Este es un blog de vivencias y reflexiones de una chica que busca la manera de plasmar su interior en algo tangible como las letras.

Aquí encontrarás hartas anécdotas y también procesos mentales, de esos enredados pero que buscan explicar lo que sucede en la vida y así encontrar un sentido. Encontrarás ejemplos de cosas que no hay que hacer; confesiones amorosas, de esas que toda chica necesita contarle a su mejor amiga; quejas y lamentos, letanías de alguna época mentalmente negativa; pero también hallarás decisión, actitud, fuerza y valentía (O al menos un sincero intento de ello).

Espero motivarte a seguirme. No sólo en lectura, sino en este trabajo interno, esta búsqueda de bienestar.

Seamos luz en medio de tanta oscuridad.


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viernes, 27 de abril de 2018

El infierno está lleno de buenas intenciones

Me encantaría saber la opinión de quienes leen esto. Yo no sé determinar si esto se trata de acoso o no.

Esta es la situación.

Tuve una relación muy bonita, armoniosa y llena de amor con El Mago desde enero de 2015 hasta enero de 2018. Tuvimos altos y bajos como cualquier pareja, tuve mis dudas existenciales como cualquier persona y él tuvo sus momentos de terquedad e insistencia como muchos hombres con los que me he relacionado (¿patrón en mis relaciones?). A mediados ne noviembre del 2017 nos distanciamos debido a que fui internada en una clínica psiquiátrica porque intenté suicidarme. Continuamos la relación a distancia, pero debido a situaciones fuera de mi alcance y de mi conocimiento, decidí que lo mejor iba a ser terminar.

El Mago es un personaje. Creo que, tratándose de alguien relacionado íntimamente conmigo, no habría que extrañarse de que lo sea. Es de esas personas de buenas intenciones que puede llegar a hacer daño sin darse cuenta. Porque está hecho de eso, buenas intenciones, y por más buenas que sean, no siempre llevan  a acciones 100% positivas para otros.

Dice Vallejo: nuestros padres
"se comprendieron hasta creadores
y nos quisieron hasta hacernos daño."
(Trilce: Poema LVI- Todos los días amanezco a ciegas)

Hace un rato debatía con un nuevo amigo, lo llamaré El Filósofo ardiente, sobre la naturaleza de la bondad. Al final, y esto es algo de lo que solía debatir con El Mago, la bondad no siempre es buena. Él cree que siempre lo es. Yo estoy dudándolo.

Debería empezar por el principio, creo.

Tomé pastillas por varias razones personales, entre ellas, que no me veía futuro, estaba descompensada químicamente porque me desordené en mis antidepresivos, y me había peleado con mi mamá. El Mago no tenía que ver en esa decisión, había sido mi soporte durante todo ese tiempo. Yo estuve dopada desde el 12 hasta el 15/16 de noviembre y sólo recuerdo algunos momentos cuando me hablan de ellos.

En palabras de mi familia, El Mago celebró que yo tomara esa decisión y dijo que "si me moría, me iba a extrañar un poco, pero que luego se le pasaría".
En palabras de mi familia, El Mago convenció al médico de turno en la primera visita a emergencias para que me dieran de alta porque "lo que mejor me iba a hacer era estar con él", cuando en realidad debía quedarme bajo supervisión psiquiátrica (esta decisión determinó que yo tome pastillas de nuevo al día siguiente y empeorara las cosas).
En palabras de mi familia, El Mago se molestó cuando, en la segunda visita a emergencias, no fue su opinión la que se tomó en cuenta sino la de mi mamá, ya que no estamos vinculados legalmente y yo sigo viviendo con ella. Mi mamá quería que me internen por mi bien, él quería cuidarme desde casa.
En palabras de mi familia, se molestó tanto que empezó a "alucinar" que mi mamá nos quiere separar.
En palabras de mis amigos, El Mago les escribió y buscó para recabar pruebas de que mi mamá quiere controlar mi vida y separarme de él.
En palabras de mi familia, él fue a recoger una notita que le había escrito y trató muy mal a mi mamá en la puerta de mi casa.
En palabras de mi psiquiatra, le mandó un mail de 17 páginas con extractos de conversaciones manipuladas en las que demostraba que mi mamá quería separarnos, y tuvo una reunión con él en la que el 70% del tiempo hablaron de él y el 30% de mí. No pidió disculpas por ninguna actitud y más bien ratificó su postura.
En palabras de mi familia, pasó por alto muchas indicaciones terapéuticas relacionadas a cómo comportarse conmigo, por lo que tuvieron que intervenirse las cartas que nos mandábamos. No respetaba los límites que mi psiquiatra y yo misma le ponía, e insistía en su postura.
En palabras de mi familia, se aparecía en mi casa pensando que yo estaba ahí y que mi mamá le mentía al decir que no era su decisión, sino la de mi doctor, el que no nos podamos ver.
En palabras de él, él nunca hizo nada de lo anterior.

Me fue a visitar dos veces al internado y lo ví una vez estando fuera, siempre acompañada de alguien, en caso "se pusiera violento o hiciera algo en contra de mi voluntad". Salí de alta y me dieron permiso para comunicarme con él vía escrita a mano. Hasta que, mediante carta, le dije que debido a lo tirante de la situación y aún en contra de mi voluntad, lo mejor era terminar. Dejamos de hablar un mes y yo le escribí en secreto, desesperada porque lo extrañaba. Metí la pata en relación al tratamiento y a nuestra relación porque habíamos quedado en distanciarnos. Me fue a buscar y nos vimos un rato en un lugar público y a vista y paciencia de mi cuidadora, que no sabía que debía mantenerlo alejado de mí.
Cortamos de nuevo, a instancia de mi familia, porque él "me estaba manipulando y buscando cuando se le pidió que no lo haga". Estuvimos sin hablar dos meses.

El día 17 de abril hubo un concierto de una banda a la que él sigue y al cual habíamos prometido ir juntos, sea como sea. Yo terminé yendo con mi hermano y no le ví ni la sombra. Al día siguiente me di cuenta de que me había estado escribiendo para ir juntos al concierto y que me estuvo esperando. Consulté con mi familia y mis terapeutas y le escribí una carta a mano explicándole que le había hecho una promesa irreal, que no había estado pendiente de mi mail, que lamentaba la situación, que estaba más tranquila, que prefería no darle esperanzas de retomar la relación y que esperaba que en el futuro pudiéramos ser amigos. Al día siguiente se apareció en la puerta de mi casa con su perro y una mujer que no se llegó a identificar, yo estaba en el supermercado y al enterarse de que estaba ahí, se fue en dirección a éste. De nuevo, no nos llevamos a ver.

Ese día le mandé el siguiente mail:

"Te escribo para pedirte no me envíes mensajes ni vayas a mi casa a buscarme. Estoy en un proceso terapéutico y no deseo comunicarme contigo. Respeta mi decisión, caso contrario me reservo el derecho de iniciar acciones en favor de mi privacidad".

Me respondió a las pocas horas, diciendo que si yo lo denunciaba, él iba a denunciar a mi mamá.

Mi familia y amigos (bueno, sólo la única persona que sabe de este tema) creen que lo mejor es ponerle una orden de alejamiento. Restricción policial, pedir garantías. Antecedente de acoso. Yo leo de su mail que lo que él haría sería defenderse, pero que no quiere iniciar acciones legales porque me perjudicaría a mí. Vamos, que está claramente escrito.

Mi forma de ver la situación:
- Él celebró que me haya manifestado en contra de lo que me dolía, aunque la forma fue extrema y completamente desatinada (tomando pastillas).
- Él no entiende que no es no a menos que se lo diga yo.
- Él considera que sus buenas intenciones para conmigo justifican sus apariciones, cartas, mails, mensajes de texto y tono al hablar.
- Él está en negación, pues me ha escrito que me va a esperar siempre y pero a la vez se contradice diciendo que soy libre de enamorarme de quien quiera y que me ama "en libertad", sin apegos.
- Él no actúa en relación al contexto en el que se desenvuelven las cosas. Él actúa en relación a sus emociones, y eso lo hace estar fuera de la realidad.
- Él no tiene intención de dañarme sino de impulsarme a estar bien, pues cree que su presencia me hace bien y mi familia me daña (uno de los detonadores de mi crisis de noviembre).
- Él NO ES MALO, PERO ESTÁ ACTUANDO MAL.

Yo he estado tranquila y hasta pensando en futuro y flirteos con otras personas (aunque no he concretado nada porque una parte de mí aún le guarda luto a mi relación con El Mago).
Yo he logrado mantenerme ocupada y dejar de extrañar a El Mago, dándome cuenta de que podría seguir adelante sin él como pareja, esto último con mucha culpa de por medio. Pero ahora que ha vuelto a aparecer pienso en lo bonita que fue nuestra relación, tengo miedo de no encontrarme con un amor tan desinteresado, y, sobre todo, en dañar lo que queda entre nosotros, pues quiero poder ser su amiga en un futuro. Un cariño tan grande no debería mancharse por las acciones de ninguno de los dos, y estoy tratando con todo mi ser de no perjudicarlo. Tengo miedo de que si pido garantías, nuestra relación se mancille más y más y sea imposible perdonar y querernos como amigos más adelante. Él siempre habla en términos de luz, perdón, amor y comprensión, pero sus palabras no terminan de ser coherentes con sus actos, y él NO LO ENTIENDE.

Y este es el gran dilema al que me enfrento, en medio de una recuperación emocional y mental que no tenía nada que ver con el tema de pareja. Porque si atenté contra mi vida fue por mi propia percepción de mí misma, no porque tuviera problemas con quien ahora me quita la tranquilidad. Porque ha llegado el punto en el que, lo acepto, tengo miedo de salir de mi casa y que me aborde con el tema. Yo quiero estar tranquila, es decir, no tener conversaciones densas, fuera de lugar y encima prohibidas por mis terapeutas.

¿Me convierte en alguien egoísta y malo el ponerle un límite? ¿excluiría la posibilidad de mantener, cuando las aguas se calmen, una relación amical con él? ¿Va a dar su brazo a torcer y leer la situación desde mi punto de vista y no desde el suyo algún día?

Señoras y señores, la realidad supera a la ficción. Cualquier consejo es bienvenido.

sábado, 22 de abril de 2017

Consecuencias a largo plazo de la anorexia y la depresión


¿Alguna vez, queridx lectorx, te has puesto a pensar en qué consecuencias tiene una enfermedad mental/emocional a largo plazo?

