Este es un blog de vivencias y reflexiones de una chica que busca la manera de plasmar su interior en algo tangible como las letras.

Aquí encontrarás hartas anécdotas y también procesos mentales, de esos enredados pero que buscan explicar lo que sucede en la vida y así encontrar un sentido. Encontrarás ejemplos de cosas que no hay que hacer; confesiones amorosas, de esas que toda chica necesita contarle a su mejor amiga; quejas y lamentos, letanías de alguna época mentalmente negativa; pero también hallarás decisión, actitud, fuerza y valentía (O al menos un sincero intento de ello).

Espero motivarte a seguirme. No sólo en lectura, sino en este trabajo interno, esta búsqueda de bienestar.

Seamos luz en medio de tanta oscuridad.


Mostrando las entradas con la etiqueta Tristeza. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Tristeza. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de febrero de 2018

Viejos caminos

Lamento pasarme por aquí con malas noticias.

Trato, de verdad trato de ser positiva y mantenerme bien, pero a veces "me toca" estar mal. A veces no puedo evitarlo. A veces la vida te lleva por senderos que te hacen recordar lo que pasaste y hasta extrañar la oscuridad. Me ha pasado. Me pasa. Y por eso estoy aquí.

No paso por aquí desde Junio, por lo que veo. Cuando trataba de concentrarme en hacer mi tesis y en ser una persona de éxito, al menos inmediato. Cuando trataba de no zozobrar a la adultez. Cuando trataba de enfocarme en el día a día para no ver la tormenta que se cernía en mi interior.

No he estado bien. Creo que no es necesario ponerlo en palabras para que sea evidente. Pero mi "estar mal" esta vez se me salió de las manos. Suelo querer ser responsable con lo que pongo en este pequeño espacio personal que ya creo que nadie lee, pero necesito desahogarme porque siento mucho "calor" interno. Mi teoría de la fiebre emocional parece ser cierta, yo la hago. Tengo todos los criterios de predisposición y los síntomas y no es la primera vez que me pasa, así que tengo que botar. Necesito botar. De otra manera, me volveré loca de verdad, o peor aún, volveré a hacerme daño.

Viví por inercia los últimos meses del año pasado, hasta que mi bomba explotó. Mejor dicho, implosionó, porque yo no suelo volarle los sesos a la gente de afuera con palabras, no. Yo estallo, y me hago daño en el proceso. Por meses sentía la necesidad de hacerme daño de mil formas, pero me contuve. Pero exploté, y tres meses después aún hay consecuencias, y aún hay dolor, y aún queda para rato.

¡Quisiera tanto ser ese tipo de persona normal, feliz, que vive su vida sin hacerse tantas preguntas y se lanza a la piscina de frente!

Han sido semanas muy duras para mí. A mediados de noviembre hice cosas que no debería haber hecho y de las cuales me arrepiento. ¿Cómo decir en bonito que traté de suicidarme 2 veces en menos de 48 horas? ¿Cómo contarle a alguien que terminé caserita de emergencias del hospital y de las clínicas de rehabilitación? ¿Cómo perdonarme después de todo el daño que he hecho a mi alrededor con las esquirlas de mi corazón y mente hechos añicos?

Creo que esa es la parte que más me está costando ahorita. El autoperdón. Yo, que siempre trato de echar una luz en el camino y que hablo de la importancia de tenerse paciencia, no aguanto estar despierta. No quise hacerle daño a nadie, pero no sólo me lo hice a mí (física, emocional y socialmente hablando), sino también a mi familia y gente cercana. Y lo que más rabia me da es que ya nada puede volver a ser como antes, que hay un "antes" y un "después" desde ese 12 de noviembre, que vuelvo a recorrer la senda del que busca redención, paz interior, una vida plena con los demás.

Volver a estar internada luego de mis 15 meses en Cieneguilla ha sido una experiencia inesperada y surreal. Sólo estuve un mes, pero sigo cautiva del dolor y también, por qué no decirlo, del ojo vigilante de mi familia, que de nuevo, es lo único que tengo.

El día que salí de alta, 21 de diciembre, murió uno de los seres que más he amado y que ha sido mencionado infinidad de veces en mis escritos: Poupée, mi perrita. Quiero pensar que hubo una enfermedad tangible e inesperada de trasfondo, pero no puedo negar que hay indicios que me muestran que se sacrificó por mí. Para que yo no muera, ella lo hizo, absorbiendo lo malo. Así de nobles son los perros. Pero no es la única pérdida con la que vengo tratando de lidiar. Vamos, que la de ella me dolió demasiado, pero pasa, porque es definitiva. Con la muerte no hay nada que hacer.

¿Pero qué haces cuando hay vida? ¿Qué haces cuando aún los caminos se pueden cruzar, pero no deben (o no te dejan)? Es terrible matar la esperanza cuando es, quizás, lo que te puede salvar.

Estoy separada de mi enamorado sin que ninguno de los dos lo hayamos querido. Lo extraño demasiado. Es diferente a cualquier situación vivida antes, porque en este caso, el amor no se acabó por ninguna de las dos partes. Pero no se puede estar juntos, porque teóricamente es dañino, porque supuestamente él tiene problemas mentales hasta peores que los míos, porque no asume la responsabilidad de cosas que para mí no son importantes pero para mi entorno, TODO, es crucial. Yo le perdono por reaccionar como reaccionó cuando exploté, pero nadie más. Mi opinión es la que debería de importar, pero no es así. De hecho, vivo restringida, por más que me la quieran poner bonita, la situación es muy similar a cuando era una niña y no podía salir sola, no tenía amigos, no hablaba con nadie, sólo yo y la casa y mi cuarto y el entretenimiento que menos dinero gasta, las deudas por mi estado de salud y mis gastos aún existentes son grandes y la culpa me acecha.

Culpa. Vergüenza. Nostalgia. Ira. Estoy llena de esas cuatro. No cabe espacio para el amor, ni para la esperanza, mueren intoxicados. Todos los días son una agonía de monotonía y llantos reprimidos, porque cualquier movimiento mío genera tensión.

Por eso debo escribir. Porque ya no es suficiente llorar, hablar, gritar, quejarme. Ya no es suficiente nada de lo anterior. De nuevo el Cristal se rompió y tengo que reconstruirlo desde cero. No tengo la paciencia que tuve antes, porque no tengo ganas de tenerla, porque quiero que todo termine ya, porque no quiero volver a dejar mi vida atrás, ni a las personas atrás, porque yo ya era adulta y ya sabía manejarme bastante bien y tuve que dejar que la oscuridad creciera. Porque le resté importancia a lo bueno, me empalagó, mi espíritu quizo hacer berrinche y sigo reaccionando como niña de 3 años.

Quisiera volver el tiempo atrás. Haber hablado. Haber dicho "estoy teniendo pensamientos suicidas" hace casi un año. Haber reaccionado diferente, haber decidido diferente, haber pensado a largo plazo en vez de recorrer esos viejos caminos mentales que me llevaron a casi morir. Ahora no sólo debo lidiar con la pena de haberme perdido a mí misma, sino también a la de haber perdido a mis seres queridos (otra vez), y entre ellos, a una muerte y a una separación injusta y dolorosa.

Llevo puesto el anillo que me regaló por los dos años. Cumplimos 3 a la distancia, sólo podíamos escribirnos cartas. Nos vimos 3 veces en 2 meses, 1 hora cada vez. Le terminé por escrito porque no aguanté vivir esperando, pero no sé si es mejor esto o tener una chispa de esperanza manchada del rencor de mi familia, que es lo que había cada vez que recibía una carta suya. Ni siquiera llegaba primero a mis manos, la tenían que revisar. No sólo vigilan que no me mate, sino que no lo contacte. Que no le escriba, ni lo llame, ni mucho menos me escape de mi casa para verlo.

Estoy atrapada en la fase del dolor. No sé cómo salir. No sabe cómo salir. Estoy intolerante, reacciono mal a cualquier cosa. Me afecto con más facilidad que antes y genero caos. Con más ganas viene la culpa, la ira, la vergüenza y la nostalgia por la época en la que estuve mal pero al menos tenía mi vida bajo mi control. Y más caos genero. Estoy en medio de ese círculo vicioso en el cual estuve hace 9 años en el que yo soy la villana y sólo mi autodestrucción y el volver a empezar, como el fénix, es lo que me puede redimir. Sólo que ya no sé cómo hacerlo, porque todo es diferente, estoy desorientada y me siento muy sola. Hasta duermo mal.

Hay chispazos de alegría. Trato de reconocerlos, de disfrutarlos, de hacerlos durar, porque lo que predomina es la muerte interna. El vacío. Leí un par de textos depresivos del 2009 y qué bueno que no son públicos. Me temo que no soy el mejor ejemplo de valentía, ni superación, ni positivismo, ni éxito, ni nada. Un mero ser humano más, banal y promedio, sin amigos ni pareja, con la familia asustada, con el autoestima por los suelos.

Que otra vez fracasó. 

sábado, 22 de abril de 2017

Consecuencias a largo plazo de la anorexia y la depresión


¿Alguna vez, queridx lectorx, te has puesto a pensar en qué consecuencias tiene una enfermedad mental/emocional a largo plazo?

Es decir, todos sabemos qué causa tener depresión, y que los trastornos de la alimentación se basan, en parte, en lo mismo.

Y también hemos escuchado muchas historias acerca del desgaste físico que causa la mala alimentación y la tristeza, desde debilidad general y "tendencia a enfermarse", como en mi caso, hasta el desarrollo de cánceres, que si bien no está comprobado al 100% científicamente de que tienen una causa emocional definida, sí hay estudios (y un psicoanalista me dijo hace unos días) que dicen que el estrés causa mutaciones que generan cánceres in novo (Olviden este término, ya no se me da bien hacer de doctora. Ahora mi rubro es otro).

Pues bien, todos sabemos que la mente y emociones influyen en el cuerpo... pero, ¿qué tanto influye una enfermedad de este tipo en el resto de cosas de tu vida? Es decir, vamos, no todo es el físico, y hay muchas áreas que se ven afectadas por estas cosas. Si no lo crees, pregúntate: ¿De qué manera afecta mi "estilo de vida"/enfermedad en los aspectos de mi vida que no son mi salud? Y ahí te darás cuenta de la gran cobertura de estos asuntos y de lo mucho que influye en tu desempeño escolar, laboral, y en tus relaciones, desde el no querer ver a nadie y evitar situaciones sociales para no tener que enfrentar a la comida... hasta hacerle daño a otras personas, sin querer.

Hoy, amigos, les voy a contar una historia. Una historia muy personal, una muestra de cómo te puedes cagar la vida metiéndote en sacos de once varas pensando que "desaparecer" es la solución de todo, y al final terminas cagándole la vida a alguien más. Porque así son estas enfermedades, te afectan en todos los aspectos de tu vida, en diferentes grados, hasta que te lo pueden quitar todo. Incluido el amor de una persona.

Y no lo hago por victimizarme. Lo hago porque recién hoy, 22 de abril del 2017, he sido plenamente consciente de la magnitud de este problema, que no puedo contar a nadie de mi entorno, al menos ahora y así, porque no lo van a comprender del todo, recién tengo cita con el psiquiatra el 1 de junio, y necesito sacarlo para observarlo bien. Sorry, tesis, tendré que avanzar de madrugada.

