Este es un blog de vivencias y reflexiones de una chica que busca la manera de plasmar su interior en algo tangible como las letras.

Aquí encontrarás hartas anécdotas y también procesos mentales, de esos enredados pero que buscan explicar lo que sucede en la vida y así encontrar un sentido. Encontrarás ejemplos de cosas que no hay que hacer; confesiones amorosas, de esas que toda chica necesita contarle a su mejor amiga; quejas y lamentos, letanías de alguna época mentalmente negativa; pero también hallarás decisión, actitud, fuerza y valentía (O al menos un sincero intento de ello).

Espero motivarte a seguirme. No sólo en lectura, sino en este trabajo interno, esta búsqueda de bienestar.

Seamos luz en medio de tanta oscuridad.


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lunes, 8 de septiembre de 2014

Reiniciar

Estoy mejor :)

Sólo quería comentar eso.

Al final, cuando uno pierde el camino, se siente perdido y no sabe por dónde empezar, lo que más ayuda es ir por lo básico. "Ser feliz para dummies: satisface tus necesidades básicas". Así, comiendo un poco más y durmiendo mejor, aunque no lo crean, ayuda muchísimo a levantar el ánimo.

Quiero pensar que fue uno de esos bajones feos que dan cuando se acaba el antidepresivo y tengo que esperar recibir dinero para comprármelo. Eso es lo que mejor explica el desfase de pensamientos tan fuerte del último mes. O a lo mejor un Síndrome premenstrual hormonalmente desequilibrado. Lo cierto es que me la creí en serio, de nuevo volví a ser un problema.

No, yo puedo sola. O sea, no tan sola, siempre se necesita ayuda, pero sí puedo salir del hoyo :)

Nada, estoy haciendo las paces conmigo misma. Prefiero estar delgada pero tranquila y conforme conmigo misma que flaca-esquelética y odiándome porque sí, porque se me hace fácil, porque "pobre de mí, víctima de mí misma", "soy una merma para la sociedad", "no aporto nada bueno", "siempre voy a tener dificultades en todos los aspectos de mi vida"... Sí, claro, eso sería cierto si realmente dejo que suceda. Si realmente me dejo vencer.

Y NO. Esa no soy yo.

No soy perfecta, tengo millones de defectos, se me hace difícil muchas cosas que a otros no, pero me saco la mugre por ser mejor y, sobre todo, no permitir que mi autocriticismo me baje la guardia y así deje que mis defectos se manifiesten. Si no me lo tomo con una buena actitud, pierdo.

Eso. Que he estado muy estresada (Muchos shows y trabajos y desfases con el horario del restaurante y poco tiempo para mí, NECESITO volver al yoga con urgencia), encima el asunto con los individuos XY que en fin, mejor ni lo traigo a colación para no deprimirme, la expectativa y la incertidumbre que van a estar presentes siempre (Eso, o no vivo y ya), y la soledad que me da mucho tiempo para pensar. Y a veces pensar mucho no es bueno.

El borrascón se está alejando. Debo entender que siempre voy a tener bajones, pero que, como esta vez, como antes, SIEMPRE QUE YO LO DECIDA voy a poder resguardarme de la lluvia y sentirme bien :)



sábado, 30 de agosto de 2014

Frío

No me gusta la incertidumbre.

Quizás porque tuve un padre del que no sabía qué esperar, puesto que le pedía algo y usualmente no lo cumplía, ni siquiera sus promesas. Porque viví sin saber hasta el último día de vacaciones si iba o no a ir al colegio ese año. Porque viví sin saber si iba a poder almorzar al día siguiente.

Quizás por eso necesito tanta seguridad en mis relaciones y tanto control de las cosas. Como con la comida: no, no es la vida la que lo rige, ni nadie de afuera: soy yo la que decide si comer o no, y cuánto.

No tolero las situaciones de cortejo. Esas en las que una tiene que esperar sentada y abnegada a que al susodicho se le ocurra mandar un mensaje o invitarme a salir. Quizás por eso tomo la iniciativa (O soy demasiado evidente) y me frustro tantísimo cuando las cosas demoran.

Necesidad de control, inmediatismo, falta de tolerancia a la frustración... Algunos de mis peores defectos.

Esos que están un poquito a flor de piel en los últimos días.

Mi estado de ánimo ha estado relativamente constante en las últimas semanas: por debajo de lo normal. Quiero pensar que es por el SPM que ayer me puse a llorar como magdalena en el trabajo. Eso, y que la falta de comida ya me está afectando de nuevo. "La comida es tu medicina", me decía mi psicólogo, y he comprobado que a mejor alimentada, mejor ánimo y ganas de hacer las cosas. Y también que, por alguna razón, me siento mejor físicamente sin tanta comida encima, porque cuando como me dan esos mareos y subidas y bajadas de glucosa porque me expongo a cambios y hambre. En cambio, en vacío constante, no hay mucha variación y mis niveles están estables y me siento tranquila. Físicamente. No así emocionalmente.

Eso explica el frío que siento no sólo en las manos y pies, sino en el pecho.

No quiero acostumbrarme, pero me siento de nuevo en aquella situación en la que sé que vale la pena estar bien pero simplemente no me da la gana. Porque no me siento fuerte para luchar (Claro, si no como bien), porque encuentro una pequeña imperfección en las muchas bendiciones que tengo y me aferro a ella para sentirme triste, porque sí, porque es costumbre, letanía, qué sé yo.

Me cuesta cambiar, me cuesta volver a luchar por mí y nadie más. Pude salir la última vez motivada por Laro, porque lo amaba con todo el alma y pensaba que él a mí y que si yo estaba bien, íbamos a estar bien. Al final no fue suficiente, pero me sirvió para tolerar su partida. Ahora, luego de un año y medio de estabilidad, ando de bajada, y esta vez no tengo de quién agarrarme para decir "sí, hay que estar bien y fuerte".

¿Dónde me perdí? ¿Por qué me da como asco volver a pensar en abrazarme, en calmarme, en estar conmigo misma y ser feliz por el simple hecho de estarlo? En verano (Qué va, hace tres meses) estaba sola y aburrida, pero con ganas de luchar. ¿Qué cambió?

Ah, sí... alguien que de nuevo entró a mi vida, desordenó todo y se fue lavándose las manos.