Es decir, todos sabemos qué causa tener depresión, y que los trastornos de la alimentación se basan, en parte, en lo mismo.

Y también hemos escuchado muchas historias acerca del desgaste físico que causa la mala alimentación y la tristeza, desde debilidad general y "tendencia a enfermarse", como en mi caso, hasta el desarrollo de cánceres, que si bien no está comprobado al 100% científicamente de que tienen una causa emocional definida, sí hay estudios (y un psicoanalista me dijo hace unos días) que dicen que el estrés causa mutaciones que generan cánceres in novo (Olviden este término, ya no se me da bien hacer de doctora. Ahora mi rubro es otro).

Pues bien, todos sabemos que la mente y emociones influyen en el cuerpo... pero, ¿qué tanto influye una enfermedad de este tipo en el resto de cosas de tu vida? Es decir, vamos, no todo es el físico, y hay muchas áreas que se ven afectadas por estas cosas. Si no lo crees, pregúntate: ¿De qué manera afecta mi "estilo de vida"/enfermedad en los aspectos de mi vida que no son mi salud? Y ahí te darás cuenta de la gran cobertura de estos asuntos y de lo mucho que influye en tu desempeño escolar, laboral, y en tus relaciones, desde el no querer ver a nadie y evitar situaciones sociales para no tener que enfrentar a la comida... hasta hacerle daño a otras personas, sin querer.

Hoy, amigos, les voy a contar una historia. Una historia muy personal, una muestra de cómo te puedes cagar la vida metiéndote en sacos de once varas pensando que "desaparecer" es la solución de todo, y al final terminas cagándole la vida a alguien más. Porque así son estas enfermedades, te afectan en todos los aspectos de tu vida, en diferentes grados, hasta que te lo pueden quitar todo. Incluido el amor de una persona.

Y no lo hago por victimizarme. Lo hago porque recién hoy, 22 de abril del 2017, he sido plenamente consciente de la magnitud de este problema, que no puedo contar a nadie de mi entorno, al menos ahora y así, porque no lo van a comprender del todo, recién tengo cita con el psiquiatra el 1 de junio, y necesito sacarlo para observarlo bien. Sorry, tesis, tendré que avanzar de madrugada.

Yo tengo una hermana menor. Una hermosa y buena hermana menor. Desde pequeñas se empezaron a notar las diferencias entre ambas: mientras yo era callada y sumisa, ella era la alegría andante. Yo cantaba, pero ella hacía bulla. Yo jugaba, pero ella era el juego hecho persona. Tenía un carácter fuerte, si yo hacía algo que a ella no le parecía, me decía "tú, tala", que significa "mala". Eso me hacía sentir mal, vamos, que una niña de 3-4 años no sabe procesar bien que le digan cosas así, no las entiende, y termina creyéndolas. Por mucho tiempo creí que yo tenía algo malo innato en mí, pero ese es otro tema que ya superé. Yo sé que no soy mala. Bueno, el caso es que crecimos siendo las mejores amigas del mundo. Jugábamos a la casita, a las barbies, dormíamos en el mismo cuarto, jugábamos a las princesas, a que teníamos poderes mágicos... Éramos uña y mugre. Hacíamos todo juntas, hasta nos vestíamos parecido. Lo único que nos separaba eran nuestros temperamentos, el mío fácil, nervioso e introvertido, el de ella, un poquito explosivo, extrovertido e independiente. Ella tenía un par de amigas en el barrio y era aguerrida como un niño, no le molestaba ensuciarse y jugar rudo. Era una preciosa de ojos celeste cielo y cabello amarillo fuerte. Hasta me cuidaba en los recreos, cuando las niñas mayores me molestaban. Su personalidad salía por sus poros, mientras yo trataba de agradar a todo el mundo.

Fuimos creciendo, y pasaron muchas cosas, muchas, que nos afectaron a las dos. Es inevitable, es el curso de la vida pasar por situaciones difíciles. No me da pena, ya no. De hecho, pienso que la he tenido más fácil que millones de personas. Sin embargo, nada puede evitar que uno desarrolle depresión, ansiedad o trastornos alimenticios si tiene predisposición a ello y el ambiente lo propicia. Pues bien, yo empecé a dejar de querer jugar a las barbies, pues ya estaba creciendo, mientras ella me pedía que jueguemos. Yo la empecé a rechazar. Simplemente no me provocaba. Prefería encerrarme en mí misma, ver tv, leer, total, "ella tenía otras compañeras de juego y yo no importaba tanto". No me daba cuenta de que yo era irreemplazable.

Esto no es Frozen, amigos, esto es la vida real, y con un final triste, no como el de la película.

Cuando mi depresión empezó a crearme un hoyo en el pecho, y mi primer episodio de anorexia me comía el alma, yo fungí de hermana mayor muy bien. Tenía 12-13 años, y era perfecta. Mi hermana lloraba a veces, en su cama, y yo podía ir y consolarla, haciendo de oídos sordos lo que mi propio corazón me decía. Estábamos pasando por problemas familiares muy complejos y había una gran sensación de soledad en la casa que nos acompañaba a todos. Recuerdo sentarme en la cama de mi hermana, poco menos de dos años menor que yo, y acariciarle la cara hasta que se relajaba y se quedaba dormida. Me sentía bien, útil. No necesitaba nada, ni siquiera ropa, ni siquiera comida, ni siquiera agua. No necesitar equivalía a no merecer. Y conforme ese no merecer creció y yo me acerqué a los 15 años, me convertí en la peor versión adolescente de mí misma. Me cerré por completo. La verdad, no recuerdo muy bien esa época, porque mi mente estaba en otro lado. Sólo sé que no sólo me restringía la comida, sino que me alejaba de las fuentes de cariño, de lo que me humanizaba. Entre ellas, mi hermana. Ella también la pasaba mal, a su manera, y sus reacciones empezaron a ser muy fuertes. Hasta que, de pronto, empecé a desarrollar manías y no toleraba estar cerca de ella.

Así de simple: no la podía tocar. Me daba la sensación de que todo lo que ella tocaba estaba contaminado por su energía. Mi percepción estaba al límite, todo me afectaba, y, en mi cabeza, su temperamento parecía apoderarse de las cosas. Estábamos en una época sumamente difícil, lidiando con cosas muy fuertes, y mientras ella se desesperaba por acercarse a mí, yo luchaba por alejarme de ella. Así de simple: tú tocas eso, yo lo tengo que limpiar o coger con algo de alguien más para no sentir tu energía, que es tan fuerte que no la tolero. Tú te bañas antes que yo, yo no puedo usar la ducha ni 4 horas después porque tu presencia sigue ahí; tú te sentaste en la computadora, yo pongo ropa sucia de nuestro hermano mayor para que aplaque tu sensación en el asiento; te sentabas a mi lado en la movilidad del colegio, me arrimaba lo máximo posible para ni siquiera tocarte y rozaba las partes que tuvieron contacto contigo con objetos como la puerta del carro, o la pared, u otra persona, para limpiarte de mí. Mientras mis otras manías iban cediendo, ésta fue creciendo, al punto de que ya no podía ni escucharla: ni su voz, ni los ruidos que hacía al comer, o al pasar sus dedos por los objetos, o al utilizar objetos como el tenedor sobre su plato, o al respirar, hablar o cantar (Muchos años después me enteré de que eso se llama Misofonía, dale click para aprender un poco más sobre éste trastorno. Esto me sigue pasando, en menor intensidad, y con otras personas). Bueno, pues: ¿Cuál creen que fue mi reacción? CALLARLA. Decirle, primero intolerante pero reprimida, luego a gritos y violentamente, que se callara. Que no hiciera ruido. Que se quedara quieta, que no respirara, que no existiera.


Nadie de la vida real es capaz de recibir la basura de una persona enferma sin terminar afectándose de alguna manera. Nadie. Anna le aguantó a Elsa su lejanía porque es un personaje de dibujo animado, y si fuera de la vida real, porque sus papás le dieron la contención emocional que necesitaba y aprendió desde niña a manejar el rechazo sin mermar su aprecio por su hermana ni su propia autoestima.

¿Se imaginan lo que es que la persona en la que más confiabas, tu referencia, tu hermana mayor, te aleje de esa manera? Ella no era como yo, que se hacía una bolita, lloraba y se autoflagelaba para castigarse: ella me devolvía la agresión con más agresión. "¿Sabes qué?, ¡MÁTATE!", fue lo que desencadenó mi primer corte en las muñecas. En ese momento pensé que tenía razón, y que de verdad quería que me muriera. En ese momento de verdad quería morir, y pensé que era posible haciéndolo así. Muchos años después me di cuenta de que no lo decía en serio, pero el daño estaba hecho. Mi mente se había encargado de recibir e interpretar esas palabras de la manera que le convenía. Ahora comprendo que ella no tenía otra forma de defenderse ante tanta hostilidad. Yo me había convertido en un demonio, era realmente incontrolable, a veces tenían que cogerme entre mi mamá y mi ex-padrastro para prácticamente exorcizarme a punta de limpiezas energéticas tipo Reiki, palo santo y música de Enya en el fondo, mientras yo me retorcía de una rabia y dolor increíbles. 15 años, no tenía idea de nada, no sabía manejar mis emociones, estaba muy enferma, atentaba contra mi vida de mil maneras... entre ellas, rechazando el amor.

Recién de adulta me di cuenta de que el amor era lo que no soportaba, porque no tenía ni un poquito en mi corazón, y cada vez que se acercaba alguien a mí con algo de amor, yo me alejaba como espíritu maligno cuando le acercas la cruz. Eso es lo que pasa cuando alguien está en medio de la oscuridad: no aguanta lo positivo. No tolera las muestras de cariño, no es capaz de entender que hay algo más allá de lo que le pasa.

Mis síntomas eran tan fuertes y evidentes que mi mamá aterrizó un poco y decidió que necesitaba ayuda psicológica. Obviamente, yo la rechazaba. Pero terminé escuchando un poco y aplacando mi ira, y así dejé algunas de mis conductas autodestructivas y volví a sonreír y ser "normal". Pero el daño estaba hecho: mi hermana lloraba por todo, gritaba, reaccionaba muy fuerte, ya no brillaba como cuando éramos niñas. No me hablaba, yo tampoco a ella, casi. Yo estaba demasiado ocupada con mi mundo interno como para mirarla.

