Este es un blog de vivencias y reflexiones de una chica que busca la manera de plasmar su interior en algo tangible como las letras.

Aquí encontrarás hartas anécdotas y también procesos mentales, de esos enredados pero que buscan explicar lo que sucede en la vida y así encontrar un sentido. Encontrarás ejemplos de cosas que no hay que hacer; confesiones amorosas, de esas que toda chica necesita contarle a su mejor amiga; quejas y lamentos, letanías de alguna época mentalmente negativa; pero también hallarás decisión, actitud, fuerza y valentía (O al menos un sincero intento de ello).

Espero motivarte a seguirme. No sólo en lectura, sino en este trabajo interno, esta búsqueda de bienestar.

Seamos luz en medio de tanta oscuridad.


Mostrando las entradas con la etiqueta Autoestima. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Autoestima. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de mayo de 2018

Nuevo descubrimiento

Soy una persona con fuertes problemas emocionales.

Siempre me sentí diferente. Pero no sólo porque yo me daba cuenta de que lo era, sino porque habían personas a mi alrededor que me lo hacían notar.

Quizás mi mamá no supo manejar mi sensibilidad. Mi papá estaba demasiado ausente como para hacer algo más que felicitarme. Igual, no pensé que fuera necesario nunca: mis profesores siempre tenían algo bueno que decir de mí. No así mis compañeras.

Fui educada en un colegio de monjas, sólo de mujeres. Dicen que esos colegios son nido de brujas, y aunque creo que la noción es un poco extremista, creo que tiene un punto. Los grupetes conformados sólo por mujeres son tóxicos.

Ya en el jardín de niños sentía que algo iba mal conmigo.

En Kindergarten me costaba hacer amigas, me costaba compartirlas, no tenía la capacidad de mantener una amistad estable, era demasiado susceptible a las reacciones de los demás y no sabía cómo expresarlo. Porque era casi una bebé.

En primer grado empezaron los problemas. Resaltaba, como una estrella, era la mejor en todo. Una vez me contó una chica de mi colegio que se le hacía raro que yo me sintiera sola si ella recordaba que hacían fila para ser mi amiga. Yo recuerdo más que me molestaban por sacarme buenas notas. Era la primera del salón. Encima, acababa de descubrir mi talento para cantar y actuar, y era la mascota favorita del área de música, me ponían de protagonista siempre. Para colmo, mi cabello y mis ojos eran los de una princesa de Disney y algunas chicas me perseguían para "tocarlo" (En serio, no miento. Si no me buscaban en el recreo para que les cante algo, me buscaban para cogerme el cabello). Mientras las mayores me admiraban, mis contemporáneas me miraban feo, me decían "creída", y a mí me costaba mucho integrarme en los grupos para jugar -no me creía bien recibida-. Estoy segura de que mi mamá sabía de esto porque recuerdo conversaciones en las que ella me aconsejaba qué decir. Pero no era suficiente, ellas siempre eran más fuertes.

Segundo grado no fue mejor. Se sumaron las niñas de la movilidad. Bromas pesadas sobre mí, a veces. Una niña me sacó la silla y terminé cayéndome al suelo, recuerdo. Para mi mamá era normal porque "a ella también le tenían envidia y le amarraban su largo cabello rubio a la silla al punto de que no se podía parar, así que lo mío no era nada en comparación con lo que a ella le pasó". Y encima estaba lo que mi mamá hacía: el gran secreto que no podía contarle a nadie, porque no me iban a entender. ¿Qué niña de 7 años iba a comprender sobre ángeles y energía?

En tercer grado, una niña se sacó los mocos y se limpió en mi cabello. Los comentarios agresivos y las miradas de soslayo no habían desaparecido del todo.

En cuarto, una niña pisó mis lentes a propósito, y aunque no se rompieron del todo, sí medio que los malogró. Mi mejor amiga de ese entonces decidió que ya no quería pasar el tiempo conmigo sino con otra chica (una que me miraba feo) y me sentí muy sola.

El siguiente año es el año del que no me quiero acordar, porque sufrí mucho, supongo. Recuerdo que ese verano estuve especialmente triste y fui una vez a ver a una amiga. Cuando volvimos al colegio, ella no quería ser mi amiga. Ese año me la pasé en el limbo. En esa época creo que empecé a pensar que yo era la que espantaba a la gente. Encima, cuando terminó el año escolar, una chica me robó mi cartuchera con todos mis útiles, pero se hacía la que no sabía nada. Vinieron muchos cambios pero no es de lo que quiero hablar esta vez.

En sexto grado me enfermé. Decidí aislarme. Decidí que yo era repugnante y que lo mejor era alejarme de la gente para que la gente no se alejara de mí, después de todo, es más fácil así. Empecé a hacer mis tareas en los recreos, y desarrollé una manera indirecta de llamar la atención. Estaba tan dolida que creí que no funcionaría el acercarme directamente y mostrarme como era. Había aprendido que mientras más me escondiera, mejor opinión iban a tener sobre mí. Así que empecé a negarme todo. Imagínense el hambre que tenía por no sentirme sola: empecé a canalizarlo por hambre real.

Ese año hicieron conjunción muchas cosas. Supongo que el aspecto "amistad" fue uno de ellos. A mis 12 años empecé a dejar de comer, pero en realidad, las cosas empezaron mucho antes.

Secundaria fue un poco mejor, porque aprendí a modularme. Al menos, los comentarios ya no eran sobre mi forma presuntuosa de ser (juro que no recuerdo haber sacado nada en cara de nadie) sino sobre el bicho raro en que me había convertido. Callada, inteligente, que no comía. Al menos no me odiaban, ahora lo veo claro. Era preferible ser tachada de rarita antes que de antipática. Me sentaba regularmente con un grupo grande de chicas pero no participaba mucho en las conversaciones. Nunca tenía nada inteligente que decir.

Primero y segundo fueron una pesadilla emocional. Era un fantasma, no tenía contacto con nadie. En primero desarrollé muchas manías y compulsiones que sólo me hicieron la vida imposible, pero fui lo suficientemente fuerte como para dominarlas poco a poco. No así mis promesas de no comer, que son un tema aparte. Los trastornos de la alimentación era el tema que más despertaba mi interés en el colegio, y se rumoreaban cosas sobre mí, que yo desmentía, y sobre otras chicas, a quienes yo observaba casi maniáticamente para desenmascarar. "La anorexia es mala", pensaba. Pero para mí, era el castigo perfecto. Sin darme cuenta había desarrollado mecanismos para llamar la atención de mis compañeras de manera indirecta, mediante la pena y la diferenciación. Era completamente inconsciente de que, tratando de desaparecer, resaltaba más. Justo lo que no quería. Irónicamente, el mensaje de víctima es uno de los peor recibidos socialmente, y eso hizo que la atención no se centrara en mí sino en las demás. Había una chica en el grupo con el que yo solía sentarme que evidentemente estaba muy flaca y muchas estaban preocupadas por ella. Por mí, al parecer, nadie quería hacer nada. O nadie sabía qué hacer.

En tercero de secundaria empezó la época de los quinceañeros. Y en mi caso, empezó mi época de cortes. No hablaba con nadie, y la gente sólo se me acercaba para preguntarme cosas relacionadas con los cursos del colegio. Necesitaba una amiga, con toda la desesperación que pueda existir, pero nunca lograba expresarme. Me aislé aún más y comencé a pasar los recreos sola, en la biblioteca, para no tener que sufrir del rechazo de las demás. Al final del año 2003, le conté sobre mis problemas a una chica que, al parecer, se los contó a medio mundo. Eso, y que luego de decirle cómo me sentía, se alejó y empezó a andar con otras chicas. De nuevo la historia que se repetía.

Mi madre, preocupada por mi salud mental, recibió el consejo de meterme en alguna actividad, y fue así como llegué a unas clases de guitarra. En ellas pude, por fin, hacer amigos, y hasta empezó a gustarme un chico, al cual solía llamar por teléfono y terminó siendo mi enamorado durante dos inocentes meses. Cuarto de secundaria fue un punto de quiebre respecto a mi forma de ser: me volví hacia afuera y empecé a hablar. La terapia psicológica y la existencia de amigos fuera del colegio me ayudaron a romper mi caparazón y me convertí en una chica que dibujaba corazones en la pizarra y dormía mucho durante las clases. Me sentía irreal por las medicinas que tomaba, como si no sintiera, y eso me fastidiaba, y en mi familia se hacían un poco de problemas para comprarme mis pastillas, así que en algún momento simplemente dejé de tomarlas.

Quinto de secundaria fue, quizás, el mejor año de todos. La guitarra me dio una identidad y los comentarios y miradas de cuando era pequeña ya no eran los mismos, llenos de odio e incomprensión. Sí, hablaban de mí como "la chica rara que siempre duerme" o "el ratón de biblioteca" (porque seguía escondiéndome ahí para evitar socializar mucho), pero ya le daba un poco menos de importancia: comenzaba a entender las relaciones entre las personas y entendía que, en mi colegio, todo era superficial. Aprendí a ser más selectiva en la elección de amistades y pude acercarme un poco más a algunas chicas, de modo que me sentí menos sola. Hubo incluso un malentendido muy grande en el que yo figuraba como responsable al punto de hacer que casi toda mi promoción se pusiera en mi contra, pero el apoyo de las pocas personas que estuvieron de mi lado me ayudó a salir adelante.

Eso, y el teatro. Terminando sexto grado me metí a clases extracurriculares de teatro, y se convirtió en mi mundo, mi escape, mi forma de catarsis. Sin la poca pero significativa interacción que tenía esas dos horas a la semana con otras chicas de otras promociones, y sobre todo, con la intensa interpretación de papeles en los que ponía mi vida y descubría un talento que tenía permitido compartir en ese ambiente sin el menor atisbo de comentarios negativos, simplemente no habría sobrevivido. Por eso es que el teatro se convirtió en mi válvula de escape y método de vida. Y no pude dejarlo hasta muchos años después, e incluso hasta el día de hoy lo pongo en práctica en mi trabajo.

Ayer, por primera vez, hablé sobre algunas de estas experiencias con mi psicólogo. Entrando en detalles y un poco entre risas por mi forma sarcástica de abordar el tema, me hizo ver que durante toda mi infancia había sufrido de bullying psicológico, y que era esperable que, no teniendo soporte en el colegio, y tampoco teniendo soporte en casa, terminara desarrollando trastornos alimenticios. A mis casi 30 años me vengo a dar cuenta, recién, de que mi vida escolar había sido un desastre y que hasta el día de hoy me afecta. Me afecta porque me comparo con las personas de quienes sé gracias a las redes sociales y siempre estoy en desventaja. Y, obviamente, si crecí pensando que había algo malo innato en mí debido al rechazo directo e indirecto de mis congéneres, ¿cómo no creer eso?

