Este es un blog de vivencias y reflexiones de una chica que busca la manera de plasmar su interior en algo tangible como las letras.

Aquí encontrarás hartas anécdotas y también procesos mentales, de esos enredados pero que buscan explicar lo que sucede en la vida y así encontrar un sentido. Encontrarás ejemplos de cosas que no hay que hacer; confesiones amorosas, de esas que toda chica necesita contarle a su mejor amiga; quejas y lamentos, letanías de alguna época mentalmente negativa; pero también hallarás decisión, actitud, fuerza y valentía (O al menos un sincero intento de ello).

Espero motivarte a seguirme. No sólo en lectura, sino en este trabajo interno, esta búsqueda de bienestar.

Seamos luz en medio de tanta oscuridad.


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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Respuesta sobre el tratamiento

Recibí un mensaje de una persona diciéndome que tiene una hermana internada en una casa en Cieneguilla por TCA y que le está pidiendo que la saque de ahí. No me dejó ningún tipo de contacto para responderle, así que utilizaré este medio de comunicación para escribirle.

Yo he estado internada durante 15 meses en Cieneguilla, he vivido en carne propia la experiencia, he pasado meses sin salir a la calle, he sido supervisada para ir al baño y he tenido que seguir una rutina todos los días. He tenido la bendición de estar en un lugar en el que me respetaron y cuidaron, y he visto cómo otras chicas pasaban de ser flores marchitas a flores en todo su esplendor. También he visto chicas que, en su miedo y desesperación, han pedido a gritos que las saquen, han hecho escenas y se han rebelado. Muchas lograron su cometido, y hoy no sé qué pasó con ellas. Lo que sé es que de las muchas que sí terminaron el tratamiento conmigo ahora están bien. No perfectas, eso no se puede: algunas hemos tenido recaídas y problemas como todo el mundo, pero el común denominador es que, gracias a la experiencia en Casa Vida Mujer, hemos tenido las herramientas que antes no teníamos para enfrentarnos de una mucho mejor manera a las trabas de la vida.

Tener un pariente internado es una situación sumamente difícil que no se la deseo a nadie. Sin embargo, es necesario si realmente quieres que esté mejor. Lo único que puedo decir es que vale la pena el tiempo y la dificultad, porque la recompensa de volver a la vida y tener un mejor futuro es grandísima.

Tu hermana te va a pedir que la saques de donde está y probablemente te diga que la tratan mal. No sé cual es la institución en la que esté ella, pero te puedo asegurar que, a menos que no veas señales físicas y otras chicas de ahí te digan lo mismo, probablemente no sea verdad. Una persona enferma de TCA no va a querer cambiar fácilmente, aceptar nuevas formas saludables de vivir y renunciar a los hábitos malos. Es normal que no quiera seguir ahí. Pero hay que ser fuerte y perseverante para lograr que el cambio se instale y que realmente hayan frutos. Si quieres tener una explicación más completa, estoy segura de que los psicólogos de ahí van a querer dártela con gusto. Y si quieres también puedes contactarme por esta vía, con gusto te responderé :)

Espero poder haberte ayudado :)

viernes, 7 de febrero de 2014

De cómo llegué hasta aquí y a dónde quiero llegar

Es chistoso cómo la vida nos manda lo que necesitamos justo en el momento en que lo necesitamos, si estamos abiertos a recibir lo que sea que venga. Y es gracioso cómo el cielo nos manda señales acerca de las decisiones que debemos tomar.

Siempre he confiado en que el cielo provee. Por eso quizás a veces me dejo demasiado y no actúo. Recién he aprendido que no sólo hay que atraer con el pensamiento y desear con el corazón, sino conseguir con el cuerpo. El resto lo hace la vida.

Han pasado tres semanas desde que comencé con una nueva rutina en algo casi desconocido para mí: el mundo de la publicidad y los efectos. A mí nunca me han entusiasmado demasiado los efectos visuales, y ahora hasta pienso en que diseño gráfico sería una linda carrera técnica a seguir más adelante. Mi trabajo consiste en coordinar: recibir mails, responder, ver que se realicen los pedidos de las agencias de publicidad, hacer cronogramas de realización de las películas a las que les están poniendo efectos y estar atenta a cualquier pedido que puedan hacerme. Es super variado, todos los días hay algo nuevo. Definitivamente cuando vea TV o vaya al cine y vea spots publicitarios me la voy a pasar acordándome de mi chamba y diciéndole a quien tenga cerca "Mira, ese comercial también lo hicimos". ¡Ni qué decir de las películas! Me siento hasta orgullosa de poder meter mi cuchara y opinar :) 

El dueño de la agencia es un descendiente de japoneses joven y muy buena gente que sigue mucho su intuición para la toma de decisiones (Y gracias a eso le va muy bien). Él tiene una mano derecha, la productora, que es quien ve todo lo que se hace en la empresa. Es una chica muy bonita y un par de años mayor que yo, pero super profesional y dulce a la vez. Actualmente yo trabajo con ella asistiéndola... pero quizás no por mucho tiempo. 

Mi jefe me dijo hace unos días algo que me puso muy contenta: "Yo hasta ahora estoy buscando dónde está el truco, porque todo esto contigo es muy raro: apareciste un día tocando la puerta y dejaste tu CV justo cuando estábamos buscando una coordinadora. Y hasta ahora todo va super bien contigo. Tienes mucho talento, todavía no entiendo qué hacías vendiendo softwares o lo que sea que hacías". Yo me esperaba una reprimienda o al menos varios consejos acerca de qué más hacer y qué mejorar, pero nada. Es más: me quiso disuadir de estudiar, porque "Aquí vamos a necesitarte todo el tiempo. Verás, yo me la estoy jugando contigo, por ahora tú estás asistiendo a (mi jefa) pero en un tiempo no muy largo yo quiero que tú hagas su trabajo para que ella pueda dedicarse a vender. Y yo creo que lo puedes hacer porque tienes todo el potencial y las ganas, pero me preocupa cómo haríamos si tienes clases y se cruza con alguna reunión". 

¡Qué curioso está resultando todo! Yo suelo creer bastante en mi instinto (Exceptuando en el tema romántico porque si lo que estoy soñando y percibiendo resulta ser verdad... será tema de otro post), y sabía que este año 2014 me iba a traer muchas cosas buenas... ¡Pero vivirlo es super diferente! O sea, yo ya he hecho trabajo de coordinación antes y quizás por eso no se me hace algo tan complejo... De hecho batallo un montón con las cosas técnicas que se manejan y que yo ni idea tenía, y hasta preferiría hacer trabajo en la cancha antes que coordinarlo (O sea, preferiría actuar EN los comerciales y películas, o grabarlos y editarlos yo)... Pero definitivamente creo que estoy dentro de donde me corresponde estar, y eso me alegra un montón :) ¡Y encima que venga mi chino jefe y me diga que soy talentosa...! 

Estos días, muy aparte de ese presentimiento sobre el amor del que prefiero no hablar porque eso sí me da ansiedad y de ahí no paro, me he estado sintiendo muy plena. Muy yo. Muy armada, estructurada, por fin en mi sitio. No sé cómo explicarlo. Siento como que mi vida está empezando después de todo el sufrimiento de la etapa anterior. ¡Hasta me estoy levantando más temprano en las mañanas y haciendo aunque sea 15 minutos de ejercicios, simplemente para sentirme fuerte y sana! O sea, ¿YO haciendo deporte? Ni en mi internado en Cieneguilla me motivaba tanto desayunar y hacer una serie de sentadillas. Odiaba las rutinas, mucho tiempo estuve así. Pero ahora es distinto: estoy convencida de que hacer ejercicios me hace bien, y como viene de adentro esta motivación de sentirme bien, lo hago. Y tampoco es que me mato ejercitándome: no hago repeticiones. Es simplemente para quitarme la estúpida idea de que lo que como me va a engordar, para tonificar y quitarme fofedades, y ¡para estar más linda!. Los días que no he hecho nada me he sentido un poco culpable, pero me he tratado de convencer de que no es nada malo y que por eso no me voy a echar a perder. Y aquí comienza el tema del cual no he hablado en un montóóóóón de tiempo: mi TCA.

Últimamente estoy empezando a creer que mi problema verdadero es la depresión causada por las frustraciones (A su vez causadas por un sinfín de factores externos como mi situación familiar e internos como mi déficit de atención... Tema del cual aún no hablo porque aún no tengo nada concreto y apenas lo tenga será tema de un post). Y bueno, tiene también un alto contenido conductual. La comida fue el chivo expiatorio, y mi cuerpo pagó los platos. Mi vida se vio terriblemente afectada por todo esto, pero YA NO MÁS: me complace poder decir que voy más de un año sin vomitar lo que como de forma voluntaria y con el propósito de no engordar, que no he hecho ayunos completos en más tiempo, y que me estoy haciendo responsable de forma casi constante de mi alimentación. Quizás suene a justificación, pero me siento orgullosa de casi no saltearme comidas, casi no reemplazar alimentos por otros, y comer de forma nutritiva, variada y hasta darme gustitos (En la vida me habría atrevido, por ejemplo, a comer pasta en la noche. Ahora me importa un bledo porque sé que un plato de tallarines con la salsa creada por mi hermana y su novio no va a hacer diferencia ni en mi peso ni en mi figura, ni me va a hacer mejor o peor persona. Los tallarines de mi hermana son ESPECTACULARES y yo amo la pasta). Me estoy manteniendo sana. Estoy siguiendo un régimen adecuado que me permite verme delgada pero no enferma (Simplemente estoy comiendo normal, sin excesos ni privaciones, nada del otro mundo), los ejercicios están destinados a fortalecer y tonificarme más que a adelgazarme (Por eso no hago mucho) y qué puedo decir, todos los días aparece esa vocecita que me dice que al día siguiente ya no comeré chocolates o helados y que cada día iré recortando mi ingesta hasta acostumbrarme a de nuevo vivir del aire... y todos los días la callo y me como feliz lo que me corresponde. Lo que necesito. Lo que merezco, simplemente por ser un ser humano :)

Hoy justamente encontré de casualidad la historia de una mujer que vivió con su trastorno de la alimentación por fácil 30 años. Contaba cómo empezó, qué cosas tristes le pasaron, reflexiones actuales sobre su salvación y explicaciones psicológicas de su comportamiento, en fin, todo lo que se puede leer en una autobiografía y que sirve de "inspiración"... Y ahí me detengo, porque más que hablar de lo bonito que me está yendo en el aspecto "profesional", quería hacer una reflexión acerca de este tema. 