Yo tengo una hermana menor. Una hermosa y buena hermana menor. Desde pequeñas se empezaron a notar las diferencias entre ambas: mientras yo era callada y sumisa, ella era la alegría andante. Yo cantaba, pero ella hacía bulla. Yo jugaba, pero ella era el juego hecho persona. Tenía un carácter fuerte, si yo hacía algo que a ella no le parecía, me decía "tú, tala", que significa "mala". Eso me hacía sentir mal, vamos, que una niña de 3-4 años no sabe procesar bien que le digan cosas así, no las entiende, y termina creyéndolas. Por mucho tiempo creí que yo tenía algo malo innato en mí, pero ese es otro tema que ya superé. Yo sé que no soy mala. Bueno, el caso es que crecimos siendo las mejores amigas del mundo. Jugábamos a la casita, a las barbies, dormíamos en el mismo cuarto, jugábamos a las princesas, a que teníamos poderes mágicos... Éramos uña y mugre. Hacíamos todo juntas, hasta nos vestíamos parecido. Lo único que nos separaba eran nuestros temperamentos, el mío fácil, nervioso e introvertido, el de ella, un poquito explosivo, extrovertido e independiente. Ella tenía un par de amigas en el barrio y era aguerrida como un niño, no le molestaba ensuciarse y jugar rudo. Era una preciosa de ojos celeste cielo y cabello amarillo fuerte. Hasta me cuidaba en los recreos, cuando las niñas mayores me molestaban. Su personalidad salía por sus poros, mientras yo trataba de agradar a todo el mundo.

Fuimos creciendo, y pasaron muchas cosas, muchas, que nos afectaron a las dos. Es inevitable, es el curso de la vida pasar por situaciones difíciles. No me da pena, ya no. De hecho, pienso que la he tenido más fácil que millones de personas. Sin embargo, nada puede evitar que uno desarrolle depresión, ansiedad o trastornos alimenticios si tiene predisposición a ello y el ambiente lo propicia. Pues bien, yo empecé a dejar de querer jugar a las barbies, pues ya estaba creciendo, mientras ella me pedía que jueguemos. Yo la empecé a rechazar. Simplemente no me provocaba. Prefería encerrarme en mí misma, ver tv, leer, total, "ella tenía otras compañeras de juego y yo no importaba tanto". No me daba cuenta de que yo era irreemplazable.

Esto no es Frozen, amigos, esto es la vida real, y con un final triste, no como el de la película.

Cuando mi depresión empezó a crearme un hoyo en el pecho, y mi primer episodio de anorexia me comía el alma, yo fungí de hermana mayor muy bien. Tenía 12-13 años, y era perfecta. Mi hermana lloraba a veces, en su cama, y yo podía ir y consolarla, haciendo de oídos sordos lo que mi propio corazón me decía. Estábamos pasando por problemas familiares muy complejos y había una gran sensación de soledad en la casa que nos acompañaba a todos. Recuerdo sentarme en la cama de mi hermana, poco menos de dos años menor que yo, y acariciarle la cara hasta que se relajaba y se quedaba dormida. Me sentía bien, útil. No necesitaba nada, ni siquiera ropa, ni siquiera comida, ni siquiera agua. No necesitar equivalía a no merecer. Y conforme ese no merecer creció y yo me acerqué a los 15 años, me convertí en la peor versión adolescente de mí misma. Me cerré por completo. La verdad, no recuerdo muy bien esa época, porque mi mente estaba en otro lado. Sólo sé que no sólo me restringía la comida, sino que me alejaba de las fuentes de cariño, de lo que me humanizaba. Entre ellas, mi hermana. Ella también la pasaba mal, a su manera, y sus reacciones empezaron a ser muy fuertes. Hasta que, de pronto, empecé a desarrollar manías y no toleraba estar cerca de ella.

Así de simple: no la podía tocar. Me daba la sensación de que todo lo que ella tocaba estaba contaminado por su energía. Mi percepción estaba al límite, todo me afectaba, y, en mi cabeza, su temperamento parecía apoderarse de las cosas. Estábamos en una época sumamente difícil, lidiando con cosas muy fuertes, y mientras ella se desesperaba por acercarse a mí, yo luchaba por alejarme de ella. Así de simple: tú tocas eso, yo lo tengo que limpiar o coger con algo de alguien más para no sentir tu energía, que es tan fuerte que no la tolero. Tú te bañas antes que yo, yo no puedo usar la ducha ni 4 horas después porque tu presencia sigue ahí; tú te sentaste en la computadora, yo pongo ropa sucia de nuestro hermano mayor para que aplaque tu sensación en el asiento; te sentabas a mi lado en la movilidad del colegio, me arrimaba lo máximo posible para ni siquiera tocarte y rozaba las partes que tuvieron contacto contigo con objetos como la puerta del carro, o la pared, u otra persona, para limpiarte de mí. Mientras mis otras manías iban cediendo, ésta fue creciendo, al punto de que ya no podía ni escucharla: ni su voz, ni los ruidos que hacía al comer, o al pasar sus dedos por los objetos, o al utilizar objetos como el tenedor sobre su plato, o al respirar, hablar o cantar (Muchos años después me enteré de que eso se llama Misofonía, dale click para aprender un poco más sobre éste trastorno. Esto me sigue pasando, en menor intensidad, y con otras personas). Bueno, pues: ¿Cuál creen que fue mi reacción? CALLARLA. Decirle, primero intolerante pero reprimida, luego a gritos y violentamente, que se callara. Que no hiciera ruido. Que se quedara quieta, que no respirara, que no existiera.


Nadie de la vida real es capaz de recibir la basura de una persona enferma sin terminar afectándose de alguna manera. Nadie. Anna le aguantó a Elsa su lejanía porque es un personaje de dibujo animado, y si fuera de la vida real, porque sus papás le dieron la contención emocional que necesitaba y aprendió desde niña a manejar el rechazo sin mermar su aprecio por su hermana ni su propia autoestima.

¿Se imaginan lo que es que la persona en la que más confiabas, tu referencia, tu hermana mayor, te aleje de esa manera? Ella no era como yo, que se hacía una bolita, lloraba y se autoflagelaba para castigarse: ella me devolvía la agresión con más agresión. "¿Sabes qué?, ¡MÁTATE!", fue lo que desencadenó mi primer corte en las muñecas. En ese momento pensé que tenía razón, y que de verdad quería que me muriera. En ese momento de verdad quería morir, y pensé que era posible haciéndolo así. Muchos años después me di cuenta de que no lo decía en serio, pero el daño estaba hecho. Mi mente se había encargado de recibir e interpretar esas palabras de la manera que le convenía. Ahora comprendo que ella no tenía otra forma de defenderse ante tanta hostilidad. Yo me había convertido en un demonio, era realmente incontrolable, a veces tenían que cogerme entre mi mamá y mi ex-padrastro para prácticamente exorcizarme a punta de limpiezas energéticas tipo Reiki, palo santo y música de Enya en el fondo, mientras yo me retorcía de una rabia y dolor increíbles. 15 años, no tenía idea de nada, no sabía manejar mis emociones, estaba muy enferma, atentaba contra mi vida de mil maneras... entre ellas, rechazando el amor.

Recién de adulta me di cuenta de que el amor era lo que no soportaba, porque no tenía ni un poquito en mi corazón, y cada vez que se acercaba alguien a mí con algo de amor, yo me alejaba como espíritu maligno cuando le acercas la cruz. Eso es lo que pasa cuando alguien está en medio de la oscuridad: no aguanta lo positivo. No tolera las muestras de cariño, no es capaz de entender que hay algo más allá de lo que le pasa.

Mis síntomas eran tan fuertes y evidentes que mi mamá aterrizó un poco y decidió que necesitaba ayuda psicológica. Obviamente, yo la rechazaba. Pero terminé escuchando un poco y aplacando mi ira, y así dejé algunas de mis conductas autodestructivas y volví a sonreír y ser "normal". Pero el daño estaba hecho: mi hermana lloraba por todo, gritaba, reaccionaba muy fuerte, ya no brillaba como cuando éramos niñas. No me hablaba, yo tampoco a ella, casi. Yo estaba demasiado ocupada con mi mundo interno como para mirarla.

Pasaron varios años y tantas situaciones como oportunidades para que sucedan cosas. Me gradué del colegio con honores, me pagaron el caro viaje de promoción (creo yo, por miedo a que vuelva a atentar contra mi vida si no iba), me inscribí en la universidad para estudiar medicina, fingiendo aún que yo estaba bien y que mi familia tenía la capacidad de mantenerme, con esfuerzo, ahí, porque me querían, porque lo merecía y porque era la manera de asegurarme un futuro mejor. Lo cierto es que mientras yo empezaba a tener una vida sin casi tener conciencia de lo que significaba, mi hermana, deseosa de vivir, era olvidada por mis papás. No se graduó, porque no había plata, porque me la daban a mí, para que yo esté bien. No pudo inscribirse en una universidad, porque la mía y la de mi hermano mayor eran muy caras (aquí en Perú la educación superior privada es mejor a la estatal, y "hay que ir a la universidad para ser alguien en la vida"). Se pasó un año tirada en el sofá, comiendo y viendo TV, y en vez de mirarla y preguntarle cómo estaba, yo maquinaba mi siguiente ayuno o atracón. Ella tuvo atención psicológica por poco tiempo, nunca estuve segura si lo dejó porque no le ayudaba, o porque creía que la psicóloga era mala, el caso es que se quedó en el aire, y tuvo que agarrarse de lo que podía: la cocina. Mi papá le pagó un curso de un mes de fotografía, luego se puso a trabajar en starbucks, y luego se volvió a tirar al sillón y posteriormente, a su cama, a ver tv, películas, y comer.

Desde pequeñas, yo guardaba lo que pensaba y no lo expresaba, ni siquiera sabía hablar para defenderme. Mi caparazón era blando. En cambio, el de ella estaba lleno de púas, su lengua era un cuchillo bien filudo que daba en la parte más dolorosa. Se defendía con violencia, sarcasmo, echando culpas, sintiendo pena por sí misma.

Volví al hoyo, esta vez más profundo, y me convertí en la peor versión adulta de mí misma. La agredí indirectamente con mi enfermedad. Ver consumirse a alguien que amas no es lo más sano ni divertido que puede haber. Ella callaba, sabía que no podía acercarse mucho, sólo podía mirar, llorar en silencio por mí, y, evidentemente, defenderse como sabía cuando algo pasaba. Con agresividad, con culpas, con sarcasmo. Porque no conocía otra forma. Me internaron. Ella, nuevamente, se tuvo que olvidar de lo que quería para que yo pudiera revivir. Quizás yo cedía en los pleitos para que ella ganara, pero en la vida, ella me cedió la preferencia, para que yo no me muriera por mis propias manos. Toleró lo mejor que pudo que yo me coma su comida para vomitarla al rato, toleró que desperdicie el dinero y cansara a mamá y a mi entorno con mi agujero negro, lo toleró lo mejor que pudo. Fue fuerte, no me imitó, aprendió que yo no era un buen ejemplo a seguir, decidió echarle la culpa de todo a papá, me limpió de polvo y paja. Dejó de pedir cosas para que hubiera dinero para pagar mi comida especial, medicinas y terapias. Y salí airosa. Ella sonreía, esperando que sus esfuerzos hayan valido la pena y hubiera, por fin, recuperado a su hermana, con la que reía, saltaba en la cama, le hacía cosquillas y jugaba.

Pero se equivocó.