A veces me gustaría que aquellas niñas, ahora mujeres, supieran lo que siento. Le doy mucha importancia a lo que ese grupo específico de personas puedan pensar sobre mí. Recién entiendo que es porque me pasé años buscando su aprobación, y las pocas veces que la recibí, estaba lo suficientemente cegada por mi enfermedad como para verla, esto es, en mis últimos años de secundaria. Por eso es que siento envidia cuando veo que se reúnen entre ellas y a mí no me incluyen, y por eso considero sus vidas como brillantes y ejemplares en comparación con la mía, que me da vergüenza. Estoy enterándome de que muchas de ellas se están casando, cumpliendo sus cuentos de hadas, mientras que yo estoy aquí... en una posición indescriptible, de desventaja, de inferioridad, en la que lo he vuelto a perder todo y trato de reconstruirme desde el polvo.

No niego que existen otros factores para que me sienta vulnerable como una chiquilla de 8 años, porque sí los hay. Pero he querido concentrarme en estos episodios porque creo que son un nuevo descubrimiento que puede explicar mi forma de relacionarme con los demás, incluyendo mis relaciones sentimentales, y, espero, curar heridas que hasta ahora no cierran. 

miércoles, 21 de febrero de 2018

Reto Día 14

Hoy tuve terapia con mi psicólogo. luego de eso he estado un poco sensible, por los temas que tratamos. Entre ellos, que debo hacer un diario de comidas y el amor, el amor, ay el amor... El futuro, mis metas, mi independencia, mi trabajo, mi autoestima...
Fit Boy no me dio mucha bola hoy pero estuve conversando con otras personas del grupo. Son muy insistentes. Me siento un poco triste porque, finalmente, ven en mí un número más, una ganancia, una oportunidad de negocio. No necesariamente una persona interesante o una potencial amiga. No me consta, no lo he preguntado, pero todo parece indicar que el interés es ese: vender.

No estoy como para que no me tomen en serio.

Hoy también le mordieron a mi perro en el lomo, le han dejado una herida medio profunda. Estoy preocupada por eso, porque mañana me voy a la playa y no voy a poder cuidarlo.


Reto de escribir:
Día 14: Comparte tus películas favoritas, las que nunca te cansas de mirar.

No tengo. Jajaja. Pero me gusta mucho Frozen. Disney, en general: vería las películas miles de veces sin hastiarme (tanto).


Reto del autoestima:
Día 14: ¿De qué estaría orgulloso tu yo más joven de tu yo de ahora?

Probablemente de mi capacidad para buscar soluciones. Hoy mi psicólogo me dijo que soy valiente por haber superado mis TCA, y quizás sí, mi yo antiguo estaría orgulloso, en cierto punto, de manejar la comida como lo hago ahora. Aunque sea con fastidio, pero me alimento, eso es algo importante que antes no tenía. Eso, y que ahora distingo sueños (que los considere inalcanzables o locos es ya otro tema). Antes no tenía sueños, ahora lo intento. Eso es: estaría orgullosa de que he logrado la suficiente cantidad de amor propio para velar por mí, buscar mi bienestar; antes, por el contrario, hacía todo lo posible por destruirme, por sentirme mal, por hacerme daño.

domingo, 18 de febrero de 2018

Reto Día 11

Reto de escribir:
Día 11: Algo sobre lo que siempre piensas "¿Qué hubiera pasado si...?/ "¿Y si...?".

¡¡¡¡¡UUUUUUUFFFFFF!!!!! ¡Simplemente tantas cosas!
¿Qué hubiera pasado si en vez de meterme a medicina, me metía a teatro? ¿Qué hubiera pasado si me hubiera arriesgado y me hubiera metido de lleno a actuar? ¿Qué hubiera pasado si no me hubiera internado para recuperarme de mi TCA? ¿Qué hubiera pasado si mi ex no se hubiera desenamorado de mí? ¿Que hubiera pasado si hubiera terminado medicina? ¿Qué hubiera pasado si no hubiera atentado contra mi vida en noviembre?

¿Y si termino con El Mago definitivamente? ¿Y si ya no lo amo, o él no quiere saber nada de mí? ¿Y si fracasa mi pequeña empresa? ¿Y si me quedo estancada de por vida, sin ganar dinero suficiente y viviendo con las justas? ¿Y si me quedo sola y nadie nunca me llega a querer por lo complicada que soy yo y mi familia? ¿Y si mejor hubiera desaparecido antes? ¿Y si mejor me voy de mochilera por el mundo? ¿Y si le hablo a mi papá, o a Laro, simplemente porque me importan después de todo este tiempo? ¿Cómo sería mi vida si, en vez de vivir con mi mamá, hubiera vivido con mi papá? ¿Cómo sería mi vida si mi papá no hubiera sido tan inmaduro y despreocupado? ¿Cómo sería mi vida si yo no fuera depresiva ni haya tenido los problemas que he tenido?

Trato de no hacerme esas preguntas porque sólo son formas de sentirse mal. Son realidades que no existen, y no quiero sufrir por lo que no es, no fue o no será. Prefiero concentrarme en lo que tuve, tengo y es.


Reto del autoestima:
Día 11: ¿Cómo te describirías a tí misma a un extraño de una manera cariñosa contigo misma?

Soy una persona que trata de hacer lo mejor que puede para salir adelante. Soy introvertida, pero puedo ser divertida y buena amiga si me abro. Me gusta aportar a las personas a que sean felices o resuelvan sus problemas, y disfruto con las cosas pequeñas de la vida.

jueves, 8 de febrero de 2018

Retos Día 1

Ayer y anteayer fueron días de horas de llanto.

Me toca aceptar que mis emociones están más desordenadas de lo que pensaba.
Que me toca estar sola.
Que estoy dentro de un proceso nuevo de re- aprendizaje.
Que hay que tener paciencia con una misma.
Que está bien estar mal y pero no debo quedarme en eso.
Que sólo me queda aceptar, aceptar, aceptar.

***

Encontré estos pequeños retos de un mes. Los quiero hacer en simultáneo (porque, para variar, uno no basta).

A ver qué sale de esto.



Reto de escribir:
Día 1: Haz una lista de 10 cosas que te hacen sentir feliz.

(Ningún orden en especial)

1.- Cantar "Libre soy" en los cumpleaños. Ese momento en que salgo por primera vez al show y a veces se escucha una exclamación ahogada, y empiezo a cantar, y estoy concentrada en que me salga fuerte y sin gallos, y en que salga la "nieve" de mis mangas, y en que se vea realista. Me gusta mucho esa canción, se me pone la piel de gallina cuando escucho la original.

2.- Un abrazo cálido de mi mamá. Sobre todo ahora que estoy tan inestable. Y con inestable no me refiero a mentalmente inestable, sino a mis subidas y bajones emocionales, a estar tranquila y, casi por nada, me pongo a llorar. Un buen abrazo de mi mamá ayuda mucho a contener esas oleadas, me calma la angustia y la ansiedad, ayuda a sentirme menos sola.

3.- Dormir con "Él". Supongo que tendré que quitarla de la lista.

4.- Dormir, en general. Nada como ausentarse un buen rato y despertar reseteada.

5.- Que un niño quiera acercarse a mí a hablarme o tomarse una foto. Una muestra de aprecio, aunque sea al personaje que interpreto, que indica que hice bien mi trabajo y que soy valorada en algún sentido por alguien.

6.- Comer un postre. Pero no cualquier postre, en cualquier momento. A veces hay postres que sólo dejan dolor de estómago, y otros que son insípidos. No, hay ciertas ocasiones en que un postre te calienta el corazón. Sobre todo si se trata de una torta de chocolate, o un crocante de manzana bien hecho. En un momento en que la gastritis no arde, pero tampoco estás repleta de comida y con culpa por las calorías extra.

7.- Bailar con "Él". Otra que debo sacar de mi lista. No sé, pero por alguna razón, una inexplicable sonrisa me salía cuando bailábamos. Debe ser algo de otra vida.

8.- Un buen chisme con mi mejor amiga. ¿Han visto "Sakura Card Captor"? Ella es mi Tomoyo (O yo la suya, depende del punto de vista). Lo mejor es que si se acaba el tema, no importa.

9.- Ver series o películas. Sola o acompañada, aunque no es lo que más me gusta hacer, no puedo negar que me produce placer ponerme a mirar algo interesante.

10.- Mirar el cielo. Sobre todo si es de noche y hay estrellas y nada de luna. O si es un atardecer de verano. o si hay cielo celeste sobre la gris Lima. También se aplica a un bello paisaje, en el malecón, o en el campo. Pero más accesible es el cielo en cualquier momento.





Reto del amor propio:
Día 1: ¿Cuál es tu mayor dificultad para amarte a tí misma?

La culpa y la vergüenza que siento cuando veo mis errores. Porque no me gusta equivocarme, fallar. Tratarme mal es más fácil si hay cólera hacia mí misma, y ésta aflora cuando no hago lo que debí hacer, o sea, cuando me equivoco. Quizás por eso siempre trato de tomar las mejores decisiones, de ser perfecta, de no equivocarme, y cuando lo hago, mi fastidio es tan grande que me pone mal y afecta las otras áreas de mi vida.

Sigo siendo demasiado exigente conmigo misma, al punto de preferir no intentar hacer las cosas y postergarlas, por miedo a fallar. Y, por qué no, también por miedo a llegar a hacerlas bien. Porque prefiero no hacer, y mirar. No tomar decisiones, y ser llevada por el viento. Es más fácil. Me quita responsabilidad sobre mi vida.

Y al final me siento como una fracasada, pero al menos ya lo sabía, ¿no?

***

Una amiga tiene un polo/camiseta/T-shirt que dice "you were born to be real, not perfect". Me conviene tenerlo en mente más seguido, con un pequeño cambio:


"Naciste para ser feliz, no perfecta"



lunes, 5 de febrero de 2018

Viejos caminos

Lamento pasarme por aquí con malas noticias.

Trato, de verdad trato de ser positiva y mantenerme bien, pero a veces "me toca" estar mal. A veces no puedo evitarlo. A veces la vida te lleva por senderos que te hacen recordar lo que pasaste y hasta extrañar la oscuridad. Me ha pasado. Me pasa. Y por eso estoy aquí.

No paso por aquí desde Junio, por lo que veo. Cuando trataba de concentrarme en hacer mi tesis y en ser una persona de éxito, al menos inmediato. Cuando trataba de no zozobrar a la adultez. Cuando trataba de enfocarme en el día a día para no ver la tormenta que se cernía en mi interior.

No he estado bien. Creo que no es necesario ponerlo en palabras para que sea evidente. Pero mi "estar mal" esta vez se me salió de las manos. Suelo querer ser responsable con lo que pongo en este pequeño espacio personal que ya creo que nadie lee, pero necesito desahogarme porque siento mucho "calor" interno. Mi teoría de la fiebre emocional parece ser cierta, yo la hago. Tengo todos los criterios de predisposición y los síntomas y no es la primera vez que me pasa, así que tengo que botar. Necesito botar. De otra manera, me volveré loca de verdad, o peor aún, volveré a hacerme daño.