Pasaron varios años y tantas situaciones como oportunidades para que sucedan cosas. Me gradué del colegio con honores, me pagaron el caro viaje de promoción (creo yo, por miedo a que vuelva a atentar contra mi vida si no iba), me inscribí en la universidad para estudiar medicina, fingiendo aún que yo estaba bien y que mi familia tenía la capacidad de mantenerme, con esfuerzo, ahí, porque me querían, porque lo merecía y porque era la manera de asegurarme un futuro mejor. Lo cierto es que mientras yo empezaba a tener una vida sin casi tener conciencia de lo que significaba, mi hermana, deseosa de vivir, era olvidada por mis papás. No se graduó, porque no había plata, porque me la daban a mí, para que yo esté bien. No pudo inscribirse en una universidad, porque la mía y la de mi hermano mayor eran muy caras (aquí en Perú la educación superior privada es mejor a la estatal, y "hay que ir a la universidad para ser alguien en la vida"). Se pasó un año tirada en el sofá, comiendo y viendo TV, y en vez de mirarla y preguntarle cómo estaba, yo maquinaba mi siguiente ayuno o atracón. Ella tuvo atención psicológica por poco tiempo, nunca estuve segura si lo dejó porque no le ayudaba, o porque creía que la psicóloga era mala, el caso es que se quedó en el aire, y tuvo que agarrarse de lo que podía: la cocina. Mi papá le pagó un curso de un mes de fotografía, luego se puso a trabajar en starbucks, y luego se volvió a tirar al sillón y posteriormente, a su cama, a ver tv, películas, y comer.

Desde pequeñas, yo guardaba lo que pensaba y no lo expresaba, ni siquiera sabía hablar para defenderme. Mi caparazón era blando. En cambio, el de ella estaba lleno de púas, su lengua era un cuchillo bien filudo que daba en la parte más dolorosa. Se defendía con violencia, sarcasmo, echando culpas, sintiendo pena por sí misma.

Volví al hoyo, esta vez más profundo, y me convertí en la peor versión adulta de mí misma. La agredí indirectamente con mi enfermedad. Ver consumirse a alguien que amas no es lo más sano ni divertido que puede haber. Ella callaba, sabía que no podía acercarse mucho, sólo podía mirar, llorar en silencio por mí, y, evidentemente, defenderse como sabía cuando algo pasaba. Con agresividad, con culpas, con sarcasmo. Porque no conocía otra forma. Me internaron. Ella, nuevamente, se tuvo que olvidar de lo que quería para que yo pudiera revivir. Quizás yo cedía en los pleitos para que ella ganara, pero en la vida, ella me cedió la preferencia, para que yo no me muriera por mis propias manos. Toleró lo mejor que pudo que yo me coma su comida para vomitarla al rato, toleró que desperdicie el dinero y cansara a mamá y a mi entorno con mi agujero negro, lo toleró lo mejor que pudo. Fue fuerte, no me imitó, aprendió que yo no era un buen ejemplo a seguir, decidió echarle la culpa de todo a papá, me limpió de polvo y paja. Dejó de pedir cosas para que hubiera dinero para pagar mi comida especial, medicinas y terapias. Y salí airosa. Ella sonreía, esperando que sus esfuerzos hayan valido la pena y hubiera, por fin, recuperado a su hermana, con la que reía, saltaba en la cama, le hacía cosquillas y jugaba.

Pero se equivocó.

Quien salió del internamiento, año y tres meses después, fue una Cristal completamente diferente. Ya no era un agujero negro que absorbía todo, lo convertía en oscuridad y se hacía más grande, era una hoja en blanco en la que se había comenzado a escribir una historia rara que mi hermana no entendía y en la que casi no formaba parte. Y aquí viene mi justificación: empecé a ser consciente de que las cosas estaban tan mal en mi casa, que si yo seguía sus reglas, iba a volver al hoyo. Yo pensaba que cuando saliera, mi familia también iba a estar "recuperada", que mis hermanos y mis papás iban a cambiar, a perdonar, a dejar ir lo malo, que mi tratamiento, de alguna forma mágica, iba a alcanzarles a ellos también. Pero, al igual que mi hermana, me equivoqué. Así que creé mis propias reglas del juego: decidí que, en vez de esperar sentada algo de mis papás, yo iba a conseguir las cosas por mí misma. Decidí crecer, decidí vivir, y para eso, también decidí hacer oídos sordos a los regaños casi diarios porque "no estaban de acuerdo con cómo estaba llevando mi vida", y hacerme la ciega frente a mi hermana, cada vez peor, ahora afectada físicamente por su sobrepeso, y con heridas emocionales profundas de las que nadie, ni mi mamá, se atrevió a curar porque ella es un gato arisco que rechaza toda ayuda con excusas, llantos y puertas más cerradas que las mías.

Si yo estuve mal, al menos fui el "tubo de escape" de mi familia, me prestaron atención y logré recibir y aceptar ayuda. Ella no. Ella siempre estuvo bajo mi sombra, perfil bajo, segundo puesto.
Hoy yo estoy por cumplir 29 años, siento que me falta mucho por lograr y siempre que me comparo me siento menos que el resto, pero sé que teniendo pena de mí misma no logro nada, y desde que estoy con mi novio actual, mi actitud hacia la vida es más positiva, soy más fuerte, estoy más dispuesta a crear un futuro bueno para mí, con MIS reglas del juego, porque sé que seguir las reglas de mi casa significa enfermarme.

Ella no. Ella sigue tirada en su cama, cocinando cosas que le hacen daño, viendo TV y películas todo el día, durmiendo a cualquier hora, sin estudiar, sin trabajar (porque siempre hay una excusa para que no pueda), sin hacer otra cosa que sufrir sin darse cuenta. Sus actividades consisten en ir dos veces por semana a comprar la comida, vivir en torno a lo que decide su novio, salir con él, de vez en cuando ver a sus amigos (en eso me gana, yo sigo prefiriendo la soledad), y regañar. Regañar y criticar mucho. Su agresividad ha mejorado mucho, aprendió a cuidar más sus palabras, pero cuando discutimos (que es algo muy usual) se le sale el resentimiento que me tiene. Por no haberle prestado atención. Por no haberla querido como ella necesitaba.

Mi hermana no tiene las herramientas emocionales y actitudinales que "tiene" Anna. Mi hermana se cansó, hace mucho tiempo, de tocarme la puerta para jugar con la nieve. Yo logré alejarla y convertir mi corazón en hielo para ella.

Van como 3 semanas en las que no me habla. Discutimos a principios de mes, por cosas del día a día en las que discrepamos. Somos como el agua y el aceite, cada quien en su mundo, pero mientras yo me ocupo de mí y trato de no preocuparme por los demás porque sé que me afecta y me puedo sentir tan mal que me puedo enfermar, (esa es la manera en la que aprendí a defenderme y gracias a la cual ahora soy funcional, trabajo, estudio, vivo), ella no se ocupa de sí misma y se preocupa por todos de manera casi excesiva, marcando, siguiendo y corrigiendo como una mamá, porque sabe que mamá y yo somos más vulnerables. Ella se mantiene de pie como un árbol, pero uno de corteza dura, podrida, que sangra. Un árbol al que sigo sin prestar atención.

Ya había notado que ella no me acepta. Que si fuera posible, se iría de la casa, para no tener que aguantar(me)(nos) y todo lo que estar aquí conlleva. Siendo sincera, yo también pienso igual. Mi casa no es un hogar, por eso no paso mucho tiempo aquí. Más allá de las responsabilidades, nadie es capaz de arreglar la situación. La mala comunicación es el pan de cada día, y no hay fuerza hasta ahora que haya logrado mejorarla.

Yo no soy perfecta. Soy muy perfeccionista con mis cosas pero muy descuidada con mis relaciones interpersonales. También vivo un poco en torno a mi novio porque, de alguna forma, prefiero su realidad a la mía. Soy un poco más consciente de mí misma, de lo que hago y para qué, y lucho, sí, la lucho, todos los días, para levantarme, comer, tomar mis antidepresivos y hacer mis actividades. Si por mí fuera haría lo que hace mi hermana, porque es súper cómodo y no tengo que pensar en lo que hay que hacer. Pero no puedo darme ese lujo, no me lo permito, y aquí voy, mal que bien, caminando. Metiendo la pata una y otra vez, pecando de confiada con quienes no debo, y no confiando en quienes debo, ayudando a gente de afuera y haciéndome la ciega con una de las personas que completa mi mundo: mi hermana.

Yo, Cristal, no soy capaz de ayudar a mi hermana menor. De contenerla. De estar con ella, de ser su amiga, bah, su hermana. Quisiera abrazarla cuando me provoca, pero no puedo, porque o estamos peleadas, o no soy capaz de mostrarle mi cariño. Elsa pudo abrirle su corazón a su hermana, yo no.

Mi excusa ha sido que "No puedo darle algo que no tengo", pero lo cierto es que enfrentar sus demonios es recordar a los míos y enfrentarlos de nuevo, y sólo de pensar en el drama, me canso. He simplificado mi vida lo más que he podido, y si detecto novelones, adiós, porque no son buenos para mí, que ya de por sí, soy consciente, tiendo a crear novelas por mi cuenta. Por mucho tiempo responsabilicé la forma de ver la vida y las herramientas que tiene para enfrentarla como la causa de su pesar, de su estancamiento, de su desidia. Incluso la he escuchado quejarse y responsabilizar por su estado a papá, y no la culpo (pero sé que en eso se equivoca, ella podría salir de donde está si se esforzara y aceptara ayuda). Pero hoy, luego del millonésimo enfrentamiento post pelea e intento de reconciliación, me di cuenta de algo más: algo que yo no he querido ver, porque me duele demasiado.

Yo también tengo responsabilidad de su estado.

Me advirtieron en mi tratamiento que iba a haber resistencia por parte de mi familia a mi cambio, que iba a ser difícil; me enseñaron que pensar en una misma y su bienestar no es ser egoísta, sino inteligente y una muestra de amor propio; me dijeron que mi familia iba a pensar que soy una egocéntrica... lo sé, lo experimento todo el tiempo, sé que no les gusta del todo las decisiones que tomo o las cosas que hago o digo. Mi mamá me comprende más, porque me ve bien. Mi hermano no vive con nosotras desde hace años, así que no la sufre tanto. Mi hermana, en cambio, me ve como un ser sumamente desconsiderado, irresponsable y aprovechado. Evidentemente, lo soy, porque ella se preocupa demasiado por los demás y comprendo su punto de vista porque también pensaba así del resto (y sufría porque no me trataban como yo quería que me traten). Pero no me había dado cuenta de que actuar como lo hago ahora también iba a afectar negativamente a mi hermana. Porque no estuve, y cuando estuve, no fui suficiente. Porque, sin querer pues estaba enferma, la anulé, la alejé; porque contadas veces la agredí verbal o físicamente, pero innumerables veces mis acciones y actitudes le atravesaron el corazón. Y ahora, que soy funcional y no estoy sintomática, no soy capaz de ayudarla, y lo que hago por mi bien le hace daño a ella.

