen y estabas convencida de las cosas. Has cambiado" Obvio, mi autoestima ha bajado, no busco lo mejor para mí, estoy enferma. Pero eso no significa que por ello me voy a condenar a seguir estándolo. Tengo que luchar. Y por eso reiteré una decisión que ya había tomado días atrás: voy a seguir un régimen. Uno con nutricionista, quien me monitoreará regularmente. Eso implica subir de peso, engordar recuperar mi peso... pero hasta de eso soy capaz de hacer con tal de que él esté contento y la relación siga. Y en parte, con tal de estar bien. SANA. Capaz de hacer una vida normal.

Eso es enfermizo. Está bien mi decisión de seguir adelante, de volver a vencer a este monstruo que soy yo que ya tenía dominado, pero me da rabia porque creo que debería haberlo decidido por mí y para mí, no por motivación prestada para complacer a una persona que quién sabe, tenemos proyectos y planes a futuro (Hasta nombres de hijos) pero puede que en algún momento termine.

Eso de terminar me da pavor. Yo no creo que las cosas se tiran a la basura, hay que luchar por ellas y arreglarlas. Creo que esto es solucionable. Pero no sé qué tan convencida estoy de ello, y qué tanto lo hago para que me deje de molestar y qué tanto es porque quiero estar mejor para tener un futuro (Con él). Y qué tanto lo hago para YO tener un futuro, el que sea, pero uno en el que me sienta eficaz y valiosa.

Lo peor, la cereza del pastel: la premisa de Laro es "No puedo/quiero estar con una persona enferma". ¿No será que me he dejado enfermar a propósito para probarlo, probar si me quiere, si se queda a pesar de mi problema, o simplemente para que me deje y así yo tenga una razón más para ser infeliz?

Ya ni sé.

Me siento muy insegura. De mí misma, de lo que debo hacer, de lo que realmente está pasándome, y sobretodo en estos últimos dos días, de su amor. Lo único que sí sé (Y que, contradictoriamente, no me termina de convencer) es que estar sana y liberarme de mi enfermedad lo vale todo. Todo el esfuerzo, todo el dolor y el miedo. Por miedo dejé de hacer lo que estaba bien... Es hora de superarlo.

Sorry por el post largo.




domingo, 8 de abril de 2012

Conciencia

Yo no entiendo.
O sea, no me entiendo.
Me entiendo bien, me conozco, y en el fondo entiendo qué es lo que me pasa. Pero no me quiero entender.
Porque entenderme sería enfrentar la misma situación de hace 3 años, en la que no me importaba nada más que morirme.
Y no es así, no es la misma situación.

Yo no me quiero morir. No me quiero quedar sin nada. Amo lo que tengo, soy muy afortunada. No quiero decepcionar a nadie, ni a mí misma. Estoy feliz teniendo retos, estoy contenta viviendo.
No entiendo por qué, a pesar de esa felicidad, el monstruo sigue.

Quizás es miedo. Sí, debe ser eso. Miedo a ser feliz. miedo a que las cosas vayan bien. Deseos de boicotearme. Me rindo. Me tira la corriente. Me puede más el hecho de sentirme acostumbradamente mal pero segura a ser inciertamente feliz. Feliz con lo que tengo, que no es mucho ni poco, pero es suficiente. Es amor, es protección, es comodidad, es una lucha diaria desde que me levanto hasta que me vuelvo a levantar (Porque lucho hasta mientras duermo), una lucha que me llena de gratificaciones y me convence de seguir así, pero a la vez me cansa, me asusta y me quiebra.