Quien salió del internamiento, año y tres meses después, fue una Cristal completamente diferente. Ya no era un agujero negro que absorbía todo, lo convertía en oscuridad y se hacía más grande, era una hoja en blanco en la que se había comenzado a escribir una historia rara que mi hermana no entendía y en la que casi no formaba parte. Y aquí viene mi justificación: empecé a ser consciente de que las cosas estaban tan mal en mi casa, que si yo seguía sus reglas, iba a volver al hoyo. Yo pensaba que cuando saliera, mi familia también iba a estar "recuperada", que mis hermanos y mis papás iban a cambiar, a perdonar, a dejar ir lo malo, que mi tratamiento, de alguna forma mágica, iba a alcanzarles a ellos también. Pero, al igual que mi hermana, me equivoqué. Así que creé mis propias reglas del juego: decidí que, en vez de esperar sentada algo de mis papás, yo iba a conseguir las cosas por mí misma. Decidí crecer, decidí vivir, y para eso, también decidí hacer oídos sordos a los regaños casi diarios porque "no estaban de acuerdo con cómo estaba llevando mi vida", y hacerme la ciega frente a mi hermana, cada vez peor, ahora afectada físicamente por su sobrepeso, y con heridas emocionales profundas de las que nadie, ni mi mamá, se atrevió a curar porque ella es un gato arisco que rechaza toda ayuda con excusas, llantos y puertas más cerradas que las mías.

Si yo estuve mal, al menos fui el "tubo de escape" de mi familia, me prestaron atención y logré recibir y aceptar ayuda. Ella no. Ella siempre estuvo bajo mi sombra, perfil bajo, segundo puesto.
Hoy yo estoy por cumplir 29 años, siento que me falta mucho por lograr y siempre que me comparo me siento menos que el resto, pero sé que teniendo pena de mí misma no logro nada, y desde que estoy con mi novio actual, mi actitud hacia la vida es más positiva, soy más fuerte, estoy más dispuesta a crear un futuro bueno para mí, con MIS reglas del juego, porque sé que seguir las reglas de mi casa significa enfermarme.

Ella no. Ella sigue tirada en su cama, cocinando cosas que le hacen daño, viendo TV y películas todo el día, durmiendo a cualquier hora, sin estudiar, sin trabajar (porque siempre hay una excusa para que no pueda), sin hacer otra cosa que sufrir sin darse cuenta. Sus actividades consisten en ir dos veces por semana a comprar la comida, vivir en torno a lo que decide su novio, salir con él, de vez en cuando ver a sus amigos (en eso me gana, yo sigo prefiriendo la soledad), y regañar. Regañar y criticar mucho. Su agresividad ha mejorado mucho, aprendió a cuidar más sus palabras, pero cuando discutimos (que es algo muy usual) se le sale el resentimiento que me tiene. Por no haberle prestado atención. Por no haberla querido como ella necesitaba.

Mi hermana no tiene las herramientas emocionales y actitudinales que "tiene" Anna. Mi hermana se cansó, hace mucho tiempo, de tocarme la puerta para jugar con la nieve. Yo logré alejarla y convertir mi corazón en hielo para ella.

Van como 3 semanas en las que no me habla. Discutimos a principios de mes, por cosas del día a día en las que discrepamos. Somos como el agua y el aceite, cada quien en su mundo, pero mientras yo me ocupo de mí y trato de no preocuparme por los demás porque sé que me afecta y me puedo sentir tan mal que me puedo enfermar, (esa es la manera en la que aprendí a defenderme y gracias a la cual ahora soy funcional, trabajo, estudio, vivo), ella no se ocupa de sí misma y se preocupa por todos de manera casi excesiva, marcando, siguiendo y corrigiendo como una mamá, porque sabe que mamá y yo somos más vulnerables. Ella se mantiene de pie como un árbol, pero uno de corteza dura, podrida, que sangra. Un árbol al que sigo sin prestar atención.

Ya había notado que ella no me acepta. Que si fuera posible, se iría de la casa, para no tener que aguantar(me)(nos) y todo lo que estar aquí conlleva. Siendo sincera, yo también pienso igual. Mi casa no es un hogar, por eso no paso mucho tiempo aquí. Más allá de las responsabilidades, nadie es capaz de arreglar la situación. La mala comunicación es el pan de cada día, y no hay fuerza hasta ahora que haya logrado mejorarla.

Yo no soy perfecta. Soy muy perfeccionista con mis cosas pero muy descuidada con mis relaciones interpersonales. También vivo un poco en torno a mi novio porque, de alguna forma, prefiero su realidad a la mía. Soy un poco más consciente de mí misma, de lo que hago y para qué, y lucho, sí, la lucho, todos los días, para levantarme, comer, tomar mis antidepresivos y hacer mis actividades. Si por mí fuera haría lo que hace mi hermana, porque es súper cómodo y no tengo que pensar en lo que hay que hacer. Pero no puedo darme ese lujo, no me lo permito, y aquí voy, mal que bien, caminando. Metiendo la pata una y otra vez, pecando de confiada con quienes no debo, y no confiando en quienes debo, ayudando a gente de afuera y haciéndome la ciega con una de las personas que completa mi mundo: mi hermana.

Yo, Cristal, no soy capaz de ayudar a mi hermana menor. De contenerla. De estar con ella, de ser su amiga, bah, su hermana. Quisiera abrazarla cuando me provoca, pero no puedo, porque o estamos peleadas, o no soy capaz de mostrarle mi cariño. Elsa pudo abrirle su corazón a su hermana, yo no.

Mi excusa ha sido que "No puedo darle algo que no tengo", pero lo cierto es que enfrentar sus demonios es recordar a los míos y enfrentarlos de nuevo, y sólo de pensar en el drama, me canso. He simplificado mi vida lo más que he podido, y si detecto novelones, adiós, porque no son buenos para mí, que ya de por sí, soy consciente, tiendo a crear novelas por mi cuenta. Por mucho tiempo responsabilicé la forma de ver la vida y las herramientas que tiene para enfrentarla como la causa de su pesar, de su estancamiento, de su desidia. Incluso la he escuchado quejarse y responsabilizar por su estado a papá, y no la culpo (pero sé que en eso se equivoca, ella podría salir de donde está si se esforzara y aceptara ayuda). Pero hoy, luego del millonésimo enfrentamiento post pelea e intento de reconciliación, me di cuenta de algo más: algo que yo no he querido ver, porque me duele demasiado.

Yo también tengo responsabilidad de su estado.

Me advirtieron en mi tratamiento que iba a haber resistencia por parte de mi familia a mi cambio, que iba a ser difícil; me enseñaron que pensar en una misma y su bienestar no es ser egoísta, sino inteligente y una muestra de amor propio; me dijeron que mi familia iba a pensar que soy una egocéntrica... lo sé, lo experimento todo el tiempo, sé que no les gusta del todo las decisiones que tomo o las cosas que hago o digo. Mi mamá me comprende más, porque me ve bien. Mi hermano no vive con nosotras desde hace años, así que no la sufre tanto. Mi hermana, en cambio, me ve como un ser sumamente desconsiderado, irresponsable y aprovechado. Evidentemente, lo soy, porque ella se preocupa demasiado por los demás y comprendo su punto de vista porque también pensaba así del resto (y sufría porque no me trataban como yo quería que me traten). Pero no me había dado cuenta de que actuar como lo hago ahora también iba a afectar negativamente a mi hermana. Porque no estuve, y cuando estuve, no fui suficiente. Porque, sin querer pues estaba enferma, la anulé, la alejé; porque contadas veces la agredí verbal o físicamente, pero innumerables veces mis acciones y actitudes le atravesaron el corazón. Y ahora, que soy funcional y no estoy sintomática, no soy capaz de ayudarla, y lo que hago por mi bien le hace daño a ella.

Mi hermana está mal por mi culpa. No sólo porque mi papá la dejó a la deriva y mamá no fue capaz de enfrentarla, ponerle límites y darle órdenes. También porque yo no fui capaz de estar ahí para ella, la expuse a mi violencia hacia mí misma, la defraudé como hermana mayor al punto de que ella tomó ese rol, le hice experimentar el rechazo al máximo, como si ella tuviera lepra o hubiera algo malo innato dentro de sí, hice que vea las cosas más terribles que puede ver alguien que ama a otro, y ahora, cuando intento estar con ella o acercarme, no puedo. No lo hago. No he aprendido. No soy capaz de pedir disculpas por protegerme a mí misma de su negatividad, eso sería echarle la culpa de algo en lo que no la tiene. Ella no tiene la culpa de ser como es. Ella no conoce otra manera de enfrentar la vida, ella hace lo mejor que puede, y yo no he ayudado en nada para que mejore. Al contrario.

Mi amor propio, mi mecanismo de defensa, hace que no pueda pasar mucho tiempo con ella, en parte porque es muy intensa para mí, y en parte porque estoy ocupada o prefiero dormir, estar sola o ver a mi novio que conversar con ella. Soy parecida con mi mamá, pero se me hace más fácil acercarme, y estoy trabajando el comunicarme mejor con ella y demostrarle que me importa. Pero con mi hermana, se me hace muy difícil. No le tengo confianza para contarle mis cosas, porque le afectan demasiado y reacciona mal, pero esta forma de "protegerla" le molesta y le refuerza su creencia de que no me importa. Mi hermana tiene serias dificultades para perdonar, dejar ir, pasar la página. ¡Ella puede ser a veces tan drástica! Por ejemplo: si alguien me hace daño, ella se molesta con esa persona al extremo. Es tan radical que es capaz de no dirigir la palabra, eso ha pasado con mi ex, que era su amigo, hasta que se decepcionó de él por algunas actitudes suyas hacia mí. ¿Cómo, entonces, le puedo confiar cuando me molesto con mi novio actual? ¿Para que lo trate feo, así esté yo en el medio? ¿O para andar recordándome eventos tristes luego de que pasaron meses y yo ya había pasado la página? No, gracias. Prefiero que no se entere. Sin embargo, ocultándole información termino haciendo que se resienta conmigo, y que no me cuente sus cosas. "Porque yo no le cuento las mías". Y así se ha creado un círculo vicioso de desconfianza, agresión pasiva, y soledad tan fuerte que la mantiene encerrada en su cuarto.

¿Cómo haces para acercarte a alguien a quien amas mucho pero no quiere saber de tí? Con mi papá y con ex fue mucho más fácil: simplemente reaprender a vivir sin ellos. No hablar, no vernos, el tiempo hace lo suyo, ya está. En cambio, mi hermana duerme en el cuarto contiguo, compartimos el baño, algunas responsabilidades, y escucho sus movimientos.

Ahora no sé qué hacer, porque ocupándome de mí y autoconvenciéndome de que yo no tengo responsabilidad ha aumentado sus síntomas. Podría, de nuevo, deprimirme y hacerme daño por la culpa, porque no conozco otra manera de enfrentar las cosas. Y es que mi mente maquiavélica me hace pensar que, tal vez, si yo me pongo mal, es decir, si me esfuerzo por llamar su atención, pueda usar mi salud y bienestar como herramienta de chantaje para obligarla a hacer terapia. "Porque ella me hace daño".

Esta es una de las cosas más enfermizas que he pensado. Estar mal para conseguir algo es una táctica que ya utilicé, inconscientemente, y casi me mata. Estoy molesta conmigo misma, pero debo ser razonable. No lo niego, aún me pasan por la cabeza cosas así cuando mis emociones están desbocadas, pero mi sentido común, felizmente aprendido, y los benditos antidepresivos que contienen mis impulsos autodestructivos, me mantienen cuerda. No lo voy a hacer. Manejarla con la culpa... bien inteligente de mi parte hacerle sentirse peor, y encima, usar los mismos recursos que ella usa. Me estabiliza saber que si me pongo mal, no será porque quiero que ella me note y haga algo, sino porque REALMENTE me afecta que sufra, me afecta que no disfrute de la vida, me afecta tener esta relación tan mala con ella, me afecta no poder acercarme, me afecta ser una completa extraña, y me afecta que no puedo hacer nada.