Mi hermana está mal por mi culpa. No sólo porque mi papá la dejó a la deriva y mamá no fue capaz de enfrentarla, ponerle límites y darle órdenes. También porque yo no fui capaz de estar ahí para ella, la expuse a mi violencia hacia mí misma, la defraudé como hermana mayor al punto de que ella tomó ese rol, le hice experimentar el rechazo al máximo, como si ella tuviera lepra o hubiera algo malo innato dentro de sí, hice que vea las cosas más terribles que puede ver alguien que ama a otro, y ahora, cuando intento estar con ella o acercarme, no puedo. No lo hago. No he aprendido. No soy capaz de pedir disculpas por protegerme a mí misma de su negatividad, eso sería echarle la culpa de algo en lo que no la tiene. Ella no tiene la culpa de ser como es. Ella no conoce otra manera de enfrentar la vida, ella hace lo mejor que puede, y yo no he ayudado en nada para que mejore. Al contrario.

Mi amor propio, mi mecanismo de defensa, hace que no pueda pasar mucho tiempo con ella, en parte porque es muy intensa para mí, y en parte porque estoy ocupada o prefiero dormir, estar sola o ver a mi novio que conversar con ella. Soy parecida con mi mamá, pero se me hace más fácil acercarme, y estoy trabajando el comunicarme mejor con ella y demostrarle que me importa. Pero con mi hermana, se me hace muy difícil. No le tengo confianza para contarle mis cosas, porque le afectan demasiado y reacciona mal, pero esta forma de "protegerla" le molesta y le refuerza su creencia de que no me importa. Mi hermana tiene serias dificultades para perdonar, dejar ir, pasar la página. ¡Ella puede ser a veces tan drástica! Por ejemplo: si alguien me hace daño, ella se molesta con esa persona al extremo. Es tan radical que es capaz de no dirigir la palabra, eso ha pasado con mi ex, que era su amigo, hasta que se decepcionó de él por algunas actitudes suyas hacia mí. ¿Cómo, entonces, le puedo confiar cuando me molesto con mi novio actual? ¿Para que lo trate feo, así esté yo en el medio? ¿O para andar recordándome eventos tristes luego de que pasaron meses y yo ya había pasado la página? No, gracias. Prefiero que no se entere. Sin embargo, ocultándole información termino haciendo que se resienta conmigo, y que no me cuente sus cosas. "Porque yo no le cuento las mías". Y así se ha creado un círculo vicioso de desconfianza, agresión pasiva, y soledad tan fuerte que la mantiene encerrada en su cuarto.

¿Cómo haces para acercarte a alguien a quien amas mucho pero no quiere saber de tí? Con mi papá y con ex fue mucho más fácil: simplemente reaprender a vivir sin ellos. No hablar, no vernos, el tiempo hace lo suyo, ya está. En cambio, mi hermana duerme en el cuarto contiguo, compartimos el baño, algunas responsabilidades, y escucho sus movimientos.

Ahora no sé qué hacer, porque ocupándome de mí y autoconvenciéndome de que yo no tengo responsabilidad ha aumentado sus síntomas. Podría, de nuevo, deprimirme y hacerme daño por la culpa, porque no conozco otra manera de enfrentar las cosas. Y es que mi mente maquiavélica me hace pensar que, tal vez, si yo me pongo mal, es decir, si me esfuerzo por llamar su atención, pueda usar mi salud y bienestar como herramienta de chantaje para obligarla a hacer terapia. "Porque ella me hace daño".

Esta es una de las cosas más enfermizas que he pensado. Estar mal para conseguir algo es una táctica que ya utilicé, inconscientemente, y casi me mata. Estoy molesta conmigo misma, pero debo ser razonable. No lo niego, aún me pasan por la cabeza cosas así cuando mis emociones están desbocadas, pero mi sentido común, felizmente aprendido, y los benditos antidepresivos que contienen mis impulsos autodestructivos, me mantienen cuerda. No lo voy a hacer. Manejarla con la culpa... bien inteligente de mi parte hacerle sentirse peor, y encima, usar los mismos recursos que ella usa. Me estabiliza saber que si me pongo mal, no será porque quiero que ella me note y haga algo, sino porque REALMENTE me afecta que sufra, me afecta que no disfrute de la vida, me afecta tener esta relación tan mala con ella, me afecta no poder acercarme, me afecta ser una completa extraña, y me afecta que no puedo hacer nada.

Bueno, no es verdad, sólo hay una cosa que puedo hacer: esperar a que ocurra un milagro y la vida se encargue de enseñarle. Como me pasó a mí, que ella tuvo que observar cómo me hacía daño hasta que algo desencadenó mi redención. Sólo que yo no aguanto. Como hermana mayor, no quiero que tenga que sufrir más para aprender, porque ya no quiero verla mal, ya no quiero discutir con ella... ya no quiero tener que pasarla por alto para no sufrir y así hacerla sufrir más.

Me he pasado 3 horas escribiendo y corrigiendo esto, en vez de leer para mi tesis. Por eso ya no escribo, porque gasto demasiado tiempo en expresar cosas que me va mejor diciendo en persona, porque me ayuda más el soporte presencial que el feedback del aire. Porque, lo peor es, nadie se va a tirar media hora leyendo esto.

martes, 28 de octubre de 2014

Nido mental rojo

Advertencia: Estás entrando en mi mente. Probablemente no entiendas mucho de lo que digo porque este es un vertedero para desahogarme. Si te gusta saber de líos mentales ajenos o crees que te pueda ayudar a ti ver cómo otra persona desenreda sus marañas, bienvenido.

*********

Ayer sucedió algo que no me esperaba para nada.

Estaba modorreada, en ese estado en el que se está aún decidiendo si despertar o no, viendo las notificaciones de facebook que pudieran haber llegado en la madrugada, costumbre que tengo desde hace tiempo para saber si alguien me habla o sucedió algo importante pero sin mucha esperanza de encontrar algo digno de mención o que pudiera cambiar mi día...

Y, como para cambiar el curso de las cosas, encontré un mensaje de alguien inesperado. 

Era simplemente un saludo bastante correcto, simple y directo. No supe qué hacer, y luego de cranearla un poco y reprimir mi impulso de responder apenas visto el mensaje, lo respondí de la misma manera: cordial, correcto, con una cara feliz al final. 

Puede que no haya sido EL mensaje de la vida, pero a mí me movió el mundo.

No se trata de LA persona de la vida, pero a mí me movió el mundo.

Por lo que significó para mí, por el aprendizaje que estoy teniendo gracias a su paso por mi vida, y por lo que gracias a ese mensaje descubrí que me pasaba.

*********

He estado perdida este mes y medio, sin ánimos de escribir, porque la verdad es que no ha pasado nada demasiado interesante. Despertar, estudiar, trabajar, jugar en la computadora. Fantasear, desear que alguien llegue para hacer mi vida más interesante y tener oportunidad de pasear, disfrutar, viajar. Buscando maneras de socializar. Sí, he puesto mi granito de arena por salir de mi ensimismamiento.

Me asaltaron a finales de Setiembre cerca de mi casa, por lo que tuve que invertir en documentación, y me han prestado un celular por mientras que sólo conecta a facebook (De manera precaria. No tengo whatsapp, ni internet, pero el facebook me salva y con eso puedo sobrevivir hasta que ahorre lo suficiente como para comprarme un aparato nuevo). 

Renuncié al restaurante y ahora sólo estoy en lo de los shows infantiles, que me consumen tiempo porque mi chamba ahí se basa en crear. Crear secuencias para los shows, crear pelucas y disfraces para los personajes. Me he creado mi propio vestuario de Elsa, de Frozen, junto con una amiga que lo cosió, y como ejercicio de paciencia he llenado el corsé de lentejuelas cosiéndolas una por una, y pegando escarcha en la capa con pincel y pegamento especial, con forma de copos de nieve, también uno por uno. Lo cuento porque me siento orgullosa de mi trabajo, ha quedado lindo :) Ha sido una manera de ocupar mi mente en cosas constructivas en vez de rumiar penas. Además, ahora que no estoy en el restaurante estoy mucho más relajada, puedo dormir más y hacer las cosas que me gustan y tener tiempo de hacer trabajos (Que igual hago a última hora, pero bueno, eso es ya más mi tendencia a la procrastinación). 

Con el chico este nunca se concretó nada. Salir del restaurante implicó tener una oportunidad menos para vernos, por lo cual se fue bastante estrés, porque todos los días que tenía turno estaba a la expectativa de que se apareciera. Me cansé de perseguirlo (Me daba remordimiento cada vez que le hablaba), y más luego de que me plantó. Sí, me plantó. Aclaré las cosas con él luego, y simplemente no quedó en nada. Y me cansé: soy insistente pero no me gusta caer pesada, así que estoy en el proceso de aceptar que simplemente no quiere nada conmigo. No me extraña, por lo que no debería entristecerme, pues debería estar acostumbrada al rechazo (Como dije en un post anterior), pero bueno, soy humana, y siento. En su defecto, estoy viendo más seguido a "Sheldon", de quien me he hecho muy amiga, y me pasa la voz a sus planes locos los fines de semana. Me hace bien conocer gente, socializar y hacer cosas que hace tiempo no hago porque tontamente dependo de un novio para hacerlas. Me da gusto estar construyendo amistades y vida social muy aparte de la persona con la que pueda estar, porque eso me da identidad y me llena :) Lo curioso del asunto es que en parte salgo con Sheldon porque él y este chico tienen amigos en común, el sábado pasado esperaba encontrármelo... Pero al parecer tiene un radar para evitarme xD. Así que NEEEXT.

Todo está siguiendo su curso, todo es monótono. Poco a poco me estoy construyendo luego de hacerme casi convertido en polvo después de mis relaciones. Es bueno saber quién soy. A pesar de las circunstancias. 

Pero hay un tema que no me deja del todo tranquila, y es esa insatisfacción, esa sensación de que me falta algo, de que mi vida no está completa. Y que, de una u otra manera, repercute en mi estado de animo y mi alimentación.

Sí, para variar, mi chivo expiatorio.