Yo dije que no me iba a afectar, pero no puedo decidir sobre mis emociones. Y aunque ya lo perdoné, ha quitado la costrita de esa herida que tengo, esa que dice que nadie me puede querer porque hay algo malo innato en mí. Sean mis circunstancias de vida, mi familia, mi carácter, mi propia enfermedad... "sí, se puede luchar contra eso", pero ahorita mismo, más que luchar, lo único que quiero es que me engrían, que alguien a quien yo tengo en alta estima se preocupe por mí y me ayude a sentirme valiosa. Sé que lo soy, que tengo muchas cosas buenas, pero no me siento tan así.

Estoy siendo muy dura conmigo misma de nuevo, porque me molesta estar molesta conmigo misma (No, no es un trabalenguas). ¿Dónde quedó el perdonarme a mí misma?

Supongo que se fue con Mr. Red, cuando le aconsejé que hiciera eso.

Hay un chico. Bueno, no sé si realmente hay un chico, porque es inconstante y no sé qué esperar de él. Me parece atractivo, pero creo que no somos tan compatibles (Que no va a encontrar en mí algo que le guste. Debe ser mi inseguridad). No me gusta tanto como Mr. Red, me lo quiero tomar con calma... pero eso me incomoda, porque significa incertidumbre. Frío. Y mi inseguridad en mí misma, o sea, mi seguridad de que algún defecto inadmisible me va a encontrar y me va a dejar de buscar, como Mr. Red, o dejar de querer, como Laro, hacen que me ponga extra torpe con lo que digo y hago, y le de peor impresión. Y me moleste más conmigo misma. Como cuando me dicen "Ten cuidado cuando sirves las salsas", "limpia la mesa", "No me pongas tantos clientes que entro en rush", "Acércate antes de que te lo pidan". Ya sé qué hacer, y el que me corrijan me pone insegura y termino haciendo las cosas mal.

Tengo miedo, porque sé cómo termina esto y no quiero volver a esa miserabilidad del 2009, ni siquiera a la mediana miserabilidad del 2012. Tengo miedo también de estar bien. Quiero esconderme debajo del ala protectora de alguien que me asegure que todo estará bien, que a pesar de mis defectos y mi problema con la comida soy una persona valiosa con la que cualquiera querría compartir su vida, y que sólo por eso vale la pena luchar, para mostrar el brillo que tiene. Sin egos, sin autolatigazos. Just the way I am.

Prometo que no me voy a quedar así por mucho tiempo. No me puedo dar el lujo de estar mal. Esta es la prueba: perfecto, ya estuve bien por mí misma, ahora me toca levantarme por mí misma, por nadie más.

Déjenme un tiempo así, mientras resuelvo cómo lograrlo.

jueves, 24 de julio de 2014

Buscando un poco de amor


¿No le ha pasado a alguna que le da por "necesitar" de cariño?

Cuando era chica lo negaba. Podía pasarme semanas sin contacto físico, mejor para mí, porque buscaba estar en la oscuridad. Ahora no. Ahora no me gusta sentirme mal. Busco sentirme bien. De hecho, he desarrollado una misteriosa y súper útil habilidad para autorregular mi estado de ánimo hacia uno positivo, y es raro verme regañando en serio. Nada que ver con antes. Pero, y he aquí el pero, parte de ese recurso de autorregulación implica buscar cosas que me hagan sentir bien... y he ahí el asunto.

Yo paro sola. En mi casa cada quién está por su lado. Mis perros son el único cariño de piel que tengo de manera constante. Lo de la introversión no ayuda porque tiendo a aislarme donde sea, a no ser que me sienta súper en confianza. Y muchos amigos no tengo, mejor me llevo con la gente por escrito que en persona. Por eso me gusta tener enamorado, me llena ese pequeño pero importante vacío.

Anoche llegué a la conclusión de que ese vacío de amor viene de la falta de un padre en mi vida.

Adivinen a quién le escribí -_-'

¡Es que a veces pareciera que soy tonta o algo así! Ya me la veía venir porque el domingo le escribí al pelirrojo con el que salía y, OBVIAMENTE, no me respondió. Perfecto, pasar la página, ya lo sé. Es complicado porque lo quise pero ya, ni modo. Perfecto. Pero no, tenía que buscar cariño de alguien más, alguien todavía más imposible, el más imposible de todos: mi papá.


Este fue mi mail:

"Hola.

En realidad te estoy escribiendo de impulso, ni sé por qué lo hago. Supongo que es una parte de mí que te extraña y quiere sentir que le importas, supongo que en parte es un intento de reclamo, supongo que es una manifestación de mi intención de estar en paz, supongo muchas cosas y al final sólo sé que me provocó saludarte.  Simplemente porque a pesar de lo mucho que me duele, en algún momento fuiste mi padre y me importaste. Y me llama la atención saber de esa persona, más allá de los estúpidos pleitos por dinero y los "estoy malográndote la vida a tí y a tu familia".

Como para que después no digan que no lo intenté.

Yo estoy bien. No sé de qué puedo hablar, tampoco es que quiera hacerlo. Esto es raro. Es más un "poke", un "hola, por si acaso existo, lindas todas las fotos, lindo tu hijito y tu familia, triste no poder coincidir y más triste aún que nuevamente la nostalgia venga de mi lado, no del tuyo". Ok, lo siento, no iba por ahí. De hecho mi intención no es hablarte de dinero ni juicios, pero ahora que me tocas el tema (Sí, tú lo estás tocando), sólo quería aclararte algo: yo estoy en contra de toda esa estupidez, porque ahora tengo 26 años, soy una mujer, trabajo y me pago mis estudios. Me costó mucho aceptarlo pero no necesito que papi me pague nada. La mayoría de la población peruana hace lo que yo y me siento orgullosa de ser mi soporte. Pero, y siempre tiene que haber uno, avalo todo lo que está haciendo mi mamá por una sencilla razón: esa que (se supone) a tí te mueve a defender a tus clientes. JUSTICIA. Sé cómo funcionan las cosas, sé cómo funcionaban antes, y sé que te has estado portando de mal en peor. 