No estoy mal. No me siento mal. No estoy derrotada, abrumada y pesimista como cuando tuve mi peor bajón en el 2008-2009 y terminé internada. Es lo más extraño. No me siento enferma. Me siento contenta, en control, como hacía añísimos no me sentía. En control... Y eso me lleva a pensar que justamente es lo que anda mal. Porque no por nada me he bajado tanto de peso. De nuevo estoy con un IMC inferior a lo normal, usando jeans bolsudos, ropa suelta, cara huesuda, ojeras, pero nada de debilidad ni fijación por la delgadez como antes. Simplemente me da miedo engordar. Soy consciente de que he bajado mucho de peso. "¿Por qué?", me pregunto, si no es lo que he estado buscando. "¿Será la actividad física? ¿El hecho de que casi no como dulces? ¿Que me restinjo la comida sin darme cuenta y según Laro vivo a dieta? ¿O quizás el efecto de las pastillas anticonceptivas que estoy tomando? Después de todo ese es uno de los posibles efectos secundarios (Y si es así, ¡benditas pastillas!)". No lo sé. Ya desperté suspicacias. Me dí volantines en mi clase de teatro, terminé moreteada porque mis huesos golpeaban el piso. Me abrazan y me pasan la mano por esas protuberancia, me da vergüenza que me toquen. Y no es lo que he estado buscando. ¿O sí?

¿Será que en todo este tiempo mi maquiavelicidad ha estado esperando el momento oportuno para desatar todas sus funciones? ¿Será que nuevamente mi monstruo ha mutado y emplea otros mecanismos para conseguir su propósito: consumirme? ¿Será que en el fondo sigo siendo la misma muerta en vida que no quiere nada más que estar sumida en la penumbra de su hueco? ¿Busco excusas para estar mal? ¿Realmente quiero ser infeliz? ¿Me autocompadezco diciendo que la enfermedad es más fuerte que yo y esto me pasa porque simplemente soy crónica y no tengo solución?

¡NO! No quiero esa vida sin brillo, sin amor, sin fuerza, sin metas, sin ilusión, sin una lista de cosas por hacer antes de morirme. No quiero volver a esa desazón por la vida, a es estado de autocompasión y llamar la atención de todos para que me cuiden. De esconderme para que no me vean. De pedir ayuda a gritos silenciosos exteriorizados en forma de vómitos, de dejar de comer por días para sentir que yo controlo mi vida.

Soy consciente de que estoy mal. Soy consciente de que miento y manipulo para no comer (tanto como me piden que coma). Soy consciente de que eso es inconsciente pero que está sucediendo. Soy consciente de que se me han vuelto a abrir heridas que estaban cicatrizando (heridas referentes a mi papá). Soy consciente de que me siento bien, pero no soy consciente de que ese bienestar puede ser porque me siento en control sobre la comida. Soy consciente de que tengo que hacer algo al respecto, que me molesta pero tengo que comer, que me friega pero tengo que seguir de nuevo un régimen, que detesto la idea pero voy a tener que volver a ser paciente en recuperación, no una chica que superó sus problemas.

Laro me para diciendo que por favor coma más. Que estoy demasiado flaca. Le digo que lo intento, y sí lo intento. Pero me da mucho miedo engordar. Él cree que no me importa que me pida eso, que no le importa que él se siente mal. "Que lo haga por él". Y yo no quiero defraudarlo, ni hacerlo sentir mal, ni que se aleje de mí. Yo sé que esta es la mejor forma de hacerlo que se vaya de mi vida (Estando mal), pero no quiero perderlo. Y trato de ser normal, como porque sé que debo hacerlo... Pero no es que me provoque siempre, y de hecho, me da terror ir a su casa y que me ofrezca muchas de las cosas que suelen haber ahí.

Hace como dos semanas grabé un comercial para una marca de Waffers de chocolate muy conocida. Me sentía muy contenta por la chamba y por el ambiente. El concepto era recontra divertido. Me encontré con varios conocidos... Y entre ellos estaban Bruno (A quien mis lectoras antiguas reconocerán por el nombre, y quienes no: mi Némesis, mi obsesión, mi "mejor imposible"), y el chico que me besó hace unos meses en una fiesta de fin de grabación de la película en la que estuve. El protagonista de la misma. Un chico muy tierno pero bastante descarado a decir verdad. Me sentía bien, incluso viéndolos a los dos. Removían algo en mi interior: me sentía recontra admirada por Bruno haciendo piruetas vestido de mosca gigante (Disfraz que le vino como anillo al dedo), preguntándome si yo seguiría significando algo para él o si quizás lo signifiqué en algún momento, y viendo a este otro chico y sintiendo pena por lo que pasó y por no estar disponible para él porque amo a mi novio con todo mi corazón pero no puedo negar que el chico me movió un poco el tapete en su momento pero durante la grabación sentía rechazo... Y en mi escena me dieron una hamburguesa. Tenía hambre, la terminé comiendo como mi almuerzo y pensé que no iba a comer nada más. Y así fue, sólo que terminé vomitando esa hamburguesa por las puras. porque pensé que podía hacerlo. Porque era una hamburguesa que me iba a llenar de grasa. Y ahora que lo pienso, porque estaba emocionalmente removida por ver a estas dos personas en el mismo lugar.