A veces pienso mi anorexia siempre será sintomática. Luego me acuerdo de que hubo un tiempo en que me costaba menos comer y me pregunto qué había de diferente entonces. Reconozco que estoy dejando que se instale el hábito, que poco hago por cambiarlo porque es cómodo y me da miedo cambiar y sentirme mal (Quienes padecen TCA saben que cuando no hay costumbre, tener comida en el estómago puede ser muy estresante). Casi a diario sueño cosas relacionadas con el internamiento en Cieneguilla, o que vomito. Hoy soñé que por fin me pesaba y salían 35 kilos, que no se notaban porque sí comía y no vomitaba como en el 2009. No tengo idea de cuánto peso, no tengo manera de saberlo tampoco, pero la ropa de nuevo me está sobrando y no me molesto en hacer algo al respecto.

¿Por qué? ¿Por qué las ganas de autoagredirme, si sé que tanto eso como la tristeza no me llevan a nada? ¿Es porque creo que es parte de mi identidad batallar a diario con lo que como? ¿Es porque simplemente es mi manera de ser y tengo que aceptar que el resto de mi vida pasaré por épocas así, pero que sólo será eso, épocas, y que pronto encontraré la motivación interna para no hacerme tanto daño? ¿Es mi vegetarianismo últimamente adquirido una manera más de esquivar la hora del almuerzo o lo hago por convicción? Todas estas preguntas me las hago casi a diario, temiendo haberme vuelto a convertir en ese monstruo que alejó a Laro y que casi me mata. No quiero dar pena, no quiero ser negativa, no quiero estancarme ahí de nuevo... ¡Pero se me hace tan natural...!

Entonces, volviendo a hacer comparaciones, noto que hay algo que me motivaba a comer: el hecho de que me inviten. El comer en casa de mi pareja, que me digan que no soy deseable, que me obliguen a gustarme como me veo. Claro, "si tuviera enamorado comería mejor", es la excusa del mes. "Al menos sentiría que significo algo para alguien, no estaría tan sola". 

Y es que, exceptuando mis perros (Los cuales compiten entre ellos por el que gana más caricias de mi parte), el único momento en el que me siento importante para alguien es en los shows, en los que los niños me abrazan... nombrando a un ser que represento, pero que no soy yo. Este tipo de situaciones me hace preguntarme: ¿Habrá alguien que, algún día, me quiera por quien soy, tal cual, así esté raquítica (Seamos honestos, es más probable que pase eso a que tenga sobrepeso), así no llegue a tener estudios, ni trabajo, que por alguna razón tenga un hijo encima, simplemente por el hecho de ser yo, mi esencia, yo?

Quiero creer que es posible. Me aferro a esa idea para poder encontrar motivación. Con motivación hago las cosas, haciendo las cosas me siento bien conmigo misma, y sintiéndome bien conmigo misma alimento mi alma y obtengo fuerzas y razones para quererme más. Las dudas siempre están, siempre. No tener crisis existenciales sería como no pensar para mí. 

Sí, ando confundida respecto a lo que siento por mí. Estoy en una fase rara tanto interior como socialmente. Construí un muro luego de Mr. Red para que nadie se me acercara, pero me olvidé de que "nadie es una isla" y que, realmente, no soy feliz aislándome. Estoy trabajando por rehacer mis vida social y volverme más amigable sin dejar de ser yo misma (Y me da mucha pena convertirme en un ogro cuando tengo que hacer trabajos de grupo porque "si no dirijo yo, nadie más lo hace"). Probablemente las cosas pasan como pasan porque simplemente no estoy preparada para entablar una relación con alguien, que es lo que yo pienso que necesito. Primero tengo que ser yo y realizarme, y estar consciente de ello, experimentarlo, no sólo decirlo. Eso es algo que choca con mi deseo de no estar sola, pero es necesario. Eso es algo que me mostró Mr. Red. 

El mismo que, descubrí un día, me había bloqueado. Para luego mandarme un saludo.

Entenderán mi confusión: Wait, ¿No lo había espantado? Con todo lo que le dije, desde el fondo de mi corazón y tratando de ser razonable, ¿No era que había salido corriendo pensando que soy una indeseable, loca, necesitada, dependiente y demás adjetivos que harían que un hombre decida no tener nada con una chica? ¿No me había demostrado que no quería saber nada de mí? Entonces, ¿Por qué me ha escrito? ¿Ahora que hago? ¿Le respondo bien? ¿Le respondo mal?

Como verán, soy muy torpe en mis relaciones.

Antes de contestarle con un "Igualmente, Mr. Red :) ", me puse a pensar si realmente quería decirle algo. Pensaba que todo estaba zanjado, su silencio era más que claro. ¿Estaba molesto él conmigo? ¿Estaba molesta yo con él?

He ahí el asunto.

He construído un muro, no para que no me hagan daño, sino para yo no hacerme más daño en mis relaciones. El común denominador ha sido que yo siento/pienso que he metido la pata porque las cosas no han funcionado, y como reprimenda me he aislado y empezado a dejar de comer. No estoy molesta ni con Mr. Red, ni con Laro, ni Brownie, ni el chico indeciso, no: Estoy molesta conmigo misma. Por eso es que no termino de zanjar ninguno de estos asuntos, porque no es con ellos, es conmigo. Por eso es que soy incapaz de atraer gente a mí, porque yo misma me repelo. Porque considero que fui tonta al entregar mi corazón, porque considero que como no me correspondieron, no soy querible, porque aún creo los mensajes de mis ex parejas que me decían que era defectuosa y que nadie me va a querer si no cambio. He estado tratando de cambiar por otros, no por mí. Me he enfocado mal. No he podido entender bien el significado de las cosas que estaban pasando, de nuevo mi percepción me jugó una mala pasada. 

Lo cierto es que no he confirmado si lo que creo acerca de las razones de Mr. Red para "terminar" conmigo es cierto: para mí es más fácil pensar que jugó conmigo y que una vez conseguido lo que quería, se dio cuenta de que soy una chica seria y usó de excusa su viaje para alejarse. Es más fácil pensar eso porque es lo que me han enseñado. Contradictoriamente es fácil también creer que es un buen ser humano y que sus razones han sido más espirituales que otra cosa, lo cual me termina confundiendo. Sea cual sea la razón, el hecho de que me haya saludado me hace pensar mucho, porque implica que ha pensado en mí. Lo cual me hace un mínimo de importante. Yo, que no soy importante para nadie, importante para alguien que es importante para mí. Eso me reconforta.

Así que gracias por pensar en mí, por acordarte de mi existencia, por hacerme reflexionar y observar bien, porque eso me permite desentrañar este lío interno y crecer, que es lo que a fin de cuentas busco: crecer y ser feliz. No andar por la vida de paso, simplemente existiendo, sino encontrarme un significado. Saber que puedo calar en otros me ayuda a darme valor, porque valoro eso.

Yo no sé que pase por su mente. Es un tema escabroso para mí, porque probablemente me costaría creerle si me dice que lo hizo por su viaje más que porque no me quisiera. Pero saber que al menos no me odia me ayuda a limpiar las asperezas que pueda tener con él... Y conmigo misma, gracias a lo que pasó con él. 

Yo había decidido dejar el tema atrás y seguir con mi vida, pero es bien difícil si el círculo no se ha cerrado. Dejar ir no significa olvidar, sino soltar, y yo estaba tratando de enterrarlo para no pensar en cosas que me duelen. Lo mismo digo del "indeciso". Enterrar no implica que algo ha muerto. Menos en mí, que, sabemos, hago lazos sentimentales fuertes con cualquiera que me preste atención porque así estoy de hambrienta de cariño. Lo que siento por Mr. Red no ha muerto porque yo lo decidí así, y por eso me he estado sintiendo mal. No puedo comenzar algo nuevo si no he dejado ir del todo algo del pasado, y no puedo dejar ir del todo algo del pasado si las cosas no están claras. Me paso con Laro, me pasa con este tipo. En el primer caso el tiempo ha hecho su efecto porque me he visto obligada a matarlo, y por las cosas que me he enterado gracias a Sheldon me he decepcionado mucho de él y se que no es el mismo que hace dos años; en el caso de Mr. Red, el que me haya escrito simplemente a saludarme y desearme que ande bien, en cambio, implica buenas intenciones. Y eso me salva, porque yo no quiero estar molesta con él (ni conmigo), porque creo firmemente en que tenemos una conexión especial que no debería ensuciarse (Que no quiero etiquetar con nombres como "amor" o "amistad" porque se convierte en algo limitado), y porque me da esperanzas de que, en algún momento, las cosas con él estarán bien.

Espero no estarme equivocando y malinterpretando para mi beneficio lo que está pasando. 

Es que simplemente me enferma no estar en buenos términos con todo el mundo. Más que por el karma, es por tranquilidad mental. 

Y en lo que a mí respecta, tengo más claro qué es lo que tengo que trabajar conmigo misma. No sólo es buscar cosas de mí que me gusten, porque eso lo tengo identificado. Se trata de un problema que no tenía antes, que se basa en mis relaciones (Porque antes no había tenido ninguna, vivía ensimismada). La problemática es distinta porque yo soy distinta. Antes me sentía desagradable porque mi papá no me quería y las chicas de mi colegio no me hacían mucho caso. Aprendí a tener amigos y a no depender de mi papá. Ahora me siento desagradable porque no consigo interesarle a quien me interesa (Y esto va desde hace años, no es reciente), y eso ya es otro campo en el que tengo que trabajar conmigo misma.

Además, el otro día que luego de meses hablé con mi mamá profundamente, me hizo bien saber que ella reconoce y que me recuerde que estoy en una parte de mi proceso de evolución en la que tenía que pasar por oscuridad para construirme a mí misma (Oooootra vez), que siempre hay alguien arriba que vela por mí, y que estoy aprendiendo.

Me siento agradecida por tener la oportunidad de encontrar una respuesta. Me da esperanza en que puedo volver a estar bien :)

jueves, 24 de julio de 2014

Buscando un poco de amor


¿No le ha pasado a alguna que le da por "necesitar" de cariño?

Cuando era chica lo negaba. Podía pasarme semanas sin contacto físico, mejor para mí, porque buscaba estar en la oscuridad. Ahora no. Ahora no me gusta sentirme mal. Busco sentirme bien. De hecho, he desarrollado una misteriosa y súper útil habilidad para autorregular mi estado de ánimo hacia uno positivo, y es raro verme regañando en serio. Nada que ver con antes. Pero, y he aquí el pero, parte de ese recurso de autorregulación implica buscar cosas que me hagan sentir bien... y he ahí el asunto.