Comparto con ella la idea de hacer de éste un mundo mejor, de contribuir con la sociedad y ayudar a jóvenes que como yo en algún momento estén desorientadas (no ahora, definitivamente) a encontrar el camino adecuado para una vida satisfactoria. Yo pensé por mucho tiempo que para ello debía exponer mi historia para que la gente supiera lo desolador que puede ser tener una enfermedad psicológica/emocional tan fuerte... Pero ahora lo veo diferente. Quise escribirle un comentario a esta chica puesto que tiene un blog (En inglés), pero, por alguna razón del destino, se borró. En él le preguntaba si tenía la certeza de que haber publicado un libro con su historia haya ayudado a estar bien a más gente de la que podría haber inspirado a estar mal. Y me explico: Cuando alguien quiere oscuridad, va a hacer lo posible por encontrarla, y la va a absorber de cualquier sitio. Lo sé porque he estado ahí. No era necesario que me dijeran números, bastaba con comentarios sutiles como "lo suficiente como para necesitar estar hospitalizada" para inspirarme a estar mal y querer, yo también, estar hospitalizada. Y sé que no soy la única que ha querido enfermarse más. Porque esta enfermedad es así: el hambre es un agujero negro que absorbe todo lo que puede para mantenerse, porque es antinatural. Imagínense, pues, el lindo material "inspiracional" que sacan las autoras de estas tristes historias.

Yo no estoy en contra de escribir sobre una. Yo misma lo hago: lo encuentro terapéutico. A veces sacar los pensamientos más corrompidos y retorcidos de una misma y hacer que otra persona lo lea es realmente purificante. El problema es que, cuando se publica, cualquiera lo puede leer. Y eso es lo peligroso: yo no quiero cargar en mi karma (Lo diré de esta manera, sí, karma) el que una pequeña o un chico utilice mi historia, mis recuerdos, mis emociones y reflexiones para recordar las suyas propias y sentirse mal, o tomar ejemplo de algunas tácticas y mentiras mías para hacerse daño. Simplemente no podría. Ya suficiente con que mi proceso esté en la nube: por eso me cambié de blog. Es bueno sentirse identificado, pero identificarse no es lo mismo que simular y mucho menos imitar. 

Seré honesta: Yo también pensé en publicar un libro con mi historia. He tenido una vida promedio, ningún drama terrible, simplemente muchas piedras en el camino. Como todo mortal. Como la de esta chica cuyo libro pude ojear; sin embargo, ¿Cuál sería la diferencia? ¿Qué aportaría? ¿Quiero ser una fuente de lástima y un mal ejemplo para algunos, quiero ser tristemente célebre o ser halagada y admirada por haber triunfado, al punto de vivir de ello y recordar todo el tiempo que yo también la pasé mal? NO. Yo quiero dejar recuerdo de que luché, de que salí victoriosa, y quiero motivar a otros a intentarlo. Pero no creo que contando pormenores de lo mal que estuve, dando entrevistas y haciendo del tema una forma de vida sea la manera. Todos sufrimos, una lágrima más sólo aumenta el morbo de la gente. Y tampoco creo que tenga que vivir de ello, porque implicaría recordar todos los días que tuve un pasado triste. Eso se convierte en un arma de doble filo. Lo pasado, pisado; mientras menos lo evoco, menos me afecta: cada vez que me meto a los chats, leo una historia o me entero de la situación de alguna amiga me siento mal, recuerdo por lo que pasé y me siento tentada a volver a estar ahí, simplemente por adicción a esa sensación. Y eso está mal. Por eso es que casi no toco el tema; para mí hay cosas más importantes de qué hablar que la comida y lo que hago con ella. Como por ejemplo, las cosas que estoy logrando, y la manera en que estoy consiguiéndolo. Eso, creo yo, es mucho más constructivo que darle vueltas a un asunto que quier dejar atrás como parte de lo que me compone pero que no me define. Yo quiero ayudar, y no tengo problema en hablar; pero primero estoy yo y mi bienestar, y si creo que me puede afectar o tentar a volver a caer, o si ven que en vez de ayudar a crear conciencia estoy creando morbo, por favor, DETÉNGANME. Hay formas y formas.

Este post es un post de autoreafirmación: Hoy, viernes 7 de febrero del 2014, me siento más yo que de costumbre. Pasé por lo que tuve que pasar para por fin ser la mejor versión de mí misma (Y sé que puedo mejorar aún mil veces más), pero no tengo que demostrárselo al mundo entero para sentir que fue real. Eso sólo reafirma el ego. Con que la gente más cercana a mí y que realmente me importa sepa cómo me siento exactamente, creo, es más que suficiente. No quiero exponer mi imagen a la opinión pública: quiero influir en quienes realmente puedan hacer un buen uso de mi experiencia. Y de lo que realmente es utilizable, además. Yo quiero ayudar pero primero estoy yo y mi bienestar, y creo que la mejor manera de ayudar a otros es con el ejemplo. Por eso es que escribo aquí y mantendré mi anonimato, porque creo que es importante saber que se puede tenerlo todo habiendo empezado de cero sin necesidad de poner una cara o nombre que sólo ayude a reconocer y alimentar banalidades. Y voy a seguir escribiendo, teniendo cuidado de no escribir miserias y convertirme en la fácil y conocida víctima de las circunstancias, no: de hecho me voy a sentir super mal y caeré, y sé que en algún momento lo reflejaré porque trato de ser transparente conmigo misma, pero JAMÁS crean que me he rendido si no lo digo explícitamente. Tengan por seguro de que me voy a levantar SIEMPRE. 

Yo me enfermé porque no conocía lo que era estar bien, y recaí porque no valoré estar bien. Pero creo que, por fin he aprendido la lección, que se que es de esas que duran para toda la vida. Ahora me toca seguir haciendo las cosas bien para yo seguir sintiéndome bien y dejarlo manifiesto para enseñar cómo lo hice a los demás, para que los que por algún juego del destino lo lean también lo hagan, y así esta sociedad tan podrida mejore. Dejar salir nuestra luz propia para que la de los demás también pueda brillar.

Ahora por fin siento que se ha ido la suciedad de adentro y que por fin mi luz puede (Y tiene mi permiso de) salir. Y junto con la mía (Como dice un poema de Marianne Williamson, "our greatest fear", con el que también me siento identificada"), le doy pase a los que me rodean a ser luz también. Porque este mundo necesita no de víctimas, sino de ganadores. Para que los demás se sientan bien no es necesario empequeñecerse, sino ser ejemplo de que también se puede ser grande.

"Nuestro mayor miedo no es ser inadecuados/incapaces. Nuestro mayor miedo es brillar sin medida". Porque nos han enseñado que está bien ser menos que el resto. Yo traté de apagarme para que los demás brillen; sólo atraje desgracias a mi vida y no aporté nada positivo a mi entorno. 

Yo quiero ser grande, toda mi vida lo quise.. pero me enfoqué mal. Ahora, y espero no estar cantando victoria demasiado pronto, tengo la convicción de que voy a hacer lo imposible por no volver nunca más a ese estado deplorable en el que estuve sumida por años y en el que hasta ahora a veces me acerco porque en fin, la vida tiene altos y bajos. Soluciones las hay, es cuestión de abrir bien los ojos. 

¿Cómo llegué hasta donde estoy? Sufriendo. Y ahora sé que valió la pena. 




martes, 6 de agosto de 2013

Low battery

Estos últimos días he estado trabajando bastante. Nunca tanto como cuando es época previa a Navidad y exámenes finales, pero no he parado casi. Quizás por eso este último fin de semana me he sentido lánguida y desanimada -sin que realmente me falten los ánimos para hacer cosas, como salir.

Han sido días de movimiento emocional. No mucho, la verdad, y por eso no entiendo por qué estoy tan "agotada" (Es la palabra que mejor define mi estatus ahora). Pero de que han habido cosas para contar, las hay.

Estuve leyendo algunos posts antiguos y me llené de esa tristeza y desesperación que sentía en marzo y abril, cuando todo estaba reciente. Qué horrible sensación. Me sorprendió leer algunas cosas y ver cómo luché por pasar la página. No me caben dudas de que soy una mujer fuerte. Lo peor ya lo pasé, es cierto. Pero no puedo evitar que queden muchos rezagos y que mis pensamientos de ese entonces han evolucionado de alguna manera y son otros ahora.

Tengo muchas ganas de escribir, siento que lo necesito, me hace bien. El problema es que, a falta de "drama", no sé de qué desgracia "quejarme" xD Bueno, pues. Las cosas han cambiado en los últimos 10 meses, así que le daré el uso aburrido a mi blog del de una suerte de diario y vertedero de pensamientos y reflexiones (Que es lo que había planeado hacer. Un lugar positivo entre toda la mierda cibernética). Por cierto, he confirmado mis sospechas y hay un "invitado de honor" que lee de vez en cuando lo que escribo. ¡Saluden tod@s a mi ex, Laro! (No prometí no mencionarte sino no hablar más de tí, y por más que me piquen los dedos no pienso hablar más de ese tema. Pero tengo que desahogarme de alguna manera, sino me volveré loca. Me auto-otorgo 3 comodines para usar a lo largo de lo que queda del año, en ocasiones muy contadas, para hablar del tema que ya no quiero tocar. ¡Tengo tantos otros asuntos de qué escribir!)