Hablaré por mí misma, ¿ya?: Papá, me abandonaste en una época muy crítica, Eso ya te lo dije, pero no está de más recordártelo. Y ahora no es que te necesite, pero tampoco es que no me haga falta una figura paternal. El hecho de que sea adulta no me deja de hacer tu hija, requerir de tí. O sea, estoy acostumbrada a no tenerte, pero a veces, sólo a veces, me imagino lo raro que se debe sentir que un señor viejo y panzón me engría, me proteja de vándalos malintencionados, me lleve a tomar helados en invierno y al cine como en una cita, me hable de ciencia o libros y me de diez soles de propina, "sé que es poco pero realmente (No figurativamente) no te puedo dar más". "¿Estás bien?", "¿Tienes novio?", "¿cuándo te casas?", "¿Voy a ser abuelo?", "¿Qué nombre le vas a poner?", "¿Te puedo jalar?", "¿Podemos tomar un café y hablar de lo que sea menos el juicio?", "¿Necesitas que te ayude a pagar tu celular este mes?", "¿Tienes suficiente comida en casa?", "¿Te estás alimentando adecuadamente?". A veces me encuentro imaginándome que tu hijito y tú están en uno de los shows que animo, él riendo, tú mirándome. Mirándome, esa mirada que no soporto porque no conozco. A veces te extraño, a veces me gustaría poder jugar con el peque (Que por cierto está hermoso, no se parece en nada a tí) y ser amiga de tu esposa, a veces me gustaría que relacionarme contigo me hiciera bien. Pero es verdad tb que yo escogí alejarme, porque me duele mucho ver que no te importo, que ahora tienes la oportunidad de recomenzar de nuevo y está bien que lo hagas pero no olvidándote de tu pasado: Mis hermanos y yo. Mi mamá. 

Seguro has escuchado muchas veces esto, pero no tienes idea de las cosas por las que pasamos porque mamá es madre soltera desde que se divorciaron. No te quiero echar culpas, pero sí creo que al menos en mis años adolescentes tenías una gran responsabilidad sobre mí. Y aquí te quiero echar una pequeña culpa, pequeña nomás: me prometiste que esto iba a cambiar y que luego de mi internado ibas a ser más cercano. Y mentiste. Y no sólo eso, sino que me fallaste, me abandonaste de nuevo a mi suerte, "ve tú a saber qué haces pero yo 'no puedo' ". Por eso me alejé, porque me dolió que me volvieras a fallar. Y me mantengo alejada porque simplemente es más fácil y menos doloroso. Bueno, te cuento algo: yo puedo sola, y muy bien. Tenías razón, no es imposible, es más, es una gran enseñanza de humildad y fortaleza la que me has puesto. Te debo las gracias sólo porque gracias a tu indiferencia ahora sé cómo no hacer las cosas, qué significa ser responsable y justa y, sobre todo, cuán importante es la figura de un padre y de una madre en la vida de una persona. Así tenga 70 años. Yo tengo 26 y sigo requiriendo de ambas figuras, pero bien dicen que no se puede tener todo en la vida, ¿No?

Pero no quiero que te sientas orgulloso de tener una hija "fuerte" y  "valiente", no: tú me dejaste el rollo, yo lo desenmarañé. Es mérito mío el haber decidido dejar el drama y ponerme en marcha. No quiero que te sientas orgulloso de la mujer en la que me estoy convirtiendo porque no estuviste ahí. Puede que tenga tu ADN, pero eso no me hace más hija tuya que la de la ex pareja de mi mamá. No quiero que te sientas orgulloso de mis logros: quiero que sientas remordimiento por haber escogido no estar con la gran persona que soy, y eso teniendo en cuenta que sigo en proceso de construcción, tanto mis hermanos como yo. Siéntete orgulloso de lo que sí puede haber venido de tí, como rasgos genéticos, porque sólo eso tengo de tí. Incluyo la lectura, la escritura, parte de la ciencia y mis cejas pobladas. Pero después de todo, eso es lo más fácil de transmitir, ¿No?

Bueno, que conste que hace años tenía que haberte escrito un horrendo mail sacándote cosas en cara. No es mi estilo, soy más bien lenta. Recién ahora me doy cuenta de que tengo muchas cosas que decirte.

Por ejemplo, como que me dolió que no me llames en mi cumpleaños. Pero a la vez me sentí agradecida, porque habría sido complicado para mí (Mujeres, quién nos entiende, ¿verdad?). Para futuras ocasiones, unas flores no estarían de más. Escuchar tu voz me corta, leerte me empalaga (Por favor, nada de te quieros ni en abreviatura), pero un detalle que diga "hey, me acuerdo de que existes, espero que tengas un buen día", así, sin palabras, me haría sentir bien. Por mi lado, el día del padre te queda grande, pero realmente creo en los cumpleaños. No te deseo nada bueno porque sé que la pasaste lindo, con tu familia, que es lo que ahora valoras más. Toma este mail como un saludo formal de alguien de tu pasado que se manifiesta haciéndote saber que tienes una deuda de vida pendiente, pero que no está interesada en cobrártela porque no cree en los actos previo recordatorio, no son de corazón. 

He visto una foto muy tierna en la que sales tú, tu papa y el pequeño, y sólo puedo decir "Wow, tremendo viejonazo y con una criatura en brazos!". Sí, estás terriblemente viejo. Digo, si yo tengo 26, ¡no quiero ni imaginarme lo senil que debes estar tú! Ojalá que eso signifique que también estás más sabio. Veremos, pues.

¿Te puedo pedir dos favores? ¿Los únicos?
No le digas a nadie que te escribí. Y no seas sapo ni le enseñes este mail-carta a nadie, o hagas que te lo sonsaquen a punta de preguntas, o lo reenvíes "de casualidad" para que alguien lo lea. Nada. Que sea nuestro secreto. Al menos tengamos alguno.

Y el otro: nada de tequieros ni apelativos tipo "princesa, hermosa, angelito, amorcito, guácatela" que no usas nunca. No soy nada de eso, sólo soy Cristal. No me empalagues. No trates de llamarme (Ya te dije, no toleraría escucharte, para mí eres un extraño pero la pantalla y las letras me ayudan enormemente a expresarme).

Chau, supongo.
Whatever.

Cris"



Y después de un par de años de silencio, esto fue lo que me respondió:



"Hola chiquita (mentira, no escribí eso):

Estoy trabajando todavía y acabo de leerte.

No sabes, no tienes idea de lo maravilloso que es para mi que hayas escrito.

Estamos viviendo no una comedia sino un drama de confusiones y cada paso que damos por tratar de hacer las cosas que creemos correctas, nos separa, en lugar de tratar de acercarnos.