Viví por inercia los últimos meses del año pasado, hasta que mi bomba explotó. Mejor dicho, implosionó, porque yo no suelo volarle los sesos a la gente de afuera con palabras, no. Yo estallo, y me hago daño en el proceso. Por meses sentía la necesidad de hacerme daño de mil formas, pero me contuve. Pero exploté, y tres meses después aún hay consecuencias, y aún hay dolor, y aún queda para rato.

¡Quisiera tanto ser ese tipo de persona normal, feliz, que vive su vida sin hacerse tantas preguntas y se lanza a la piscina de frente!

Han sido semanas muy duras para mí. A mediados de noviembre hice cosas que no debería haber hecho y de las cuales me arrepiento. ¿Cómo decir en bonito que traté de suicidarme 2 veces en menos de 48 horas? ¿Cómo contarle a alguien que terminé caserita de emergencias del hospital y de las clínicas de rehabilitación? ¿Cómo perdonarme después de todo el daño que he hecho a mi alrededor con las esquirlas de mi corazón y mente hechos añicos?

Creo que esa es la parte que más me está costando ahorita. El autoperdón. Yo, que siempre trato de echar una luz en el camino y que hablo de la importancia de tenerse paciencia, no aguanto estar despierta. No quise hacerle daño a nadie, pero no sólo me lo hice a mí (física, emocional y socialmente hablando), sino también a mi familia y gente cercana. Y lo que más rabia me da es que ya nada puede volver a ser como antes, que hay un "antes" y un "después" desde ese 12 de noviembre, que vuelvo a recorrer la senda del que busca redención, paz interior, una vida plena con los demás.

Volver a estar internada luego de mis 15 meses en Cieneguilla ha sido una experiencia inesperada y surreal. Sólo estuve un mes, pero sigo cautiva del dolor y también, por qué no decirlo, del ojo vigilante de mi familia, que de nuevo, es lo único que tengo.

El día que salí de alta, 21 de diciembre, murió uno de los seres que más he amado y que ha sido mencionado infinidad de veces en mis escritos: Poupée, mi perrita. Quiero pensar que hubo una enfermedad tangible e inesperada de trasfondo, pero no puedo negar que hay indicios que me muestran que se sacrificó por mí. Para que yo no muera, ella lo hizo, absorbiendo lo malo. Así de nobles son los perros. Pero no es la única pérdida con la que vengo tratando de lidiar. Vamos, que la de ella me dolió demasiado, pero pasa, porque es definitiva. Con la muerte no hay nada que hacer.

¿Pero qué haces cuando hay vida? ¿Qué haces cuando aún los caminos se pueden cruzar, pero no deben (o no te dejan)? Es terrible matar la esperanza cuando es, quizás, lo que te puede salvar.

Estoy separada de mi enamorado sin que ninguno de los dos lo hayamos querido. Lo extraño demasiado. Es diferente a cualquier situación vivida antes, porque en este caso, el amor no se acabó por ninguna de las dos partes. Pero no se puede estar juntos, porque teóricamente es dañino, porque supuestamente él tiene problemas mentales hasta peores que los míos, porque no asume la responsabilidad de cosas que para mí no son importantes pero para mi entorno, TODO, es crucial. Yo le perdono por reaccionar como reaccionó cuando exploté, pero nadie más. Mi opinión es la que debería de importar, pero no es así. De hecho, vivo restringida, por más que me la quieran poner bonita, la situación es muy similar a cuando era una niña y no podía salir sola, no tenía amigos, no hablaba con nadie, sólo yo y la casa y mi cuarto y el entretenimiento que menos dinero gasta, las deudas por mi estado de salud y mis gastos aún existentes son grandes y la culpa me acecha.

Culpa. Vergüenza. Nostalgia. Ira. Estoy llena de esas cuatro. No cabe espacio para el amor, ni para la esperanza, mueren intoxicados. Todos los días son una agonía de monotonía y llantos reprimidos, porque cualquier movimiento mío genera tensión.

Por eso debo escribir. Porque ya no es suficiente llorar, hablar, gritar, quejarme. Ya no es suficiente nada de lo anterior. De nuevo el Cristal se rompió y tengo que reconstruirlo desde cero. No tengo la paciencia que tuve antes, porque no tengo ganas de tenerla, porque quiero que todo termine ya, porque no quiero volver a dejar mi vida atrás, ni a las personas atrás, porque yo ya era adulta y ya sabía manejarme bastante bien y tuve que dejar que la oscuridad creciera. Porque le resté importancia a lo bueno, me empalagó, mi espíritu quizo hacer berrinche y sigo reaccionando como niña de 3 años.

Quisiera volver el tiempo atrás. Haber hablado. Haber dicho "estoy teniendo pensamientos suicidas" hace casi un año. Haber reaccionado diferente, haber decidido diferente, haber pensado a largo plazo en vez de recorrer esos viejos caminos mentales que me llevaron a casi morir. Ahora no sólo debo lidiar con la pena de haberme perdido a mí misma, sino también a la de haber perdido a mis seres queridos (otra vez), y entre ellos, a una muerte y a una separación injusta y dolorosa.

Llevo puesto el anillo que me regaló por los dos años. Cumplimos 3 a la distancia, sólo podíamos escribirnos cartas. Nos vimos 3 veces en 2 meses, 1 hora cada vez. Le terminé por escrito porque no aguanté vivir esperando, pero no sé si es mejor esto o tener una chispa de esperanza manchada del rencor de mi familia, que es lo que había cada vez que recibía una carta suya. Ni siquiera llegaba primero a mis manos, la tenían que revisar. No sólo vigilan que no me mate, sino que no lo contacte. Que no le escriba, ni lo llame, ni mucho menos me escape de mi casa para verlo.

Estoy atrapada en la fase del dolor. No sé cómo salir. No sabe cómo salir. Estoy intolerante, reacciono mal a cualquier cosa. Me afecto con más facilidad que antes y genero caos. Con más ganas viene la culpa, la ira, la vergüenza y la nostalgia por la época en la que estuve mal pero al menos tenía mi vida bajo mi control. Y más caos genero. Estoy en medio de ese círculo vicioso en el cual estuve hace 9 años en el que yo soy la villana y sólo mi autodestrucción y el volver a empezar, como el fénix, es lo que me puede redimir. Sólo que ya no sé cómo hacerlo, porque todo es diferente, estoy desorientada y me siento muy sola. Hasta duermo mal.

Hay chispazos de alegría. Trato de reconocerlos, de disfrutarlos, de hacerlos durar, porque lo que predomina es la muerte interna. El vacío. Leí un par de textos depresivos del 2009 y qué bueno que no son públicos. Me temo que no soy el mejor ejemplo de valentía, ni superación, ni positivismo, ni éxito, ni nada. Un mero ser humano más, banal y promedio, sin amigos ni pareja, con la familia asustada, con el autoestima por los suelos.

Que otra vez fracasó. 

sábado, 6 de mayo de 2017

Pequeña catarsis y el camino hacia la luz


Hace más de una semana fui a un taller de astrología aplicada.

Se preguntarán ¿qué rayos es eso?

Pues bien, estaba recontra desanimada e hipersensible (no negaré que la plata es una de mis mayores preocupaciones), y justo vi un anuncio de FB sobre un taller para la abundancia, dirigido por una astróloga, psicóloga y coach que y sigo desde hace años, y me inscribí. Fue muy bonito, pero al final terminé más confundida de lo que ya estaba. Espero aprobar mi tesis para que mi profesora (que también es coach y astróloga) me haga mi carta astral (se la hace gratis al alumno con mejor nota del salón y esa quiero ser yo) y me ayude a aclarar mis ideas.

Porque la ansiedad me esta rayando.

Una de las tareas que me propuse para lograr mi objetivo de abundancia (que no sólo incluye lo material, aunque es una parte importante del concepto) fue escribir. Volver a escribir. Tema engorroso para mí, porque está ligado a la confusión que tengo.

Esta semana no hay show, y debido a los varios días que he estado tirada en mi cama, en parte por mi estado de ánimo y en parte porque físicamente estaba mal, no sé si somatizando o por los antibióticos que me recetaron para el helicobacter, pues me creé un horario, bien ameno, bien distribuido, bien ordenado, como para tener de referencia y poder hacer todo lo que tengo que hacer. Que no es la gran cosa pero me pesa la vida.

¿Y qué creen? Todo bien estos días. Cansada, pero bien. Cumplí con todo.

¿Y qué creen? Hoy me atacó de nuevo el monstruo peludo.

Supongo que es el estrés, la presión de la Tesis y lo que viene después de ella, lo que me tiene tan... asustada, ansiosa. Perdida. No sé qué camino tomar, y digamos que no siento mucho soporte familiar como para tomar buenas decisiones importantes (porque la última que recuerdo que me ayudaron a tomar fue estudiar medicina y ya ven... fue irreal). El único que me ayuda constante y concretamente es mi enamorado, sin él, ahorita estaría más perdida.

¿Qué pasa cuando me pongo así?


Bueno, estoy detectando cierto patrón. Mi profe de tesis habló de un mal generalizado en todo el mundo, no recuerdo cómo lo llamó, pero se caracteriza por procrastinar todo lo que hay que hacer porque en el fondo hay mucho miedo de enfrentar la vida. Y sí, eso me pasa, mucho. Entonces, por ejemplo hoy, estaba todo perfecto como para ponerme a leer sobre la bendita prensa sensacionalista del país. Hasta me tomé una pastillita para mejorar mi concentración. Y vaya que me funcionó, Porque, así como anoche que estuve viendo videos en Youtube hasta las 4am en vez de leer, hoy, literalmente, me obsesioné con buscar ciertas cosas en google. Cosas que no tienen importancia en la vida diaria.

Y entonces, "BOOM".

(He borrado varios párrafos. Letras tóxicas).

Bueno. El punto es que hay épocas, como la actual, en que mis emociones me ganan, en que me desbordo por cosas pequeñas. En que todo me afecta un poco más de lo normal, quizás porque estoy más débil emocionalmente.

Entonces, ¿Qué hacer?

Buscar ayuda. Hablar con alguien. Lo contrario a lo que dije párrafos más arriba jajaja.

Puedes sentirte miserable, la peor cosa del planeta.
Puedes estar atrapadx en el hoyo, pensar que no tienes remedio, que la vida no te depara nada bueno.
Puedes pensar que las pocas personas que realmente te quieren, lo hacen por compromiso.
Puedes pensar lo que quieras y sentirte hasta las huevas.

Pero lo que no es válido es dejarte llevar por eso.

¿Hacerle caso? NO. Identifica lo que te pone mal, escríbelo, grítalo, díselo a alguien de confianza, si es necesario. Pon a prueba tus creencias centrales. Busca soluciones.