Estuve dos o tres días sin mi dosis diaria de Alprazolam. Ayer fue el cumpleaños de mi hermano y mi mamá. Tuve una chamba en la que me pagaron 100 dólares por que me pinten el cabello (Casi de mi mismo color, pero más hacia marrón-pelirrojo) y con eso pagué parte del almuerzo de cumpleaños de ambos (porque cumplen en días muy cercanos). Pero para variar, nunca se puede complacer a toda mi familia y alguien por ahí puso cara larga y me sentí culpable. Y luego me vino esas náuseas y no querer comer nada, y un dolor de cabeza espantoso, y anoche en la madrugada me di cuenta de que todo eso podría haber sido causado por mi falta de dosis de pastilla. No dormí bien. Mi papá me habló en la mañana, no tengo idea de para qué (¿Para hacer como si estuviera preocupado por mí? ¿A estas alturas? ¿Qué se trae entre manos?), y felizmente ya tomé mi pastilla. La ansiedad.náuseas.pánico.náuseas.molestia.tristeza.ira que siento no se van. Se me han ido las ganas de comer. Mi monstruo debe estar feliz. Pese a todo, manejo bien la situación: la hablo, me compro mis pastillas, sigo adelante con mi vida. En comparación con lo que hacía antes, claro.

Me llega a mi mail una actualización de un blog en Xanga de una chica de mi ciudad. Siempre la leo. Y leo que está de mal en peor. Quiero ayudarla. Me frustra que no se deje. Siento frustración por muchas cosas. Me da pena que haya gente tan mal y yo no poder hacer nada para al menos darle esperanzas. Como cuando a mí nadie me quería dar esperanzas. trato de desligarme, pero me cuesta porque quizás es como no poder darme esperanzas a mí misma. La veo como cuando yo estaba en su lugar, con el descontrol de mi vida y pensando que podía sola. Sé lo que debe hacer y me da rabia no poder hacer que ella haga lo que sé que debe hacer para estar bien. Qué mala persona soy. me siento solidarizada con eso, cosa que tp está bien, y termino dejándome afectar. Porque quiero, simplemente porque quiero compartir la oscuridad de otros. Mi eterno masoquismo.

Ya tomé esa pastilla que me tumba. Y prefiero morirme de sueño antes que volver a sentir esta pesadez en el estómago que me corta las ganas de hasta salir de mi casa. Le dije a mi mamá que no me siento bien y me aceptó mimarme. No pienso dejar que dure más de un día, no me gusta ser su centro (ok, sí me gusta que me presten atención, cuando decía que no era mi parte mártir porque así llamo la atención de forma indirecta, comprendí ese mecanismo en mi tratamiento), y sé que no me hace bien que me engrían. Así que debo estar mejor para mañana. No, para hoy en la tarde. porque tengo que hacer mi tarea de mi clase de teatro, y preparar la clase de alemán que voy a dictarle a una niña, y preparar mi tarea personal porque mañana tengo cita con mi psicóloga para hablar por fin de todas estas cosas.

No sé cómo termine todo esto.
No me entiendo.
Sí me entiendo.
Pero no quiero hacer lo que sé que debo hacer.
Porque me da miedo.
El miedo es muy fuerte.
Miedo a las responsabilidades, a crecer. A fallar, a decepcionar, a no ser capaz. Por eso me escondo. Porque no me creo capaz. Y me siento conforme y segura manejando mi alimentación, así siento que tengo control sobre eso. y el resto de mi vida.
Me entiendo, me conozco muy bien.

Sé que algo anda mal. No quiero aceptarlo.