Pasaron tantas cosas que parece increíble que las hayas olvidado, siempre estuve presente en tus actividades del colegio, en las charlas o asambleas, en tus actuaciones, en tus fiestas; hacía pool, o pull, o pul o como se escriba, dos o tres veces por semana; las visitaba y me recibían detrás de la reja y con miedo. Te acuerdas que fui a buscar la tela para tu vestido de promoción y te llevé a todas las pruebas a la costurera en la calle Colón, ¿te acuerdas? Estuve en todas tus presentaciones y las de tu banda, cargué con ella, instrumentos incluidos y un par de veces varios viajes para recoger o dejar la batería desde Surquillo hasta San Miguel para tus ensayos de la banda y de las obras, a cualquier hora y en cualquier lugar; o en Jesús María, cuando me asaltaron; te llevaba y recogía de las reuniones con tus amigas o a las fiestas, que hasta la una y entonces espérame hasta las dos y espérame hasta las tres; tantos sábados que dormía en el carro cerca de donde estabas para poderte recoger (y no alejarme por falta de combustible, muchas veces); o que tenía que dobletear si tu hermana estaba en otro lado, o tu hermano, a quien también recogía con sus amigos y los distribuía por sus casas; y en las noches salía corriendo cuando me llamaban para llevarles desodorantes o toallas higiénicas que les hacían falta para el día siguiente; vi casi todas tus representaciones de Anastasia, de Mamma mía, varias veces el mago de Oz; tus presentaciones con este actor famoso cuyo nombre se me escapa; también varias veces el Rey León;  todas las presentaciones de la banda; y los años que han pasado sin que te pueda dar un abrazo, porque me repelías, y yo lo aceptaba y se me destrozaba el alma; y tantos otros detalles pequeños, estúpidos, insignificantes, con los que quería demostrarles lo mucho, lo muchísimo que me importaban y que me importan y que me van a importar siempre, pase lo que pase.

Pero ahora, todo esto que te parece una estupidez y que confundes con justicia, me tiene peleando con todo lo que tengo para no terminar en la cárcel, destruyendo a mis papás, a mi esposa y mi hijito, y quizá a ti misma, porque no sé cómo te sentirías si eso pasara, porque eso es lo que iba a pasar si me condenaban, y bien cerca estuvo y todavía no termina esta estúpida historia. Y todo porque no quieren reconocer que pagué los colegios, tarde y con roche, pero los pagué con esfuerzo, y no me avergüenzo, así como a ti te enorgullece, y con razón, salir adelante como lo estás haciendo, porque en la vida no nos regalan nada, lo tenemos que conseguir peleando; y pagué la universidad de tu hermano, con préstamos que no solo conseguía tu mamá sino yo mismo y que pagaba con todo lo que podía; y los materiales para las maquetas que yo iba a comprar con él y los transportábamos en el Ford, o los viajes de tu hermano; y cómo me sacaba la mugre por ustedes, como hasta ahora lo hago por mi hijito, para poder pagar de alguna forma y en algún momento todo lo que me fuera posible. Niegan lo que pagué, lo que deposité en sus cuentas. Y tu tratamiento: cuántas veces no pude dejar a tiempo las cosas que necesitabas en Vida Mujer y tuve que irme hasta Cieneguilla para dejarlas. Y tu viaje a Argentina; y el de tu hermano. Una cosa es no haber podido, realmente no haber podido cubrir todos los gastos que a la postre no pude cubrir, y otra que no lo haya intentado, o que no haya pagado porque no quise; y menos que no haya pagado nada. Ustedes saben perfectamente que sí lo hice, y no entiendo por qué lo niegan.

No es solo lo económico lo que es increíble que nieguen. ¿Acaso vivir 24 horas al día pendiente de ustedes, corriendo cada vez que me llamaban por teléfono, negarme una vida, no prueba, siquiera un poquito, cuánto me interesaba por ustedes?

Y cuando encontré a alguien como mi esposa, que se desvive por mí, por mis papás, por mis tías, por mis hermanos y mis cuñadas, que siempre está pendiente de qué necesitan todos, y me apoyaba incondicionalmente en todo lo que fuera necesario para ustedes hasta que llegó mi hijito; entonces se produce un rompimiento radical. No lo entiendo.

Cuando nació tu hermano mayor, la esposa del abogado con quien trabajaba en esa época me dijo algo que confirmé cuando tú naciste, y luego con tu hermana menor y después con tu hermanito: el amor que se siente por el primer hijo es tan grande que parece imposible que se pueda amar a otra persona igual, pero cuando nace el segundo, el tercero y los que vengan, uno se da cuenta de cuán extraordinaria es la capacidad de amar de una persona. Y es cierto, el amor que se siente por cada hijo es infinitamente grande, y parece mentira que se pueda amar así. Mi esposa y mi hijito me dan muchísimo amor y me permiten dárselo. Pero yo no me he olvidado de ustedes; no pasa un día en que mire a tu hermanito y no piense cómo estarán ustedes; en él, siendo único y especial, como lo somos todos, a veces veo rasgos de tu forma de ser, a veces de la de tu hermana o la de tu hermano. Todos los días paso por obras de construcción pensando si tu hermano trabajará en ellas; veo afiches y anuncios de teatro, de conciertos, de fiestas infantiles y busco tu foto o tu nombre; veo cosas de cocina, o de fotografía, y pienso si le servirían a tu hermana; los busco en la calle, pregunto si se han comunicado con alguien de la familia en alguna fecha. Y a veces me derrumbo, me pongo triste durante días, doy vueltas como queriéndome morder la cola sin saber cómo avanzar hacia un acercamiento, si eso será posible... y me llegan notificaciones con falsas acusaciones  que al principio estaba seguro eran invenciones de la bruja de tu abogada, pero que después encontré con tu firma, la de tu hermano y la de tu hermana; y me pregunto: si están poniendo lo que ponen en esos malditos papeles, ¿querrán saber algo de mi, de su hermano? Cuántas veces hasta el año pasado te llamé o te escribí solo para saber de ti, o para avisarte que había hecho un depósito, y no me contestaste.  Ni olvido ni indiferencia. Dolor y temor; eso sí.