Recuerda que nada está escrito, porque existe el libre albedrío, y que puede ser que tengas la tendencia a cojear de un pie o caer por algo o alguien... a mí me cuesta que las cosas no me afecten. Pero YO DECIDO qué sucede en mi vida, quiénes entran porque son buenos para mí, quienes salen porque terminaron de cumplir su función o me hacen daño, y por sobre todo, YO DECIDO CÓMO ME SIENTO Y QUÉ HARÉ respecto a lo que me pasa.

Y hoy, a pesar de que he llorado como hace meses no lo hacía, no voy a hacerme daño, no voy a alimentar en base de repetición y profecías autocumplidas esas creencias horribles que tengo sobre mí misma y mi futuro. Esa creencia de que como no soy nadie, no me va a llegar nada bueno, alimentada por las cosas que perdí y ciega ante las cosas hermosas que SÍ tengo conmigo.

Hoy, a pesar de que he llorado, voy a dejar de angustiarme y voy a OCUPARME por crear mi futuro.

Este es el camino que he estado tomando estos años, y a lo que me debo aferrar para no caerme.

El camino de la Fe, de que el Universo tiene algo bueno para mí también, en que yo construyo mi felicidad. Y en que me faltan demasiadas cosas sólo si me fijo en lo que me falta, pero tengo demasiada suerte y demasiados privilegios si miro lo que tengo.


lunes, 24 de abril de 2017

13 reasons why

ADVERTENCIA: Este post contiene información acerca del suicidio que puede herir tu susceptibiildad. Te sugiero que si tienes pensamientos suicidas, leas a partir de la parte separada por ***.


Había separado mi fin de semana para leer un libro para mi tesis, pero enfrenté a mi hermana. Yo sabía que no podía seguir con la ley del hielo. No le pedí disculpas por defenderme la última vez que me trató mal, que es lo que ella estaba esperando para volver a hablarme, así que no funcionó. Ya hemos tratado de llegar a acuerdos antes, de mejorar las cosas, de comunicarnos, y no se puede. O no es el momento. Creo que ella no va a comprender, porque no está en capacidad. O vemos las cosas muy diferente. O simplemente es más orgullosa que yo. El punto es que me puse muy mal, y por eso me puse a escribir el post anterior (que, milagrosamente, ha recibido comentarios, los cuales me sorprendieron, agradezco infinitamente y me motivan a escribir una vez más). Sí, la catarsis fue después de confrontarla por la bendita ley del hielo (que aún continúa, y ahora peor).

Mi catarsis sabatina me llevó a dejar de lado mi tesis. Mi cabeza estaba llena de pensamientos muy negros, que no tenía desde hace mucho tiempo. Mi mente vagabundeaba en mi época suicida, recordando sensaciones, recordando imágenes. Y eso me llevó a recordar que medio mundo estaba obsesionado con la bendita serie "13 reasons why". "Que la chica es muy exagerada", "que la serie es buenaza", "no, es muy lenta". No tenía ganas de engancharme, tengo que leer, me separé el fin de semana para eso. Sólo veré la escena del suicidio, me dije. ¿Qué tan explícita podía ser? Así que abrí youtube y la busqué. Fue facilísimo. Y la ví. Y me impactó, pero también me pareció irreal.

Porque yo misma me he tratado de suicidar cortándome las venas y no es tan fácil.

Lo admito, esa escena me llevó, sin querer, a ver el resto de la serie. Eran las 3 de la mañana del domingo y decidí ver sólo el principio, para entender qué onda con 13 reasons, "Un capítulo por día"; me dije. Sí claro. 6 y media de la mañana y recién cerré los ojos, para abrirlos a las 10 y media, leer un par de páginas de mi libro y volver a enfrascarme en la serie hasta la noche.

Recién hoy la he terminado.

Mi política ha sido no hablar de estos temas fuertes porque no quiero herir susceptibilidades. Pero estos días yo me siento susceptible, y siento que necesito volcar esta sensación de herida en el pecho en alguna parte. Pienso que mi blog es seguro, y espero, de verdad, que lo que diga no influya negativamente en nadie.

Porque de eso trata la serie, de cómo lo que alguien hace puede afectar a otros. El efecto mariposa.

No voy a contar nada de ella, sino cómo me afecta a mí. Porque sí que me afectó.

Han sido días en los que, sin querer, he tenido muy presente mi cicatriz de mi pasado depresivo. No lo pongo entre comillas porque quiero que siga siendo eso, pasado. Hubieron situaciones en el instituto que me hicieron hablar del tema, y sin querer, otras personas se enteraron. Aún debo hablar de la depresión en un trabajo de grupo. No está siendo muy fácil para mí dar la cara, pero estoy tratando de ser fuerte. Después de todo, no debería avergonzarme, le pasa a cualquiera. Sin embargo, se me ha sumado con saber que una compañera también pasó por esto, y que alguien de mi trabajo está jugando con fuego, y "como yo ya lo superé" soy candidata para ayudar.

¿Realmente estoy preparada para ayudar a alguien que pasa por depresión y/o trastornos alimenticios, cuando una serie que habla del suicidio ha despertado en mí esa sensación existencialista que lo cuestiona todo, incluso las cosas buenas que tengo?

Estoy vulnerable. Mucha gente, incluída yo, no logra superar jamás al 100% estos problemas. Tenemos semanas fáciles, meses felices, temporadas sin fantasmas. Aprendemos habilidades que nos permiten salir adelante cuando nos sentimos mal, a darle la vuelta a la tortilla y no seguir nuestros impulsos autodestructivos. He vivido la oscuridad, y también la luz, y es natural que, cuando la oscuridad está presente, sea más difícil apreciar la luz. Porque la oscuridad es acogedora, y en muchos casos, un vicio. Una adicción, algo que te acompañó por tanto tiempo que cuando percibes atisbos de ella, la recibes con miedo, pero con cariño.

Mi primer intento de suicidio fue a los 14. Mis brazos siguen llenos de cicatrices, aunque felizmente menos notorias. Inocentemente, jamás le di al blanco y me quede en a superficie, pensando que era suficiente al principio, y luego, usándolo como una especie de desfogue porque me di cuenta de que no era lo suficientemente cobarde como para ir más al fondo. Mi instinto de supervivencia es fuerte, y no es tan simple suicidarse, el dolor es fuerte.

No he venido a satanizar la sierie, ni dar detalles (acabo de borrar un párrafo explícito). Creo que la escena no es del todo real. Pero creo que las situaciones que rodearon a la protagonista fueron lo suficientemente fuertes como para generar una depresión fuerte, y su manera de narrarlo, tan precisa, que me sorprende.

No me siento identificada con el personaje. Soy muy diferente ahora. Pero puedo decir que me sentí así durante muchos años, cuando era niña. Quise desaparecer por problemas económicos, por soledad en casa, por soledad en el colegio, porque no me sentía atractiva, porque me daba miedo ser mujer en una sociedad tan machista y agresiva, porque no veía ninguna fuente de luz en ninguna parte, y cuando la buscaba, me sentía defraudada. Comprendo a Hannah. Y también comprendo una parte, la racional, la de los personajes que la rodearon. Y ahora, como adulta, entiendo cómo hacer. Qué hacer, cuando se está en esa bañera.


****************************************


Yo sobreviví. Quise morirme, y aquí estoy, aún sin saber para qué, pero buscando una misión nueva que me llene (porque la que había encontrado está a punto de acabar). Porque la vida no se trata de encontrarle un sentido para poder vivirla, sino vivirla para que, en el proceso, hallemos un sentido que nos mantenga ahí. Lo he encontrado varias veces, y varias lo he perdido. Y así se anda, a veces bien, a veces sin ganas de salir de la cama.

A mí me cuesta. Porque es difícil vivir con depresión, es difícil saber que existe un estigma en la sociedad que hace que, de alguna manera, seas inferior para muchos; es doloroso que mucha gente se aparte de una porque considera que eres "problemática", "exagerada", "inmadura", que se cansen de estar ahí para tí en tus peores ratos a pesar de que te prometieron que nunca te iban a dejar. La gente falla. Las personas no somos perfectas y es normal (y triste) que te dejen. Sí, pues, lastimosamente mi cuerpo está enfermo. Pero es posible, ¿saben?, es posible encontrar la manera de que el corazón sea más fuerte que la mente.

Un momento clave en mi vida fue cuando terminé con mi ex. Porque estaba enferma, en ese entonces. Porque, a pesar de sus advertencias, yo seguí prefiriendo estar mal, y jugaba con fuego. Al final, se cansó. Y con justa razón, tenía todo el derecho. Pero, en vez de que esa situación fuera leña para avivar mi llama depresiva, dejé la madera a un lado, y decidí contemplarla. Llorarle. Tocarla, acercarla a la chimenea, pero dejarla fuera. Porque jamás había vivido una situación tan fuerte en la que me tocara estar sola. Y porque jamás me había demostrado a mí misma que era lo suficientemente madura como para no caer por "cualquier cosa" (aunque esto no era cualquier cosa, era perder a un ser amado), decidí que era un buen ejercicio para comenzar a desarrollar la habilidad de, en vez de hundirme más, levantarme. Me harta un poco hablar de esto porque ya pasó (si él leyera esto se jalaría de los pelos jajajaja ¡ha pasado tanto tiempo!), pero lo uso para graficar la situación.

Y es que uno elige cómo sentirse, es decir, cómo reaccionar ante las cosas que suceden.

Yo tomé decisiones similares a las de Hannah, me corté y sangré, dejé de comer, vomité, me autoinfligí dolor físico de varios tipos, porque no conocía otra forma de protestar. Hablar era imposible para mí, y claro que traté de hacerlo en algún momento y tampoco me ayudo mucho. Porque no fue la persona correcta, porque no estaba preparada para atenderme, porque yo no sabía expresarme bien y metía más la pata, porque no era el momento de ver la luz. Me defraudaron, y yo lo usé como excusa para sentirme más sola. Yo reaccioné así hasta mis 22 años (y un poquito más después) porque no conocía otra manera de reaccionar. Porque estaba atrapada en el drama, en el dolor, en la enfermedad, en la oscuridad. Porque no veía salida. me hice daño de mil y un maneras.

Hasta que conocí la luz. Y decidí seguirla.

Y no, no hablo de ninguna religión, sino de un estilo de vida y de pensamiento.

Yo no vengo a vender ninguna terapia, pastilla mágica o cura milagrosa, porque todos somos diferentes. A mí me funcionó internarme, absorber todo lo positivo que de ahí podía sacar, y posteriormente, hablar. Enfrentar mis miedos, encarar mis situaciones, caerme si era necesario y volver a levantarme a volver a intentar. Hice yoga, medité, salí con amigos, tuve novios, trabajé, me sentí útil e inteligente, estudié, y todo eso, TENER UNA VIDA, tener algo más en qué pensar y de que ocuparme, me ayudó a sentirme bien y encontrar amor. Porque al final, eso es lo que más ayuda: el amor.