Bueno. Empecemos. Hay muchas cosas que me gustaría escribir y creo que ninguna está muy relacionada con la otra, así que disculparán mi desorden.

La presunta bajada de batería comenzó la semana pasada. He estado un poco hereje con mis horas de comer, me dieron ganas de rebelarme a la costumbre nueva y volver a letanías que extrañaba. Si hay algo que extraño de estar mal, y es lo más difícil de superar para una persona con TCA, es la sensación de poder y control que se tiene al manejar la comida y "esculpir" con ello el cuerpo hasta llegar a donde se desee. En mi caso, siempre extremista, a donde no debería. Ya hablé del asunto de los paquetes: Yo elegí el paquete completo en el que tenía todo lo que me daría una vida feliz pero dejando de lado la seguridad de mi sitio de confort con el cuerpo y la comida, y ese es el sacrificio que vale la pena hacer por estar bien. La otra opción es elegir mi confort y seguridad, concebibles en un mundo donde la comida es y deja de ser el medio para conseguirlo, y aunque todo lo que hace que la vida satisfactoria de una persona normal se vaya desmoronando alrededor, vivo satisfecha porque mi única razón para vivir, vacía, la tengo conmigo. Por supuesto que es dificilísimo dejarlo, sobretodo por la costumbre, y por eso muchas veces tienta volver a tenerlo. Pero luego pienso en "el paquete, el paquete", y vuelvo a entrar en razón. Pues bien, a eso me refiero: estaba empezando a olvidar los beneficios de El paquete por extrañar los beneficios de El otro paquete. No puedo decir que he entrado 100% en razón, pero me han ayudado un par de cosas que contaré ahora:

Me encontré con Lu, una amiga del internado. Mientras yo pienso en mariposas y planeo cómo tirar mi vida por la basura, ella se esfuerza por metamorfosearse y no puede, porque está en ese nivel nutricional, de obsesión y de confort en el que simplemente no te puedes mover sin ayuda externa. Conversamos. Estaba a punto de cumplir 30 años (Ayer los cumplió) y seguía sin empezar a vivir. Siempre que me comparo me siento mal, ¿Por qué yo sí tuve la fuerza para dejarlo todo y arriesgarme a cambiar, y por qué algunas amigas, que yo veo que son personas hermosas y capaces de todo, no pueden? Y encima viene la ironía: mientras yo estoy planeando maquiavélicamente cómo volver a lo mismo, ella lucha por recuperar su cuerpo y su vida, porque ya casi no le quedan (Me dolió mucho verla como está). Eso sí me hizo entrar en razón. ¡Dios, tengo tantas cosas, he sido tan bendecida desde hace mucho tiempo y yo, malagradecida, pretendo botarlo todo por el water, mientras ella (Y tantos otros), que no puede consigo misma, grita por ayuda sin hacer más ruido que el de las personas que comentan a su alrededor lo feo que se le ve! "No no no. Cris, no seas tonta. Recuerda: El paquete. Recuerda: ya perdiste lo que más amabas, no lo vuelvas a hacer". E hicimos un pacto. Ambas nos íbamos a esforzar en cumplir el régimen y portarnos bien. Y empezamos en ese mismo momento, yendo a un supermercado a comer yogurt y una manzana. Es bueno comer en compañía de alguien con quien te sientes tranquila y no te juzga, que es lo que la motivó a seguir. Lo que yo necesito es simplemente motivación (Ayayay). Lo que ella necesita, en cambio, es disciplina (Eso que no sé de dónde saqué. Supongo que de la costumbre, y del mismo lugar que saqué la disciplina para no comer). Bueno. Ahora, recién lo entiendo porque me está pasando, tanto el despertarme cada día para ir al trabajo como ir a la cocina a comer, en cada oportunidad que tengo que hacerlo, es una decisión. Una muy difícil de tomar, porque ahora sí estoy en medio de la batalla del intento de estabilidad y mantenimiento de los hábitos sanos, pero que por suerte voy ganando casi siempre, porque ya me acostumbré. Ya se me hace casi inercia, ya es un hábito integrado, y así es más fácil.

Aparte de eso, el viernes pasado, Nelly, mi ex-psicóloga, me invitó a dar un discurso en la casa donde estuve internada, en una especie de trueque a cambio de un documento que de alguna manera compruebe que sigo en deuda (monetaria) con la institución. Papel que serviría en el juicio contra mi papá (Ay, esos temas engorrosos. Me enteré el lunes pasado que le había vuelto a mentir al juez diciendo que "ya todos éramos unos profesionales gracias a él". No más hundimiento, yo elegí ponerme en acción y hacer algo para demostrar que es falso en vez de llorar en un rincón, porque efectivamente me dolió). Volviendo al grano del tema, y tal como supuse, mi Brownie estuvo más que feliz de llevarme a dos horas de Lima para conocer ese lugar del que tanto le he hablado. De hecho, está cansado que le toque el tema y hable de "nosotras", incluyéndome, o al revés, dándole poder como si fuera un ente independiente de mí misma. Me pidió que le prometa no hablar más de mi TCA como algo presente, y zaz, se apareció esta oportunidad. Ni modo.

Estuve más de una hora hablando de mi proceso, pero en lo que más me concentré fue en todas las cosas que aprendí. Estaba nerviosa y temblaba mientras hablaba al principio, y después me vino la dislalia verborréica y hablé probablemente sin hilación (Y encima con problemas para decir palabras. Últimamente en vez de decir "la correa del perro" digo "la porro del correa". Ya se imaginarán cuántas veces tuve que parar para evocar palabras huidizas). Pero fue super reconfortante volver a ese lugar donde estuve tan pequeña emocional y físicamente, donde me enseñaron lo que debía hacer en casos de crisis, y donde, a pesar de estar entre cuatro paredes, conocí por primera vez la libertad de la paz. Traté de transmitírselo como pude a esas chicas que me miraban con aburrimiento y luego con lágrimas en los ojos. Y es que yo enfermé por querer ser una mejor persona a través de la piadosidad y otros conceptos vanos y arcaicos del cristianismo (Finalmente cayendo en la culpa), y ahora me doy cuenta de que he logrado eso que siempre quise, ser mejor persona y poder ayudar a los demás, gracias a todo lo que he superado. Se los dije: "las personas en este mundo están enfermas por falta de valores, por concentrarse en cosas superficiales y físicas en las que creen que van a encontrar algo que les llene por dentro y las haga felices, y por evitar enfrentar esos vacíos y defender sus posturas es que hay tanta violencia y adicciones. Recuperarse y trabajar por encontrar el sentido a la vida es lo más grande e importante que un ser humano puede hacer, mucho más que dejar de comer para que otros lo hagan, porque para hacer el bien primero hay que estar bien. Las grandes cosas que podamos lograr en la vida son sólo reflejo del interior rico de una persona llena de amor, al punto de ser capaz de dejar un legado. Y el amor sólo se consigue con amor. Así que siéntanse orgullosas, porque están en el lugar adecuado para lograr empezar de nuevo, encontrarse y formar las bases de eso que quieran lograr. El mayor logro de un ser humano no debería ser el reconocimiento o la posteridad, sino la capacidad de vencer a sus propios demonios, superarse como persona y poder dar amor" (Ok, no lo dije así, escribo mucho mejor de lo que hablo :(. Pero esa era la idea, y creo que la captaron). Después de eso, obviamente, me sentí super bien. Siempre que hago estas cosas siento unos escalofríos bastante cálidos y una alegría y paz inmensas, al punto de que me vuelven a motivar a seguir yo. Brownie estaba preocupado porque pensaba que ver a esas chicas esqueléticas, demacradas y tristes me iba a recordar cosas y ponerme mal. Me insiste en que recuerde que yo soy más que una persona con TCA. Y sí, esta vez le pude responder orgullosa: "Lo sé. Por primera vez, y gracias a todo esto de la recaída y el haberla superado y aprendido de ella, me siento más persona, más Cristal, más completa que nunca". Después le salió el egoísmo y me pidió que no fuera a una reunión que tenía con las chicas de mi colegio porque "me iba a secuestrar", y bueno, cedí. Debe haber estado esperando bastante para que me enfoque en él.

Hablando de mis amigas del colegio: después de 10 años pude hablar con una de ellas, con quienes tenía varios issues sin zanjar. A ella le conté en el 2003 que me cortaba, ella lo contó y se hizo un pequeño lío, luego se alejó de mí y me sentí muy mal, y luego en 5to de secundaria tuvimos un conflicto de intereses y bueno, me dejé llevar por comentarios idiotas de terceros y nuestra relación se desgastó más. La ví la semana anterior en un cumpleaños de una amiga del colegio (En la que presenté a Brownie. Fue chistoso porque conocía a una de ellas, fue alumno de la mamá de una de ellas... y la cumpleañera estaba borrachísima, como cuando éramos colegialas xD). Bueno. Hacía tiempo que habría sido bueno enfrentar ese tema, pero nunca me dieron ganas ni me atreví. No sé qué me pasó después de ese día, pero le escribí un mail contándole todo lo que sentí y me pasó a raíz de los acontecimientos, y con su respuesta, pudimos "hacer las paces".

Ahora que lo leo, y juntándolo con el trabajo (pues he estado casi sin parar dos semanas, recién el domingo que pasó pude despertarme a una hora indecentemente tarde... con la noticia de la muerte de un familiar, que también generó movimiento emocional y esas cosas. Y además tuve show esa tarde), comprendo por qué lo único que quería hacer era dormir. Ayer fui al velorio de este pariente. Era un tío de mi mamá al que le había dado de todo y siempre se recuperaba, pero esta vez le tocó. No es que me afectara su muerte porque lo fuera a extrañar, sino porque mi casa se convierte en el centro de mensajería del más allá. Mi mamá es medium, de esas que ahora ya no se ven, y según la teoría, los espítirus se acercan a las personas que tienen esa capacidad porque la perciben... así que entenderán los escalofríos, la pesadez y el dolor de cabeza. Y más porque a mí tb me pasan esas cosas (Ya mencioné que soy medio bruja. Es chistoso cuando lo confirmo porque describo lo que veo o siento o escucho y mi mamá o hermana lo complementa, y coincide). Me he pasado mucho tiempo negando la existencia de eso, pero la verdad es que por complacer a otras personas y tratar de encajar, no puedo negar mi naturaleza. Le guste a quien le guste, esa soy yo.