Bueno, no es verdad, sólo hay una cosa que puedo hacer: esperar a que ocurra un milagro y la vida se encargue de enseñarle. Como me pasó a mí, que ella tuvo que observar cómo me hacía daño hasta que algo desencadenó mi redención. Sólo que yo no aguanto. Como hermana mayor, no quiero que tenga que sufrir más para aprender, porque ya no quiero verla mal, ya no quiero discutir con ella... ya no quiero tener que pasarla por alto para no sufrir y así hacerla sufrir más.

Me he pasado 3 horas escribiendo y corrigiendo esto, en vez de leer para mi tesis. Por eso ya no escribo, porque gasto demasiado tiempo en expresar cosas que me va mejor diciendo en persona, porque me ayuda más el soporte presencial que el feedback del aire. Porque, lo peor es, nadie se va a tirar media hora leyendo esto.

viernes, 29 de abril de 2016

Control y dolor


Y bueno. Pasan los días, los meses y años, y una sigue aquí. Igual que siempre. Con cambios mínimos que te hacen pensar si realmente estás creciendo, y a la vez tantos sucesos que te comparas con tu yo de hace 2 años y te preguntas qué rayos hacías pensando de esa manera.

Yo sigo igual de responsable que en el colegio, haciendo mis tareas con ahínco y madrugándome para sacar las mejores notas, pero igual también que cuando estaba en la universidad, incapaz de concentrarme en mis tareas y resolver cuestionarios sobre los receptores acetilcolínicos, y escribiendo en mi blog en vez de eso.

Supongo que mi mente funciona por prioridades, como la de todos, y mi prioridad ahorita, por alguna razón, es escribir esta entrada en vez de redactar la editorial de mi revista. Nada profesional o que vaya a salir a circulación, lo que pasa es que Srta. controladora fue designada como directora del trabajo final de un curso del instituto (hacer una revista con todas las de la ley), gracias a sus buenos aportes y división de tareas en trabajos anteriores con el mismo grupo. Suele pasar. Es chistoso porque el ciclo pasado, la misma Srta. controladora se salió de control y se convirtió en una tirana que defendía sus ideas a capa, espada y estocadas, y ahora, de pronto, soy una buena líder. Ojalá sea que aprendí la lección y estoy realmente aprendiendo a controlar mi carácter.

¿Por qué todo se trata de control?

No es que esté fuera de mí, para nada, pero de hecho, ni sé por qué estoy escribiendo. Considero que escribir aquí es innecesario a menos que tenga algo interesante o importante que decir, y me he "portado bien" no visitando este sitio en meses porque "mi to-write list" estaba vacía. El mensaje de una persona que no debería pero que fue influyente fue "ten claro lo que quieres escribir" (Espero no haberlo malinterpretado), y en el fondo es muy cierto, me la he pasado escribiendo tonterías sentimentales que poca gente lee y a mucho menos les interesa... ¡pero pasados tantos años de iniciar este viaje literario, sigo sintiendo ganas de volcarme en un papel digital! ¿Estaré fuera de control o simplemente esa soy yo y, como dice mi novio, "escribir es parte de tu esencia, no lo dejes", y no debería alejarme de ello sólo porque aún no tengo un tema bien definido?


Bueno. Volviendo a lo concreto, que es lo que me trae por aquí: quizás me haría bien un pequeño desfogue para que las letras que estoy buscando fluyan por mi cabeza y pueda, por fin, escribir la editorial y la columna de opinión sobre mi revista para mujeres. Algo sobre las "necesidades de la mujer de hoy, que no se contenta con recibir tips de belleza y que busca sentirse bien no sólo físicamente",y quizás una columna de opinión sobre, no sé, la moda del hueco entre los muslos (¡oh, esas épocas!), o la ortorexia, o quizás el acoso callejero. Retomando la idea principal, creo que estas semanas han sido muy intensas para mí y quizás sea correcto desahogarme un poco, ya que aún no me basta la ayuda que he recibido.

Estoy sumamente susceptible. ¿Recuerdan (Quienes sea que me leen) que en el post anterior conté que estaba sin antidepresivos? Bueno, su ausencia ya empezó a hacer efecto. No es algo terrible, como para decir que me voy a caer en un pozo sin fondo, que estoy tan mal que sin mis pepas me escondo debajo de mi escritorio, abrazo mis rodillas y me muevo hacia adelante y atrás, o que voy a atentar contra mi vida... Pero las cosas me han estado afectando lo suficientemente como para realmente considerar que tengo un desbalance químico que requiere una conversación con un psiquiatra y, de preferencia, volver a medicarme. Ya saqué una cita para la próxima semana, a ver qué tal me va.

Felizmente el asunto de los antidepresivos no me parece denigrante, ni vergonzoso, ni tabú, y no creo que deba sentirme inferior a nadie por necesitar tomarlos: podríamos decir que la genética, la falta de alimentos de calidad durante muchos años, mi carácter y las sinfín de situaciones difíciles han hecho que esta ayudita sea muy necesaria. Ni modo, así me tocó. Felizmente no estoy escribiendo esto hace unos días, sino hoy, que me siento "satisfecha" con mi presente inmediato, pero si me hubiera saltado la vena literaria el domingo, por ejemplo, este habría sido un solo de tristezas y lamentos. Que mi familia no me quiere, que soy una carga, que estoy gorda, fea y llena de granos, que soy un fiasco, que no tengo talento ni futuro, que tengo miedo de todo, blahblahblah. Eso es lo que pasa sin las benditas pastillas: la luz mental se va, y como una se queda medio a oscuras, ve sólo lo más cercano, lo más fácil, lo que ha visto con más frecuencia por mucho tiempo; las emociones se ponen más a flor de piel, el fastidio se convierte en ira, la pena en tristeza profunda, la alegría se hace más difícil de alcanzar (Aunque no es imposible, pero es fugaz), la duda se convierte en indecisión, y predomina un estado pensativo pero aletargado, como una sensación de estar flotando en el aire y no saber qué camino tomar. Y si, regularmente y con ayuda de pastillas, ese es el estado normal, pues ya se imaginarán: ahora todo lo negativo está aumentado. El abanico de posibilidades de acción se reduce porque el cerebro no piensa con la misma claridad y rapidez, y las decisiones tomadas son más impulsivas, irracionales y tirando para lo triste y derrotista.

Siempre me ha costado tomar decisiones. Es una de las cosas más simples de la vida, pero para mí puede ser un verdadero dolor de cabeza, desde escoger el color de ropa interior que voy a usar o qué tenedor coger, hasta el bendito tema del propósito en la vida. En algún momento ha sido sobre la pareja, en otros momentos ha sido sobre estudios, y últimamente es sobre el ámbito laboral. Aún no me encuentro donde quisiera estar a mi edad, no logro lo que quisiera lograr y veo tantas posibilidades ante mí que no sé por dónde empezar o cuál es la más adecuada, y tomo mi postura usual de evasión para no tener que decidir nada hasta estar completamente segura de algo. Lo cual es imposible, porque yo nunca estoy segura al 100% de nada. De eso sí estoy segura. Bueno, no del todo.

FELIZMENTE, y dentro de lo mal que he estado estas semanas, estoy más positiva de lo que podría estar, y sé que todo va a estar bien. Además, sé que he tenido buenos avances, no todo es negro. He madurado mucho, me estoy haciendo cargo de mí misma en muchísimos sentidos que antes no lograba y estoy en buen camino: tengo proyectos que jamás pensé que tendría, y que me motivan. El asunto es que me bloqueo en ese tramo que hay entre el "pensar y planificar" y el "concretar". Que el dinero, que la flojera, no sé: simplemente me quedo inmóvil. Y creo que de eso se trata ahora mi problema, la inmovilidad, el mantener el status quo, la dificultad para invertir tiempo en plasmar mis ideas porque es más fácil colgarme del internet y dormir.

Bueno. ¿Qué rayos me ha estado pasando para deprimirme?

¿Aparte de sucesos simples, cotidianos y repetitivos del día a día en mis relaciones interpesonales y logros-caídas en mis distintas actividades, que por lo mismo que son repetitivas y vacuas, no vale la pena mencionar? ¿Aparte de no tomar los anti depresivos y, por ende, recaer en la depresión, creo yo, orgánica y antigua que tengo?

Pues que he estado enferma. No es un "he estado tan enferma que he tenido que hacer mi testamento y dejarle mis esmaltes de uñas a mi hermana", es más un "he estado tan mal que no he podido hacer absolutamente nada". Siempre he tenido dolores de espalda, de eso nadie está libre, y más cuando hace mil cosas a la vez y tiene mala postura. A todos nos pasa. Pero en esta ocasión, a mi cuerpo le dio el berrinche y me tumbó. Desde febrero me fastidiaba pero no le di la suficiente importancia. Hubieron momentos en que me decía "bueno, me haré un tiempo mañana y me iré a que unos cieguitos me masajeen la espalda hasta ver la luz", pero lo fui postergando porque me daba nosequé gastar mis 50 soles en masajes cuando mejor era usarlos en otras cosas como comida, o transporte, o lo que sea que de hecho era más importante (qué raro, ¿no?). Hasta que un buen día me vino de pronto un dolor tan intenso que me quitó la respiración. No podía ni hablar, ni moverme, y me llevaron a la emergencia. 6 horas y 2 vías después (con dos medicamentos para dormir a un caballo cada uno), y la cosa no pasaba. Me fui a mi casa, avisé que no iba a hacer shows en todo el fin de semana, me dieron un descanso médico, y mes y medio después la cosa sigue. El diagnóstico del traumatólogo que me vio la segunda vez que fui a emergencias por el dolor fue "contracturas en toda la espalda". Yo pensé que tenía cáncer y que estaba en fase terminal, porque ni con el tramadol me pasaba. Peor aún, se abrió la posibilidad de que sea fibromialgia, cosa que algunos no han descartado, incluyendo mi lado pesimista. Un punto más para mi historial de locura (no estoy loca, debo dejar de tratarme así).

"¡Pero las contracturas se pasan con masajes descontracturantes y listo!", diría cualquiera. Bueno, pues quizás sí, en el resto de gente normal que tiene una piedrita en el omóplato o el hombro y que le pasa con unas tres sesiones. Pero yo, para variar, quiero salirme de lo ordinario, y no sé cómo rayos pero mi cuerpo se las arregló para que mi contractura fuera desde la base del cráneo, pasara por toda mi espalda y se irradiara por hombros, omóplatos, incluso costillas, y termine en la cintura, impidiéndome caminar más de 3 minutos sin sentir que me quemaba la espalda, o estar sentada más de 5 sin que me dieran náuseas por la intensidad del dolor. Que por cierto, para que se hagan una idea: los primeros 5 días era como si me hubieran atravezado debajo del omóplato izquierdo con una lanza y me estuviera aplastando una pared, sin dejar pasar ni un minuto de dolor, ni aún durmiendo. Los siguientes 10 días han sido como si me hubieran agarrado entre 5 personas a patadas y mi espalda estuviera en carne viva; luego de eso, recién, han sido dolores "comunes" de espalda, de esos que te dan al final de un día largo de trabajo, sólo que por cosas pequeñas como girar el cuello, o la cintura, o caminar a la cocina, o ir al baño. Ya con pausas de dolor, pero sumamente intenso, al punto de las náuseas y los escalofríos. He estado con analgésicos opioides, no opioides, relajantes musculares, compresas frías y calientes, cremas, electricidad, magnetoteraía, ultrasonido, y, dada la cercanía de mi familia a la medicina alternativa, he probado acupuntura, homeopatía, camas masajeantes con piedras de jade calientes, mentalización, y hasta limpias con chamanes porque se ha barajado la posibilidad de la brujería (escéptica yo, aún así lo considero, en esta viña del señor todo es posible y hay gente enferma que es capaz de tomar muy malas y egoístas decisiones para hacerle daño a otros)... Y nada, hasta hace muy poco, el dolor ha seguido siendo imposibilitante. Han sido semanas insufribles en las que he estado tirada en mi cama, incómoda en cualquier posición, sin poder siquiera sentarme para comer, y lo peor, con muy poca ayuda. Si no hubiera sido por mi enamorado, que ha suplido mis responsabilidades en mi casa y me ha cuidado día y noche, llevado de un lado a otro y demás, aún seguiría postrada sin poder moverme.