No sé qué idea tienes de sobre lo que es la justicia, pero ya que lo mencionas y te refieres a la forma en que defiendo a mis clientes, te comento qué es lo que hago: les exijo que me digan absolutamente toda la verdad. Si tienen culpa o responsabilidad, les planteo que lo asuman y negocio o busco la salida menos gravosa; si no tienen culpa o responsabilidad lo defiendo con todo lo que tengo, y recurro a todo lo que sé. Las dos únicas cosas que no hago, no he hecho y no haré, son mentir por un cliente o coimear. Si el cliente me pide mentir o me pide que coimee, lo dejo. Y así he perdido clientes, hasta amigos del colegio. No miento ni cuando se trata de defenderme a mí mismo. Lee, por ejemplo, los escritos que he presentado en los juicios y dime si hay algo falso en ellos.

La fuerza para salir adelante está en ti; siempre estuvo en ti. Solo faltaba que te lo creyeras. Te acuerdas que siempre te hablaba de la parábola de la lámpara, o algo así, esa según la cual, dice Jesús, nadie prende una lámpara para ocultarla debajo de un mueble; la luz está hecha para brillar, para iluminar a los demás. Yo siempre te vi como esa lámpara y eras tú la que ocultaba tu luz.

Tengo demasiadas cosas que decirte y que pedirte recuerdes.

Y sí, me estoy poniendo viejo; trato de cuidarme, aunque quizá no lo suficiente. Pero trato. Y lo hago por mi esposa e hijito; y porque sigo pensando que me tengo que reencontrar con ustedes, que no quiero estar enfermo en una cama para volver a verlos.

Soy la misma persona desordenada pero trabajadora, aunque misio de solemnidad, y sigo tratando de volverme más o menos ordenado; sigo haciendo los mismos chistes tontos que hacía antes, y todavía hay quienes se ríen de ellos.

Y, sabes qué, los sigo amando con toda el alma, la misma alma que tengo rota por haber sido demandado y denunciado por mis hijos.

Esperaba con el corazón que me escribieras, pero me llegó de sorpresa tu correo y como verás, he soltado muchas ideas en desorden. Son más de las 4 de la mañana y me tengo que ir a trabajaren la  mañana y no he terminado el trabajo que estaba haciendo.

Ojalá dentro de poco nos podamos ver en un lugar que no sean los juzgados, menos los penales. Y puedan darse cuenta de que no hay justicia si no hay verdad; y que si buscamos justicia debemos empezar reconociendo la verdad y asumiendo cada uno las responsabilidades que nos corresponden. ¿Que hubo carencias? Sí, todos las sufrimos. ¿Que hubo abandono, dejadez, desidia, indiferencia? ¡Nunca! Hubo esfuerzo; desordenado, quizá; desesperado, a veces; pero honesto, sincero, amoroso, dedicado. Pierdo por no haberlo conseguido, no por no haberlo intentado con todas mis fuerzas.

Y perdona, aunque me lo hayas advertido, necesito decirte que te quiero mucho.

Papá"

Conclusión número 1: 

¡¡¡Soy una tarada por exponerme así!!!

Probablemente no entiendan lo que dicen estas cartas porque son cosas muy puntuales las que él escribió, pero resumo diciendo que tiene la razón en el 80% de lo que dice: es verdad que él hacía de chofer. Es falso que pagaba todo lo que SE COMPROMETIÓ y que COMO CUALQUIER PADRE debía asumir. Y me asombra y duele que crea lo contrario, siendo que es mi mamá la que tiene los recibos de tooodos esos pagos que él dice que hizo. Del 100% él hizo el 30, con las justas. El resto se lo tuvo que chantar mi mamá. por eso estamos en juicio. Había pensado por algunos momentos que quizás era posible atacar su fibra sensible y hacerle darse cuenta de que lo necesitábamos y ahora también, al menos a mí, me hace falta. Porque yo no quería un chofer, un admirador, y ahora no quiero un banco: yo quería un papá. Pero me había olvidado de que el experto en manipulación emocional es él. Obvoi que me hizo sentir culpa y hasta dudé, tuve que llamar a Annie y fue ella por teléfono la que me ayudó a pisar tierra. Y es verdad: quizás esperaba demasiado de él, o quizás estoy siendo muy severa, pero él era el adulto, él tenía que responsabilizarse, mi mamá se tuvo que hacer cargo de todo lo de nosotros como si él no existiera más que para movilizarnos cuando podía y comprarnos galletas y dulces un par de veces al mes, y nadie me puede decir que no es verdad lo que viví.

Conclusión Número 2:

Creo que necesito volver a la psicóloga. Necesito desahogarme de manera adecuada. No es que no pueda manejar lo que me ha pasado estos meses, porque lo estoy haciendo súper bien, pero detecto descontento porque "falta" alguien en mi vida. Sí, ya sé que ese es mi papá, horrorosos daddy issues, y lo vuelco buscando una pareja, pero no quiero que sea así.

Conclusión Número 3: 

He madurado más de lo que pensaba.

¿Saben por qué?

Porque le hice frente. Y cambiando un poco de tema, porque he dicho las cosas como son, porque no dejo que mi hermana me pisotee tanto como antes. Me defiendo. Junto con lo de la autorregulación, eso es algo nuevo.

¿Qué hacer?

Pues nada. No hay peor ciego que el que no quiere ver, y no se puede obligar a alguien a quererte de la manera que uno quiere. Y eso no va sólo para mi papá, sino para el pelirrojo y el resto de personas que quisiera que me quiera. Me olvido por ratos de que no estoy en mi mundo de fantasía, sino en la realidad, y aquí hay que simplemente seguir adelante si te dicen que no. Mi problema es que me cuesta soltar, y ahí quiero que me ayuden. Por lo pronto ya saqué cita con la psicóloga para la próxima semana, a ver si realmente es algo problemático o un simple atavío de mi personalidad obsesiva anterior.

Postdata: 
Las razones por las cuales no he escrito antes son las siguientes:
- Estuve en finales: Y con orgullo puedo decir que soy la novena de mi promoción (¡¡¡De 1 104 personas!!!)... Pero, obviamente, no es suficiente. Menos en el estado emocional en el que estoy, en el que mi valía se mide por cuántas personas me quieren. Al menos me doy cuenta.
- Estuve sin ganas de escribir y enfocada en algunos proyectos: específicamente, en hacer la peluca de Elsa de Frozen. Estuve ligeramente obsesionada con ese vestuario y lograr algo lo más parecido posible (A algo que no existe, ejem). No me aceptaron el presupuesto para confeccionar el vestido y tendré que esperar un poco para ello, pero esta es la peluca:




:D

Y tres,
- ¡Ya tengo trabajo! Estoy de server (Mesera, host y runner de platos) en un restaurante TexMex. Había ido muchas veces porque me encanta comer ahí, y ahora es mi lugar de trabajo. El ambiente es paja, camino bastante y estuve llegando exhausta a mi casa por eso los primeros días. Lo que no me gusta es que aún no puedo recibir propinas porque sigo en entrenamiento. Tengo que pasar por 3 exámenes más antes de fin de vez para poder recibir alguito.