Ya tengo sueño. Dormiré un rato, a ver si cuando despierte me siento menos asqueada de mí misma.

jueves, 16 de febrero de 2012

Recaída II


Ayer fui al psiquiatra y gracias a Dios coincidió con mi suposición de que, efectivamente, estoy en un proceso de recaída cognitiva y emocional que me pone en riesgo en mi TCA, y que la depresión de nuevo está presente. Además de los ataques de angustia (Que creo que es otro grado de ansiedad), en los que siento mucho miedo y ganas de llorar de la nada. Hace unos días recogí mis maletas con las cosas de mi internamiento (Después de casi un año! Imagínense!), y encontré muchas cosas interesantes ahí: desde mis materiales de arte, ropa, dinero... hasta pastillas. Así que como ya me había estado sintiendo bastante mal muchos días, decidí automedicarme con una benzodiacepina ansiolítica. No estoy a favor de eso, y se lo conté a mi psiquiatra. Mi mamá lo sabe. Y creemos que era necesario.

Y es que cuando una tiene ya la tendencia, digamos, gracias a un problema biofísico, el uso de pastillas para encontrar cierto "equilibrio" es necesario. La depresión, además de poner(m)e irritable con todos (Hasta con Laro y mi mamá) y hacer que me aisle (al punto de no querer salir a la calle o que me rocen extraños en el micro, mucho menos tolerar conversaciones ajenas y criticarlo todo), muchas veces se acompaña de ansiedad, y de forma característica, está asociado con el TCA. Es MUY probable la aparición de uno si está presente el otro.

El proceso de recaída es tan sutil, tan gradual que una casi ni se da cuenta de cuando pasa. Poco a poco una situación re-activa un pensamiento que ya se había guardado en la cajita de los recuerdos y con los días y las repeticiones va tomando fuerza hasta que una se la vuelve a creer. Tiene mucho que ver con la baja tolerancia a la frustración, a que las cosas no salgan como una se las espera, por ejemplo. Yo no estoy en el punto en el que estaba antes, porque me he dado cuenta "a tiempo" (Tarde porque ya estoy ahí, pero a tiempo de frenarlo antes de que pase a comerse mi cuerpo... más). Poco a poco también se empiezan a activar los rasgos de personalidad enfermizos que acompañan la enfermedad, y en mi caso, mi autoderotismo (O masoquismo) me hizo querer autoboicotearme casi casi inconscientemente: resurgió el miedo a perder a Laro por yo "ser así", "porque se aburra de mí o se canse de tener a una novia enferma", y le pedí un tiempo. Un tiempo que obviamente me iba a poner más depresiva, no porque sin él no puedo vivir sino porque él me apoya muchísimo y me ayuda a sentirme mejor. Así que (al día siguiente) volvimos, reafirmados en que queremos estar juntos. Esta situación me ayudó a por fin hablar con mi mamá y decirle las cosas que pienso de ella y en qué me ha estado faltando el respeto o qué no me gusta (A veces se pasan, ella y mi hermana). Después de todo, algo bueno surgió de tanta oscuridad. Y una de esas cosas, la resolución de medicarme de nuevo.

Así que por fin mi Shrink me recetó mis antidepresivos para ayudarme a controlar esos pensamientos que tengo y que me generan esa tristeza, y el ansiolítico sólo en casos de emergencia cuando me sienta muy mal.


Pues bien: hoy estaba en mi clase de baile (Mi prima me hace entrar gratis. Bailo sexy dance, y mi prima me ha puesto por primera vez en el grupo que hace la coreografía compleja, para reirse). Ya me había tomado mi dosis de AD, no quise tomar el AL xq sé que es adictivo... y de pronto, el salón se puso más oscuro y se empezó a achicar. Mis compañeras estaban en un mundo distinto al mío. No me concentraba en los pasos, creo que ni sabía qué hacía. Me entró mucho miedo, angustia, como si me fuera a desmayar del pánico que sentía, ganas de llorar y de salir corriendo. Tuve que tomarme el AS. No creo (Espero) que en una semana de tomarlo diario haya creado dependencia, voy a tratar de bajarle la dosis. Pero esta es, una vez más, una comprobación de que algo anda mal en mi organismo.