"¿Pero por qué te dio eso?"

Señoras y señores, la palabra mágica y clave del siglo: ESTRÉS. Emocional, mental, físico, de todo un poco. Pero estrés al fin y al cabo. Mi explicación es que el año pasado no le di descanso a mi cuerpo, me desviví por complacer en mi chamba y en mi casa, guardé mucho rencor por injusticias y cosas que suceden con las que yo no estoy de acuerdo pero que escapan de mis manos, me hice mucho hígado (hasta me han salido canas), y no descansé, y no me cuidé, y aprovechando el mínimo descuido, mi cuerpo se desquitó, me dijo "bueno, si no quieres hacerle caso a tus emociones, vas a tener que hacerme caso a mí", y voilá, Cris tronchada.


Consecuencias: Estoy en fase de rehabilitación (aún con rigidez y dolor, no sé qué rayos hago con mis músculos pero me vuelve el dolor, sobre todo cuando me exijo mucho o estoy mucho rato sentada escribiendo en la compu... como ahora :P), aún no produzco dinero, he vuelto a estar endeudada y me gasté los ahorros que tenía para un proyecto que tengo del que no hablaré aún... pero estoy tratando de hacerme más caso, de tomar conciencia de mi vida (porque esto no ha sido casualidad) de manejar mejor mis emociones, de canalizar mejor mi ira y mi enojo, de decir las cosas que me molestan y de cambiar las que puedo para tener una mejor calidad de vida.

Felizmente ya puedo ir a clases (traté el domingo pasado de ir a show, pero fue contraproducente y terminé llorando. Claro que estoy más susceptible que de costumbre, así que no hay que prestarme mucha atención, pero sí, estoy complicada). Y sé que, felizmente también, esto se maneja ocupándome más de mi cuerpo, de tener una mejor postura, mejores hábitos, cuidándome más del estrés y de no cargar con tantas responsabilidades (Sobre todo si no son valoradas, como es el caso de la empresa de eventos), planificando acciones a tomar a futuro para no quedarme en la calle (porque sabemos que mucho apoyo económico no tengo, aunque sí tengo mucha suerte), y sobre todo, ayudándome lo más que puedo.

"Con la única persona con la que vas a pasar el resto de tu vida es contigo mismo, así que de tí depende ser tu mejor aliado o tu peor enemigo", dicen por ahí, y yo estoy procurando lo primero. Un poco floja, porque mi autoconcepto no está en sus mejores momentos (gracias, depresión, gracias, pensamientos antiguos), pero lo intento. Tengo muuuuuuucha suerte, dentro de todo, de estar donde estoy: hay gente que la pasa cien mil veces peor que yo (muchas mantienen la sonrisa en la cara, damnit, deprimirse es un lujo), y yo soy afortunada de tener el apoyo que tengo de las pocas personas que están a mi lado sin buscar más que una sonrisa a cambio, y eso es lo que más vale en la vida. Tengo fe en que, una vez pase este bache, me estabilice (emocional y físicamente) y vea resultados, voy a estar más animada y podré tomar decisiones más trascendentales. Y también tengo fe en que no sea fibromialgia, por favor Diosito, por favor.

Moraleja: Valora tu salud, y tu integridad física. Uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde, y eso no sólo se aplica al amor, también a la salud, porque sólo cuando te das realmente cuenta de lo imposibilitante que puede ser una dolencia es que ves lo importante que es estar bien, en todo sentido. Dejemos de matarnos por unos cientos de soles, démonos espacios para viajar, relajarnos, descansar de verdad; aprovechemos los fines de semana, dejemos de llevar trabajo para avanzar en la casa, al final del día, nada es tan importante como el bienestar físico y emocional, y eso, ni un millón de dólares lo puede comprar. Si tu trabajo te apasiona, dale, pero mídete, porque es muy seguro que también te esté estresando sin que te des cuenta, y quitando vida social y familiar: nada en exceso es bueno, y la vida no está hecha para trabajar para otros, sino para buscar la felicidad.
Así que busquémosla en las cosas que está comprobado que la contienen: familia, amor, amigos, distensión, naturaleza... Dejemos de ser soldados sin mente ni vida de una sociedad vacía basada en la productividad y meritocracia. Busquemos nuestros propios medios para sobrevivir.


Lectura interesante al respecto:
http://www.periodicodecrecimientopersonal.com/la-espalda-como-reflejo-de-nuestras-emociones-ocultas/

Esto también me ha estado pasando desde enero o febrero pero felizmente hace un par de semanas ha disminuido. Una raya más para el tigre:
https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000807.htm







domingo, 16 de noviembre de 2014

Dejar ir

¿Por qué me toca dejar ir a tantas personas que han estado tan cerca de mi esencia y mi corazón?

Esta ha sido una semana de fantasmas y ciclones emocionales. Yo pensaba que el día de los muertos era el 1ero de Noviembre, pero al parecer ha habido una demora y han decidido salir todos en estos días.

Primero Mr. Red y su mensaje "esperanzador" que me tuvo contenta y medio en la nube por varios días. Luego, el miércoles, el mensaje más esperado e inesperado del mundo: LARO. Ese Laro, Laro- Laro, mi ex Laro. Diciéndome que quiere verme y hablar conmigo (Y luego dejándome colgada porque "No tiene apuro, quiere que sea algo tranquilo. Básicamente quiere saber cómo estoy y contarme cosas que ha aprendido"). Como entenderán, han sido noches complicadas pensando mucho en si tengo algo que decir, planeando mis reacciones, desistiendo una y otra vez de decirle tal o cual cosa, e imaginando qué rayos voy a hacer en cada posible escenario que se presente... Complicada y ansiosa. Pero manejándolo bien para tratarse de él.

Hasta anoche pensaba que la vida estaba sacando todas sus cartas de golpe y hasta me sentía agradecida porque por fin estaba "pasando algo" importante en mis relaciones.

Hasta anoche.

Que me volvió a hablar Mr. Red. Muy lindo todo. Exceptuando que me contó que se va a quedar a vivir allá.

Agradezco y estoy feliz de que me hable y quiera ser mi amigo. De nuevo, habla bien de él y me confirma que no estoy equivocada acerca de quién es. Es una persona que quiero mucho y admiro y me siento honrada de que piense que vale la pena hablarme (He ahí una muestra de mi autoestima). Pero no pude evitar ponerme a llorar como una Magdalena y hasta este mismo momento sigo llorando porque (Aparte de que vive rodeada de chicas bonitas y eso obviamente despierta mis celos)... ¡se va a quedar allá!

Es decir, saber que se va de viaje por unos meses a la India a meditar y hacer yoga pero que va a volver me daba cierta tranquilidad sobre qué esperar. "No tengo que pensar en él hasta que sea el momento, y si regresa y me busca, vemos". Pero ahora me dice que regresa en febrero para ver lo del alquiler de su departamento y que se va a ermitañear lejos de todos por algunos años... ¡Dios, ese es el sueño y la pesadilla juntas!

En mis construcciones más locas me imagino mochileando, viviendo en lugares exóticos como los que él está conociendo, pero siempre me veo acompañada. Aprendiendo cosas espirituales, nada de hierbas y drogas sino full meditación, todas esas cosas siempre me han llamado demasiado la atención. La aventura, el descubrir, el valerse por uno mismo, conviviendo y aprendiendo de la gente. Luego me acuerdo de que no tengo plata ni para completar un mes de estudios, que he tenido que pagar una operación mía con dinero prestado y que se viene navidad y la época más feliz del año (Esto sí no es sarcasmo, amo Diciembre)... Y me obligo a pisar tierra y deprimirme porque la rutina sigue. Deseaba, en un rincón profundo, que él volviera a Lima, me buscara, me dijera que no me había olvidado y que lo quería volver a intentar. Todos sabemos que es obvio que yo quería eso, en el fondo, sin decirlo, porque así soy. ¡Pero ahora que he confirmado mis sospechas y que sé a ciencia cierta que se queda por allá y no hay futuro para esto (Porque es muy probable que se vaya al Tíbet y no me sorprendería que se convierta en monje)...!

Duele. Duele tener que volver a matar algo tan lindo.

Así como hice con Laro, cuando soñé que le interesaba otra tipa y luego confirmé (porque entré a su facebook) que efectivamente salía con otra chica, y no me morí de la tristeza sólo porque es fisiológicamente imposible. Y con quien sigo un poco resentida porque me cambió por otra. ¡Que ni se le ocurra pedirme que trate de ser amiga de ella porque le clavo un tenedor en los testículos!

Se repite la historia, se repite esa tristeza tan fuerte. Laro tiene planes más grandes que lo van a ayudar a crecer como persona, Cristal la desprendida lo suelta porque lo ama tanto que no soporta verlo encerrado en sus brazos y no quiere estar con alguien que no la quiere de la misma manera. Mr. Red está en una etapa importantísima de su vida, de viaje para encontrarse y construirse a sí mismo, que respeto, admiro y aliento... Y no le digo ni pío sobre lo que realmente pienso acerca de eso porque no quiero que se moleste conmigo ni que se sienta forzado a hablarme por pena ni se vuelva a desaparecer de la vista. Como le dije a Laro alguna vez, "prefiero tenerte como amigo a no tenerte en absoluto".


Sería mentir si digo que lo he estado esperando. Después de todo, luego de que no me respondiera mis mensajes y diera por sentado que me detestaba y que le causaba rechazo, decidí enterrarlo. Y pensé que lo había hecho, con decepción porque "había jugado conmigo", "yo había permitido que se burle de mí", "su espiritualidad es pura finta", y quise interesarme en otra persona. Pero al igual que pasó con Laro y Brownie, no se puede querer a alguien más si tu corazón está ocupado aún. No se puede enterrar algo así sin más y pretender que se descomponga. El que me haya vuelto a hablar me hizo darme cuenta de que no lo había olvidado como pensaba y me dio la esperanza de que podíamos retomar contacto y podríamos volver a ser amigos, oh, con aquella persona que tan interesante y buena me parece... Y sí, una parte de mí me decía "listo, te quiere, quiere estar contigo". Me permití soñar un poco con que me decía que lo acompañara, que volvía a salir con él y pasar las noches en su casa. Me alegraba la idea de volver a tenerlo en mi vida.

Saber que es imposible tenerlo, al menos de la manera en la que esperaba tenerlo, me duele mucho.

Espero, realmente espero, que la intención de Laro sea la de retomar lo que pueda quedar de nuestro vínculo, en paz, armonía y basándonos en el cariño que al menos yo sé que sigo sintiendo por él. Sé que soy una nueva persona y él también y no quiero ni pensar en la posibilidad de que siempre se puede volver porque no es algo que me interese que suceda. Ya no.