Nada, eso es todo, supongo.


lunes, 1 de julio de 2013

La burra al trigo

Le escribí a Laro el sábado que pasó. Le puse que me interesaba saber de su vida, que esperaba que se dejara el orgullo atrás, que fue importantísimo en mi vida y que lo quiero mucho.

No recibí respuesta. Me imaginaba que sería así, en al menos varias semanas.

Y hoy por curiosidad entré a su perfil y ví que la chica de la que hablé hace un tiempo, del trabajo, de la que me hablaba, le había escrito un corazón. Quise confirmar mis sospechas.

Otra vez hice lo mismo.

Otra vez entré a su cuenta del facebook.

Y sí, oficialmente se dicen cositas como "bebé", "amor"; "te quiero demasiado", "Soy afortunado de tener a alguien como tú".

O sea, no tengo moral ni derecho a decir nada porque yo empecé a salir con Brownie desde antes. Él tiene derecho a salir con quien quiera. Ya no somos pareja. Y de hecho, yo quiero mucho a Brownie. Mucho. Es un príncipe, se ha portado conmigo maravillosamente bien, me engríe y me cuida como a un tesoro, es un amor de persona.

Pero me sale el berrinche, y las preguntas, y los reclamos: "¿Por qué? ¿Por qué se olvidó de mí tan pronto? Ya no le importo. No quiere ser ni siquiera mi amigo porque no me responde, está dolido conmigo, me he portado mal, es mi culpa. No estaba enamorado de mí como me lo decía, no le gustaba estar con un cadáver inseguro, infantil y acaparador. Quiere una mujer con senos, que esté en el mismo plan de emborracharse y salir de juerga que él. Que no sea complicada, depresiva, que tenga amigas y que se vea con ellas..."

A mí no.

Yo me resisto aún a querer del todo a Brownie por la estúpida esperanza que tengo que concretar esos sueños que tenía con Laro. Porque es una persona muy especial a la que adoro y me duele estar separada de él. Así me haya acostumbrado, y esté aprendiendo a amar a otra persona (Que realmente se lo merece). No puedo evitar pensar en Laro todos los días, aunque sea un ratito, no como fantaseando sino como recordando cosas de él y comparándolas con las de Brownie. A veces le gana, pero por lo general Brownie lo supera. Trato de convencerme: "Laro y yo éramos muy distintos, Laro estaba en la tierra interesado en los negocios mientras yo estaba en el aire pensando en las personas". Pero extraño su calor, su voz, su sonrisa, sus ojitos. Extraño que se engría conmigo y me diga "bebé", "te amo", "mi vida", "eres la mujer de mi vida", "quiero tener hijos contigo"... A veces me pregunto por qué me duele tanto. Si es porque él fue el primero que me dijo esas cosas, o porque realmente quiero que sea así. Porque si me pongo a pensar en una vida con él no puedo evitar temer que se vuelva a convertir en mi padre y me controle y maneje...

Ayer me sentí enamorada de Brownie. Y creo que estoy en buen camino, aunque me cueste decirlo. Me cuesta porque tengo la estúpida esperanza de que debo esperar a Laro. Me estoy guardando para él. Suena horrible, pero hasta temo verlo como un "Por mientras". Qué horrible. Y en serio me gusta y lo quiero... pero no olvido a Laro. En el sentido de persona, de alguien especial.

No siento que mi mundo se me ha derrumbado como la última vez. No estoy desesperada como antes por recuperar su amor. Siento que cada día valoro más a Brownie por todo lo que hace por mí (Temo sentir agradecimiento y no amor por él). Y espero de verdad que esto sea un empujoncito para de una vez sacármelo de la mente y terminar de una vez el libro. Que estoy haaaaaaaarta de no sentir plenamente, sentir que estoy traicionándolo y que no soy 100% sincera con alguien que me está entregando su vida.



miércoles, 25 de enero de 2012

Sobre recaídas

Ayer tuve una conversación muy bonita con Ross que me motivó a seguir moviéndome y avanzar. ¿Por qué hago las cosas que hago? No lo sé. Bueno, sé que está mal, y sé que no está bien que se repita. Hoy me he esforzado y he comido mejor (No sé cuánto me dure, pero ya empecé y creo que puede funcionar).

Así que por eso escribo. Porque me motivé a transcribir de una buena vez esas terapias que están almacenadas en mi cuaderno de internamiento y nunca puse en práctica (Luego no me puedo quejar de estar mal). Hoy tuve grupo y el tema fue acerca de la prevención de recaídas. Justo de lo que quería hablar. Mi conversación con Rossie fue acerca de la solución de problemas, pero la técnica utilizada en ello, a mi parecer, es más avanzada, y personalmente creo estar aplicándola más de lo que aplico las cosas de las que hablamos hoy y sobre las cuales quiero hablar en este post. Así que, progresivamente, una vez a la semana de ser posible, soltaré técnicas y reflexiones de mis cuadernos. Y empiezo hoy hablando sobre el control de recaídas.

Primero: ¿Qué es una recaída? Una recaída es la suma de varios resbalones que conllevan a un estado de enfermedad. Lo pondré con ejemplos, y siempre míos a menos que advierta que no lo es. Y dice así: en el tratamiento nos dan permisos para salir algunas veces al mes, y en esos momentos, luego de semanas lejos de las tiendas y los supermercados, es natural que se nos antoje un chocolate. Pues bien, va Cristal a su casa y mete en el carrito de las compras un chocolate. Luego de eso, en su casa encuentra una bolsa de caramelos y se come 5, todo esto entre el desayuno y el almuerzo. Teniendo en cuenta que yo tenía problemas con la cantidad de dulces que ingería (Con los cuales reemplazaba D-A-C), ¿Significa que me estoy metiendo un atracón, o que de nuevo estoy desordenando mi alimentación?

NO. A esto se le conoce como Resbalón o Desliz. Un desliz es una conducta sintomática aislada.