Qué es lo que hace que una persona recaiga?
En primer lugar, y lo pongo aquí sólo por mi experiencia (Porque no sé si está en primer lugar pero creo que influye mucho) es por la suspensión de los medicamentos, y la posterior exposición a muchos estímulos de riesgo de los que ya hablé. En mi caso, hubieron muchos disparadores, situaciones a las que me expuse (Y me sigo exponiendo), factores de mi carácter y por supuesto y ahora lo incluyo, la falta de medicación.

Una vez alejada del ambiente terapéutico y seguro, e iniciado quizás el proceso de recaída, pasan varias cosas:

- Disminuye la motivación para mantenerse bien: "me rindo", "me cansé de ser la chica de la autoayuda, de tratar de verlo todo positivo o ser la única que cambió en mi casa". Ya no recuerdo ni veo mis logros, sólo mis errores (Y más si me corrigen a cada rato o me dicen que debería o no hacer), y entonces pienso que quizás, o no vale tanto la pena estar bien, o bajo la guardia y me sigo exponiendo a cosas que me hacen daño.

- Todo esto puede suceder porque varían mis prioridades. Por lo general, después de un tratamiento una está con un régimen y horarios establecidos, pero aparece el trabajo, los estudios, los amigos o el novio y la hacen pensar a una que "bueno, esta vez me dormiré a las 2am" (Conducta que se sigue repitiendo). O "Bueno, es el cumpleaños de Fulanito y quiero ir, así que estudio el doble mañana" (Y obviamente no lo hago, jalo y me siento mal). Por lo general, nos vamos hacia lo fácil, lo que es inmediato y que nos da placer. Es muy difícil decir que no. Y si obviamente fracasé porque elegí mal porque mi prioridad no fue la adecuada, se me activarán pensamientos y bajará mi motivación.

- Además, cuando una se acostumbra a la vida diaria, va ganando experiencia en hacer las cosas bien pero también aumenta la soberbia (Elemento esencial en este proceso) y olvida las cosas que hay que evitar. Nos olvidamos de los riesgos, no pensamos en los pros y contras de lo que hacemos y nos exponemos más y más.

- Para coronar la situación, una piensa que lo puede controlar, pero en realidad no se está observando. Pensé que era más segura de mí misma y que no necesitaba, por ejemplo, escribir en mi diario lo que me molestaba y cómo reaccionaba, anotar qué comía para chequear cómo va la restricción o la sobreingesta, olvidé autoobservarme. En parte por flojera, en parte por culpa y vergüenza de ver lo que no quería ver.

Y son esas, la culpa y la vergüenza, lo que impiden que se tomen cartas en el asunto.
Porque cuesta decir "me volví a equivocar", "no estoy bien, ayúdame", "Tengo problemas en lo mismo"; la vergüenza, la culpa, la frustración, la cólera y la desesperanza son tan fuertes que nos hacen callar por miedo a lo que dirán los demás (Así como al inicio, cuando daba miedo y vergüenza aceptar que tenemos un problema, pues ahora lo da el doble aceptar que lo volvemos a tener). Callo, no me expreso, me guardo lo que pienso, me como mis pensamientos y vomito mi rabia y frustración hacia las cosas que me hacen sentir mal. Minimizo mis conductas diciendo "Sólo fue una vez", "No estoy tan mal como antes", me justifico comparándome con mi yo anterior o con otras personas, o (peor aún) echándole la responsabilidad de mis actos a las situaciones y a las personas que "hicieron que me sienta mal y que por lo tanto justifico lo que hago" porque es una manera de querer tener la razón.


Entonces, ¿QUÉ HACER?
En primer lugar (Y ahora sí es un primer lugar):
- Obervarme y determinar cuáles son mis SAR (Que también pueden ser situaciones positivas que generen ansiedad) y EVITARLOS!!!!!!!!!! Si sé que algo me hace sentir mal, ¿para qué exponerme? Muchas veces pensamos que "algo no me hace tanto daño como antes, ya lo superé". pero lo cierto es que el malestar no se refleja inmediatamente: se acumula. Y llega un momento en que finalmente se manifiesta, y no es de la mejor manera. Aprendamos del pasado, recordemos todo lo malo que nos trajo, y observemos el presente.