Bueno. Mejor voy terminando porque quiero ir al baño y porque ya es hora de regresar a mi casa. Mi turno ya terminó. Definitivamente escribir me desahoga. Quiero pensar que esta liviandad no significa vacío, sino algo positivo como la descarga de estrés y pensamientos/recuerdos que no me ayudan.

Hasta la próxima, pues.


(Me he gastado como medio sueldo en comprar chucherías de Cyzone y Avon, la chica que limpia en mi sede del trabajo vende y no me resistí... este es el anillo de la campaña "Quiérete: contra la anorexia y la bulimia". Lo compré porque, espero, mi plata vaya a algún fondo que ayude en algo contra esto. Brownie me ha reforzado en la humildad: se puede pelear por algo con el perfil bajo, no tengo que vociferar a medio mundo que yo pas(é)(o) por eso. Aquí tienen mi mano. A pesar de comprarme la talla más chiquita, este es el único dedo donde no se me mueve. La caderita de la articulación de los otros no le permite el paso, sino ¬¬. Ya, dejo de huevear).


viernes, 18 de mayo de 2012

En forma

¡¡¡Ok!!! Veo que mi blog está sin actualizar hace casi un mes :/

Otra vez la dejadez.

No sé qué excusa poner esta vez.

(Y me salió un verso sin mucho esfuerzo xD)


Bueno.
¿Conté que ya tengo un régimen y me subieron la dosis de pastillas? No, ¿No?

En fin. Fue algo así:
Medio a regañadientes, arrastrada en parte por mi conciencia sucia y en parte por callar un poco las voces de quienes se preocupan por mí para poder decirles "Sí estoy luchando", fui a hablar con la nutricionista para que me diera un régimen. Es decir, me recetara cantidades y tipos de alimentos que en modo de trato íba a consumir. Nadie está obligada, obviamente, a seguir su régimen a menos que la persigan o vigilen (Como en el internado, o en el caso de algunas familias). Y como ese no es mi caso, en realidad, he estado haciendo casi casi lo que me ha venido en gana con él. No siempre, a veces. Podría decir que lo he seguido al pie de la letra pocos días, porque realmente es complicado hacer coincidir los horarios y las cantidades exactas de comida. Sobretodo si la que lo controla soy yo, y digamos que ganas no me faltaban de no seguirlo.

Entonces, ¿Por qué lo sigo? ¿Por qué cuando viene la hora del almuerzo me sirvo mi ensalada y me siento contenta?

Porque sé que es lo mejor. Que está bien. Saber que hago lo correcto me hace sentir bien, y eso aminora mi ansiedad y los pensamientos negativos hacia la comida. Boicotear a la anorexia y ser más inteligente que ella es divertido. Y a veces lo logro.

Pero bueno, eso no fue todo: fui a mi cita control con el psiquiatra y nos dimos cuenta de que la cantidad de antidepresivos que estaba tomando no estaba ayudando a frenar mis pensamientos de restricción (Los antidepresivos ayudan a controlar los pensamientos negativos, y además los que me ha recetado mi doctor no elevan el nivel del hambre, al contrario, lo disminuye). Y sí, me indicó subir la dosis. Era previsible que, y aquí viene el meollo del asunto, al frenar mis pensamientos negativos hacia la comida y mi cuerpo, iba a serme más fácil comer. Y efectivamente, "me subió el apetito". En realidad era ansiedad, porque estaba comiendo más (O sea, mi régimen completo). Y este es el asunto:



  • Me siento bien comiendo porque sé que es lo mejor, y me trae orden a mi vida. 
  • Me siento bien porque tomo pastillas que me ayudan a controlar los pensamientos sin elevarme el hambre (Me remito a las pruebas farmacológicas y clínicas para creer esto, a ese punto de desconfianza se puede llegar), y tomo un ansiolítico que me ayuda a bajar la ansiedad al menos una parte del día, hasta que se acaba el efecto.
  • Y no veo que he engordado/subido de peso/ recuperado de forma abrupta ni descontrolada. Tengo una distorsión de la imagen y confiar en lo que veo y siento no es lo más prudente, y este es el mensaje que me dice mi mente sana: no estás gorda, para nada. La ropa te queda tanto o más bolsuda.


Sin embargo, esas neuronas mal programadas me dicen: "Cristal, estás comiendo más --> Ergo, estás engordando". Como si yo fuera un saco al que si se le mete una cantidad de cereal en el desayuno, se llenara y no hubiera forma de que ese cereal desaparezca a menos que lo saque de ahí. Y no, yo no soy un saco de papas. Soy una persona con actividad física, un metabolismo increíble, un antecedente de recuperación satisfactorio y por lo tanto, soy capaz de volver a enfrentarme a ese miedo de "recuperar peso" (Y más con la ayuda de pastillas que me facilitan el cambio mental).

Tengo esas neuronas que me dicen "No comas tanto, sáltate tal comida o come algo menos engordante, cómete 2 chocolates porque te mueres de ganas de comerlos y te mereces un premio (¡Los dulces son un premio!), pero después no comas nada más porque las calorías que habrás ingerido no ameritan que te alimentes con otra cosa... Mira tu cintura, ha aumentado (No me he medido); mira tu cara, se han llenado tus cachetes (En parte mejor, se me veía demasiado demacrada y me asustaba); siente tus brazos, el resto de tu cuerpo, resaltan menos las venas y los huesos, hay una capita casi imperceptible de grasa por todas partes que lo cubre todo y aunque no te hace engordar tan visiblemente (Excepto para tí que eres la que conoce a detalle cada milímetro de tu cuerpo porque lo observa y lo mide sin parar), si se suma indica que HAS ENGORDADO". Y yo, pavasa, les hago caso una gran cantidad de veces a estos pensamientos automáticos que aprendí hace tiempo.

Yo no entiendo cómo es que se creó esa ruta mental de deducción tan ilógica y que tanto mal me hace: "Si como, engordo". ¡Y es que no necesariamente es así! ¿Acaso no gasto las calorías? ¿Acaso mi cuerpo no necesita alimentarse para sobrevivir? ¿Acaso soy una bolsa que no utiliza lo que ingiere? ¡NO!

Así que nada. Ando tratando de normalizar mis ingestas. Horrible, porque han habido días en los que la ansiedad me jaló por los dulces, horrible, porque cuando me salto las comidas después me da miedo volver a comer, horrible, porque comer ensalada todos los días cansa. Horrible, porque ¡¡¡¡¡¡¡no quiero comer bien porque me da miedo!!!!!!!!

¿Miedo de qué?

  • De engordar (Estoy renunciando a dejar mis huesos por mi salud, nada fácil).
  • De perder el control (En realidad, el control se pierde cuando no se come bien, porque el organismo no olvida cuando no comió, acumula el hambre, se convierte en voracidad y ansiedad por comer y vienen los atracones).
  • De dejar de ser yo si se va mi enfermedad (Irónico, porque estando recuperada me sentía feliz de ser yo. Pero vuelve lo antiguo y conocido y vuelvo a sentirme confiada y cómoda. Soberbia, autosuficiente).


Y ese es un tema que últimamente hemos estado viendo en terapia:
Es como que lo más difícil de la recuperación, sobre todo en nosotras, las crónicas, es el dejar la vida del TCA; hemos pasado tanto tiempo mal que actuar de forma enferma se quedó como forma de vivir y de enfrentar la vida: ante emociones fuertes o desagradables, ante eventos negativos, ante críticas o frustraciones, aplaco mis emociones o las tapo y simplemente las guardo (No les hago caso y se acumulan), utilizando la comida como chivo expiatorio. Dejar ese estilo de vida se hace raro, como si perdiéramos parte de nosotras. Y da miedo sentirse bien, porque estamos tan acostumbradas a estar mal que empezamos a añorar "esas épocas" cuando "todo iba bien con la comida porque hacía lo que me daba la gana y adelgazaba y tenía un montón de beneficios "(Es completamente verdadero que la anorexia y la bulimia traen muchos beneficios, y esos son los que tememos perder en la recuperación. También es difícil por eso). Y entonces nos boicoteamos, y empezamos a ser "cómplices" de nosotras mismas para a propósito volver a estar mal. Porque se hace raro estar bien, porque "no merezco estar bien", porque "Tanta felicidad no puede ser duradera, algo malo va a pasarme pronto", y efectivamente, nosotras nos lo causamos.

El problema es que esta enfermedad se enraiza y afecta en todos los aspectos de la vida de una, al punto de que se hace una especie de "sello", parte de mi identidad. Me conforma, porque vivo así. Porque no me conozco de otra manera. Dejar de estar enferma da la sensación de convertirse en otra persona. Cuando en realidad, dejar de estar enferma es ser una misma en realidad. La verdadera Cris, la verdadera persona que tú, si me lees, en realidad eres, está escondida en el fondo no pudiendo salir porque la enfermedad te controla, controla tus pensamietos y tus actos y te hace hacer cosas que no quieres. Eso no es tener fuerza de voluntad. Es estar tan enferma que no puedes controlarlo. Porque cuando viene el "descontrol" con la comida, el hambre, nos sentimos mal. ¿Y por qué el resto del mundo, que no tiene anorexia o bulimia, no se sienten mal cuando comen? ¿No será que algo anda mal en nosotras?