¿Cuál es el asunto con los deslices? Son alarmas de que algo no anda bien. El tratamiento, la vida misma NUNCA va a ser lineal, van a haber altos y bajos de ánimo, de dinero, de bienestar. En los bajos, es esperable que hayan deslices. El problema es cuando estos resbalones se hacen cada vez más frecuentes, y mpas fuertes, y más duraderos, y acompañados de mucho malestar y pensamientos negativos. Es entonces que se llega a una Recaída.


¿Esto quiere decir que podemos tener atracones, o vomitar un plato de ensalada o no almorzar un día sin que signifique nada? Sí y no. Podemos equivocarnos, es de esperarse y "es natural". Lo que no está bien es quedarse en la acción y no salir de ella. El desliz sirve como alerta de que algo me está molestando, o de que algo no hice bien. Pero culparme o tirarlo todo por la borda porque "iba 1 año sin saltarme una sola comida y ahora me estoy restringiendo" no ayuda. Al contrario: predispone a una recaída. ¿Por qué? Porque la recaída implica perder la esperanza en que vale la pena estar bien. Una Decide volver a estar mal .Es verdad que también se decide cuando se tienen los deslices, pero en la recaída el nivel de decisión es diferente. Es más crucial. Es más definitivo. Y es importante recalcar que siempre se puede volver a intentar. Siempre, después de cada resbalón, es necesario volver al camino y replantearse lo que hice, para no volver a cometer el mismo error.

Ahora, pues: ¿Cómo evitar una recaída?

En primer lugar, es importante conocernos a nosotras mismas y cómo funcionamos, y cuáles son las cosas que me pueden hacer caer. A toda persona, objeto, lugar o situación que pueda propiciar un desliz se le conoce como Factor de riesgo. A continuación los pongo en una lista y doy un ejemplo personal.

Factores de riesgo:
- La presión sobre el peso: sobretodo aquellas carreras en las que la apariencia es lo que prima. Por ejemplo, actrices, anfitrionas, cantantes (Justo lo que yo hago).
- Emociones: Las emociones negativas pueden llevar a un desliz como manera de desahogo o paliamiento.
- Hambre/llenura: sensaciones fisiológicas como éstas pueden desencadenar malestar, o recuerdos.
- Soledad: En estadíos tempranos del tratamiento sobretodo, la ausencia de alguien que regule puede ser una buena oportunidad para llevar a cabo la conducta. ¿Quién no ha aprovechado la ausencia de sus padres o de las personas con las que vive para dejar de comer o vomitar?
- Conflictos: En mi caso es muy típico que cuando hay discusiones en casa o algún problema familiar fuerte, me estrese o me sienta triste y por lo tanto empiece a comer de menos (O de más). También incluye los problemas de pareja, por supuesto.
- Algunas comidas: sea porque trae recuerdos o inspira temor, ingerir ciertas cosas nos puede llevar a portarnos mal. En mi caso, por ejemplo: los carbohidratos y las grasas me atemorizan.
- Lugares habituales: cuando regresé a la universidad y pasaba por el baño donde solía vomitar, recordaba cómo me sentía y me inspiraba una mezcla de pensamientos y emociones que me confundían. Muchas veces una canción o un lugar puede disparar recuerdos.
- Cambios en la alimentación o en el peso: cuando una no está acostumbrada a comer ciertos alimentos que no están dentro del régimen (Por ejemplo, Navidad) o tuvo un problema estomacal y tuvo que estar a dieta por lo que adelgazó un poco (Dentro del tratamiento, sin intención), el orden se desequilibra y pueden haber deslices.
- Enfermedades: diarreas, fiebre, dolor de cabeza, resfrío. Cualquier cosa altera el apetito.
- Viajar: Cambiar de ambiente incluye cambiar de hábitos. Y esto puede ser peligroso si aún no se ha adquirido la capacidad de equilibrar y escoger lo que se va a comer.
- Verano: ¿Tengo que explicarlo? ;)

Otros factores que a mí me puedan propiciar una recaída:
- Ponerme a dieta.
- Dejar de escribir o expresar mis emociones.
- Desordenar mis horarios por las actividades que tengo (Falta de tiempo).
- No ir a terapia.
- Discusiones con mi hermana, mi mamá o mi papá.
- La muerte de alguien, o separarme de Laro.
- Cualquier evento que me deprima: por ejemplo, lo actual: dejar de estudiar.
- Cualquier evento que me de miedo: tener que responsabilizarme de mi vida.
- Un evento social que incluya comida: una cena, o un cumpleaños en un restaurante buffet.
- Una presentación: sea anfitriona o personaje, siempre querré verme bien en el escenario-frente a las cámaras.

Exponerme a uno o varios de estos factores de riesgo, como el nombre lo indica, me expone y aumenta la probabilidad de un desliz.

Todo lo anterior sólo se puede conocer luego de hacer un análisis serio a las cosas que me propician sentirme mal o que activan mis pensamientos. Recuerdo que en un momento, absolutamente todo lo que hacía o a lo que me exponía significaba una conducta. Actualmente sí son cosas que me estresan, pero no llegan a provocarme el vómito o una restricción. Por esta razón es necesario conocerse y saber cómo funcionamos, porque de lo contrario no sabré a qué cosas no debo exponerme si no quiero ponerme mal. Una forma de empezar a conocerme es, justamente, escribiendo. Haciendo un diario en el que apunte las cosas que pasaron, las emociones y pensamientos que tuve y las cosas que hice a raíz de ello, es la mejor forma de conocer qué cosas me hacen daño y cómo funciono. A esto se le llama "Registro terapéutico" y hablaré de ello en otra oportunidad.

En el siguiente post, tips para evitar o controlar una recaída.

:)

(Mañana tengo una entrevista de trabajo en la mañanita. Debería estar durmiendo T_T)

lunes, 19 de septiembre de 2011

Desliz


Los últimos días he estado pensando mucho en lo inútil que era mi vida cuando estaba mal. Y en cuánto extraño esa sensación de placer, aunque fuera sólo la única cosa "bonita" q sintiera. Ese alicio al vomitar, ese poder de saber que no comía porque no quiero. Teniendo pena de mímisma y de la situación en mi casa.

Si las cosas no van como yo deseo, si me piden que haga más y yo creo que no puedo, si me paran diciendo que lo que hago está mal y que las decisiones que ahora tomo hacen mucho daño, entonces ¿De qué me sirvió cambiar?