- Desarrollar un plan de emergencia: qué haré si se presenta un SAR. Si no puedo evitar exponerme a una SAR (En mi caso, por ejemplo, un evento social o entrar a una tienda de comida), aplicar alguna técnica de distracción, bloqueo de pensamiento, o incluso ESCAPAR de la situación.

- PEDIR AYUDA! Dios, no podemos solas! En un primer momento, si veo que me siento mal en un momento, que siento ansiedad o muchas ganas de vomitar lo poco que he comido, o por lo contrario que me cuesta interactuar con las personas o acercarme a la mesa a comer, decírselo a alguien en quien confíe mucho. El miedo compartido es menos. Si lo temido ya sucedió, si tuve un desliz, hablarlo con alguien también es de gran ayuda. Yo tengo a varias personas en las que sé que aunque me cueste llamarles o escribirles a decirles algo tan feo, me van a escuchar y van a entender que estoy enferma. Negar el problema sólo lo hace más grande. Además de eso, para algo a más largo plazo, hablar con alguien capacitado para orientarme y ayudarme: un terapeuta! CRIS, ANDA A TERAPIA!

- Si el problema es el TCA y tuviste un desliz y vomitaste, o comiste de más, o te saltaste la comida, vuelve a tu régimen. Crees que por un error todo se va al tacho? TE EQUIVOCAS. El hambre llama al desorden. "La comida es tu medicina". El cuerpo la necesita, así no queramos, para subsistir y también para sentirnos bien. El hambre pone irritable, de mal humor, lo creas o no (Lo recuerdes o no, Cris).

- Creer en una fuerza superior que nos puede inspirar a estar bien y darnos la fuerza para no caer. Sea Dios, la naturaleza, Buda, tu ángel de la guarda: está comprobado que creer en una fuerza superior ayuda a sentirse bien. Ojo: no me refiero a ser una devota, ir a misa dos veces por semana, proclamar la palabra de Dios o aferrarme a una religión que, en realidad, para muchas es bastante decepcionante y de la cual provoca alejarnos. Creer que algo superior existe es bueno, más allá de que sea verdad o no, porque nos hace sentir bien. Si lo quieren poner como que es una necesidad del hombre, ok, lo es: por lo tanto debe ser satisfecha. Así que, si no quieres creer en Alá o en el buen Jesús, cree en la fuerza de la energía, en la sensación que da un atardecer, y búscalo para sentirte bien. Esto incluye también la oración y la meditación.

- Y hablando de meditar: aprende a relajarte. Existen técnicas de relajación y respiración que ayudan a calmar la ansiedad (Pero sólo si son bien aplicadas. Es muy común que a la primera que lo intentemos no funcione porque claro, estábamos en un ambiente bullicioso o no lo hicimos en serio; pero millones pueden asegurar que funciona de maravilla una vez conseguido el truco). Además, una vez dominado, es altamente recomendable como recurso inmediato en casos de urgencia para manejar la ansiedad, como cuando estás en la calle o antes de un examen importante. Ojo: no para dummies. Hay que practicarlo.

- Autoobservarme: escribir un diario, registar mis avances y caídas, conocerme, escuchar lo que pienso y quiero. Esto ayuda a comprenderme y darme lo que necesito. Existen técnicas como los registros de pensamiento; darse un espacio (Como cuando estoy dentro de una discusión y no controlo mi ira, o no me siento bien y estoy cumpliendo con mis labores); observar qué pasa con mi cuerpo.

- Tener una lista de lugares de soporte, y un grupo de soporte en el que se pueda hablar de lo que pasa. No estamos solas, millones pasan por lo mismo y nos comprenden. Somos nosotras las que debemos aprender a hablar. Si no nos expresamos, no nos van a entender.


- Bloquear y reestructurar: son técnicas de las que hablaré con detenimiento luego.

Esto es todo por hoy. Sé que es mucho, espero no cansar. Pronto tendrán más noticias de mí.



miércoles, 8 de febrero de 2012

Procesos


Poquito a poquito. Paso a paso.

La vida es un subibaja. Una espiral.

Unos meses bien, otros mal.

Hoy me toca mal.

Mi proceso de enfermedad duró años. Mi proceso de recuperación, meses. Mi proceso de recaída está en pie.