A la próxima hablaré de la conciencia de enfermedad. Es un tema muy divertido :)

Por cierto, el lunes fui a almorzar a la casa de Laro. Él estaba con descanso médico porque metió la pata en un concierto y no podía caminar tranquilo. Primero, "para tener el control", le dije: Ok, llevo mi comida. Pero luego pensé: Caray, pero fácil hacen algo que yo sí esté dispuesta a comer, y como los lunes suelen hacer menestras en muchas casas (Por costumbre, no sé). Entonces dije "Ok, comeré lo que hay en tu casa". Pero resulta que había CREMA DE ZAPALLO (Se hace con papa = Carbohidratos), y TALLARINES (Sin comentarios). Ya estaba en su casa. Y tenía la posibilidad de ir a comer fuera. Pero entre gastar plata y desairar a la familia de mi novio, y enfrentarme a un miedo y comer algo que, a decir verdad, me gusta mucho, terminé decidiendo quedarme a almorzar.

¿Y saben qué? No fue tan malo :) 1 o 2 meses atrás no habría sido capaz de tenerlos a menos de 50 cm de distancia: ese día comí algo que me hacía sentir miedo, pero luego me sentí tan bien por darme el gusto de comer pasta, que me gusta, en casa de mi novio, al que amo, y sobretodo, de superar ese reto, que al final estuve tranquila. No feliz, pero sí tranquila. Me sentí como cuando estaba internada y recién me enfrentaba a  comidas nuevas y prohibidas. Y eso me motivó a sentir que sí puedo hacerlo :)   (Sin llegar a vómitos estúpidos de sandía y un paquete de M&M's de maní, que fue el último que tuve y por pava, por saltarme comidas).

Así que nada. No quiero perder la alegría de vivir. No quiero perder la esperanza de sentirme bien (Más allá de estar gorda o flaca... porque ni gorda ni flaca me sentí bien. La felicidad no está en función del peso).

Y me sigo esforzando... medio en broma, medio en serio. Porque no hay nada como tener la conciencia tranquila, sin nada que ocultar.

Ok, ok, Mi conciencia no está completamente limpia, pero sí más tranquila. No miento tanto, oculto menos. A veces soy obediente.

Grrrrrr, me ha salido panza! ¬¬
(¡¡¡Shhh!!! ¿Qué importa? Te apuesto a que nadie más que tú, Cris, lo nota).

¡Ay, el conflicto, el conflicto eterno...!





martes, 17 de abril de 2012

Perfección y aprobación

Estos días han sido de abrir un poquito los ojos antes los problemas que tengo y tomar conciencia de ellos. Mi gran problema es que me quedo en ese punto: Ok, los diferencio, ¿Pero luego qué hacer con ellos? Laro siempre dice que "Con saber cuál es el problema tengo el 50% de la batalla ganada". Yo no sé qué tan certero sea ese porcentaje, él que siempre habla de números, estadísticas, procedimientos y programación Web. Es un cráneo, lo admiro un montón. Pero a veces pienso que no comprende bien la situación de las personas que simplemente carecemos de ese tipo de inteligencia que nos permite seguir adelante cuando nos sentimos mal (Resiliencia).

El sábado me pasó eso: falté a mi clase de teatro y me siento tan mal por eso que no me daban ganas de salir de mi cama. Por eso escribo, porque de verdad quiero conseguir continuidad en lo que escribo, no saltarme tantas cosas que me pasan así suenen banales, porque es muy terapéutico para mí y voy a poder ordenarme. Como cuando escribía mi diario de pensamientos y emociones. Y es eso: Siento miedo, me siento molesta conmigo misma, y obviamente me castigo recortando mi comida.

Con Nelly, mi terapeuta, me di cuenta de varias cosas: Primero, que siento miedo porque percibo muy grandes las responsabilidades que tengo en este momento respecto al trabajo (Porque es un trabajo nada parecido con los que he tenido antes). He de rescatar que a pesar de mi miedo lo estoy haciendo, pero no me convence mucho ese lado positivo porque por el mismo miedo lo retraso, lo hago mal, me equivoco, en fin, mi perfeccionismo está al mando. "Nunca está suficientemente bien".

Segundo, y este es un punto determinante en mi semana, estoy volviendo a tener actitudes de niña. De enferma. De ese, mi rol preferido en mi círculo. Es un círculo vicioso que se retroalimenta de las cosas que suceden (Como me dijeron las chicas en la terapia de grupo, "Mi enfermedad ya está sintomática").

Verán, y esto es común en las personas con Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA): Por carencias de la niñez, necesitamos aceptación de las demás personas, y creo que más aún de la gente significativa para nosotras. Por eso nos afecta tanto lo que nos dicen de nuestro aspecto y eficacia. Creemos lo que nos dicen porque prácticamente somos lo que dicen que somos. Y si aquella persona que tenemos en tan alta estima no nos "quiere" o "valora" o "tiene en cuenta" tanto como nosotras quisiéramos, nos vamos al fondo. Y lo manifestamos tratando de querer llamar la atención.


La necesidad de aceptación, de sentirse querida o perteneciente a un grupo, y por ende el llamar la atención como medio para conseguirlo son COMPLETAMENTE NATURALES en el ser humano. Es un mecanismo de supervivencia. El macho expone sus músculos o atributos masculinos para atraer a la hembra, la hembra se viste de forma llamativa para atraer la mirada de los machos y así procrear. Cada quien expone lo que conoce como su "fuerte", su mejor atributo. Algunos exponen su inteligencia y se sienten recontra bien cuando es reconocida. Otros, su bondad. Otros, su habilidad manual o física. Inconsciente, pero natural. El problema viene cuando las formas de llamar la atención no son adecuadas, saludables. Como en nuestro caso. ¿Quiero que me vean, que me aprecien, que me tomen en cuenta? Perfecto, me lastimo, dejo de comer, vomito. Pero OJO: no lo publico a los cuatro vientos, sino que lo escondo. Me encojo. Me convierto en un ente cuyas emociones están herméticamente cerradas. A ver si alguien se da cuenta de lo encogida, callada, rara, enferma que estoy. Llamo la atención de forma INDIRECTA, no pidiendo ni dando cariño sino haciéndome daño para conseguirlo. Quien dice que no quiere llamarla, miente: en el fondo, inconscientemente, su comportamiento y forma de actuar desinteresada de sí misma, enfocada hacia los demás, siempre perfil bajo y a escondidas de las miradas, está llamando la atención. A mí me pasaba eso. Y mientras más perfil bajo se es, más atención se llama, pero menos querida una se siente, y por eso trata más de pasar desapercibida. Ser "la persona diferente", "especial", "única". A ver si alguien lo nota. Al final no estamos siendo diferentes del resto, que también trata de resaltar de los demás. Incluso de la gente que busca sentir que pertenece a algo y se define por su forma de vestir o la música que oye; llenan su vacío gracias al sentir que son parte de un grupo, pero este grupo se diferencia del resto por ciertos detalles únicos. Al final es lo mismo: llaman la atención.

OJO: no tengo nada en contra de los Punks, Emo, Literatos, actores, bailarines, gays, club de fans ni nada. Es una visión psicológica de este fenómeno de la agrupación. Obviamente, se da porque el ser humano es un ser social que necesita interactuar con otros. Pero no se define por lo que parece, sin por la persona que es.

Duele mucho aceptarlo, es verdad, pero sí, tratamos de llamar la atención, y no porque somos unas engreídas acaparadoras que nos gusta ser el centro del mundo, sino porque tuvimos carencias de afecto. Algún trauma, algún problema, alguna necesidad, y tratamos de llenar ese vacío. Eso no nos hace malas, ni débiles, ni egocéntricas, sino que simplemente es un rasgo humano más. Y aceptarlo es parte del proceso para estar bien, comprendernos y perdonarnos.


Ok, yo llamo la atención. Y en mi caso (TCA) lo hago mediante el cuerpo y la actitud inmadura/infantil/autosuficiente/lo que sea. Yo tengo un poco de todo, pero en la parte más honda de mi enfermedad, como estaba muy débil y no podía sola, me tenían que ayudar. Me convertí en una niña. Y más que nada, en la niña de mamá. Desde siempre me caractericé por ser "la hija buena, bien portada, inteligente, talentosa, y un largo etc". Perfecta, por supuesto. Mantener esa "reputación" ha sido lo difícil para mí, y lo hice tratando de complacer a los demás. Mediante su aprobación. Las personas perfeccionistas buscamos la aprobación de los demás mediante nuestros méritos, habilidades, aptitudes. Manteniéndome niña a pesar de mis veintitantos años, además, me convertía en alguien manipuladoramente dócil, cuya compañía agradaba a "todos", simplemente perfecta. Y eso me convenía, porque al meternos a la gente al bolsillo obtenemos lo que queremos: cariño, atención, inclusive cosas materiales. En mi caso, retuve a mi lado a mi mamá. Me llevaba muy bien con ella, porque en esa época ella necesitaba cuidar de alguien para sentir control sobre mí y mi enfermedad y que las cosas no se le escaparan de las manos, al igual que yo, que sentía control sobre la comida y a la vez me sentía protegida con tan sólo un abrazo suyo.

Y esto, señoras y señores, una vez recuperada y obtenida mi independencia respecto a mi madre, es lo que he ido trasladando hacia Laro. Es como si siempre tuviera que haber una persona alrededor de la cual girar, alguien que me quiera salvar para yo sentirme segura. Es como si tuviera que enfermarme para recién sentir que me quieren. De nuevo, esa forma indirecta de pedir atención, mimos, amor.