Porque con quien esperaba volver era con Mr. Red. Sí me enamoré de él, a pesar de que fue poco tiempo y todo eso. Creo que con algunas personas basta con mirarlas a los ojos para saber quiénes son y quererlas sólo por eso. Pero, así como antes hice con amigos que viven lejos, y con Laro, "si realmente amas a alguien, tienes que dejarlo libre. No hay mayor muestra de amor que la de dejar que alguien siga su camino, haga su vida como quiere y sea feliz". Así me vuelva a partir en pedazos, vuelva a desconfiar de la gente, me aísle y no quiera nada con nadie. Lo tengo que dejar ir, porque quiero que sea feliz más de lo que quiero que esté conmigo. Al fin y al cabo, si no se queda significa que no era para mí y que va a venir alguien mejor, ¿no?

Me frustra saber que él va a estar tan lejos. Pero espero que, de alguna manera, este pequeño acercamiento signifique que de alguna manera le importo y que si bien lo dejo ir como pareja, pueda quedarse en mi vida así, extranjero, de manera espiritual, como amigo, compañero, enviado especial en la India y Nepal, maestro, bitácora de la aventura que me encantaría emprender, referencia espiritual cercana; como lo que sea que es y que no tiene explicación en palabras. Ahorita no siento que eso sea la mejor opción porque me está sangrando el pecho, pero tengo fe en que en un tiempito podré verlo así. Ya me entrené con lo de Laro, y si pude superarlo a él, puedo superar cualquier otra cosa.

Realmente espero dejarlo ir y que se convierta en eso, y pueda quererlo y admirarlo tranquila, sin poseer ni esperar nada de él.

Y que él me quiera de vuelta por eso, Y que no se le ocurra volver a desaparecerse porque me siento más feliz si él está y puedo mandarle imágenes chistosas y molestarlo por su altura y su parecido con los Leprechauns. Así como sé que me sentiré más completa si estoy bien con Laro, porque fue muy importante en mi vida.

Porque de verdad que ya no quiero volver a decir adiós a nadie que significa mucho para mí. Al menos no durante muuuuuchos años, cuando la vida esté en declive y todos tengamos que partir.

Este miércoles es su cumpleaños. Feliz día, Mr. Red. Deseo de todo corazón que encuentres lo que buscas, que seas más que feliz por el resto de tu vida, y que puedas compartir esa sonrisa pura y esa mirada marrón brillante conmigo de vez en cuando. Lo suficiente como para que yo también sea feliz.


sábado, 8 de noviembre de 2014

Alienación y reputación

Me provoca contar algo que me pasó anoche, por lo inusual, y porque es algo que (para variar) me ha puesto a reflexionar sobre mí misma. Probablemente voy a parecer una vez más una quinceañera por contar lo que voy a contar. Pero ni modo, pues, ¡¡¡así me pasa!!!


Luego de tener show en la tarde, me fui a casa de un amigo a un mini torneo de Beer-pong. Ahí se apareció Sheldon con un amigo al que llamaré "el Tocayo", a quien conozco de antes por ser amigo de mi ex, Laro. Decidí irme con ellos porque iban a un lugar cerca de mi casa y podían jalarme, pero en el camino decidí quedarme con ellos y seguir a Sheldon en sus "movimientos por la Lima nocturna". Luego de una conversación muy paja en la puerta del primer local y debido a que no logramos entrar, Sheldon decidió ir a su siguiente destino: una fiesta rave.

Nunca había ido a un Rave, que al final no era tan rave porque la música era más bien tranqui. Al parecer es un evento que siempre se hace, y esta ocasión se hizo en un local que recién están terminando de construir, por lo que había polvo de construcción en las paredes y ningún adorno colgado. Pagué mi entrada (SÍ, GASTÉ DINERO EN PAGAR MI ENTRADA) y ya desde la puerta me fui dando cuenta de cómo iba a ser la cosa por dentro: gente drogada y hipster.

Yo no me considero hipster, pero sé que lo parezco, y probablemente lo soy, y me da igual. Muchas veces cuando camino por la calle me han hablado en otros idiomas pensando que soy extranjera y mis amigos siempre me dicen que me visto medio hippie. Con lo tímida que soy en grupos grandes, la vergüenza no me permite moverme mucho, así que mis movimientos de baile son más bien robóticos, semi catatónicos; sumando el cansancio de haber estado casi casi modelando el vestido de Elsa en la fiesta de cumpleaños (Y el hecho de que mis juergas básicamente tienen música infantil y hay chocolates y sanguchitos en vez de alcohol), pues como se entenderá, además de sentirme como un pez fuera del agua, sin maquillaje y vestida como para salir y volver a mi casa sin parar en ninguna parte (Jean, botas marrones, cafarena fucsia, chompa beige de brillos tejida, una casaca de cuerina marrón, cero maquillaje y una trenza en el pelo), me veía RARA.

Lo cual, para fines de esa fiesta, era perfecto, porque por alguna razón, la gente parecía haberse empeñado en vestirse raro xD

Bueno. Estaba parada en un pasillo conversando con mis pocos amigos y varios conocidos, por ahí que saludé a mi prima, siempre hermosa y bien vestida, o a un amigo con el que actué hace años que también conocía a la gente de ahí, o a los amigos de mis amigos, que hay que saludar porque hay que ser educada y vamos, estoy entrenando mis habilidades sociales, no se aprende a ser una socialitè de la noche a la mañana y no lograré sentirme en mi salsa si no interactúo con otros seres humanos cara a cara... Y en eso me presentan a un chico. No era nada feo, pero yo no estaba interesada en gilearme a nadie, sino más bien divertirme y hacer amigos. Por ahí que miraba a ver si había alguien interesante, pero este individuo no calificó como tal. Uno más, de los tantos conocidos que estaban pululando por ahí, que saludan y te miran de reojo mientras conversas con tu gente. Yo, la verdad, estaba más concentrada en parecer relajada, moverme al ritmo de la música como a quien le gusta y evitar autistear, mi especialidad. Tarea un poco difícil si sientes que todos los chicos no gays de la fiesta te miran, sea porque te ves bien o porque te ves mal.

En fin. Estaba sentada en un muro mirando a la gente cuando este chico se sentó a mi costado y luego de preguntarme que hacía por la vida me invito a bailar.

Alerta amarilla.

Le dije que más tarde. Me di cuenta de que me interesaba más conversar con él que bailar, a lo mejor me hubiera gustado que me saque a bailar otro chico que me atrajera más. Pero a los dos minutos me volvió a invitar, y esta vez me pareció muy rochoso decirle que no, así que acepté.

Alerta naranja.

Le advertí que no sabía bailar música electrónica, me relajó el saber que podía hacer lo que me diera la gana y no iba a parecer fuera de lugar (Lo cual me pareció perfecto, creo que si pudiera pertenecer a algún grupo debería ser ese en el que mientras más raro bailas, te mueves, te vistes o hablas, más normal eres), y nada, bajamos a la pista de baile.

No era un lugar abarrotado, por lo que el chico me jaló hacia la mitad de la pista, pero se me pegó como si tuviera personas a su alrededor que lo empujaban hacia mí. No se pegaba como uno se pega sin querer a otra persona, incómodo, mirando a otro lado que no sea la cara de una, no: se me pegaba con toda la conchudez que (espero) el alcohol y la seguridad en uno mismo te permite.

Alerta roja.

Me dio un poco de envidia su seguridad en sí mismo.

El caso es que estaba incómoda (Y a la vez expectante, eso no me suele pasar seguido), por lo que me alejaba lo más que podía (No funcionaba) y redireccionaba sus manos cuando por ahí bajaban más de lo que mis amigos suelen tocar. Hasta ahí, siempre trato de pensar, puede ser simplemente su estilo de baile, una costumbre inconsciente más que un movimiento de seducción, por lo que si bien cuidé de mi espacio personal, no fui clara. Pero cuando empezó a buscar mi cara, ahhh no, ahí, brother, estamos hablando de otra cosa.

Parecerá chistoso que lo cuente, pero muy pocas veces me ha pasado eso de que estoy bailando con alguien y me quiere besar. Una vez fue en mi viaje de promoción. Las chicas con las que fui hacían concurso para ver quién besaba más chicos. Alguna vez en alguna otra discoteca, no recuerdo bien. Pero la mayoría de las veces, como he salido con mi pareja o simplemente no voy a discotecas, no he tenido que anunciar que no estoy interesada con mi lenguaje corporal ni he tenido que defenderme. Así que, en mi ignorancia y apelando a mi sentido común, le alejé las manos y le dije bien clarito: "Discúlpame, pero en serio, no soy de hacer esas cosas. Lo siento": El chico rió, me dijo que no importaba, que igual seguir bailando era divertido, pero como a los 5 minutos y a pesar de distraerlo con un poco de conversación tonta como "qué pajas las luces" o "espero que este paso no se vea muy extraño" volvió a insistir. Así que le dije para volver con mis amigos, porque El Tocayo tenía mi casaca.

No había nadie donde habían estado todos, así que nos pusimos a conversar un poco sobre Halloween. A los pocos minutos me dijo que quería volver al baño y me hizo una seña de que lo espere donde estaba. Felizmente apareció El Tocayo y Sheldon, y aunque les dije que el chico éste me había dicho que lo espere, me dijeron que fuera con ellos a la pista de baile, que daba igual, que no tenía por qué quedarme ahí. Medio culpable me fui con ellos. Al rato nos lo encontramos en otro lado, conversando con otras personas.

No pasó mucho tiempo y decidí irme a mi casa. Eran más de las 2 de la mañana y hoy tenía clases (Y ya no puedo seguir faltando por flojera), así que le pedí al Tocayo que me pasara mis cosas para irme. En el camino a su carro para recoger mi mochila le conté lo sucedido y que me sentía mal por eso, porque "soy una nerd" por no haber besado a este chiquito. Me dijo que aunque ahora la gente se agarra a cualquiera porque le provoca, no tenía por qué aceptar al primero que se me acercara, y que fuera viendo si realmente quiero o no quiero probar alguna vez besar a un desconocido. Después de todo, también soy humana, tengo impulsos y necesidades, y esas cosas que siempre te dicen para tranquilizarte y decirte que si bien no eres rara, siempre es bueno seguirle la corriente al resto aunque sea un poquito.




Pero no. El problema, si es que existe alguno, es que a mí no me gusta seguirle la corriente a las personas en este tipo de cosas. No es culpa de mi educación en colegio de monjas, porque la mayoría es normal y se va a una discoteca bien rica y apretadita a chapar con el que se le plante en frente. Debe ser algo de mi familia, de lo que me enseñó mi mamá. Pensaba que iba a ser lo mismo que con mis parejas, con quienes me suelto relativamente rápido (Tan rápido como me voy encariñando). Pero veo que no.

¿Se puede aprender a ser más mandada? ¿Debería aceptar un beso de un chico que me saque a bailar la próxima vez que alguien se me insinúe, simplemente porque es normal? ¿Soy una cucufata por miedo o porque realmente pienso que ese tipo de cosas no van conmigo?