Pensamientos catastróficos, desvalorización, falta de motivación. Depresión. Angustia. Cólera, impulsividad. Palpitaciones, taquicardia, sudoración, ruborizaciones. Conductas de riesgo, como la restricción. A veces purga.

Ya está establecido, ya está identificado, sólo queda ponerme en acción.

Para qué? Para parar aquello que una parte de mí no desea que sea detenido.

Próximo post: qué hacer al respecto. Qué HARÉ al respecto para que no siga avanzando.

miércoles, 25 de enero de 2012

Sobre recaídas

Ayer tuve una conversación muy bonita con Ross que me motivó a seguir moviéndome y avanzar. ¿Por qué hago las cosas que hago? No lo sé. Bueno, sé que está mal, y sé que no está bien que se repita. Hoy me he esforzado y he comido mejor (No sé cuánto me dure, pero ya empecé y creo que puede funcionar).

Así que por eso escribo. Porque me motivé a transcribir de una buena vez esas terapias que están almacenadas en mi cuaderno de internamiento y nunca puse en práctica (Luego no me puedo quejar de estar mal). Hoy tuve grupo y el tema fue acerca de la prevención de recaídas. Justo de lo que quería hablar. Mi conversación con Rossie fue acerca de la solución de problemas, pero la técnica utilizada en ello, a mi parecer, es más avanzada, y personalmente creo estar aplicándola más de lo que aplico las cosas de las que hablamos hoy y sobre las cuales quiero hablar en este post. Así que, progresivamente, una vez a la semana de ser posible, soltaré técnicas y reflexiones de mis cuadernos. Y empiezo hoy hablando sobre el control de recaídas.

Primero: ¿Qué es una recaída? Una recaída es la suma de varios resbalones que conllevan a un estado de enfermedad. Lo pondré con ejemplos, y siempre míos a menos que advierta que no lo es. Y dice así: en el tratamiento nos dan permisos para salir algunas veces al mes, y en esos momentos, luego de semanas lejos de las tiendas y los supermercados, es natural que se nos antoje un chocolate. Pues bien, va Cristal a su casa y mete en el carrito de las compras un chocolate. Luego de eso, en su casa encuentra una bolsa de caramelos y se come 5, todo esto entre el desayuno y el almuerzo. Teniendo en cuenta que yo tenía problemas con la cantidad de dulces que ingería (Con los cuales reemplazaba D-A-C), ¿Significa que me estoy metiendo un atracón, o que de nuevo estoy desordenando mi alimentación?

NO. A esto se le conoce como Resbalón o Desliz. Un desliz es una conducta sintomática aislada.

¿Cuál es el asunto con los deslices? Son alarmas de que algo no anda bien. El tratamiento, la vida misma NUNCA va a ser lineal, van a haber altos y bajos de ánimo, de dinero, de bienestar. En los bajos, es esperable que hayan deslices. El problema es cuando estos resbalones se hacen cada vez más frecuentes, y mpas fuertes, y más duraderos, y acompañados de mucho malestar y pensamientos negativos. Es entonces que se llega a una Recaída.


¿Esto quiere decir que podemos tener atracones, o vomitar un plato de ensalada o no almorzar un día sin que signifique nada? Sí y no. Podemos equivocarnos, es de esperarse y "es natural". Lo que no está bien es quedarse en la acción y no salir de ella. El desliz sirve como alerta de que algo me está molestando, o de que algo no hice bien. Pero culparme o tirarlo todo por la borda porque "iba 1 año sin saltarme una sola comida y ahora me estoy restringiendo" no ayuda. Al contrario: predispone a una recaída. ¿Por qué? Porque la recaída implica perder la esperanza en que vale la pena estar bien. Una Decide volver a estar mal .Es verdad que también se decide cuando se tienen los deslices, pero en la recaída el nivel de decisión es diferente. Es más crucial. Es más definitivo. Y es importante recalcar que siempre se puede volver a intentar. Siempre, después de cada resbalón, es necesario volver al camino y replantearse lo que hice, para no volver a cometer el mismo error.

Ahora, pues: ¿Cómo evitar una recaída?