El amor salva, el amor cura, el amor transforma, el amor es la solución a la oscuridad.

No soy la persona que más se quiere, y de hecho, ahorita mismo estoy pasando por un bache de no querer comer bien, y de tener pensamientos suicidas. Lo admito, me avergüenza pero lo admito: me he estado cuestionando mi vida. A estas alturas en que "ya lo he superado", no tengo a quien acudir, exactamente. Ya hablé con mi novio, anoche, y me sentí mucho mejor, porque me ayudó a entrar en razón. No le conté nada explícito (ni siquiera le habl'e de la serie) porque sé hasta qué punto él comprende estas cosas, pero entendió que, en estos momentos, necesitaba de su presencia, y se quedó conmigo toda la noche. Me ayudó infinitamente el saber que existe amor a mi alrededor. Que hay gente, poquitita, pero hay, quienes me quieren. Mi mamá está de viaje, así que es complicado, pero sabe, desde las cosas que pasaron con el instituto, que no estoy del todo bien. Hoy terminé la serie y vuelven a mí esos cuestionamientos existenciales. La diferencia con la Cristal de hace 7 años es que ya pasé por ahí, ya salí, y tengo, más o menos, una idea más amplia del panorama.

No una solución definitiva. Pero sí algunas cosas que puedo hacer, mientras tengo más claro lo que quiero.

La decisión es difícil, porque aún hay algo de mí que tira para lo triste. Es parte de mi personalidad. No quiero justificarla, pero a veces la encuentro. Pero como me dice Él, "yo decido, si quiero ser feliz, o si quiero el sufrimiento". He venido escogiendo la primera opción por mucho tiempo, a veces pienso que me toca sufrir, pero también soy consciente de que si sufro, no soy capaz de hacer las cosas con las que ya me comprometí, y tengo tanto terror a fallar que de ahí me agarro. A veces la inercia puede ser el primer paso.

Tengo una amiga que la pasa peor que yo. Que siempre me cuenta sus problemas, que tiene una mente aún más jodida que la mía para ciertas cosas (la mía le gana en terquedad). Y sé que esto va a seguir pasando, y pasándome, ad infinitum, hasta que me toque morir. ¿Por qué no terminarlo todo, entonces?

Porque no se puede.

No es la salida.

Busca excusas, las más inverosímiles, si quieres, la que sea que te ayude a seguir viva. A mí me sirve pensar que, no se burlen, cuando uno se suicida no es capaz de subir a la luz, y el sufrimiento no se acaba, sino que se queda ahí, con uno, flotando en el limbo, por haber rechazado el regalo de la vida, el regalo de tener la posibilidad de mejorar. Me sirve creer, y estoy segura, de que matándome no termino mi sufrimiento, al contrario: lo eternizo, porque sólo se puede terminar el dolor en este mundo, no en el otro, y si no estoy viva, no puedo hacer nada por él.

Incluyo en la razón anterior que he comprobado, cuando he estado en la luz, que ese deseo de morir no es exactamente eso: desear morir significa desear ya no sufrir. Desear alejarse, escapar, descansar, sentir algo positivo, algo que me genere bienestar y que no sea el bienestar de la conocida tristeza. Bajo esa premisa, desear morir en realidad significa desear cambiar las cosas. ¿Se pueden cabiar las cosas estando muerta? NO.

Una vez que estoy convencida de que el camino no es la muerte, encuentro maneras de no hacerme daño. Porque ok, podemos entender que el camino no es desaparecer, pero bien que satisface cortarnos, o tomar pastillas (no las suficientes como para morir pero sí como para dormir varios días o necesitar un lavado de estómago), o drogarnos, emborracharnos o jugar con miles de situaciones riesgosas. Gracias a Dios no tengo un desorden de la personalidad limítrofe, pero tengo una amiga que sí, conozco a gente que sí, y sé lo que sienten, y sé la facilidad con la que caen en estas conductas. Y ese es otro de los retos: parar. Quedarse quieto. No hacer nada.

Cuando tengo ganas de hacerme daño, de no comer, de vomitar, de cortarme, simplemente me quedo en mi cama. Pulso el botón de apagado. Ni siquiera agarro mis pastillas, podría dormir toda la noche con un par de ellas, pero no están permitidas en el juego. Porque es eso, un juego. Si lo tomo como tal, como un reto, como un juego, funciona mejor. Así que no, no pastillas. Cualquier cosa que me ayude a dormir sin pensar mucho: entrar a facebook, jugar juegos de video o en mi celular, mirar el techo, hasta que no doy más del aburrimiento y me quedo dormida. Estoy puede durar días. Si no me dan ganas de comer, no lo hago. Nadie muere por saltarse uno o dos días la comida. Y en mi caso, ya no llego a eso, porque ya no soporto la debilidad y termino cediendo. Sintiéndome mal pero cediendo. Parte del reto es no vomitar, así que si como, es algo que sé que no vomitaré.

Puedo pasar algunos días así, faltar a mis clases, no ver a nadie. Por suerte, me dura poco. Porque tengo muchas cosas que hacer. Al día siguiente recuerdo que tengo que ir a clases, o dar clases, o tengo show. Así que me levanto. "Pucha, debo tomar mis antidepresivos. ¿Lo bueno de tomarlos? Me mantengo con vida. ¿Lo bueno de no tomarlos? Caigo más en el hoyo. Yo decido. Los tomo, no puedo darme el lujo de morir. Pero para tomarlas, necesito comer, así que tomaré desayuno". Así, pasito a pasito, tomando decisiones simples pero cruciales, voy saliendo de mi cama, haciendo las cosas que emocionalmente me siento capaz de hacer, y así voy agarrando fuerza.

Porque las cosas que pasan en la vida, cuando uno está bien, refuerzan la sensación de bienestar, y ayudan a seguir adelante. El círculo vicioso de la oscuridad es comparable con el círculo vicioso de la luz: ambos se retroalimentan. Así, ya haciendo cosas rutinarias, soy capaz de hablar. Se me nota cuando estoy mal porque no vivo sola. Y si lo hiciera, he agregado a mi sistema salvavidas un botón de alarma: aprendí a pedir ayuda.


Esta parte es importantísima, porque cuando uno no tiene amor propio dentro de sí para darse, es el amor de los demás del que podemos nutrirnos. Pero hay que saber de quiénes pedirlo, cuándo y cómo. Eso también se aprende. Hannah tenía unos padres maravillosos, y su error estuvo en no contarles nada. Ellos pudieron ser sus salvavidas, no Clay, no ninguno de sus amigos. Sus padres, que la amaban no importara qué. TODOS tenemos a alguien, sea nuestra mamá, papá, hermanx, amigx o pareja. Siempre hay alguien en el mundo, aunque sea una persona, a quien le puede afectar muchísimo lo negativo que te pueda pasar. SIEMPRE. Y si no hay nadie cerca, están los desconocidos de los foros de ayuda. Y por último, están los psicólogos.

Y ahí hago un apartado especial: no todos confían en psicólogos porque piensan que nos lavan el cerebro. Bueno, yo te hago una pregunta: Si no fuera necesario a veces un lavado de cerebro, una limpieza de toda la basura que nuestras mentes pueden generar, ¿por qué existen entonces? A mí me han fallado mis psicólogos de cuando era niña. También un par de psicólogas del internamiento. Pero uno de ellos, uno de entre varios que me atendieron en el transcurso de la vida, fue capaz de agarrar mi mano, comprender mi mente y empujarme hacia arriba. Es cosa de intentar, y de seguir intentando hasta lograrlo.

Igual con las pastillas. Tengo la gran suerte de que existen unas que me hacen bien y no fue necesario buscar demasiado (Aunque, soy sincera, en situaciones como ésta me pregunto si hay algunas que puedan ser mejores, porque se supone que no debería entrar tan profundo en la oscuridad si las estoy tomando). Hay personas que lastimosamente no tienen la misma suerte que yo y dejan de creerles, porque no les han hecho el efecto que esperaba. Ese es un misterio que a mí me duele y me genera culpa ("¿Por qué yo sí y otros no?"), pero ese es un problema mío que no debo escuchar. Una táctica más de mi mente tramposa para sentirme mal y meterle leña al fuego. Lastimosamente, amigos resistentes a la medicación, hay que seguir intentando. Buscar nuevas pastillas, darles oportunidad a más cosas, y probar. Sí, debe cansar. Sí, debe ser difícil y doloroso. Pero existen formas de salir adelante.

Y si no es con pepas, entonces con electricidad, con magnetismo, con Reiki, con Yoga, con alimentación, con deporte, con lo que sea que te genere endorfinas, que te genere bienestar con el tiempo. Ojo, no se trata de hacer una sesión y decidir, porque así no funcionan estas cosas: hay que estar un tiempo con la terapia que decidas para ver los efectos. Nada es inmediato.

Por esta razón, acepté a mi corazón comprarme una torta de chocolate para terminar de ver la serie, por esta razón, me paré hoy de mi cama, y por estas razones, me tengo que ir a animar un cumpleaños. ¿Cómo puedo hacer felices a los demás si yo no me siento así? Pues no lo sé. Al principio me cuesta, al principio sigo mal. Pero he aprendido que, ocupándome, mi mente se distrae, y puedo cambiar mi estado de ánimo. Como decía mi psicólogo, "primero es la acción, y luego la motivación".

Y como dice mi novio, "recuerda que quien toma las decisiones es tu corazón, no tu mente. Tu mente te va a meter cabe siempre que pueda, te va a poner excusas, te va a hacer todo más difícil; tu corazón nunca se va a equivocar, porque el corazón siente". Y sentir paz, sentir alegría, sentir amor genera bienestar aquí y en la china.

Por último, 13 razones para seguir viva, así sean pequeñas:

1. Porque no quiero vagar en la nada y sufrir sin poder parar. Quiero poder seguir evolucionando.

2. Porque le haría mucho daño a mi mamá, hermanos, novio y amigos. Y si me cubren los medios, a otras personas vulnerables.

3. Porque quiero morir por causas naturales, no por mi propia mano.

4. Porque quiero experimentar aún muchas cosas, como estar embarazada, enfermarme gravemente o envejecer.

5. Porque quiero viajar y conocer otras caras del mundo.

6. Porque quiero conocer muchas cosas, leer muchos libros.

7. Porque quiero jugar Zelda.

8. Porque quiero ver crecer a mi familia, amigos, etc.

9. Porque quiero ser reconocida por algo bueno que hice en la vida.

10. Porque quiero tener anécdotas que contar a mis hijos y nietos, enseñarles cosas de la vida.

11. Porque quiero tener una carrera profesional (al menos).

12. Porque quiero amar por mucho tiempo a una persona.

13. Porque, en el interin, quiero aprender a amarme más constantemente y seguir haciendo cosas que me gustan y me salen bien para seguir sintiéndome bien conmigo misma.



viernes, 29 de abril de 2016

Control y dolor


Y bueno. Pasan los días, los meses y años, y una sigue aquí. Igual que siempre. Con cambios mínimos que te hacen pensar si realmente estás creciendo, y a la vez tantos sucesos que te comparas con tu yo de hace 2 años y te preguntas qué rayos hacías pensando de esa manera.