Ya he hablado de este tema antes, cuando en mayo me bajé la aplicación esta de Tinder y sopesé la posibilidad de probar conocer gente por la vía fácil. El punto es que yo no busco algo superficial, y sé que en una discoteca no voy a entablar amistad con alguien churro que se me acerca a bailar (Si es que tengo suerte, porque usualmente no me interesa la gente que se me acerca). No me gusta esta sociedad vana en la que el amor es cosa de un beso y a la vez un beso no significa nada. Simplemente no me parece divertido andar compartiendo saliva y bacterias con gente que no conozco sólo porque "tengo necesidades y esa persona me parece atractiva", en mi opinión es una manera de justificar la falta de sentido. A mí se me hace mucho más fácil besar a alguien en una reunión que en una discoteca, y que ese alguien sea alguien que no sólo me atraiga físicamente. Será quizás por las veces que he besado a compañeros en escena, pero no me gusta besar a alguien sin sentir nada más que hormonas efervesciendo. Yo quiero algo real, no me gusta la imitación. Pero, lamentablemente, al parecer es necesario que tenga que adentrarme en la aventura de dejar de ser un poco yo para sentirme mejor conmigo misma por al menos intentarlo y no quedar mal. Lo digo porque me siento presionada por un grupo social en el que es normal hacer eso y si no lo hago no seré aceptada ni querida. Qué tonto, qué fútil... qué contradictoriamente necesario para poder encajar.

Hoy en la mañana estuve dándole vueltas al tema y he llegado a la conclusión de que podría, sí, aceptar el consejo del Tocayo y quizás más adelante, poco a poco y conforme vaya cogiendo más soltura en situaciones sociales, aceptar que un chico desconocido (QUE ME GUSTE) me bese. ¡Pero no el primero que se me para en frente después de años, pues! ¡Y menos si simplemente no me atrae, si no lo conozco, y si encima me ha hecho sentir como un objeto!

Porque si hay algo que detesto de esta sociedad tan machista es eso, que las mujeres se conviertan en una perra si besa a un chico pero el chico sea un ganador si besa a una chica; que no pueda caminar tranquila en la calle (menos en un bar) sin sentir que estoy en una especie de mostrador, a la vista de los compradores. Además: si ellos pueden, ¿Por qué yo no? Si las personas que me interesan o me han interesado probablemente han hecho eso (O lo están haciendo en este momento), ¿Por qué pensar que me voy a mancillar por eso? No digo que voy a ponerme ropa dos tallas menos, mostrar mis pocos atributos y encamarme con el mejor postor, pero, Dios, algo tengo que vivir, ¿no?


Sí. Pero a mi manera, con dignidad, haciéndome respetar, y piña si es que parezco una monse por no hacer lo que todos hacen. No quiero sacrificar mis principios por parecer algo que no soy.

No sé. Supongo que con los días me iré ordenando internamente. No tengo por qué sentirme mal por ser yo misma.

Creo que más importante que parecer o encajar sería trabajar en esa autoestima que hace que me sienta tan insignificante. Mejor me concentro en eso y en mejorar socialmente con la gente que se me acerca simplemente a conversar (Y que probablemente, en contra de lo que pienso, no busca nada más que eso), no en situaciones como la de anoche.

Me siento mal porque creo que estoy cagada. Pero no me voy a rendir, y voy a seguir luchando por mejorar, sobretodo esa inseguridad. Después de todo, a veces puedo ser el alma de la fiesta y tener conversaciones súper interesantes y profundas, que, finalmente, es lo que a mí me interesa.


Sí, tan mal no estoy.

¡Si tan sólo a alguien le gustara yo por ser así, tal cual como soy, con mis ganas e intentos de cambiar lo malo que hay en mí pero con mis locuras, incluidas las de este blog...!

lunes, 8 de septiembre de 2014

Reiniciar

Estoy mejor :)

Sólo quería comentar eso.

Al final, cuando uno pierde el camino, se siente perdido y no sabe por dónde empezar, lo que más ayuda es ir por lo básico. "Ser feliz para dummies: satisface tus necesidades básicas". Así, comiendo un poco más y durmiendo mejor, aunque no lo crean, ayuda muchísimo a levantar el ánimo.

Quiero pensar que fue uno de esos bajones feos que dan cuando se acaba el antidepresivo y tengo que esperar recibir dinero para comprármelo. Eso es lo que mejor explica el desfase de pensamientos tan fuerte del último mes. O a lo mejor un Síndrome premenstrual hormonalmente desequilibrado. Lo cierto es que me la creí en serio, de nuevo volví a ser un problema.

No, yo puedo sola. O sea, no tan sola, siempre se necesita ayuda, pero sí puedo salir del hoyo :)

Nada, estoy haciendo las paces conmigo misma. Prefiero estar delgada pero tranquila y conforme conmigo misma que flaca-esquelética y odiándome porque sí, porque se me hace fácil, porque "pobre de mí, víctima de mí misma", "soy una merma para la sociedad", "no aporto nada bueno", "siempre voy a tener dificultades en todos los aspectos de mi vida"... Sí, claro, eso sería cierto si realmente dejo que suceda. Si realmente me dejo vencer.

Y NO. Esa no soy yo.

No soy perfecta, tengo millones de defectos, se me hace difícil muchas cosas que a otros no, pero me saco la mugre por ser mejor y, sobre todo, no permitir que mi autocriticismo me baje la guardia y así deje que mis defectos se manifiesten. Si no me lo tomo con una buena actitud, pierdo.

Eso. Que he estado muy estresada (Muchos shows y trabajos y desfases con el horario del restaurante y poco tiempo para mí, NECESITO volver al yoga con urgencia), encima el asunto con los individuos XY que en fin, mejor ni lo traigo a colación para no deprimirme, la expectativa y la incertidumbre que van a estar presentes siempre (Eso, o no vivo y ya), y la soledad que me da mucho tiempo para pensar. Y a veces pensar mucho no es bueno.

El borrascón se está alejando. Debo entender que siempre voy a tener bajones, pero que, como esta vez, como antes, SIEMPRE QUE YO LO DECIDA voy a poder resguardarme de la lluvia y sentirme bien :)



viernes, 8 de agosto de 2014

Sopa de letras


Este es mi post número 100, coincidiendo con las 17 000 visitas. Gracias a quienes me leen, aunque sea de casualidad, a los que se tragan todo el floro que meto, y a los que me comentan a pesar de la flojera. Para mí significa mucho que le hagan click a este espacio y aunque sea algo quede grabado en quienes me leen, y me alegra tener compañía y recibir comentarios (Sobretodo en esta época), porque me hacen sentir que no le escribo al vacío. Trato siempre de que la flojera no me gane y responda a quienes me escriben, aunque sea agradeciendo. No crean que los paso por alto, no señor.

Bueno. Mi idea para celebrar el post número cien y las casi 20 000 visitas (No digo que me lean de verdad tantas personas, pero sí es un número grande de clicks, al menos) era escribir algo bonito.

Lamento tener que decir que no estoy pasando por un momento que me permita escribir algo lindo que vaya con mi filosofía.

Hoy estoy visitando mi blog a modo de depositario, vertedero, cuaderno de anotaciones, espacio donde anotar mis ideas, ordenarlas, analizarlas y encontrar una estrategia. Es una manera de "hacerme bien a mí misma" y por lo tanto no estoy yendo en contra de mi política constructiva (Aunque seguramente, y me adelanto con las disculpas, voy a sonar a queja o lamento), así que espero que sigan lo que estoy a punto de escribir aquí y sirva de algo. Si me sirve a mí, feliz, pero si le sirve a alguien más, feliz al cuadrado :)

A ver. El título es porque así me siento: una sopa de letras desordenadas y frases enredadas en mi mente. He estado postergando (para variar) el escribir aquí esperando un mejor momento, pero bah, que el momento es ahora, no hay otro. Por higiene voy a tener que sacar lo que hay dentro, porque no quiero verbalizarlo y porque necesito expresarme.

Parto de la premisa del post anterior: me estoy sintiendo sola. Le escribí a mi papá, me respondió, le dije para vernos, pero al final le cancelé la cita escribiéndole lo siguiente:


Hola "Apá" (Acotación: me firmó el mail anterior así. Y yo no suelo decirle papá jamás, así que el hecho de que ponga esta palabra significa bastante):

Se supone que no debería dar explicaciones, pero quiero cerrar este asunto y no me gusta dejar a nadie con los crespos hechos.

El mail que te envié lo hice x un impulso y una necesidad insatisfecha, imaginando y esperando cosas q, en la realidad, desgraciadamente no van a poder darse. Al menos no en la actualidad. Espero que en un futuro, cuando yo sea aún más madura y realmente no espere algo que no puedes darme.

Llamémoslo infantilidad de mi parte, me doy golpes de pecho, pero por mi salud no es conveniente. Espero que lo comprendas.

¿A qué me refiero con lo anterior?
A que lo que mi niña necesitaba era un papá, no un admirador o un chofer. Lo que me diste y lo que me ofreces ahora es una fantasía de relación que en los hechos no existe. Habrás esperado en la puerta y en los ensayos, pero bien pudo hacer eso mi guardaespaldas. Yo no necesitaba eso. Y ahora, podremos salir a tomar algo, pero ser un papá es más que eso. Es algo que ya no me vas a poder dar, xq ya vi que no estás dispuesto a cambiar ni aceptar errores, y eso lo tengo que aceptar de una vez por todas.

Básicamente es eso, y el hecho de q si te das cuenta, no tenemos nada de qué hablar que no sea un tema pesado. Y no me refiero a quién pagó qué, porque el dinero, al menos para mí, es lo de menos. Mis razones van por un lado que ni tú ni mi mamá comprenderán, xq ambos están envenenados de rencor, aunque no quieran aceptarlo. 

Y hablando de dinero y juicios, sólo dos acotaciones: cuando me enteré de que ibas a tener otro hijo, me molesté contigo porque temía que pasara lo que está pasando, que te distanciaras más y te desentendieras xq tenías a alguien más indefenso a tu cargo. Fue tu decisión no hacerte cargo de nosotros o hacerlo tarde, por lo tanto, tu responsabilidad, yo no tengo la culpa de lo que pase con él y tu familia, sino tuya, x li que no asumiste en su momento. Te expresas como si pagar los colegios y universidades fuera un extra, no una necesidad innata y una responsabilidad que viene con la paternidad y que es siquiera digna de discusion. Y te digo, y lo sabes: te comprometiste a eso y más. Y es ese "eso y más" que se te reclama. Yo soy conciente de que tú pagaste muchas cosas, la incertidumbre horrorosa que pasé por esperarte me lo recuerda. Pero no fue todo lo que te correspondía. Te agradezco x el viaje de promoción y las deudas contraídas, pero no fue suficiente. Y no me puedes negar que hubo negligencia y desinterés. Sabes por qué? Porque no eres el único caso de padres divorciados que conozco, y soy testigo de qur cuando realmente se quiere, la plata aparece del aire. Y tú no eres ningún incapaz.

Esto va a ser lo último que voy a decir sobre el tema, xq es todo lo que tengo guardado y por reclamar. No tebgo interés, como te dije en el mail anterior, de sacarte trapitos en la cara, xq no terminaría nunca. No soy como Valeria que apunta cada na de tus fallas y las reclama cuando encuentra oportunidad. Yo sé de lo que hablo, aunque a veces no tenga palabras para ello y no me pueda explicar ni defender, y sé que por encima de cualquier pleito necesito tranquilidad y mirar hacia adelante, no hacia atrás como pareciera que todos hacen. Y por ese mirar hacia adelante es que te he perdonado hace tiempo pero me cuido de exponerme a veneno.

Eso no quita que más adelante, si las cosas adquieren una mejor forma, yo no quiera "retomar" lo que sea que teníamos o "encontrarme" contigo de vez en cuando para conversar y quizás compartir algo. Porque, repito, no te guardo más rencor que cariño. Pero simplemente ni existes en mi vida, y cuando sí, causa malestar de cualquier manera. Entonces, no tiene sentido buscarte. 