Yo paro sola. En mi casa cada quién está por su lado. Mis perros son el único cariño de piel que tengo de manera constante. Lo de la introversión no ayuda porque tiendo a aislarme donde sea, a no ser que me sienta súper en confianza. Y muchos amigos no tengo, mejor me llevo con la gente por escrito que en persona. Por eso me gusta tener enamorado, me llena ese pequeño pero importante vacío.

Anoche llegué a la conclusión de que ese vacío de amor viene de la falta de un padre en mi vida.

Adivinen a quién le escribí -_-'

¡Es que a veces pareciera que soy tonta o algo así! Ya me la veía venir porque el domingo le escribí al pelirrojo con el que salía y, OBVIAMENTE, no me respondió. Perfecto, pasar la página, ya lo sé. Es complicado porque lo quise pero ya, ni modo. Perfecto. Pero no, tenía que buscar cariño de alguien más, alguien todavía más imposible, el más imposible de todos: mi papá.


Este fue mi mail:

"Hola.

En realidad te estoy escribiendo de impulso, ni sé por qué lo hago. Supongo que es una parte de mí que te extraña y quiere sentir que le importas, supongo que en parte es un intento de reclamo, supongo que es una manifestación de mi intención de estar en paz, supongo muchas cosas y al final sólo sé que me provocó saludarte.  Simplemente porque a pesar de lo mucho que me duele, en algún momento fuiste mi padre y me importaste. Y me llama la atención saber de esa persona, más allá de los estúpidos pleitos por dinero y los "estoy malográndote la vida a tí y a tu familia".

Como para que después no digan que no lo intenté.

Yo estoy bien. No sé de qué puedo hablar, tampoco es que quiera hacerlo. Esto es raro. Es más un "poke", un "hola, por si acaso existo, lindas todas las fotos, lindo tu hijito y tu familia, triste no poder coincidir y más triste aún que nuevamente la nostalgia venga de mi lado, no del tuyo". Ok, lo siento, no iba por ahí. De hecho mi intención no es hablarte de dinero ni juicios, pero ahora que me tocas el tema (Sí, tú lo estás tocando), sólo quería aclararte algo: yo estoy en contra de toda esa estupidez, porque ahora tengo 26 años, soy una mujer, trabajo y me pago mis estudios. Me costó mucho aceptarlo pero no necesito que papi me pague nada. La mayoría de la población peruana hace lo que yo y me siento orgullosa de ser mi soporte. Pero, y siempre tiene que haber uno, avalo todo lo que está haciendo mi mamá por una sencilla razón: esa que (se supone) a tí te mueve a defender a tus clientes. JUSTICIA. Sé cómo funcionan las cosas, sé cómo funcionaban antes, y sé que te has estado portando de mal en peor. 

Hablaré por mí misma, ¿ya?: Papá, me abandonaste en una época muy crítica, Eso ya te lo dije, pero no está de más recordártelo. Y ahora no es que te necesite, pero tampoco es que no me haga falta una figura paternal. El hecho de que sea adulta no me deja de hacer tu hija, requerir de tí. O sea, estoy acostumbrada a no tenerte, pero a veces, sólo a veces, me imagino lo raro que se debe sentir que un señor viejo y panzón me engría, me proteja de vándalos malintencionados, me lleve a tomar helados en invierno y al cine como en una cita, me hable de ciencia o libros y me de diez soles de propina, "sé que es poco pero realmente (No figurativamente) no te puedo dar más". "¿Estás bien?", "¿Tienes novio?", "¿cuándo te casas?", "¿Voy a ser abuelo?", "¿Qué nombre le vas a poner?", "¿Te puedo jalar?", "¿Podemos tomar un café y hablar de lo que sea menos el juicio?", "¿Necesitas que te ayude a pagar tu celular este mes?", "¿Tienes suficiente comida en casa?", "¿Te estás alimentando adecuadamente?". A veces me encuentro imaginándome que tu hijito y tú están en uno de los shows que animo, él riendo, tú mirándome. Mirándome, esa mirada que no soporto porque no conozco. A veces te extraño, a veces me gustaría poder jugar con el peque (Que por cierto está hermoso, no se parece en nada a tí) y ser amiga de tu esposa, a veces me gustaría que relacionarme contigo me hiciera bien. Pero es verdad tb que yo escogí alejarme, porque me duele mucho ver que no te importo, que ahora tienes la oportunidad de recomenzar de nuevo y está bien que lo hagas pero no olvidándote de tu pasado: Mis hermanos y yo. Mi mamá. 

Seguro has escuchado muchas veces esto, pero no tienes idea de las cosas por las que pasamos porque mamá es madre soltera desde que se divorciaron. No te quiero echar culpas, pero sí creo que al menos en mis años adolescentes tenías una gran responsabilidad sobre mí. Y aquí te quiero echar una pequeña culpa, pequeña nomás: me prometiste que esto iba a cambiar y que luego de mi internado ibas a ser más cercano. Y mentiste. Y no sólo eso, sino que me fallaste, me abandonaste de nuevo a mi suerte, "ve tú a saber qué haces pero yo 'no puedo' ". Por eso me alejé, porque me dolió que me volvieras a fallar. Y me mantengo alejada porque simplemente es más fácil y menos doloroso. Bueno, te cuento algo: yo puedo sola, y muy bien. Tenías razón, no es imposible, es más, es una gran enseñanza de humildad y fortaleza la que me has puesto. Te debo las gracias sólo porque gracias a tu indiferencia ahora sé cómo no hacer las cosas, qué significa ser responsable y justa y, sobre todo, cuán importante es la figura de un padre y de una madre en la vida de una persona. Así tenga 70 años. Yo tengo 26 y sigo requiriendo de ambas figuras, pero bien dicen que no se puede tener todo en la vida, ¿No?

Pero no quiero que te sientas orgulloso de tener una hija "fuerte" y  "valiente", no: tú me dejaste el rollo, yo lo desenmarañé. Es mérito mío el haber decidido dejar el drama y ponerme en marcha. No quiero que te sientas orgulloso de la mujer en la que me estoy convirtiendo porque no estuviste ahí. Puede que tenga tu ADN, pero eso no me hace más hija tuya que la de la ex pareja de mi mamá. No quiero que te sientas orgulloso de mis logros: quiero que sientas remordimiento por haber escogido no estar con la gran persona que soy, y eso teniendo en cuenta que sigo en proceso de construcción, tanto mis hermanos como yo. Siéntete orgulloso de lo que sí puede haber venido de tí, como rasgos genéticos, porque sólo eso tengo de tí. Incluyo la lectura, la escritura, parte de la ciencia y mis cejas pobladas. Pero después de todo, eso es lo más fácil de transmitir, ¿No?

Bueno, que conste que hace años tenía que haberte escrito un horrendo mail sacándote cosas en cara. No es mi estilo, soy más bien lenta. Recién ahora me doy cuenta de que tengo muchas cosas que decirte.

Por ejemplo, como que me dolió que no me llames en mi cumpleaños. Pero a la vez me sentí agradecida, porque habría sido complicado para mí (Mujeres, quién nos entiende, ¿verdad?). Para futuras ocasiones, unas flores no estarían de más. Escuchar tu voz me corta, leerte me empalaga (Por favor, nada de te quieros ni en abreviatura), pero un detalle que diga "hey, me acuerdo de que existes, espero que tengas un buen día", así, sin palabras, me haría sentir bien. Por mi lado, el día del padre te queda grande, pero realmente creo en los cumpleaños. No te deseo nada bueno porque sé que la pasaste lindo, con tu familia, que es lo que ahora valoras más. Toma este mail como un saludo formal de alguien de tu pasado que se manifiesta haciéndote saber que tienes una deuda de vida pendiente, pero que no está interesada en cobrártela porque no cree en los actos previo recordatorio, no son de corazón. 

He visto una foto muy tierna en la que sales tú, tu papa y el pequeño, y sólo puedo decir "Wow, tremendo viejonazo y con una criatura en brazos!". Sí, estás terriblemente viejo. Digo, si yo tengo 26, ¡no quiero ni imaginarme lo senil que debes estar tú! Ojalá que eso signifique que también estás más sabio. Veremos, pues.

¿Te puedo pedir dos favores? ¿Los únicos?
No le digas a nadie que te escribí. Y no seas sapo ni le enseñes este mail-carta a nadie, o hagas que te lo sonsaquen a punta de preguntas, o lo reenvíes "de casualidad" para que alguien lo lea. Nada. Que sea nuestro secreto. Al menos tengamos alguno.

Y el otro: nada de tequieros ni apelativos tipo "princesa, hermosa, angelito, amorcito, guácatela" que no usas nunca. No soy nada de eso, sólo soy Cristal. No me empalagues. No trates de llamarme (Ya te dije, no toleraría escucharte, para mí eres un extraño pero la pantalla y las letras me ayudan enormemente a expresarme).

Chau, supongo.
Whatever.

Cris"



Y después de un par de años de silencio, esto fue lo que me respondió:



"Hola chiquita (mentira, no escribí eso):

Estoy trabajando todavía y acabo de leerte.

No sabes, no tienes idea de lo maravilloso que es para mi que hayas escrito.

Estamos viviendo no una comedia sino un drama de confusiones y cada paso que damos por tratar de hacer las cosas que creemos correctas, nos separa, en lugar de tratar de acercarnos.

Pasaron tantas cosas que parece increíble que las hayas olvidado, siempre estuve presente en tus actividades del colegio, en las charlas o asambleas, en tus actuaciones, en tus fiestas; hacía pool, o pull, o pul o como se escriba, dos o tres veces por semana; las visitaba y me recibían detrás de la reja y con miedo. Te acuerdas que fui a buscar la tela para tu vestido de promoción y te llevé a todas las pruebas a la costurera en la calle Colón, ¿te acuerdas? Estuve en todas tus presentaciones y las de tu banda, cargué con ella, instrumentos incluidos y un par de veces varios viajes para recoger o dejar la batería desde Surquillo hasta San Miguel para tus ensayos de la banda y de las obras, a cualquier hora y en cualquier lugar; o en Jesús María, cuando me asaltaron; te llevaba y recogía de las reuniones con tus amigas o a las fiestas, que hasta la una y entonces espérame hasta las dos y espérame hasta las tres; tantos sábados que dormía en el carro cerca de donde estabas para poderte recoger (y no alejarme por falta de combustible, muchas veces); o que tenía que dobletear si tu hermana estaba en otro lado, o tu hermano, a quien también recogía con sus amigos y los distribuía por sus casas; y en las noches salía corriendo cuando me llamaban para llevarles desodorantes o toallas higiénicas que les hacían falta para el día siguiente; vi casi todas tus representaciones de Anastasia, de Mamma mía, varias veces el mago de Oz; tus presentaciones con este actor famoso cuyo nombre se me escapa; también varias veces el Rey León;  todas las presentaciones de la banda; y los años que han pasado sin que te pueda dar un abrazo, porque me repelías, y yo lo aceptaba y se me destrozaba el alma; y tantos otros detalles pequeños, estúpidos, insignificantes, con los que quería demostrarles lo mucho, lo muchísimo que me importaban y que me importan y que me van a importar siempre, pase lo que pase.