Yo sigo igual de responsable que en el colegio, haciendo mis tareas con ahínco y madrugándome para sacar las mejores notas, pero igual también que cuando estaba en la universidad, incapaz de concentrarme en mis tareas y resolver cuestionarios sobre los receptores acetilcolínicos, y escribiendo en mi blog en vez de eso.

Supongo que mi mente funciona por prioridades, como la de todos, y mi prioridad ahorita, por alguna razón, es escribir esta entrada en vez de redactar la editorial de mi revista. Nada profesional o que vaya a salir a circulación, lo que pasa es que Srta. controladora fue designada como directora del trabajo final de un curso del instituto (hacer una revista con todas las de la ley), gracias a sus buenos aportes y división de tareas en trabajos anteriores con el mismo grupo. Suele pasar. Es chistoso porque el ciclo pasado, la misma Srta. controladora se salió de control y se convirtió en una tirana que defendía sus ideas a capa, espada y estocadas, y ahora, de pronto, soy una buena líder. Ojalá sea que aprendí la lección y estoy realmente aprendiendo a controlar mi carácter.

¿Por qué todo se trata de control?

No es que esté fuera de mí, para nada, pero de hecho, ni sé por qué estoy escribiendo. Considero que escribir aquí es innecesario a menos que tenga algo interesante o importante que decir, y me he "portado bien" no visitando este sitio en meses porque "mi to-write list" estaba vacía. El mensaje de una persona que no debería pero que fue influyente fue "ten claro lo que quieres escribir" (Espero no haberlo malinterpretado), y en el fondo es muy cierto, me la he pasado escribiendo tonterías sentimentales que poca gente lee y a mucho menos les interesa... ¡pero pasados tantos años de iniciar este viaje literario, sigo sintiendo ganas de volcarme en un papel digital! ¿Estaré fuera de control o simplemente esa soy yo y, como dice mi novio, "escribir es parte de tu esencia, no lo dejes", y no debería alejarme de ello sólo porque aún no tengo un tema bien definido?


Bueno. Volviendo a lo concreto, que es lo que me trae por aquí: quizás me haría bien un pequeño desfogue para que las letras que estoy buscando fluyan por mi cabeza y pueda, por fin, escribir la editorial y la columna de opinión sobre mi revista para mujeres. Algo sobre las "necesidades de la mujer de hoy, que no se contenta con recibir tips de belleza y que busca sentirse bien no sólo físicamente",y quizás una columna de opinión sobre, no sé, la moda del hueco entre los muslos (¡oh, esas épocas!), o la ortorexia, o quizás el acoso callejero. Retomando la idea principal, creo que estas semanas han sido muy intensas para mí y quizás sea correcto desahogarme un poco, ya que aún no me basta la ayuda que he recibido.

Estoy sumamente susceptible. ¿Recuerdan (Quienes sea que me leen) que en el post anterior conté que estaba sin antidepresivos? Bueno, su ausencia ya empezó a hacer efecto. No es algo terrible, como para decir que me voy a caer en un pozo sin fondo, que estoy tan mal que sin mis pepas me escondo debajo de mi escritorio, abrazo mis rodillas y me muevo hacia adelante y atrás, o que voy a atentar contra mi vida... Pero las cosas me han estado afectando lo suficientemente como para realmente considerar que tengo un desbalance químico que requiere una conversación con un psiquiatra y, de preferencia, volver a medicarme. Ya saqué una cita para la próxima semana, a ver qué tal me va.

Felizmente el asunto de los antidepresivos no me parece denigrante, ni vergonzoso, ni tabú, y no creo que deba sentirme inferior a nadie por necesitar tomarlos: podríamos decir que la genética, la falta de alimentos de calidad durante muchos años, mi carácter y las sinfín de situaciones difíciles han hecho que esta ayudita sea muy necesaria. Ni modo, así me tocó. Felizmente no estoy escribiendo esto hace unos días, sino hoy, que me siento "satisfecha" con mi presente inmediato, pero si me hubiera saltado la vena literaria el domingo, por ejemplo, este habría sido un solo de tristezas y lamentos. Que mi familia no me quiere, que soy una carga, que estoy gorda, fea y llena de granos, que soy un fiasco, que no tengo talento ni futuro, que tengo miedo de todo, blahblahblah. Eso es lo que pasa sin las benditas pastillas: la luz mental se va, y como una se queda medio a oscuras, ve sólo lo más cercano, lo más fácil, lo que ha visto con más frecuencia por mucho tiempo; las emociones se ponen más a flor de piel, el fastidio se convierte en ira, la pena en tristeza profunda, la alegría se hace más difícil de alcanzar (Aunque no es imposible, pero es fugaz), la duda se convierte en indecisión, y predomina un estado pensativo pero aletargado, como una sensación de estar flotando en el aire y no saber qué camino tomar. Y si, regularmente y con ayuda de pastillas, ese es el estado normal, pues ya se imaginarán: ahora todo lo negativo está aumentado. El abanico de posibilidades de acción se reduce porque el cerebro no piensa con la misma claridad y rapidez, y las decisiones tomadas son más impulsivas, irracionales y tirando para lo triste y derrotista.

Siempre me ha costado tomar decisiones. Es una de las cosas más simples de la vida, pero para mí puede ser un verdadero dolor de cabeza, desde escoger el color de ropa interior que voy a usar o qué tenedor coger, hasta el bendito tema del propósito en la vida. En algún momento ha sido sobre la pareja, en otros momentos ha sido sobre estudios, y últimamente es sobre el ámbito laboral. Aún no me encuentro donde quisiera estar a mi edad, no logro lo que quisiera lograr y veo tantas posibilidades ante mí que no sé por dónde empezar o cuál es la más adecuada, y tomo mi postura usual de evasión para no tener que decidir nada hasta estar completamente segura de algo. Lo cual es imposible, porque yo nunca estoy segura al 100% de nada. De eso sí estoy segura. Bueno, no del todo.

FELIZMENTE, y dentro de lo mal que he estado estas semanas, estoy más positiva de lo que podría estar, y sé que todo va a estar bien. Además, sé que he tenido buenos avances, no todo es negro. He madurado mucho, me estoy haciendo cargo de mí misma en muchísimos sentidos que antes no lograba y estoy en buen camino: tengo proyectos que jamás pensé que tendría, y que me motivan. El asunto es que me bloqueo en ese tramo que hay entre el "pensar y planificar" y el "concretar". Que el dinero, que la flojera, no sé: simplemente me quedo inmóvil. Y creo que de eso se trata ahora mi problema, la inmovilidad, el mantener el status quo, la dificultad para invertir tiempo en plasmar mis ideas porque es más fácil colgarme del internet y dormir.

Bueno. ¿Qué rayos me ha estado pasando para deprimirme?

¿Aparte de sucesos simples, cotidianos y repetitivos del día a día en mis relaciones interpesonales y logros-caídas en mis distintas actividades, que por lo mismo que son repetitivas y vacuas, no vale la pena mencionar? ¿Aparte de no tomar los anti depresivos y, por ende, recaer en la depresión, creo yo, orgánica y antigua que tengo?

Pues que he estado enferma. No es un "he estado tan enferma que he tenido que hacer mi testamento y dejarle mis esmaltes de uñas a mi hermana", es más un "he estado tan mal que no he podido hacer absolutamente nada". Siempre he tenido dolores de espalda, de eso nadie está libre, y más cuando hace mil cosas a la vez y tiene mala postura. A todos nos pasa. Pero en esta ocasión, a mi cuerpo le dio el berrinche y me tumbó. Desde febrero me fastidiaba pero no le di la suficiente importancia. Hubieron momentos en que me decía "bueno, me haré un tiempo mañana y me iré a que unos cieguitos me masajeen la espalda hasta ver la luz", pero lo fui postergando porque me daba nosequé gastar mis 50 soles en masajes cuando mejor era usarlos en otras cosas como comida, o transporte, o lo que sea que de hecho era más importante (qué raro, ¿no?). Hasta que un buen día me vino de pronto un dolor tan intenso que me quitó la respiración. No podía ni hablar, ni moverme, y me llevaron a la emergencia. 6 horas y 2 vías después (con dos medicamentos para dormir a un caballo cada uno), y la cosa no pasaba. Me fui a mi casa, avisé que no iba a hacer shows en todo el fin de semana, me dieron un descanso médico, y mes y medio después la cosa sigue. El diagnóstico del traumatólogo que me vio la segunda vez que fui a emergencias por el dolor fue "contracturas en toda la espalda". Yo pensé que tenía cáncer y que estaba en fase terminal, porque ni con el tramadol me pasaba. Peor aún, se abrió la posibilidad de que sea fibromialgia, cosa que algunos no han descartado, incluyendo mi lado pesimista. Un punto más para mi historial de locura (no estoy loca, debo dejar de tratarme así).

"¡Pero las contracturas se pasan con masajes descontracturantes y listo!", diría cualquiera. Bueno, pues quizás sí, en el resto de gente normal que tiene una piedrita en el omóplato o el hombro y que le pasa con unas tres sesiones. Pero yo, para variar, quiero salirme de lo ordinario, y no sé cómo rayos pero mi cuerpo se las arregló para que mi contractura fuera desde la base del cráneo, pasara por toda mi espalda y se irradiara por hombros, omóplatos, incluso costillas, y termine en la cintura, impidiéndome caminar más de 3 minutos sin sentir que me quemaba la espalda, o estar sentada más de 5 sin que me dieran náuseas por la intensidad del dolor. Que por cierto, para que se hagan una idea: los primeros 5 días era como si me hubieran atravezado debajo del omóplato izquierdo con una lanza y me estuviera aplastando una pared, sin dejar pasar ni un minuto de dolor, ni aún durmiendo. Los siguientes 10 días han sido como si me hubieran agarrado entre 5 personas a patadas y mi espalda estuviera en carne viva; luego de eso, recién, han sido dolores "comunes" de espalda, de esos que te dan al final de un día largo de trabajo, sólo que por cosas pequeñas como girar el cuello, o la cintura, o caminar a la cocina, o ir al baño. Ya con pausas de dolor, pero sumamente intenso, al punto de las náuseas y los escalofríos. He estado con analgésicos opioides, no opioides, relajantes musculares, compresas frías y calientes, cremas, electricidad, magnetoteraía, ultrasonido, y, dada la cercanía de mi familia a la medicina alternativa, he probado acupuntura, homeopatía, camas masajeantes con piedras de jade calientes, mentalización, y hasta limpias con chamanes porque se ha barajado la posibilidad de la brujería (escéptica yo, aún así lo considero, en esta viña del señor todo es posible y hay gente enferma que es capaz de tomar muy malas y egoístas decisiones para hacerle daño a otros)... Y nada, hasta hace muy poco, el dolor ha seguido siendo imposibilitante. Han sido semanas insufribles en las que he estado tirada en mi cama, incómoda en cualquier posición, sin poder siquiera sentarme para comer, y lo peor, con muy poca ayuda. Si no hubiera sido por mi enamorado, que ha suplido mis responsabilidades en mi casa y me ha cuidado día y noche, llevado de un lado a otro y demás, aún seguiría postrada sin poder moverme.