Yo no creía que soy perfeccionista hasta hace poco, cuando comprendí que el perfeccionismo no se basa en hacerlo todo perfecto (De eso estoy muy lejos). La persona perfeccionista está siempre en la búsqueda de la autosuperación, "nada es lo suficientemente bueno, siempre se puede mejorar", es increíblemente autocrítica, y sobretodo tiene como máxima personal el "no puedo/debo fallar". Simplemente no es posible. Es tan grande el miedo que muchos dejan(mos) de hacer cosas de las que tenemos miedo para no correr el riesgo de frustrarnos por haber fallado. ¡Y lo peor es que al no hacerlas, se refuerza el círculo, la postergación, y encima nos sentimos peor porque fallamos al no hacerlo!

Y estas son las dos cosas que me han estado pasando últimamente y de las que me he dado cuenta, que me hacen ponerme mal. Tengo mucho miedo de fallar en el trabajo, porque sería faltar a mis estándares de excelencia, y también porque (quizás, en parte) sería como fallarle a mi Laro. Y he ahí la conexión con el otro punto: A lo mejor las cosas nos van tan bien porque yo me esfuerzo en complacerlo. En que me apruebe. Tengo tanto miedo a la separación que me obligo a ser perfecta para él, "hecha a la medida de sus necesidades", incapaz de decirle No o de expresarle lo que me molesta sin sentir culpa y pensar que se va a molestar conmigo. ¡Siquiera eso, que se va a molestar conmigo! ¡Como si eso fuera lo peor que me puede pasar en la vida!

Y entonces me pregunto: ¿Está bien seguir con esta relación tan bonita?, ¿Es en verdad amor lo que siento, o es necesidad?, ¿Él me ama por quien soy o por cómo soy? ¿Seré capaz de seguir adelante si es que terminamos?


Hace un par de días tuvimos una discusión fuerte. Simple: me tomaron fotos tipo modelo en un studio, estaba feliz porque según yo me veía bonita ("Aunque en algunas partes se veía carne"), y fui contenta y orgullosa de mi trabajo a enseñárselas. Esperaba una felicitación y piropos. Ese día me sentía bonita. ¿Qué me dijo? "Lo siento, no puedo seguir viendo esas fotos, sales demasiado mal, estás demasiado flaca y no me gusta cómo te ves".

¿Eso es un cumplido o es una ofensa?

En un momento me vino la típica victimización de "no soy nadie, no deberías estar conmigo porque soy una enferma y te voy a hacer daño y tú te mereces alguien mejor, alguien con quien puedas salir a la calle sin sentir vergüenza o a comer sin preocuparte por los precios o lo que come". Él me dijo algo que sí me dolió: "Efectivamente, ya no está eso de ti que tanto me gustaba: tu fortaleza. Te estás dando por vencida. Antes eras muy ordenada con tus horarios, seguías tu régimen y estabas convencida de las cosas. Has cambiado" Obvio, mi autoestima ha bajado, no busco lo mejor para mí, estoy enferma. Pero eso no significa que por ello me voy a condenar a seguir estándolo. Tengo que luchar. Y por eso reiteré una decisión que ya había tomado días atrás: voy a seguir un régimen. Uno con nutricionista, quien me monitoreará regularmente. Eso implica subir de peso, engordar recuperar mi peso... pero hasta de eso soy capaz de hacer con tal de que él esté contento y la relación siga. Y en parte, con tal de estar bien. SANA. Capaz de hacer una vida normal.

Eso es enfermizo. Está bien mi decisión de seguir adelante, de volver a vencer a este monstruo que soy yo que ya tenía dominado, pero me da rabia porque creo que debería haberlo decidido por mí y para mí, no por motivación prestada para complacer a una persona que quién sabe, tenemos proyectos y planes a futuro (Hasta nombres de hijos) pero puede que en algún momento termine.

Eso de terminar me da pavor. Yo no creo que las cosas se tiran a la basura, hay que luchar por ellas y arreglarlas. Creo que esto es solucionable. Pero no sé qué tan convencida estoy de ello, y qué tanto lo hago para que me deje de molestar y qué tanto es porque quiero estar mejor para tener un futuro (Con él). Y qué tanto lo hago para YO tener un futuro, el que sea, pero uno en el que me sienta eficaz y valiosa.

Lo peor, la cereza del pastel: la premisa de Laro es "No puedo/quiero estar con una persona enferma". ¿No será que me he dejado enfermar a propósito para probarlo, probar si me quiere, si se queda a pesar de mi problema, o simplemente para que me deje y así yo tenga una razón más para ser infeliz?

Ya ni sé.

Me siento muy insegura. De mí misma, de lo que debo hacer, de lo que realmente está pasándome, y sobretodo en estos últimos dos días, de su amor. Lo único que sí sé (Y que, contradictoriamente, no me termina de convencer) es que estar sana y liberarme de mi enfermedad lo vale todo. Todo el esfuerzo, todo el dolor y el miedo. Por miedo dejé de hacer lo que estaba bien... Es hora de superarlo.

Sorry por el post largo.




lunes, 9 de abril de 2012

Eso era

Estoy de pasadita.

Me he estado haciendo auto-publicidad. Creo que un problema compartido es menos problema, y prefiero compartirlo con quienes están en proceso de recuperación antes que compartirlo con quienes están tan a oscuras que no van a querer ni poder entender lo que digo.

No tengo mucho tiempo para escribir ahora, sólo cuento que hoy tuve mi terapia por fin con Nelly. Conclusión: estoy pensando demasiado en los demás y poco en mí misma. Desplazando mi dependencia con mi mamá hacia  mi Laro (Mi novio). Y muriendo de miedo de fallar y de que me deje si hago las cosas mal, porque soy su asistente y vendedora principal en su empresa. Ya contaré eso en detalle: mucha presión, personalización de los problemas llegando a un "yo soy la causante, es mi culpa, no sirvo", y ese tipo de cosas.

Lo bueno: aún a pesar de ese miedo feo que siento de no ser capaz, ¡lo estoy enfrentando y salgo a trabajar todos los días! Yo creo que ese es un avance. Para mí, para cualquiera con este problema, que preferimos escondernos bajo las faldas de alguien o reducirnos para enfocarnos en el cuerpo y no en los problemas de la realidad.

Igual, voy a pedir mi régimen de nuevo porque tengo que alimentarme mejor.
(Grrrrrrrrr)

Bueh. A ver si vuelvo a escribir pronto :)

jueves, 16 de febrero de 2012

Recaída II


Ayer fui al psiquiatra y gracias a Dios coincidió con mi suposición de que, efectivamente, estoy en un proceso de recaída cognitiva y emocional que me pone en riesgo en mi TCA, y que la depresión de nuevo está presente. Además de los ataques de angustia (Que creo que es otro grado de ansiedad), en los que siento mucho miedo y ganas de llorar de la nada. Hace unos días recogí mis maletas con las cosas de mi internamiento (Después de casi un año! Imagínense!), y encontré muchas cosas interesantes ahí: desde mis materiales de arte, ropa, dinero... hasta pastillas. Así que como ya me había estado sintiendo bastante mal muchos días, decidí automedicarme con una benzodiacepina ansiolítica. No estoy a favor de eso, y se lo conté a mi psiquiatra. Mi mamá lo sabe. Y creemos que era necesario.

Y es que cuando una tiene ya la tendencia, digamos, gracias a un problema biofísico, el uso de pastillas para encontrar cierto "equilibrio" es necesario. La depresión, además de poner(m)e irritable con todos (Hasta con Laro y mi mamá) y hacer que me aisle (al punto de no querer salir a la calle o que me rocen extraños en el micro, mucho menos tolerar conversaciones ajenas y criticarlo todo), muchas veces se acompaña de ansiedad, y de forma característica, está asociado con el TCA. Es MUY probable la aparición de uno si está presente el otro.

El proceso de recaída es tan sutil, tan gradual que una casi ni se da cuenta de cuando pasa. Poco a poco una situación re-activa un pensamiento que ya se había guardado en la cajita de los recuerdos y con los días y las repeticiones va tomando fuerza hasta que una se la vuelve a creer. Tiene mucho que ver con la baja tolerancia a la frustración, a que las cosas no salgan como una se las espera, por ejemplo. Yo no estoy en el punto en el que estaba antes, porque me he dado cuenta "a tiempo" (Tarde porque ya estoy ahí, pero a tiempo de frenarlo antes de que pase a comerse mi cuerpo... más). Poco a poco también se empiezan a activar los rasgos de personalidad enfermizos que acompañan la enfermedad, y en mi caso, mi autoderotismo (O masoquismo) me hizo querer autoboicotearme casi casi inconscientemente: resurgió el miedo a perder a Laro por yo "ser así", "porque se aburra de mí o se canse de tener a una novia enferma", y le pedí un tiempo. Un tiempo que obviamente me iba a poner más depresiva, no porque sin él no puedo vivir sino porque él me apoya muchísimo y me ayuda a sentirme mejor. Así que (al día siguiente) volvimos, reafirmados en que queremos estar juntos. Esta situación me ayudó a por fin hablar con mi mamá y decirle las cosas que pienso de ella y en qué me ha estado faltando el respeto o qué no me gusta (A veces se pasan, ella y mi hermana). Después de todo, algo bueno surgió de tanta oscuridad. Y una de esas cosas, la resolución de medicarme de nuevo.

Así que por fin mi Shrink me recetó mis antidepresivos para ayudarme a controlar esos pensamientos que tengo y que me generan esa tristeza, y el ansiolítico sólo en casos de emergencia cuando me sienta muy mal.


Pues bien: hoy estaba en mi clase de baile (Mi prima me hace entrar gratis. Bailo sexy dance, y mi prima me ha puesto por primera vez en el grupo que hace la coreografía compleja, para reirse). Ya me había tomado mi dosis de AD, no quise tomar el AL xq sé que es adictivo... y de pronto, el salón se puso más oscuro y se empezó a achicar. Mis compañeras estaban en un mundo distinto al mío. No me concentraba en los pasos, creo que ni sabía qué hacía. Me entró mucho miedo, angustia, como si me fuera a desmayar del pánico que sentía, ganas de llorar y de salir corriendo. Tuve que tomarme el AS. No creo (Espero) que en una semana de tomarlo diario haya creado dependencia, voy a tratar de bajarle la dosis. Pero esta es, una vez más, una comprobación de que algo anda mal en mi organismo.