Pero ahora, todo esto que te parece una estupidez y que confundes con justicia, me tiene peleando con todo lo que tengo para no terminar en la cárcel, destruyendo a mis papás, a mi esposa y mi hijito, y quizá a ti misma, porque no sé cómo te sentirías si eso pasara, porque eso es lo que iba a pasar si me condenaban, y bien cerca estuvo y todavía no termina esta estúpida historia. Y todo porque no quieren reconocer que pagué los colegios, tarde y con roche, pero los pagué con esfuerzo, y no me avergüenzo, así como a ti te enorgullece, y con razón, salir adelante como lo estás haciendo, porque en la vida no nos regalan nada, lo tenemos que conseguir peleando; y pagué la universidad de tu hermano, con préstamos que no solo conseguía tu mamá sino yo mismo y que pagaba con todo lo que podía; y los materiales para las maquetas que yo iba a comprar con él y los transportábamos en el Ford, o los viajes de tu hermano; y cómo me sacaba la mugre por ustedes, como hasta ahora lo hago por mi hijito, para poder pagar de alguna forma y en algún momento todo lo que me fuera posible. Niegan lo que pagué, lo que deposité en sus cuentas. Y tu tratamiento: cuántas veces no pude dejar a tiempo las cosas que necesitabas en Vida Mujer y tuve que irme hasta Cieneguilla para dejarlas. Y tu viaje a Argentina; y el de tu hermano. Una cosa es no haber podido, realmente no haber podido cubrir todos los gastos que a la postre no pude cubrir, y otra que no lo haya intentado, o que no haya pagado porque no quise; y menos que no haya pagado nada. Ustedes saben perfectamente que sí lo hice, y no entiendo por qué lo niegan.

No es solo lo económico lo que es increíble que nieguen. ¿Acaso vivir 24 horas al día pendiente de ustedes, corriendo cada vez que me llamaban por teléfono, negarme una vida, no prueba, siquiera un poquito, cuánto me interesaba por ustedes?

Y cuando encontré a alguien como mi esposa, que se desvive por mí, por mis papás, por mis tías, por mis hermanos y mis cuñadas, que siempre está pendiente de qué necesitan todos, y me apoyaba incondicionalmente en todo lo que fuera necesario para ustedes hasta que llegó mi hijito; entonces se produce un rompimiento radical. No lo entiendo.

Cuando nació tu hermano mayor, la esposa del abogado con quien trabajaba en esa época me dijo algo que confirmé cuando tú naciste, y luego con tu hermana menor y después con tu hermanito: el amor que se siente por el primer hijo es tan grande que parece imposible que se pueda amar a otra persona igual, pero cuando nace el segundo, el tercero y los que vengan, uno se da cuenta de cuán extraordinaria es la capacidad de amar de una persona. Y es cierto, el amor que se siente por cada hijo es infinitamente grande, y parece mentira que se pueda amar así. Mi esposa y mi hijito me dan muchísimo amor y me permiten dárselo. Pero yo no me he olvidado de ustedes; no pasa un día en que mire a tu hermanito y no piense cómo estarán ustedes; en él, siendo único y especial, como lo somos todos, a veces veo rasgos de tu forma de ser, a veces de la de tu hermana o la de tu hermano. Todos los días paso por obras de construcción pensando si tu hermano trabajará en ellas; veo afiches y anuncios de teatro, de conciertos, de fiestas infantiles y busco tu foto o tu nombre; veo cosas de cocina, o de fotografía, y pienso si le servirían a tu hermana; los busco en la calle, pregunto si se han comunicado con alguien de la familia en alguna fecha. Y a veces me derrumbo, me pongo triste durante días, doy vueltas como queriéndome morder la cola sin saber cómo avanzar hacia un acercamiento, si eso será posible... y me llegan notificaciones con falsas acusaciones  que al principio estaba seguro eran invenciones de la bruja de tu abogada, pero que después encontré con tu firma, la de tu hermano y la de tu hermana; y me pregunto: si están poniendo lo que ponen en esos malditos papeles, ¿querrán saber algo de mi, de su hermano? Cuántas veces hasta el año pasado te llamé o te escribí solo para saber de ti, o para avisarte que había hecho un depósito, y no me contestaste.  Ni olvido ni indiferencia. Dolor y temor; eso sí.

No sé qué idea tienes de sobre lo que es la justicia, pero ya que lo mencionas y te refieres a la forma en que defiendo a mis clientes, te comento qué es lo que hago: les exijo que me digan absolutamente toda la verdad. Si tienen culpa o responsabilidad, les planteo que lo asuman y negocio o busco la salida menos gravosa; si no tienen culpa o responsabilidad lo defiendo con todo lo que tengo, y recurro a todo lo que sé. Las dos únicas cosas que no hago, no he hecho y no haré, son mentir por un cliente o coimear. Si el cliente me pide mentir o me pide que coimee, lo dejo. Y así he perdido clientes, hasta amigos del colegio. No miento ni cuando se trata de defenderme a mí mismo. Lee, por ejemplo, los escritos que he presentado en los juicios y dime si hay algo falso en ellos.

La fuerza para salir adelante está en ti; siempre estuvo en ti. Solo faltaba que te lo creyeras. Te acuerdas que siempre te hablaba de la parábola de la lámpara, o algo así, esa según la cual, dice Jesús, nadie prende una lámpara para ocultarla debajo de un mueble; la luz está hecha para brillar, para iluminar a los demás. Yo siempre te vi como esa lámpara y eras tú la que ocultaba tu luz.

Tengo demasiadas cosas que decirte y que pedirte recuerdes.

Y sí, me estoy poniendo viejo; trato de cuidarme, aunque quizá no lo suficiente. Pero trato. Y lo hago por mi esposa e hijito; y porque sigo pensando que me tengo que reencontrar con ustedes, que no quiero estar enfermo en una cama para volver a verlos.

Soy la misma persona desordenada pero trabajadora, aunque misio de solemnidad, y sigo tratando de volverme más o menos ordenado; sigo haciendo los mismos chistes tontos que hacía antes, y todavía hay quienes se ríen de ellos.

Y, sabes qué, los sigo amando con toda el alma, la misma alma que tengo rota por haber sido demandado y denunciado por mis hijos.

Esperaba con el corazón que me escribieras, pero me llegó de sorpresa tu correo y como verás, he soltado muchas ideas en desorden. Son más de las 4 de la mañana y me tengo que ir a trabajaren la  mañana y no he terminado el trabajo que estaba haciendo.

Ojalá dentro de poco nos podamos ver en un lugar que no sean los juzgados, menos los penales. Y puedan darse cuenta de que no hay justicia si no hay verdad; y que si buscamos justicia debemos empezar reconociendo la verdad y asumiendo cada uno las responsabilidades que nos corresponden. ¿Que hubo carencias? Sí, todos las sufrimos. ¿Que hubo abandono, dejadez, desidia, indiferencia? ¡Nunca! Hubo esfuerzo; desordenado, quizá; desesperado, a veces; pero honesto, sincero, amoroso, dedicado. Pierdo por no haberlo conseguido, no por no haberlo intentado con todas mis fuerzas.

Y perdona, aunque me lo hayas advertido, necesito decirte que te quiero mucho.

Papá"

Conclusión número 1: 

¡¡¡Soy una tarada por exponerme así!!!

Probablemente no entiendan lo que dicen estas cartas porque son cosas muy puntuales las que él escribió, pero resumo diciendo que tiene la razón en el 80% de lo que dice: es verdad que él hacía de chofer. Es falso que pagaba todo lo que SE COMPROMETIÓ y que COMO CUALQUIER PADRE debía asumir. Y me asombra y duele que crea lo contrario, siendo que es mi mamá la que tiene los recibos de tooodos esos pagos que él dice que hizo. Del 100% él hizo el 30, con las justas. El resto se lo tuvo que chantar mi mamá. por eso estamos en juicio. Había pensado por algunos momentos que quizás era posible atacar su fibra sensible y hacerle darse cuenta de que lo necesitábamos y ahora también, al menos a mí, me hace falta. Porque yo no quería un chofer, un admirador, y ahora no quiero un banco: yo quería un papá. Pero me había olvidado de que el experto en manipulación emocional es él. Obvoi que me hizo sentir culpa y hasta dudé, tuve que llamar a Annie y fue ella por teléfono la que me ayudó a pisar tierra. Y es verdad: quizás esperaba demasiado de él, o quizás estoy siendo muy severa, pero él era el adulto, él tenía que responsabilizarse, mi mamá se tuvo que hacer cargo de todo lo de nosotros como si él no existiera más que para movilizarnos cuando podía y comprarnos galletas y dulces un par de veces al mes, y nadie me puede decir que no es verdad lo que viví.

Conclusión Número 2:

Creo que necesito volver a la psicóloga. Necesito desahogarme de manera adecuada. No es que no pueda manejar lo que me ha pasado estos meses, porque lo estoy haciendo súper bien, pero detecto descontento porque "falta" alguien en mi vida. Sí, ya sé que ese es mi papá, horrorosos daddy issues, y lo vuelco buscando una pareja, pero no quiero que sea así.

Conclusión Número 3: 

He madurado más de lo que pensaba.

¿Saben por qué?

Porque le hice frente. Y cambiando un poco de tema, porque he dicho las cosas como son, porque no dejo que mi hermana me pisotee tanto como antes. Me defiendo. Junto con lo de la autorregulación, eso es algo nuevo.

¿Qué hacer?

Pues nada. No hay peor ciego que el que no quiere ver, y no se puede obligar a alguien a quererte de la manera que uno quiere. Y eso no va sólo para mi papá, sino para el pelirrojo y el resto de personas que quisiera que me quiera. Me olvido por ratos de que no estoy en mi mundo de fantasía, sino en la realidad, y aquí hay que simplemente seguir adelante si te dicen que no. Mi problema es que me cuesta soltar, y ahí quiero que me ayuden. Por lo pronto ya saqué cita con la psicóloga para la próxima semana, a ver si realmente es algo problemático o un simple atavío de mi personalidad obsesiva anterior.