"¿Pero por qué te dio eso?"

Señoras y señores, la palabra mágica y clave del siglo: ESTRÉS. Emocional, mental, físico, de todo un poco. Pero estrés al fin y al cabo. Mi explicación es que el año pasado no le di descanso a mi cuerpo, me desviví por complacer en mi chamba y en mi casa, guardé mucho rencor por injusticias y cosas que suceden con las que yo no estoy de acuerdo pero que escapan de mis manos, me hice mucho hígado (hasta me han salido canas), y no descansé, y no me cuidé, y aprovechando el mínimo descuido, mi cuerpo se desquitó, me dijo "bueno, si no quieres hacerle caso a tus emociones, vas a tener que hacerme caso a mí", y voilá, Cris tronchada.


Consecuencias: Estoy en fase de rehabilitación (aún con rigidez y dolor, no sé qué rayos hago con mis músculos pero me vuelve el dolor, sobre todo cuando me exijo mucho o estoy mucho rato sentada escribiendo en la compu... como ahora :P), aún no produzco dinero, he vuelto a estar endeudada y me gasté los ahorros que tenía para un proyecto que tengo del que no hablaré aún... pero estoy tratando de hacerme más caso, de tomar conciencia de mi vida (porque esto no ha sido casualidad) de manejar mejor mis emociones, de canalizar mejor mi ira y mi enojo, de decir las cosas que me molestan y de cambiar las que puedo para tener una mejor calidad de vida.

Felizmente ya puedo ir a clases (traté el domingo pasado de ir a show, pero fue contraproducente y terminé llorando. Claro que estoy más susceptible que de costumbre, así que no hay que prestarme mucha atención, pero sí, estoy complicada). Y sé que, felizmente también, esto se maneja ocupándome más de mi cuerpo, de tener una mejor postura, mejores hábitos, cuidándome más del estrés y de no cargar con tantas responsabilidades (Sobre todo si no son valoradas, como es el caso de la empresa de eventos), planificando acciones a tomar a futuro para no quedarme en la calle (porque sabemos que mucho apoyo económico no tengo, aunque sí tengo mucha suerte), y sobre todo, ayudándome lo más que puedo.

"Con la única persona con la que vas a pasar el resto de tu vida es contigo mismo, así que de tí depende ser tu mejor aliado o tu peor enemigo", dicen por ahí, y yo estoy procurando lo primero. Un poco floja, porque mi autoconcepto no está en sus mejores momentos (gracias, depresión, gracias, pensamientos antiguos), pero lo intento. Tengo muuuuuuucha suerte, dentro de todo, de estar donde estoy: hay gente que la pasa cien mil veces peor que yo (muchas mantienen la sonrisa en la cara, damnit, deprimirse es un lujo), y yo soy afortunada de tener el apoyo que tengo de las pocas personas que están a mi lado sin buscar más que una sonrisa a cambio, y eso es lo que más vale en la vida. Tengo fe en que, una vez pase este bache, me estabilice (emocional y físicamente) y vea resultados, voy a estar más animada y podré tomar decisiones más trascendentales. Y también tengo fe en que no sea fibromialgia, por favor Diosito, por favor.

Moraleja: Valora tu salud, y tu integridad física. Uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde, y eso no sólo se aplica al amor, también a la salud, porque sólo cuando te das realmente cuenta de lo imposibilitante que puede ser una dolencia es que ves lo importante que es estar bien, en todo sentido. Dejemos de matarnos por unos cientos de soles, démonos espacios para viajar, relajarnos, descansar de verdad; aprovechemos los fines de semana, dejemos de llevar trabajo para avanzar en la casa, al final del día, nada es tan importante como el bienestar físico y emocional, y eso, ni un millón de dólares lo puede comprar. Si tu trabajo te apasiona, dale, pero mídete, porque es muy seguro que también te esté estresando sin que te des cuenta, y quitando vida social y familiar: nada en exceso es bueno, y la vida no está hecha para trabajar para otros, sino para buscar la felicidad.
Así que busquémosla en las cosas que está comprobado que la contienen: familia, amor, amigos, distensión, naturaleza... Dejemos de ser soldados sin mente ni vida de una sociedad vacía basada en la productividad y meritocracia. Busquemos nuestros propios medios para sobrevivir.


Lectura interesante al respecto:
http://www.periodicodecrecimientopersonal.com/la-espalda-como-reflejo-de-nuestras-emociones-ocultas/

Esto también me ha estado pasando desde enero o febrero pero felizmente hace un par de semanas ha disminuido. Una raya más para el tigre:
https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000807.htm







sábado, 8 de noviembre de 2014

Alienación y reputación

Me provoca contar algo que me pasó anoche, por lo inusual, y porque es algo que (para variar) me ha puesto a reflexionar sobre mí misma. Probablemente voy a parecer una vez más una quinceañera por contar lo que voy a contar. Pero ni modo, pues, ¡¡¡así me pasa!!!


Luego de tener show en la tarde, me fui a casa de un amigo a un mini torneo de Beer-pong. Ahí se apareció Sheldon con un amigo al que llamaré "el Tocayo", a quien conozco de antes por ser amigo de mi ex, Laro. Decidí irme con ellos porque iban a un lugar cerca de mi casa y podían jalarme, pero en el camino decidí quedarme con ellos y seguir a Sheldon en sus "movimientos por la Lima nocturna". Luego de una conversación muy paja en la puerta del primer local y debido a que no logramos entrar, Sheldon decidió ir a su siguiente destino: una fiesta rave.

Nunca había ido a un Rave, que al final no era tan rave porque la música era más bien tranqui. Al parecer es un evento que siempre se hace, y esta ocasión se hizo en un local que recién están terminando de construir, por lo que había polvo de construcción en las paredes y ningún adorno colgado. Pagué mi entrada (SÍ, GASTÉ DINERO EN PAGAR MI ENTRADA) y ya desde la puerta me fui dando cuenta de cómo iba a ser la cosa por dentro: gente drogada y hipster.

Yo no me considero hipster, pero sé que lo parezco, y probablemente lo soy, y me da igual. Muchas veces cuando camino por la calle me han hablado en otros idiomas pensando que soy extranjera y mis amigos siempre me dicen que me visto medio hippie. Con lo tímida que soy en grupos grandes, la vergüenza no me permite moverme mucho, así que mis movimientos de baile son más bien robóticos, semi catatónicos; sumando el cansancio de haber estado casi casi modelando el vestido de Elsa en la fiesta de cumpleaños (Y el hecho de que mis juergas básicamente tienen música infantil y hay chocolates y sanguchitos en vez de alcohol), pues como se entenderá, además de sentirme como un pez fuera del agua, sin maquillaje y vestida como para salir y volver a mi casa sin parar en ninguna parte (Jean, botas marrones, cafarena fucsia, chompa beige de brillos tejida, una casaca de cuerina marrón, cero maquillaje y una trenza en el pelo), me veía RARA.

Lo cual, para fines de esa fiesta, era perfecto, porque por alguna razón, la gente parecía haberse empeñado en vestirse raro xD

Bueno. Estaba parada en un pasillo conversando con mis pocos amigos y varios conocidos, por ahí que saludé a mi prima, siempre hermosa y bien vestida, o a un amigo con el que actué hace años que también conocía a la gente de ahí, o a los amigos de mis amigos, que hay que saludar porque hay que ser educada y vamos, estoy entrenando mis habilidades sociales, no se aprende a ser una socialitè de la noche a la mañana y no lograré sentirme en mi salsa si no interactúo con otros seres humanos cara a cara... Y en eso me presentan a un chico. No era nada feo, pero yo no estaba interesada en gilearme a nadie, sino más bien divertirme y hacer amigos. Por ahí que miraba a ver si había alguien interesante, pero este individuo no calificó como tal. Uno más, de los tantos conocidos que estaban pululando por ahí, que saludan y te miran de reojo mientras conversas con tu gente. Yo, la verdad, estaba más concentrada en parecer relajada, moverme al ritmo de la música como a quien le gusta y evitar autistear, mi especialidad. Tarea un poco difícil si sientes que todos los chicos no gays de la fiesta te miran, sea porque te ves bien o porque te ves mal.

En fin. Estaba sentada en un muro mirando a la gente cuando este chico se sentó a mi costado y luego de preguntarme que hacía por la vida me invito a bailar.

Alerta amarilla.

Le dije que más tarde. Me di cuenta de que me interesaba más conversar con él que bailar, a lo mejor me hubiera gustado que me saque a bailar otro chico que me atrajera más. Pero a los dos minutos me volvió a invitar, y esta vez me pareció muy rochoso decirle que no, así que acepté.

Alerta naranja.

Le advertí que no sabía bailar música electrónica, me relajó el saber que podía hacer lo que me diera la gana y no iba a parecer fuera de lugar (Lo cual me pareció perfecto, creo que si pudiera pertenecer a algún grupo debería ser ese en el que mientras más raro bailas, te mueves, te vistes o hablas, más normal eres), y nada, bajamos a la pista de baile.

No era un lugar abarrotado, por lo que el chico me jaló hacia la mitad de la pista, pero se me pegó como si tuviera personas a su alrededor que lo empujaban hacia mí. No se pegaba como uno se pega sin querer a otra persona, incómodo, mirando a otro lado que no sea la cara de una, no: se me pegaba con toda la conchudez que (espero) el alcohol y la seguridad en uno mismo te permite.

Alerta roja.

Me dio un poco de envidia su seguridad en sí mismo.

El caso es que estaba incómoda (Y a la vez expectante, eso no me suele pasar seguido), por lo que me alejaba lo más que podía (No funcionaba) y redireccionaba sus manos cuando por ahí bajaban más de lo que mis amigos suelen tocar. Hasta ahí, siempre trato de pensar, puede ser simplemente su estilo de baile, una costumbre inconsciente más que un movimiento de seducción, por lo que si bien cuidé de mi espacio personal, no fui clara. Pero cuando empezó a buscar mi cara, ahhh no, ahí, brother, estamos hablando de otra cosa.