Gracias igual por la disposición, que sepas que de todo es lo que más he valorado. Quiero pensar que no ha sido tu intención encontrarnos para manipularme a tu favor (como con tu mail) sino porque querías saber de mí.

Que sepas que estoy bien, trabajando en un restaurante y pagándome mis estudios, para independizarme y más adelante retomar medicina x mi cuenta. Sin tener que pedirte nada ni a tí ni a mi mamá. Que sepas que estás lejos de ser abuelo biológico, de momento, que me gustaría viajar y alejarme de todo pero la plata no me lo permite, que no me la paso a dieta pero sí me cuido un montón y a veces me salgo de la raya, que trato de hacer yoga, sigo haciendo shows y tratando de actuar y estoy un poco obsesionada con Frozen. Una psicóloga y psiquiatra diferentes me diagnosticaron déficit de atención, lo cual explica muchas cosas de mis conductas, aislamiento, mi raro sentido del humor (no, eso no es genético), y mi despistadez. Hace unas semanas me compré mis pastillas en inkafarma y me fui sin recogerlas, y hoy en vez de botar la pasta de dientes de la boca, me la tragué. Como para que te hagas una idea de dónde ando.

Que sepas, de nuevo, que te quiero de alguna forma, pero eres una persona complicada con la que al menos hoy no me conviene relacionarme. No necesito más drama en mi vida, y, seamos honestos, vernos no va a traer alivio sino más drama. Y que no pretendo volver a abrirme ni repetirte todo esto.

Vive tranquilo, has las cosas bien y mírate de vez en cuando para que no repitas errores. Y si puedes, resarce los que tuviste. La vida aún no se acaba. Te lo dice mi parte esperanzada, la que debo olvidar porque me cuesta aceptar que no vas a cambiar ni vas a ser lo que espero.

Eso es todo.
Un... apretón de manos? Algo.

Cris*

No he tenido respuesta hasta el momento y ya ha pasado una semana. Entiendo lo que significa el silencio de su parte y creo que está bien.

Bueno. Este pequeño evento fue un impulso subconciente de llenar ese vacío/esa necesidad insatisfecha que tengo. Y lo profundizo con la siguiente comparación: toda la semana pasada me la pasé leyendo la trilogía "50 sombras (De Gey, más oscuras y liberadas)"


¡SPOILER ALERT!


y aunque efectivamente se trata de pornografía escrita, fue una historia que me tocó mucho. Me explico, las conversaciones entre los personajes, el tipo de cosas que se decían los protagonistas, esas cotidianeidad y encanto de lo novedoso a la vez me hizo acordarme mucho de cuando estuve con pareja. Nostalgia y alegría, emociones encontradas. Pero a la vez, la parte del contenido psicológico que explica la supuesta fijación de Christian Grey con el sadomasoquismo (Sus carencias en la primera infancia) fue lo que más me hizo pensar. Estoy lejos de ser Grey, pero creo que, así como él, yo también busco llenar esa necesidad insatisfecha; en contraposición con él, no me la paso pegándole a la gente porque no he conocido golpes ni maltrato; pero sí rehúyo de contacto físico con la mayoría de personas porque estoy acostumbrada a no sentir el roce de otra persona. No canalicé mi rabia mediante el daño a otros, sino hacía el daño a mí misma. No me la paso tratando de controlar y proteger a mis parejas porque es mi manera de compensar el hecho de que de niña me sentí impotente por no poder evitar que mi madre muriera, pero sí busco que me acepten, me reconozcan, me quieran, me acompañen y se preocupen por mí. No busco parejas que se asemejen físicamente a mi papá, y de hecho, sí acepto que lo quise y que hasta ahora siento algo por él, pero muchas veces me encuentro fantaseando con que se aparece, o que tengo a alguien conmigo que me engríe y protege. No soy hipersexual, pero sí necesito atención y mimos. Y gracias a esta lectura he descubierto que me afecta estar sola justamente por todo esto.

Cuando yo estaba empezando la secundaria, podía pasarme días sin hablar y sin tocar a nadie, y sin que nadie se percatara. Fue una época dura, sumamente oscura, y actualmente me siento "en descontrol" porque estoy en una situación similar de poca interacción con otros. Sí, hay diferencia en que ahora yo me expreso, bromeo, canto y río (Bendita habilidad aprendida de autorregular mi estado de ánimo), pero no intimo con nadie, no comparto en un nivel más profundo. Y ya sabemos que en mis padres no puedo contar, y que mis hermanos están metidos cada uno en su vida como para pedir simpatía por ahí. Negar que tengo una necesidad de ser querida, notada, apreciada, tocada, sería seguir mintiéndome, y ya terminé con esa etapa. Mi intención es "hacerme el bien" para poder ser feliz, y para ello necesito ser honesta. Entonces ok, tengo una necesidad grande de sentirme querida.

(Ojo: no estoy diciendo que no me quieran y que estoy sola, no. Estoy diciendo que "me siento" así. Que mi percepción, fundamentada con sucesos, hacen que piense así. No me siento una persona infeliz, más bien creo que me falta arreglar ese aspecto para que mi vida sea perfecta. Y sé que eso es verdad porque si no estuviera convencida de que las cosas me están yendo mejor y tengo mucha suerte y muchas bendiciones en mi vida no podría mantener el buen humor y la motivación que tengo para hacer mis cosas cuando no le doy vueltas al asunto).

Sin embargo, el problema no es tener un problema afectivo, una necesidad insatisfecha; el problema es qué hago para compensarlo.

Y he aquí, señores, el meollo del asunto: citando a la psicóloga, con quien me entrevisté hace una semana, "con tal de no sentirte sola te estás metiendo en relaciones nada saludables".Y es verdad: percibo tanta "inactividad interpersonal" que me engancho con cualquier persona que pase por mi vida, sea positiva o negativa. Ejemplo: Brownie me ha escrito varias veces haciéndome preguntas sobre si había salido con alguien, si había besado a alguien y esas cosas, y en vez de simplemente no responderle o cortar la situación en seco (Porque qué le importa lo que haga con mi vida, especialmente a él, que es un controlador), le he dado largas y por ahí que le he soltado información y seguido la corriente. Así, el que mi ex me hable se convierte en el suceso interesante de la semana. O el hecho de haberme creado una cuenta en Tinder, a pesar de saber que hay mejores maneras de conocer gente (Que realmente esté interesada en intimar, no en pasar el rato). O en el hecho de que, sin querer, me ponga a llamar la atención de la gente que me rodea.

Ah, ese siempre ha sido mi último recurso para que me tomen en cuenta.

De niña he sido enfermiza, pero no sé si mis dolencias justificaban mis síntomas. Me explico: empiezo a pensar que soy hipocondriaca o somatizadora. A veces creo que tengo demasiada conciencia de mis propias sensaciones. No sé si es que me siento mal o per se, o si es que como me doy cuenta de que me siento mal, me siento peor. No sé qué tan reales son mis mareos y bajadas de azúcar, y qué tanto tienen de componente psicológico. Porque justo ahora me está dando seguido en la chamba, y me tengo que detener, sentar, y obvio que por ahí la gente se da cuenta. ¿Realmente estoy teniendo desbalances con el azúcar últimamente o se ha convertido en mi nueva arma de manipulación inconsciente, para dar pena y por ende que "se preocupen por mí"?

¿Y saben qué es lo peor de todo? Que cuando he tenido esos síntomas raros, han empeorado de pensar que posiblemente son una manera inconsciente de llamar la atención de mi entorno. Me da demasiada rabia y me disgusta que esto se convierta en una excusa para verme débil, indefensa y necesitada, porque no es la imagen que quiero dar. Quiero que confíen en mí y ser una buena trabajadora, no una debilucha. ¡Pero claro, estar enferma tiene muchas ventajas! No por nada casi me mato de hambre y estuve tan débil que lograba que otros hicieran las cosas por mí, por pena.

No, pena no. Ya me dejaron por pena. No quiero volver a despertar ese sentimiento en absolutamente nadie más.

Sin embargo, y esto es lo que me da rabia, esa necesidad sigue ahí y poco a poco toma las riendas de mis acciones. Y ahí se pone incontrolable.

¿Y cómo sé eso?

Porque como último de los últimos recursos se manifiesta mediante la comida. Y es ahí por donde está empezando a manifestarse.

Oh, sí, estos últimos días dejar de comer está siendo bien fácil, vomitar se hace tentador, y volver a los huesos casi un sueño.

Claro, si ha sido por tanto tiempo mi escudo frente a la realidad que me dolía, mi manera de llamar la atención y mi identidad.

Pero como SÉ que esto es así, hay una diferencia. Estoy en batalla. En lucha constante, otra vez. En la disyuntiva de seguir viviendo, para lo cual hay que estar fuerte, para lo cual hay que alimentarse y sentirse feliz, para la cual hay que hacer cosas que me gustan y que me hacen bien; y por otro lado, la oscuridad, la falta de preocupaciones más fuertes que cuánto comí.

Pensamientos persistentes:
- No merezco.
- Nadie me puede querer así (Así = con este cuerpo, con esta celulitis horrible, con este carácter espantoso y este complejo de víctima, con mi falta de estudios y trabajo bien remunerado, con mi historia).
- Cómo quisiera que Mr. Red me haya hecho caso, que las cosas con él hayan funcionado, que vuelva a buscarme (Letanías amorosas).
- ¿Por qué no sucede lo que quiero que suceda? (Carajo, soy una niña mimada y majadera).

Conclusiones:
- Estoy cagada (Y nadie me va a querer así).
- No sé qué hacer, porque me está costando respetarme y alimentarme responsablemente (Mejor dicho, me está costando alimentarme y sentirme contenta por hacerlo, como a regañadientes y eso se siente mal). No me está naciendo abrazarme/acariciarme/arreglarme/cuidarme, por un lado se siente bien porque conozco esa sensación pero por otro lado sé que está mal y que indica problemas.
- Como no estoy con muchas ganas de comer y siento que podría bajar un poco de peso, estoy comiendo menos, y quizás eso hace que cuando tengo turnos me maree y sienta débil.
- Sentirme mal físicamente, si es que realmente es eso y no una invención mía, hace que me sienta peor emocionalmente porque me pone en una posición de víctima que no quiero aparentar... al menos conscientemente.
- No quiero despertar pena, ni volver a perder todo lo que ya conquisté. No quiero sentirme mal, no quiero ser incapaz de hacer mis cosas, no quiero sentirme desgraciada, no quiero ser infeliz.
- Pero no quiero sentirme sola, no consigo que las actividades me distraigan del todo, no soy la persona más simpática del mundo, no sé cómo hacer amigos, no tengo dinero suficiente para gastar en salir a tomar, o al cine, o al teatro, o siquiera ir en taxi, y tengo mucho miedo. ¿De qué? De todo esto.

Posibles acciones a tomar:
- Seguir yendo al yoga.
- Procurar comer saludable (Bueno, me ha dado por hacerme jugos de frutas con chía para tolerar mis turnos en el restaurante y me va bien con eso, pero ¡ESO NO DEBERÍA SUPLANTAR EL ALMUERZO!).
Pensamientos:
- "Es mejor estar sola y aburrida que distraída con cualquier cosa que ayude a no ver la realidad"
- "¡Prontito vas a tener una distracción más porque ya empieza el nuevo ciclo del instituto! Piensa en eso, concéntrate en el día a día, en el momento, deja ir lo que no te sirve y lo que no te ayuda a estar bien y

argh, que no tengo ganas de escuchar el mismo floro que me repito todos los días para seguir adelante y que hasta ahora me ha servido tanto.