Qué es lo que hace que una persona recaiga?
En primer lugar, y lo pongo aquí sólo por mi experiencia (Porque no sé si está en primer lugar pero creo que influye mucho) es por la suspensión de los medicamentos, y la posterior exposición a muchos estímulos de riesgo de los que ya hablé. En mi caso, hubieron muchos disparadores, situaciones a las que me expuse (Y me sigo exponiendo), factores de mi carácter y por supuesto y ahora lo incluyo, la falta de medicación.

Una vez alejada del ambiente terapéutico y seguro, e iniciado quizás el proceso de recaída, pasan varias cosas:

- Disminuye la motivación para mantenerse bien: "me rindo", "me cansé de ser la chica de la autoayuda, de tratar de verlo todo positivo o ser la única que cambió en mi casa". Ya no recuerdo ni veo mis logros, sólo mis errores (Y más si me corrigen a cada rato o me dicen que debería o no hacer), y entonces pienso que quizás, o no vale tanto la pena estar bien, o bajo la guardia y me sigo exponiendo a cosas que me hacen daño.

- Todo esto puede suceder porque varían mis prioridades. Por lo general, después de un tratamiento una está con un régimen y horarios establecidos, pero aparece el trabajo, los estudios, los amigos o el novio y la hacen pensar a una que "bueno, esta vez me dormiré a las 2am" (Conducta que se sigue repitiendo). O "Bueno, es el cumpleaños de Fulanito y quiero ir, así que estudio el doble mañana" (Y obviamente no lo hago, jalo y me siento mal). Por lo general, nos vamos hacia lo fácil, lo que es inmediato y que nos da placer. Es muy difícil decir que no. Y si obviamente fracasé porque elegí mal porque mi prioridad no fue la adecuada, se me activarán pensamientos y bajará mi motivación.

- Además, cuando una se acostumbra a la vida diaria, va ganando experiencia en hacer las cosas bien pero también aumenta la soberbia (Elemento esencial en este proceso) y olvida las cosas que hay que evitar. Nos olvidamos de los riesgos, no pensamos en los pros y contras de lo que hacemos y nos exponemos más y más.

- Para coronar la situación, una piensa que lo puede controlar, pero en realidad no se está observando. Pensé que era más segura de mí misma y que no necesitaba, por ejemplo, escribir en mi diario lo que me molestaba y cómo reaccionaba, anotar qué comía para chequear cómo va la restricción o la sobreingesta, olvidé autoobservarme. En parte por flojera, en parte por culpa y vergüenza de ver lo que no quería ver.

Y son esas, la culpa y la vergüenza, lo que impiden que se tomen cartas en el asunto.
Porque cuesta decir "me volví a equivocar", "no estoy bien, ayúdame", "Tengo problemas en lo mismo"; la vergüenza, la culpa, la frustración, la cólera y la desesperanza son tan fuertes que nos hacen callar por miedo a lo que dirán los demás (Así como al inicio, cuando daba miedo y vergüenza aceptar que tenemos un problema, pues ahora lo da el doble aceptar que lo volvemos a tener). Callo, no me expreso, me guardo lo que pienso, me como mis pensamientos y vomito mi rabia y frustración hacia las cosas que me hacen sentir mal. Minimizo mis conductas diciendo "Sólo fue una vez", "No estoy tan mal como antes", me justifico comparándome con mi yo anterior o con otras personas, o (peor aún) echándole la responsabilidad de mis actos a las situaciones y a las personas que "hicieron que me sienta mal y que por lo tanto justifico lo que hago" porque es una manera de querer tener la razón.


Entonces, ¿QUÉ HACER?
En primer lugar (Y ahora sí es un primer lugar):
- Obervarme y determinar cuáles son mis SAR (Que también pueden ser situaciones positivas que generen ansiedad) y EVITARLOS!!!!!!!!!! Si sé que algo me hace sentir mal, ¿para qué exponerme? Muchas veces pensamos que "algo no me hace tanto daño como antes, ya lo superé". pero lo cierto es que el malestar no se refleja inmediatamente: se acumula. Y llega un momento en que finalmente se manifiesta, y no es de la mejor manera. Aprendamos del pasado, recordemos todo lo malo que nos trajo, y observemos el presente.

- Desarrollar un plan de emergencia: qué haré si se presenta un SAR. Si no puedo evitar exponerme a una SAR (En mi caso, por ejemplo, un evento social o entrar a una tienda de comida), aplicar alguna técnica de distracción, bloqueo de pensamiento, o incluso ESCAPAR de la situación.

- PEDIR AYUDA! Dios, no podemos solas! En un primer momento, si veo que me siento mal en un momento, que siento ansiedad o muchas ganas de vomitar lo poco que he comido, o por lo contrario que me cuesta interactuar con las personas o acercarme a la mesa a comer, decírselo a alguien en quien confíe mucho. El miedo compartido es menos. Si lo temido ya sucedió, si tuve un desliz, hablarlo con alguien también es de gran ayuda. Yo tengo a varias personas en las que sé que aunque me cueste llamarles o escribirles a decirles algo tan feo, me van a escuchar y van a entender que estoy enferma. Negar el problema sólo lo hace más grande. Además de eso, para algo a más largo plazo, hablar con alguien capacitado para orientarme y ayudarme: un terapeuta! CRIS, ANDA A TERAPIA!

- Si el problema es el TCA y tuviste un desliz y vomitaste, o comiste de más, o te saltaste la comida, vuelve a tu régimen. Crees que por un error todo se va al tacho? TE EQUIVOCAS. El hambre llama al desorden. "La comida es tu medicina". El cuerpo la necesita, así no queramos, para subsistir y también para sentirnos bien. El hambre pone irritable, de mal humor, lo creas o no (Lo recuerdes o no, Cris).

- Creer en una fuerza superior que nos puede inspirar a estar bien y darnos la fuerza para no caer. Sea Dios, la naturaleza, Buda, tu ángel de la guarda: está comprobado que creer en una fuerza superior ayuda a sentirse bien. Ojo: no me refiero a ser una devota, ir a misa dos veces por semana, proclamar la palabra de Dios o aferrarme a una religión que, en realidad, para muchas es bastante decepcionante y de la cual provoca alejarnos. Creer que algo superior existe es bueno, más allá de que sea verdad o no, porque nos hace sentir bien. Si lo quieren poner como que es una necesidad del hombre, ok, lo es: por lo tanto debe ser satisfecha. Así que, si no quieres creer en Alá o en el buen Jesús, cree en la fuerza de la energía, en la sensación que da un atardecer, y búscalo para sentirte bien. Esto incluye también la oración y la meditación.

- Y hablando de meditar: aprende a relajarte. Existen técnicas de relajación y respiración que ayudan a calmar la ansiedad (Pero sólo si son bien aplicadas. Es muy común que a la primera que lo intentemos no funcione porque claro, estábamos en un ambiente bullicioso o no lo hicimos en serio; pero millones pueden asegurar que funciona de maravilla una vez conseguido el truco). Además, una vez dominado, es altamente recomendable como recurso inmediato en casos de urgencia para manejar la ansiedad, como cuando estás en la calle o antes de un examen importante. Ojo: no para dummies. Hay que practicarlo.

- Autoobservarme: escribir un diario, registar mis avances y caídas, conocerme, escuchar lo que pienso y quiero. Esto ayuda a comprenderme y darme lo que necesito. Existen técnicas como los registros de pensamiento; darse un espacio (Como cuando estoy dentro de una discusión y no controlo mi ira, o no me siento bien y estoy cumpliendo con mis labores); observar qué pasa con mi cuerpo.

- Tener una lista de lugares de soporte, y un grupo de soporte en el que se pueda hablar de lo que pasa. No estamos solas, millones pasan por lo mismo y nos comprenden. Somos nosotras las que debemos aprender a hablar. Si no nos expresamos, no nos van a entender.


- Bloquear y reestructurar: son técnicas de las que hablaré con detenimiento luego.

Esto es todo por hoy. Sé que es mucho, espero no cansar. Pronto tendrán más noticias de mí.



miércoles, 25 de enero de 2012

Sobre recaídas

Ayer tuve una conversación muy bonita con Ross que me motivó a seguir moviéndome y avanzar. ¿Por qué hago las cosas que hago? No lo sé. Bueno, sé que está mal, y sé que no está bien que se repita. Hoy me he esforzado y he comido mejor (No sé cuánto me dure, pero ya empecé y creo que puede funcionar).

Así que por eso escribo. Porque me motivé a transcribir de una buena vez esas terapias que están almacenadas en mi cuaderno de internamiento y nunca puse en práctica (Luego no me puedo quejar de estar mal). Hoy tuve grupo y el tema fue acerca de la prevención de recaídas. Justo de lo que quería hablar. Mi conversación con Rossie fue acerca de la solución de problemas, pero la técnica utilizada en ello, a mi parecer, es más avanzada, y personalmente creo estar aplicándola más de lo que aplico las cosas de las que hablamos hoy y sobre las cuales quiero hablar en este post. Así que, progresivamente, una vez a la semana de ser posible, soltaré técnicas y reflexiones de mis cuadernos. Y empiezo hoy hablando sobre el control de recaídas.

Primero: ¿Qué es una recaída? Una recaída es la suma de varios resbalones que conllevan a un estado de enfermedad. Lo pondré con ejemplos, y siempre míos a menos que advierta que no lo es. Y dice así: en el tratamiento nos dan permisos para salir algunas veces al mes, y en esos momentos, luego de semanas lejos de las tiendas y los supermercados, es natural que se nos antoje un chocolate. Pues bien, va Cristal a su casa y mete en el carrito de las compras un chocolate. Luego de eso, en su casa encuentra una bolsa de caramelos y se come 5, todo esto entre el desayuno y el almuerzo. Teniendo en cuenta que yo tenía problemas con la cantidad de dulces que ingería (Con los cuales reemplazaba D-A-C), ¿Significa que me estoy metiendo un atracón, o que de nuevo estoy desordenando mi alimentación?