Parecerá chistoso que lo cuente, pero muy pocas veces me ha pasado eso de que estoy bailando con alguien y me quiere besar. Una vez fue en mi viaje de promoción. Las chicas con las que fui hacían concurso para ver quién besaba más chicos. Alguna vez en alguna otra discoteca, no recuerdo bien. Pero la mayoría de las veces, como he salido con mi pareja o simplemente no voy a discotecas, no he tenido que anunciar que no estoy interesada con mi lenguaje corporal ni he tenido que defenderme. Así que, en mi ignorancia y apelando a mi sentido común, le alejé las manos y le dije bien clarito: "Discúlpame, pero en serio, no soy de hacer esas cosas. Lo siento": El chico rió, me dijo que no importaba, que igual seguir bailando era divertido, pero como a los 5 minutos y a pesar de distraerlo con un poco de conversación tonta como "qué pajas las luces" o "espero que este paso no se vea muy extraño" volvió a insistir. Así que le dije para volver con mis amigos, porque El Tocayo tenía mi casaca.

No había nadie donde habían estado todos, así que nos pusimos a conversar un poco sobre Halloween. A los pocos minutos me dijo que quería volver al baño y me hizo una seña de que lo espere donde estaba. Felizmente apareció El Tocayo y Sheldon, y aunque les dije que el chico éste me había dicho que lo espere, me dijeron que fuera con ellos a la pista de baile, que daba igual, que no tenía por qué quedarme ahí. Medio culpable me fui con ellos. Al rato nos lo encontramos en otro lado, conversando con otras personas.

No pasó mucho tiempo y decidí irme a mi casa. Eran más de las 2 de la mañana y hoy tenía clases (Y ya no puedo seguir faltando por flojera), así que le pedí al Tocayo que me pasara mis cosas para irme. En el camino a su carro para recoger mi mochila le conté lo sucedido y que me sentía mal por eso, porque "soy una nerd" por no haber besado a este chiquito. Me dijo que aunque ahora la gente se agarra a cualquiera porque le provoca, no tenía por qué aceptar al primero que se me acercara, y que fuera viendo si realmente quiero o no quiero probar alguna vez besar a un desconocido. Después de todo, también soy humana, tengo impulsos y necesidades, y esas cosas que siempre te dicen para tranquilizarte y decirte que si bien no eres rara, siempre es bueno seguirle la corriente al resto aunque sea un poquito.




Pero no. El problema, si es que existe alguno, es que a mí no me gusta seguirle la corriente a las personas en este tipo de cosas. No es culpa de mi educación en colegio de monjas, porque la mayoría es normal y se va a una discoteca bien rica y apretadita a chapar con el que se le plante en frente. Debe ser algo de mi familia, de lo que me enseñó mi mamá. Pensaba que iba a ser lo mismo que con mis parejas, con quienes me suelto relativamente rápido (Tan rápido como me voy encariñando). Pero veo que no.

¿Se puede aprender a ser más mandada? ¿Debería aceptar un beso de un chico que me saque a bailar la próxima vez que alguien se me insinúe, simplemente porque es normal? ¿Soy una cucufata por miedo o porque realmente pienso que ese tipo de cosas no van conmigo?

Ya he hablado de este tema antes, cuando en mayo me bajé la aplicación esta de Tinder y sopesé la posibilidad de probar conocer gente por la vía fácil. El punto es que yo no busco algo superficial, y sé que en una discoteca no voy a entablar amistad con alguien churro que se me acerca a bailar (Si es que tengo suerte, porque usualmente no me interesa la gente que se me acerca). No me gusta esta sociedad vana en la que el amor es cosa de un beso y a la vez un beso no significa nada. Simplemente no me parece divertido andar compartiendo saliva y bacterias con gente que no conozco sólo porque "tengo necesidades y esa persona me parece atractiva", en mi opinión es una manera de justificar la falta de sentido. A mí se me hace mucho más fácil besar a alguien en una reunión que en una discoteca, y que ese alguien sea alguien que no sólo me atraiga físicamente. Será quizás por las veces que he besado a compañeros en escena, pero no me gusta besar a alguien sin sentir nada más que hormonas efervesciendo. Yo quiero algo real, no me gusta la imitación. Pero, lamentablemente, al parecer es necesario que tenga que adentrarme en la aventura de dejar de ser un poco yo para sentirme mejor conmigo misma por al menos intentarlo y no quedar mal. Lo digo porque me siento presionada por un grupo social en el que es normal hacer eso y si no lo hago no seré aceptada ni querida. Qué tonto, qué fútil... qué contradictoriamente necesario para poder encajar.

Hoy en la mañana estuve dándole vueltas al tema y he llegado a la conclusión de que podría, sí, aceptar el consejo del Tocayo y quizás más adelante, poco a poco y conforme vaya cogiendo más soltura en situaciones sociales, aceptar que un chico desconocido (QUE ME GUSTE) me bese. ¡Pero no el primero que se me para en frente después de años, pues! ¡Y menos si simplemente no me atrae, si no lo conozco, y si encima me ha hecho sentir como un objeto!

Porque si hay algo que detesto de esta sociedad tan machista es eso, que las mujeres se conviertan en una perra si besa a un chico pero el chico sea un ganador si besa a una chica; que no pueda caminar tranquila en la calle (menos en un bar) sin sentir que estoy en una especie de mostrador, a la vista de los compradores. Además: si ellos pueden, ¿Por qué yo no? Si las personas que me interesan o me han interesado probablemente han hecho eso (O lo están haciendo en este momento), ¿Por qué pensar que me voy a mancillar por eso? No digo que voy a ponerme ropa dos tallas menos, mostrar mis pocos atributos y encamarme con el mejor postor, pero, Dios, algo tengo que vivir, ¿no?


Sí. Pero a mi manera, con dignidad, haciéndome respetar, y piña si es que parezco una monse por no hacer lo que todos hacen. No quiero sacrificar mis principios por parecer algo que no soy.

No sé. Supongo que con los días me iré ordenando internamente. No tengo por qué sentirme mal por ser yo misma.

Creo que más importante que parecer o encajar sería trabajar en esa autoestima que hace que me sienta tan insignificante. Mejor me concentro en eso y en mejorar socialmente con la gente que se me acerca simplemente a conversar (Y que probablemente, en contra de lo que pienso, no busca nada más que eso), no en situaciones como la de anoche.

Me siento mal porque creo que estoy cagada. Pero no me voy a rendir, y voy a seguir luchando por mejorar, sobretodo esa inseguridad. Después de todo, a veces puedo ser el alma de la fiesta y tener conversaciones súper interesantes y profundas, que, finalmente, es lo que a mí me interesa.


Sí, tan mal no estoy.

¡Si tan sólo a alguien le gustara yo por ser así, tal cual como soy, con mis ganas e intentos de cambiar lo malo que hay en mí pero con mis locuras, incluidas las de este blog...!

lunes, 3 de noviembre de 2014

Saliendo del valle


Nada, sólo paso para comentar que estoy mejor :)

Mejor en el sentido "Más animada", "Comiendo un poco más", "Dejando de perder el tiempo con juegos de video y haciendo más cosas por mi vida". En fin, viviendo.

Me hizo bien el mensaje del post anterior, porque me ha ayudado a ver hacia adentro y ver mas objetivamente hacia afuera.

En gran parte es gracias a mi pequeño cambio de actitud, que espero mantener.

Estos (pocos) días he estado creyendo más en la importancia de cuidarme y teniendo más fe en mi futuro, y haciendo cosas por construir uno bueno. Estoy empezando por seguir viendo a mis amigos, tanto nuevos como antiguos. Mi zona de confort es tirarme en mi cama y jugar Bubble Witch saga (Y el resto de jueguitos) en facebook, y me ha estado costando pero estoy saliendo. Sheldon me ha presentado gente y asi él tenga otros planes, voy a reuniones. Ahora que ha sido Halloween tuve varios shows y salí a la calle disfrazada de Elsa (A comprar mi almuerzo en Mc Donald's y a pasear por un parque bastante transitado de mi zona), y en la noche fui a una fiesta de disfraces hasta tarde. Moría de sueño, pero cambiar de actividades vale la pena el esfuerzo. ¡Hasta he salido a comer! Yo, que no gasto dinero en alimentarme decentemente porque "es caro, prefiero comprarme frutas secas y chocolates y sobrevivir con eso mientras no estoy en mi casa", decidí aceptar una invitación de un viejo amigo para ir a su cumpleaños, a cenar en grupo, ¡y gasté más de 50 soles sólo en mí! ¿Y saben qué? ¡Lo valió! No sólo comí rico sino que la pasé muy bien :) Eso también me ha motivado a hacer mejor mis trabajos, y pensar menos paranóicamente. ¿Pretendientes? Quiero mantenerme en la actitud de estos días: No me interesa, y así sufro menos. Llegará en el momento que tena que llegar, ahora es momento de preocuparme de otras cosas, y esto lo he comprendido (POR FIN) gracias al mensajito de Mr. Red :) )Es extraño, pero así me está pasando. Tengo que abrazar mi proceso de crecimiento en vez de huir de él). Estoy más presente en el presente, aquí y ahora, no tanto en mi rinconcito gris. Aprovechando y disfrutando un poquito más.


Bueno, básicamente eso. Mi mamá está un poco detrás de mí para que coma así que no me puedo escapar tan fácil, y bueno, estoy tratando de comer mejor. Y he decidido volver al yoga: Muy aparte de la persona con la que puedo relacionarlo, cuando hacía yoga me sentía bien. Puedo cambiar de pensamiento, y necesito hacer yoga. Siento que mi cuerpo y mi alma me lo están pidiendo a gritos, y ahora sí me siento motivada para retomarlo. Motivada y además con tiempo y dinero.

Ayer me peleé con mi hermana, pero no quiero pensar en las cosas feas que me puede haber dicho o en los muchos defectos que yo tengo que mejorar para ser una persona agradable (Para ella, vivir conmigo es un martirio y me lo ha dicho). Quiero mejorar, pero por mí, para sentirme bien. No sé, además, qué tan cierto sea. Para otras personas ha sido lindo compartir espacios conmigo. Quiero pensar que es cosa de subjetividad.

Eso, y que hay que automotivarse. No soy perfecta, por más que quiera no lo seré, peor puedo re-aprender a sentirme a gusto conmigo misma y dejar de autoagredirme. Sé que tengo cosas buenas, pero tener buena autoestima no significa ni alardear de lo bueno ni lamentarme de lo malo. Significa utilizar las muchas herramientas que sé que tengo para vivir, y vivir bien.


Me da un poco de pena admitirlo, pero soy de las personas que no pueden vivir con mucho estrés por una cuestión de salud. Y eso significa que no debo hacer tantas cosas a la vez, que no soy súper heroína ni capaz como otras personas a las que admiro, y aunque tengo la creencia de que eso significa ser débil y defectuosa, me siento mejor haciendo menos dinero pero disfrutando más. Por eso necesito volver al yoga. Mi espíritu necesita a alimentarse de paz de nuevo.

Finalmente, ¡un poquito de motivación reciente! :)

(Gracias por leerme ;) )