El viernes me molesté mucho. Mi miedo a comer se intensificó. No por creer que estoy gorda, sino simplemente por la sensación de control sobre mi cuerpo y ese hambre tan conocido, fue que decidí no comer. Al final me ganó mi "lado sano", aquel que sabe que si mi familia se enteraba me iban a controlar más, a desconfiar de mí, mi novio se iba a molestar y no iba a querer estar conmigo, me iba a poner mal y perder mis estudios, mi libertad, y viviría encerrada de nuevo en un mundo pequeño e inerte en el que sólo existía aquello por lo que seguía haciéndome daño. No quería, y no quiero volver a morirme en vida sólo por el placer de ver cómo hago bien una cosa, la única que parece que hago bien, cuando hay tantas otras cosas en el mundo que también hago no tan mal y me provocan felicidad. Y almorcé. Y me sentí contenta de haberlo hecho a pesar de mis miedos. ¡Caray, cómo he cambiado!


Esa tarde fui a mi universidad. Si bien no dejé de comer, me he propuesto reducir mis cantidades (Y eso, me temo, sí lo estoy cumpliendo). De alguna forma siento así que tengo control, supongo. De paso "adelgazo un poquito para el vestido que me pondré en octubre para la Fiesta de Medicina, y para la filmación, si es que se da". Claro, en realidad lo que necesito es hacer ejercicios porque estoy enfofándome un poquito, pero no tengo tiempo. Y como es más fácil dejar de comer que esforzarme...! El punto es que llegando a mi universidd vi al vendedor de chocotejas que suele estar en la puerta, y cedí ante "la terrible tentación" de comprarme una. Para qué, estaba buenaza, y en plena clase salí a comprarme otra. Y unos mentos. Me comí la segunda con un poco de miedo ya, decidida a no comer más en el resto del día, incluyendo esos mentos... Pero los mentos tienen pocas calorías! Así q me fui comiendo unos cuantos. Y cuando me percaté de mí misma, estaba en plena crisis. Moviendo mis pies como columpio, angustiada, con terror por haber faltado a mi consigna de no comer y encima arriesgarme a engordar. Sabía que lo que venía no podía ser bueno.

Y efectivamente, a pesar de que eso significaría un gran chasco para mi recuperación, me tomé todo lo que tenía de agua, me fui a un baño alejado y vomité.

Creo que nunca odié tanto ese momento como ahora. Lo absurdo de ese acto tan cobarde. Lo que me traería como consecuencias. ¿Volvería a estar como antes, esclava de mis miedos? ¿Lo perdería todo?

Lo cierto es que eso es lo que pensé. Que no tenía sentido estar bien, porque iba a caer de todas formas. Que no valía la pena estar sana, porque de todas formas YO soy un fracaso, todo lo hago mal, estoy destinada a estar sola y sufrir. Pobre yo.

¿Ah, sí?

Llamé a Annie chan. Ella es mi mejor amiga, aunque la conozco desde hace pocos años me ha demostrado ser la persona más fiel y cariñosa que conozco (Antes la subestimaba porque me sentía identificada con ella). Y le conté. Ella voló hacia mi universidad, y en menos de 10 minutos estábamos conversando sobre lo sucedido en el patio (Yo muerta de frío y con esa sensación tan placentera de estar vacía que tanto extrañaba. Sólo por eso quizás valía la pena. Dije Quizás). Y me di cuenta conversando con ella de que lo hice porque estoy molesta. Muy molesta con mi familia y conmigo misma. También se lo conté a Laro, quien se molestó no porque lo haya hecho, sino por la actitud que estaba teniendo al respecto de tirarlo todo por la borda y ponerme en plan de víctima. Y lo mismo me dijo la psicóloga del centro donde he estado, porque al día siguiente tuve reunión con mis compañeras y le conté a solas. Me dijo que lo que pasa es que no estoy convencida de lo que estoy haciendo.

Y sí, es verdad. Tengo miedo de fallar, soy facilista y lo que preferiría es que me den plata para no tener que trabajar y dedicarme a mis estudios solamente, y tener una vida más fácil. Para mí, tener más dinero aliviaría los problemas de mi mamá, los de mis hnos y los míos. Eso significa cambiar a mi papá. Y no puedo. Por más que lo he aceptado tras 10 años de enfermedad (En la cual me dejaba morir en parte para darle una lección), no voy a poder cambiar a nadie. Y tendré que seguir escuchando a mi mamá y hermanos quejarse de lo que hacen y lo mal que les pagamos en retribución (Sobretodo yo, que al parecer soy muy exigente y pido las cosas de una forma muy fea, cosa que sólo piensa mi mamá y mi familia y yo no y por lo cual me he molestado).


Me han dicho que tengo que aprender a que no me afecte ni me importe tanto lo que me dicen. Que no tengo que ser perfecta y hacer lo que me piden. Como antes, que no tenía voluntad, y dejaba de hacer lo que me gustaba con tal de darle el gusto a mi familia y tener su aceptación. Ahora yo tengo una vida y me está costando decir no. Es cierto que a veces me paso y puedo ser brusca, porque simplemente no sé cómo comportarme. Pero sé también que mi mamá está postmenopáusica y mi hermana tiene problemas serios, por lo tanto no soy la culpable de los males de mi casa. ¿Y cómo creer que está bien lo que hago, si estoy tan acostumbrada a creer que soy la defectuosa incapaz de pensar bien?

He aprendido, así como el resto de personas que tenemos un trastorno de la conducta alimentaria, a canalizar mis miedos, ansiedades, frustraciones y demás emociones a través de la comida. En la anorexia, ejerzo el control sobre mi cuerpo y lo que como porque siento que no puedo controlar nada más, y mediante eso controlo a las personas. En la bulimia, me desahogo expeliendo como comida todas las cosas que me callé por años. Finalmente, la comida es el síntoma de lo que pienso y quiero.

No he vuelto a vomitar, pero sí me sigo restringiendo un poco la comida. Para mí es mucho más fácil eso. Y me siento más tranquila al respecto. No pienso dejar de comer, no pienso matarme de nuevo. Pero me da miedo, por el momento, comer dulces y extras, así que los dejaré de lado por unos días. Veamos qué tal me va.

(Por cierto: no le he dicho nada a nadie de mi familia.¡Sería para que mi mamá se ponga más nóica! Si ahora está que con las justas me deja almorzar en la universidad, porque "no me ve que como" -y sí como-, ¡¡¡¡¡si se entera no me dejaría ni salir de mi casa!!!!!!)