Postdata: 
Las razones por las cuales no he escrito antes son las siguientes:
- Estuve en finales: Y con orgullo puedo decir que soy la novena de mi promoción (¡¡¡De 1 104 personas!!!)... Pero, obviamente, no es suficiente. Menos en el estado emocional en el que estoy, en el que mi valía se mide por cuántas personas me quieren. Al menos me doy cuenta.
- Estuve sin ganas de escribir y enfocada en algunos proyectos: específicamente, en hacer la peluca de Elsa de Frozen. Estuve ligeramente obsesionada con ese vestuario y lograr algo lo más parecido posible (A algo que no existe, ejem). No me aceptaron el presupuesto para confeccionar el vestido y tendré que esperar un poco para ello, pero esta es la peluca:




:D

Y tres,
- ¡Ya tengo trabajo! Estoy de server (Mesera, host y runner de platos) en un restaurante TexMex. Había ido muchas veces porque me encanta comer ahí, y ahora es mi lugar de trabajo. El ambiente es paja, camino bastante y estuve llegando exhausta a mi casa por eso los primeros días. Lo que no me gusta es que aún no puedo recibir propinas porque sigo en entrenamiento. Tengo que pasar por 3 exámenes más antes de fin de vez para poder recibir alguito.

Nada, eso es todo, supongo.


sábado, 12 de abril de 2014

El resto y yo

Esta entrada va dedicada al amor, a los mosquitos y a mis relaciones.

Casi todos inexistentes.

Gracias a Dios el letargo del aburridísimo verano ha ido pasando y empezó a aparecer gente por ahí, otros por acá; por ahí tengo una presentación de canto así que me estoy reuniendo con un viejo amigo a practicar, va un palito para la cuenta de socialización. El otro día fui a la graduación de mi mejor amiga y me encontré con mucha gente que no veía hace años, otro check para la lista de socialización. Y obviamente, el Instituto, que es tema aparte. Van tres puntos.

Mosquitos; para quienes no me leían en mi blog anterior: en mi argot, mosquito es aquel ser humano con código genético diferente del de las de mi especie que pulula alrededor de una en busca de saciar su hambre, ¿de qué?, pues la de cada uno es diferente. Muchos los llaman “pretendientes” o “love interest”, y a veces puede encajar la palabra “chicos”, pero a mí me gusta el término mosquitos, es más acertado, porque a veces pueden ser molestosos y si llegan a tener contacto contigo, se van volando y te dejan con una marca de su paso. Como el verano ya se acabó, los mosquitos se fueron a hacer sus nidos en otro lado, así que por ese lado, bacán. Así que, en vez de mosquitos, podría decir que estoy retomando el contacto con chicos con los que no hablo seguido.  Un compañero de la universidad, que alguna vez me dejó en mi casa pero nunca fue de mis grandes amigos, me invitó a tomar un café y actualizarnos (sí, actualizarnos o_O), así, de la nada; check para la lista (Nop, no puedo considerarlo mosquito hasta que demuestre interés); me fui al concierto de Kevin Johansen (¿¿¿Lo conocen???  Es lo máximo, es un churro, lo amo… Pero Liniers se roba el show xD ¡ACTITUD SOBRE FÍSICO, SEÑORES!)… Bueno, check a la lista, porque fui con un pata con el que nunca había salido excepto en grupo, en un año nuevo que la pasé en la playa, y todos estábamos emparejados en ese entonces. Y bueno, el pata no es galán de telenovelas pero se defiende, pero lo que es más importante para mí, es un pan de Dios, super sensible, musical (Lo cual le sube mil puntos)… pero nah, no me interesa, y yo tampoco a él. Así que no es mosquito. El concierto,  si bien tuvo sus matices de melancolía, estuvo muy paja, y me alegra haber logrado mi cometido, que era implantarme nuevos recuerdos en mis asociaciones Kevinezcas, y hacer un pequeño escrito para una revista en la que voy a colaborar (Uno de mis profes es el dueño y me ofreció un lugarcito como práctica pre-profesional). ¡Triple check para eso! Encima, un día, de la nada, mi exjefe, el que me sacaba de quicio pero estimo mucho y es socio de mi ex, me visitó en mi chamba porque estaba cerca y hemos estado conversando bien paja. Me ha llamado un par de veces para invitarme a salir pero como vive lejos está un poco complicado unirme a su grupo. Y aunque no me gusta ni me interesa como nada más que patas del alma, y además está saliendo con una chica y me da mucho gusto por él, se convierte en un check más, porque quiero.

Por último, el Instituto. EL INSTITUTO.

¿Por qué el mundo tiene que ser mixto?

¿Por qué los peruanos seremos tan recatados y no nos acercaremos a hablarle a desconocidos cuando nos interesa, cosa que se nota por la mirada?

Es eso, o realmente estoy alucinando y está verde eso de encontrar gente con quién conversar y salir aparte de lo estrictamente necesario por las clases.  Yo no hablo de enamoramiento, no señor, aunque, aquí tengo que ser sincera, soy una romántica empedernida y no puedo evitar preguntarme casi todo el rato si aquel sapo que estoy mirando será mi príncipe imperfecto… “Oh, no es, ha croado”. Si bien soy una solitaria porque no soporto estar rodeada de mucha gente, está en mi naturaleza querer compartir mi vida, mis experiencias, mis pensamientos, ilusiones y pequeñeces con alguien más  (Uy, mis perros están lamiendo el platito donde estaba el pie de manzana que acabo de comer xD). Bueno, vuelvo al grano, que ya mucho me explayé; yo no hablo de enamoramiento en sí… ¡¡¡Hablo de acción!!! De algo que me saque de este letargo existencial, de una oportunidad para salir, reír, bailar, cantar, jugar, conocer,  conversar, ser libre… ¡¡¡disfrutar, pasarla bien, hacer algo distinto a mi rutina!!!

Yo disfruto MUCHO de mandarme la siesta de la semana durante horas y ver películas en mi cuarto mientras ceno, o de pasear a mis perros o caminar escuchando música, la rutina que a seguridad… Pero también hay muchos momentos donde extraño el calor de otra persona, un abrazo, un beso, una sonrisa, un compañero con quien jugar, la otra rutina pero con posibilidad de ser compartida porque hay alguien con quién hacerlo… En realidad, la cosa no está tan mal, pero yo me quejo porque sí, porque no consigo lo que quiero a la velocidad que quiero, porque siempre encuentro una excusa. Estoy consciente de que estoy en una época en la que me toca estar sola y disfrutar de ello, pero por ratos me aburro y me entran las ganas de entrar a un bar o sentarme en el parque y hablarle al primer inocente que vea (Mejor si está guapo :P ).

Bueno. Puedo decir que ya tengo amigos. O algo parecido. Tengo algunas clases con un chico gordito y algo tímido que siempre me pregunta la nota que me saqué en las tareas y me pide que le ayude. En algunas clases me toca con un par de chicas buena gente, que claro, aún no conozco bien, porque a cada una la veo una vez a la semana. En todas me toca con una chica rara, directa y hasta agresiva a la hora de hablar, pero buena en el fondo. Con ella estoy haciendo un programa de radio. Y en casi todas las clases me toca con un chico muy lindo que bueno… no debería, pero es tema aparte.

Y lo es porque, en el estado de aburrimiento en el que estoy, se está convirtiendo en mi elemento distractor predilecto.

Para que se hagan una idea: Yo no soy de las que tienen un ideal de chico o un estereotipo en el que siempre se fijan (¡Porque me he fijado en cada individuo..!). Podría decir que, si hablara de lo físico, Brownie es lo que más se parece al donante de esperma que quiero para mis hijos (Tengo la esperanza de que salgan parecidos a mi familia: de ojos y cabello claro, e inteligentes. Los valores los pongo yo y el colegio. Cuestión de orgullo más que de discriminación). Brownie es muy guapo, y también es inteligente (Dependiendo del día… Lástima que sólo eso). Bueno, este chico, al que llamaré Ra por sus iniciales, no me llamaba la atención al principio porque había tenido una diminuta conversación con un chico muy tierno afuera de mi salón de radio y me pase las dos primeras semanas esperando volver a toparme con él para finalizar la conversación, que se quedó en sus inicios (Por mi culpa, yo boba. Íbamos a entrar al salón en grupos, y yo fui la última. Él se quedó afuera)… Pero nunca lo volví a ver L Y bueno, un día nos pidieron hacer un trabajo grupal en clase y este chico, que siempre se sienta en la primera fila a mi costado, hizo grupo conmigo. Y así empezamos a hablar, con él y con el chico gordito.

¿Alguien ha leído “Crónica de una muerte anunciada”? Bueno, si sí o si no, chántense ésta: el personaje principal, el que muere, se llama Santiago Nasar; este descendiente de árabes, según yo, es el alter ego literario de este chico. Este Ra del que hablo es bien alto, flaco pero musculoso, con rasgos de mulato pero en claro, y bueno, lo más cercano a mi edad que he encontrado (Soy la mayor de mis salones D: ). Resulta una combinación atractiva. Lo suficientemente atractivo como para atontarme de rato en rato, sobretodo porque no  hay nada más que me llame la atención salvo una o dos excepciones xD (Es que mi salón está lleno de mujeres… y el resto son muy chibolos). Pero lo que más me gusta de este chico es que, aparte de buena gente, es serio, es decir, es responsable, participa un montón en las clases, se sienta adelante y tiene la actitud de alguien que está interesado en aprender. APRENDER, no tener amigas ni nada de esas cosas que a mí se me pasan por la cabeza. 


Así que nada, este es el panorama que tengo. Disfruto de cada momento en el Insti porque lo que sucede es impredecible gracias a la participación de otras personas; me gusta molestar a Ra y a este amigo gordito, con quienes suelo hacer mis trabajos (Excepto el de radio, y eso me lo reclamaron. ¡Me sentí tomada en cuenta! Pero no sé qué tanto fue por estima y qué tanto por conveniencia, por mis notas). Me divierto haciendo bromas en el salón y riendo mucho. Llego a mi casa y casi casi que me apago. Me hace bien ver gente nueva. No estoy hecha para los estereotipos ni formalidades, necesito libertad de acción. Soy casi como un pájaro, tranquila, pero cuando menos se espera, emprendo vuelo. Y obvio, vivo en el aire.