En primer lugar, es importante conocernos a nosotras mismas y cómo funcionamos, y cuáles son las cosas que me pueden hacer caer. A toda persona, objeto, lugar o situación que pueda propiciar un desliz se le conoce como Factor de riesgo. A continuación los pongo en una lista y doy un ejemplo personal.

Factores de riesgo:
- La presión sobre el peso: sobretodo aquellas carreras en las que la apariencia es lo que prima. Por ejemplo, actrices, anfitrionas, cantantes (Justo lo que yo hago).
- Emociones: Las emociones negativas pueden llevar a un desliz como manera de desahogo o paliamiento.
- Hambre/llenura: sensaciones fisiológicas como éstas pueden desencadenar malestar, o recuerdos.
- Soledad: En estadíos tempranos del tratamiento sobretodo, la ausencia de alguien que regule puede ser una buena oportunidad para llevar a cabo la conducta. ¿Quién no ha aprovechado la ausencia de sus padres o de las personas con las que vive para dejar de comer o vomitar?
- Conflictos: En mi caso es muy típico que cuando hay discusiones en casa o algún problema familiar fuerte, me estrese o me sienta triste y por lo tanto empiece a comer de menos (O de más). También incluye los problemas de pareja, por supuesto.
- Algunas comidas: sea porque trae recuerdos o inspira temor, ingerir ciertas cosas nos puede llevar a portarnos mal. En mi caso, por ejemplo: los carbohidratos y las grasas me atemorizan.
- Lugares habituales: cuando regresé a la universidad y pasaba por el baño donde solía vomitar, recordaba cómo me sentía y me inspiraba una mezcla de pensamientos y emociones que me confundían. Muchas veces una canción o un lugar puede disparar recuerdos.
- Cambios en la alimentación o en el peso: cuando una no está acostumbrada a comer ciertos alimentos que no están dentro del régimen (Por ejemplo, Navidad) o tuvo un problema estomacal y tuvo que estar a dieta por lo que adelgazó un poco (Dentro del tratamiento, sin intención), el orden se desequilibra y pueden haber deslices.
- Enfermedades: diarreas, fiebre, dolor de cabeza, resfrío. Cualquier cosa altera el apetito.
- Viajar: Cambiar de ambiente incluye cambiar de hábitos. Y esto puede ser peligroso si aún no se ha adquirido la capacidad de equilibrar y escoger lo que se va a comer.
- Verano: ¿Tengo que explicarlo? ;)

Otros factores que a mí me puedan propiciar una recaída:
- Ponerme a dieta.
- Dejar de escribir o expresar mis emociones.
- Desordenar mis horarios por las actividades que tengo (Falta de tiempo).
- No ir a terapia.
- Discusiones con mi hermana, mi mamá o mi papá.
- La muerte de alguien, o separarme de Laro.
- Cualquier evento que me deprima: por ejemplo, lo actual: dejar de estudiar.
- Cualquier evento que me de miedo: tener que responsabilizarme de mi vida.
- Un evento social que incluya comida: una cena, o un cumpleaños en un restaurante buffet.
- Una presentación: sea anfitriona o personaje, siempre querré verme bien en el escenario-frente a las cámaras.

Exponerme a uno o varios de estos factores de riesgo, como el nombre lo indica, me expone y aumenta la probabilidad de un desliz.

Todo lo anterior sólo se puede conocer luego de hacer un análisis serio a las cosas que me propician sentirme mal o que activan mis pensamientos. Recuerdo que en un momento, absolutamente todo lo que hacía o a lo que me exponía significaba una conducta. Actualmente sí son cosas que me estresan, pero no llegan a provocarme el vómito o una restricción. Por esta razón es necesario conocerse y saber cómo funcionamos, porque de lo contrario no sabré a qué cosas no debo exponerme si no quiero ponerme mal. Una forma de empezar a conocerme es, justamente, escribiendo. Haciendo un diario en el que apunte las cosas que pasaron, las emociones y pensamientos que tuve y las cosas que hice a raíz de ello, es la mejor forma de conocer qué cosas me hacen daño y cómo funciono. A esto se le llama "Registro terapéutico" y hablaré de ello en otra oportunidad.

En el siguiente post, tips para evitar o controlar una recaída.

:)

(Mañana tengo una entrevista de trabajo en la mañanita. Debería estar durmiendo T_T)