NO. A esto se le conoce como Resbalón o Desliz. Un desliz es una conducta sintomática aislada.

¿Cuál es el asunto con los deslices? Son alarmas de que algo no anda bien. El tratamiento, la vida misma NUNCA va a ser lineal, van a haber altos y bajos de ánimo, de dinero, de bienestar. En los bajos, es esperable que hayan deslices. El problema es cuando estos resbalones se hacen cada vez más frecuentes, y mpas fuertes, y más duraderos, y acompañados de mucho malestar y pensamientos negativos. Es entonces que se llega a una Recaída.


¿Esto quiere decir que podemos tener atracones, o vomitar un plato de ensalada o no almorzar un día sin que signifique nada? Sí y no. Podemos equivocarnos, es de esperarse y "es natural". Lo que no está bien es quedarse en la acción y no salir de ella. El desliz sirve como alerta de que algo me está molestando, o de que algo no hice bien. Pero culparme o tirarlo todo por la borda porque "iba 1 año sin saltarme una sola comida y ahora me estoy restringiendo" no ayuda. Al contrario: predispone a una recaída. ¿Por qué? Porque la recaída implica perder la esperanza en que vale la pena estar bien. Una Decide volver a estar mal .Es verdad que también se decide cuando se tienen los deslices, pero en la recaída el nivel de decisión es diferente. Es más crucial. Es más definitivo. Y es importante recalcar que siempre se puede volver a intentar. Siempre, después de cada resbalón, es necesario volver al camino y replantearse lo que hice, para no volver a cometer el mismo error.

Ahora, pues: ¿Cómo evitar una recaída?

En primer lugar, es importante conocernos a nosotras mismas y cómo funcionamos, y cuáles son las cosas que me pueden hacer caer. A toda persona, objeto, lugar o situación que pueda propiciar un desliz se le conoce como Factor de riesgo. A continuación los pongo en una lista y doy un ejemplo personal.

Factores de riesgo:
- La presión sobre el peso: sobretodo aquellas carreras en las que la apariencia es lo que prima. Por ejemplo, actrices, anfitrionas, cantantes (Justo lo que yo hago).
- Emociones: Las emociones negativas pueden llevar a un desliz como manera de desahogo o paliamiento.
- Hambre/llenura: sensaciones fisiológicas como éstas pueden desencadenar malestar, o recuerdos.
- Soledad: En estadíos tempranos del tratamiento sobretodo, la ausencia de alguien que regule puede ser una buena oportunidad para llevar a cabo la conducta. ¿Quién no ha aprovechado la ausencia de sus padres o de las personas con las que vive para dejar de comer o vomitar?
- Conflictos: En mi caso es muy típico que cuando hay discusiones en casa o algún problema familiar fuerte, me estrese o me sienta triste y por lo tanto empiece a comer de menos (O de más). También incluye los problemas de pareja, por supuesto.
- Algunas comidas: sea porque trae recuerdos o inspira temor, ingerir ciertas cosas nos puede llevar a portarnos mal. En mi caso, por ejemplo: los carbohidratos y las grasas me atemorizan.
- Lugares habituales: cuando regresé a la universidad y pasaba por el baño donde solía vomitar, recordaba cómo me sentía y me inspiraba una mezcla de pensamientos y emociones que me confundían. Muchas veces una canción o un lugar puede disparar recuerdos.
- Cambios en la alimentación o en el peso: cuando una no está acostumbrada a comer ciertos alimentos que no están dentro del régimen (Por ejemplo, Navidad) o tuvo un problema estomacal y tuvo que estar a dieta por lo que adelgazó un poco (Dentro del tratamiento, sin intención), el orden se desequilibra y pueden haber deslices.
- Enfermedades: diarreas, fiebre, dolor de cabeza, resfrío. Cualquier cosa altera el apetito.
- Viajar: Cambiar de ambiente incluye cambiar de hábitos. Y esto puede ser peligroso si aún no se ha adquirido la capacidad de equilibrar y escoger lo que se va a comer.
- Verano: ¿Tengo que explicarlo? ;)

Otros factores que a mí me puedan propiciar una recaída:
- Ponerme a dieta.
- Dejar de escribir o expresar mis emociones.
- Desordenar mis horarios por las actividades que tengo (Falta de tiempo).
- No ir a terapia.
- Discusiones con mi hermana, mi mamá o mi papá.
- La muerte de alguien, o separarme de Laro.
- Cualquier evento que me deprima: por ejemplo, lo actual: dejar de estudiar.
- Cualquier evento que me de miedo: tener que responsabilizarme de mi vida.
- Un evento social que incluya comida: una cena, o un cumpleaños en un restaurante buffet.
- Una presentación: sea anfitriona o personaje, siempre querré verme bien en el escenario-frente a las cámaras.

Exponerme a uno o varios de estos factores de riesgo, como el nombre lo indica, me expone y aumenta la probabilidad de un desliz.

Todo lo anterior sólo se puede conocer luego de hacer un análisis serio a las cosas que me propician sentirme mal o que activan mis pensamientos. Recuerdo que en un momento, absolutamente todo lo que hacía o a lo que me exponía significaba una conducta. Actualmente sí son cosas que me estresan, pero no llegan a provocarme el vómito o una restricción. Por esta razón es necesario conocerse y saber cómo funcionamos, porque de lo contrario no sabré a qué cosas no debo exponerme si no quiero ponerme mal. Una forma de empezar a conocerme es, justamente, escribiendo. Haciendo un diario en el que apunte las cosas que pasaron, las emociones y pensamientos que tuve y las cosas que hice a raíz de ello, es la mejor forma de conocer qué cosas me hacen daño y cómo funciono. A esto se le llama "Registro terapéutico" y hablaré de ello en otra oportunidad.

En el siguiente post, tips para evitar o controlar una recaída.

:)

(Mañana tengo una entrevista de trabajo en la mañanita. Debería estar durmiendo T_T)

martes, 7 de junio de 2011

Nueva vida, nuevo blog! :)


Por fin puedo volver a escribir!!!!!

Por una cuestión casi de orgullo no quise escribir en mi blog antiguo. ¡Y es que ya que le había puesto punto final y post-data!

Han pasado 3 meses desde que me dieron de alta en el internamiento. Puedo decir que fue la experiencia más constructiva que he tenido, y no me arrepiento ningún segundo del tiempo pasado allá (A pesar de las muchas cosas q tuve q vivir). La única parte de mí que se arrepiente es mi parte enferma, porque como entenderán, es esa parte de mí la que quiere que las cosas sigan como eran antes, y que a veces se puede entrometer en lo que hago ahora.

Muchas pensarán que luego de estar tanto tiempo en tratamiento debo haber terminado perfectamente sana. ¡Pues no es así! En realidad, y puede que suene trágico, la anorexia y la bulimia no se curan. Sólo puedes recuperarte, rehabilitarte. Es exactamente igual que con las adicciones (Porque te vuelves adicta a ciertas sensaciones y cierto equilibrio generado por la mala alimentación. Nuestro cuerpo es maravilloso y se adapta, hasta ciertos límites). Por eso puedo decir que yo no estoy curada, mas sí que estoy bien porque no manifiesto signos.

Valga la redundancia: Me alimento 4-5 veces al día, ingiero carbohidratos, proteínas y vegetales en cantidades adecuadas; casi no consumo comida chatarra (Mi historia con las golosinas es un tema aparte), tomo bastante agua, duermo alrededor de 8 horas al día, no hago ejercicios excesivos… Conductualmente, la cosa va mejor que nunca.

Es dentro donde se encuentra el problema.

El no manifestar signos visibles no significa que no tenga la enfermedad. Ésta sigue ahí, latente, esperando algún descuido mío para poco a poco, si me mantengo en alguna actitud que me pueda debilitar, poseerme de nuevo y convertirme en su esclava. Por eso no me atrevo a bajar la guardia.

Pero tampoco es fácil. O sea, se me ha hecho un hábito sentir hambre; mi organismo ahora está ordenado y me pide comida cuando tiene que pedírmela. Antes yo no entendía el por qué de mi desorden a la hora de comer,  podía no necesitar desayuno, pasar el día comiendo dulces y cenar tanto que me generaba culpa. Cuando estuve muy mal, simplemente no diferenciaba hambre de saciedad y de gastritis. Creía que si al rato de terminar de comer me ardía el estómago, tenía que volver a ingerir algo porque “no era suficiente”, y eso luego generaba culpa y restricciones. Yo creo que el haber obtenido estos buenos hábitos ordenados y balanceados de alimentación me están ayudando enormemente a realizar mis actividades con éxito (Soy más funcional que nunca). Pero esto tampoco significa que lo haga de mil amores.

De hecho, lo tomo más deportivamente que nada. Si bien me gusta comer y me siento feliz y liberada cuando a la hora del almuerzo me presentan un rico plato de comida tibia, hay (muchas) veces en que me cuestiono la calidad y cantidad de lo que me sirven.  Mis pensamientos de anorexia siguen ahí. Más suaves, más camuflados, pero ahí están. Me sigue preocupando verme bien, pero ya no es una obsesión ni prioridad. No volvería a dar mi vida por ello. Y creo que mientras me mantenga sabiendo a qué pensamientos creer y a cuáles no, podré seguir estando sana.

Es verdad, la anorexia no se cura… pero sí se puede controlar.

¿Cómo? Con ayuda. con esfuerzo. Con práctica. Con tiempo. Con paciencia. Con cosas y técnicas de las que seguiré hablando a lo largo de este blog ;)

Yo aprendí a hacerlo. Y creo que si yo pude, todos pueden J